viernes, 21 de mayo de 2021

MANIFIESTO EN DEFENSA DE DOS PLANTACIONES

 





Uno de los momentos más chispeantes de mi experiencia como jardinero-bloguero, fue la primera vez que recibí un mensaje de Piet Oudolf. Más allá del orgullo, legítimo diría yo, porque alguien con su fama y ascendente me conociera, la alegría venía principalmente motivada por el motivo del mensaje. En él me contaba que mantenía negociaciones con el Botánico de Madrid para hacer una plantación en la zona más cercana a la principal entrada del jardín, la conocida como Puerta de Murillo. Sentí ilusión ante la perspectiva de contar con una plantación de Oudolf en un jardín público en el centro de Madrid, porque aunque disfrutamos de una ciudad con grandes zonas ajardinadas, no podemos presumir de contar con plantaciones modernas en el espacio público. Que en la milla de oro del arte madrileño contáramos con una plantación de Patrick Blanc y otra de Piet Oudolf me parecía un buen comienzo. Así que durante meses seguí con bastante expectación las posibilidades de un proyecto que por desgracia no se concretó. Sobre los motivos hay opiniones diversas, pero estoy seguro de que se circunscriben a la libertad como creador de Piet para elegir sus proyectos y a la capacidad de convicción de los responsables del Botánico para lograr la colaboración un paisajista de renombre internacional.

Como casi siempre en esta vida, no hay mal que no tenga su lado positivo, y el fracaso de este primer proyecto animó al Botánico de Madrid a buscar otras alternativas. Para mi satisfacción dirigieron su interés hacía paisajistas de renombrado prestigio en España. Para los parterres cercanos a la Puerta de Murillo el Botánico contó con Fernando Martos, y para la replantación de la larga bordura que discurre al lado de la preciosa valla del paseo de Recoletos que había sido recientemente restaurada, contaron con el estudio de Miguel Urquijo y Renate Kastner. En este caso sí hubo acuerdo y si no me falla la memoria, en la primavera del 2018 el Botánico ya contaba con dos nuevas plantaciones que despertaron mucho interés entres aficionados y profesionales.


Con dos estilos muy personales, Urquijo-Kastner y Martos demostraron el porqué de su éxito y prestigio. Se podría hablar mucho de cada plantación, podríamos dedicar páginas a detallar sus principios de diseño, sus planes de futuro y la original selección de plantas adaptadas al duro clima madrileño. Pero podemos resumirlo en que la plantación de Martos respetaba los históricos parterres cuadrados de boj del Botánico e incorporaba en ellos un nuevo seto curvilíneo que proporcionaba una sensación de estructura y movimiento lateral en las densas plantaciones de una gran variedad de vivaces que utilizaban la repetición para infundir una fuerte sensación de ritmo. Y la plantación de Urquijo-Kastner que acompañaba la valla del Botánico en un tramo del paseo Recoletos, se estructuraba alrededor de una conjunto de espacios compartimentados mediante setos de boj e incluían una selección igual de original aunque muy diferente de plantas donde se imponía el verdor y la estructura con mayor proporción de arbustos y plantas de floración muy sutil.

Las dos plantaciones se desarrollaron a enorme velocidad y en la primavera, verano y otoño del 2019 ya lucieron todo su potencial. Aun careciendo del desarrollo definitivo de las plantas que en un futuro formarían la estructura principal de la plantación, las vivaces y gramíneas demostraron su enorme capacidad para crear jardines vivos que entregan escenas sorprendentemente diferentes a lo largo del año. Muchos aficionados a la jardinería visitábamos el jardín más con una frecuencia inusitada y nos felicitábamos porque al fin existían en Madrid plantaciones públicas con las que clamar a los cuatro vientos las virtudes de la jardinería naturalista. Eran un claro ejemplo de que vivimos un momento emocionante para disfrutar la jardinería. Comprendemos que los jardines deben ser sostenibles y favorecer al medio ambiente, que la jardinería debe ajustarse a los medios de nuestro planeta pero sin dejar de ser bella y aquí está el Botánico para demostrarlo. En esas plantaciones veía una muestra clara de las posibilidades de una jardinería artística y responsable, y también una muestra indudable de que en España contamos con una remesa de paisajistas excepcionales que cada vez serán más reconocidos. Un pequeño paso para estos paisajistas pero un gran paso para el paisajismo español. Pero tanta felicidad se desinfló pronto. En la actualidad, salvo cambio radical en el rumbo del mantenimiento de estos espacios (en esencia esta entrada lo único que busca es clamar por ese cambio de rumbo) la historia va a terminar en un fracaso más cruel y dañino que la falta de acuerdo con Oudolf. De hecho, alguno ahora mismo opinamos que Oudolf fue un visionario que adivinó lo que se le venía encima.


Primero nos sorprendimos de que se modificara el espíritu original de algunos diseños al eliminar elementos de las plantaciones como los setos curvilíneos porque alguien consideró que no respetaban el carácter histórico del jardín. Luego nos entristecimos al conocer que el Botánico y los diseñadores de las plantaciones ya no colaboraban. Un jardín es una obra de arte viva y la desaparición de su diseñador puede conducir a una pérdida demoledora de las indicaciones, ajustes y actualizaciones que un jardín de este nivel exige. Hay paisajistas de fama internacional que exigen por contrato participar durante un número reseñable de años en el mantenimiento de una obra que sin su colaboración pasará a ser otra cosa que quizás no se merezca llevar su firma. Terminamos enfadándonos cuando vimos el grado de abandono que sufren las plantaciones en algunos momentos del año. Plantas que no se reponen o se reponen mal (esos cipreses sustituyendo a un tejo muerto en un seto son dolorosos), siegas y podas no realizadas, y una invasión de malas hierbas frente a la que solo puedes reír o llorar. Ante estado de cosas uno primero intentó ser benevolente y pensar que el problema radicaba en falta de medios o conocimientos. El inevitable si no hay dinero, no hay dinero. Pero hay ciertas señales que ya no me permiten ser benevolente. Para empezar no es justa la condescendencia, en el Botánico de Madrid hay mucho conocimiento, faltaría más. Además no parece que atraviesen un momento de especial ahogo económico como demuestran la construcción de nuevos edificios, el rediseño de zonas como la rosaleda, la instalación de un pantagruélico juego de luces cada Navidades y en definitiva, el mantenimiento en perfectas condiciones de otras plantaciones que requieren mucha mayor mano de obra. Esta es una de las virtudes de la jardinería naturalista: las exuberantes plantaciones de Martos y Urquijo-Kastner requieren al año muchas menos horas de trabajo que las ordenadísimas y aburridas plantaciones de tulipanes y dalias que las acompañan bien cerca. Pero si hay una cosa que me borró de sopapo cualquier atisbo de positividad es darme cuenta de que estas plantaciones son la única zona del jardín con una total y absoluta ausencia de carteles indicadores de las especies que las forman. A estas alturas y a mi pesar, la conclusión más piadosa que se me ocurre es que las nuevas plantaciones naturalistas del Botánico no gustan a alguien con el suficiente poder de decisión como para dejarlas morir. Y más concretamente sospecho que hay personas vinculadas a algo que podemos llamar jardinería histórica, que no han entendido nada y han decidido que hay que acabar con cualquier muestra de modernidad. La historia de estas plantaciones me ha recordado punto por punto lo que Gilles Clement cuenta en su libro Una Breve Historia del Jardín, a propósito de un encargo que recibió para modernizar el huerto de la Roche-Guyon, intentando conjurar el rigor de un jardín del siglo XVIII con las técnicas avanzadas de la gestión ecológica. Lo comparto aquí porque no tiene desperdicio.

La reconstitución del huerto de la Roche-Guyon en su forma inicial coloca a los gestores (pues es una institución pública) ante un problema de difícil solución: ¿cómo llevar a cabo el mantenimiento de un jardín de cinco hectáreas, de las cuales la mitad son de un suelo arenoso que requiere una eliminación severa y constante de malas hierbas para mantener el trazado de su geometría pura, con un efectivo de mano de obra diez veces inferior al que tenía en su época? Para el arquitecto de Monumentos Históricos, lo único que prevalece es la imagen, lo que se haga dentro del jardín importa poco. Desde las ventanas del castillo tiene que poder leerse a la perfección el dibujo imaginado por los fundadores del huerto; la más mínima alteración provocada por el crecimiento de las hierbas en algunos caminos, por ejemplo – algo que reduciría el mantenimiento a la mitad -, es objeto de un rechazo categórico: él se cree el príncipe. Sin embargo, ¿qué diría hoy el príncipe, el verdadero, aquel cuya preocupación humanista le llevó a prever un lugar de producción e innovación horticultoras destinadas a la población de los alrededores? Nos dan el jardín de la historia sin darnos a los jardineros que van con él. Sustituir la mano de obra trabajadora por la química devastadora no es una solución. Hay que preservar el diseño y al mismo tiempo producir y no contaminar. Este reto improbable en manos de un equipo voluntarioso e imaginativo da lugar a una obra inesperada en la que la coacción de la forma –que se ha vuelto absurda en el contexto ecológico- debe ser sublimada sin ser ignorada. Todo el trabajo consiste en mantener un dispositivo formal obsoleto y privado de sentido, desarrollando al mismo tiempo, en la cobertura, un dispositivo técnico adaptado a nuestra época.

El huerto de Roche-Guyon ilustra perfectamente el problema del jardín (del jardín en general) ante la historia y el patrimonio. El patrimonio no sería más que una herencia si no estuviera congelado en la figura del pasado. Se podría hacer uso de él como se quisiera. El “patrimonio histórico” prohíbe esta libertad. La arquitectura, incapaz de evolucionar por sí misma, hecha de elementos inertes cuyo futuro es la ruina, se opone aquí a la naturaleza inventiva organizada según relaciones biológicas en constante evolución. El jardín hecho de elementos vivos en diálogo permanente con el jardinero, supone una coevolución permanente de los seres de la naturaleza con los humanos afectados. Bajo cualquier enfoque, se constata hasta qué punto el jardín resulta incompatible con la noción de museo. Por ello, con el paso del tiempo, no deja de cambiar de forma. Aun así, ¿tendría que reducirse la historia del jardín a la historia de las formas?

Me atrevo a apostar que en el Botánico de Madrid hay algún arquitecto de monumentos históricos con ínfulas de príncipe. Y que posiblemente no haya querido entender que Martos y Urquijo-Kastner lo que han conseguido es desarrollar una plantación adaptada a nuestra época, manteniendo un dispositivo formal obsoleto, como forma necesaria de compromiso de una jardinería de actualidad dentro de un marco histórico que se debe conservar. Yo, desde el más profundo cariño y respeto que siento hacia esta institución, pero también desde la autoridad que me da ser financiador como cualquier español que pague impuestos de su mantenimiento, me atrevo a ofrecer a los responsables del Real Jardín Botánico de Madrid el siguiente decálogo:

  1. Que no olviden nunca su misión, que incluye “La práctica experimentada del arte de la jardinería y la conservación de un patrimonio histórico y cultural único, que convierte al Real Jardín Botánico en un lugar muy atractivo para el recreo y disfrute del público visitan”. La práctica experimentada de la jardinería, aunque esté sujeta a la conservación de un patrimonio histórico único, no puede dar la espalda a la jardinería actual. De hecho experimentar exige mantenerse a la vanguardia. La vanguardia con el respeto al patrimonio histórico es lo que se había conseguido con estas plantaciones.
  2. Que se fijen en sus homólogos por el mundo: el jardín Botánico de Oxford es 160 años más antiguo que el jardín Botánico de Madrid y no ha dudado en hacer intervenciones naturalistas mucho más radicales que las acometidas en Madrid. El listado de jardines botánicos de gran relevancia que evolucionan y apuestan en parte de su espacio por la vanguardia es mayoritario.
  3. Que recuerden que como institución dependiente del gobierno de España son responsables de cuidar la marca España, más aún por su ubicación en un espacio con una afluencia única de turistas y españoles. España es un país que quiere presumir de modernidad, integración y sostenibilidad. Grandes plantaciones de tulipanes y rococós juegos de luz y sonido no son las mejores herramientas para generar una imagen que recuerde a ninguno de estos principios.
  4. Que busquen la motivación en los Objetivos de Desarrollo Sostenible definidos por Naciones Unidas. El ODS número 15 se centra en “Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de la diversidad biológica”. La jardinería es una herramienta clave en la consecución de este objetivo y un Jardín Botánico no puede mantenerse al margen. Su capacidad de predicar vías sostenibles y diversas de jardinería no puede ser despreciada.
  5. Que hagan caso a Gilles Clement y aprovechen su privilegiado espacio para colaborar en la creación del jardín planetario madrileño, creando ecosistemas sostenibles que ofrezcan refugio a pájaros e insectos en un lugar de alta presión humana como el eje Prado-Recoletos.
  6. Que sean conscientes de que el daño en la imagen de estas plantaciones está repercutiendo en la reputación del Botánico ya que mucha gente está injustamente toda su actividad por lo que pueden ver hoy en día unos diseños que habían generado ilusión y expectación.
  7. Que mediten sobre el daño que pueden hacer en un país con deficiente cultura jardinera, a una corriente que es imparable si la conciencia de ser jardineros de nuestro planeta sigue creciendo. Si la jardinería naturalista tiene un punto débil, ese es que si no es bien ejecutada y mantenida, si no obedece a una serie de principios que le aporten estructura e intencionalidad, puede convertirse con mayor rapidez que en otros estilos en una amalgama caótica que genera desasosiego en el espectador. Desasosiego es lo que siento yo al ver las correhuelas corriendo libremente entre las vivaces que aún sobreviven en estas plantaciones.
  8. Que si no lo hacen por principios, lo hagan al menos por egoísmo o esnobismo. Dejar perder las plantaciones de Martos y Urquijo-Kastner es perder la firma en su espacio de dos de los autores de mayor proyección nacional e internacional. ¿A alguien se le ocurriría perder o remodelar la terraza de los laureles de Fernando Caruncho? Si no hay un cambio de rumbo, en unos años habrá quien se lleve las manos a la cabeza por esta barbaridad.
  9. Que sean valientes y tomen una decisión: si quieren seguir adelante con estas plantaciones que retomen las imprescindibles tareas de mantenimiento del jardín contando con el conocimiento experto que sea necesario. Y si por el motivo que sea no quieren que estas plantaciones sobrevivan, que las eliminen y las sustituyan por aquel modelo con el que se sientan cómodos. Cada cual tiene que tener sus principios y ser fiel a ellos.  
  10. Que dejen de leer decálogos escritos por un don nadie y se pongan a quitar malas hierbas. Yo me ofrezco a ayudarles quitando unas pocas si me dejan cada vez que pase por allí.

12 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias Miguel por este tirón de orejas. Me pongo a ello para buscar una solución, pero la verdad es que a pesar de la falta de cuidados, que es cierto puesto que nuestra falta de personal hace todo muy difícil ahora mismo y más tras la actuación de Filomena y el año 2020, esos cuadros del 1 al 4 presenta un aspecto precioso. Pero claro, esto lo digo desde el punto de vista de alguien que no sabe nada de jardinería ni paisajismo, pero que creo saber apreciar esa belleza natural en la combinación de texturas y colores, cambiantes a lo largo del año. Ahora hemos centrado nuestra atención en la Rosaleda como tú mismo mencionas, intentando no descuidar el resto en la medida de nuestras posibilidades, pero de verdad que tenemos que plantearnos ahora un programa de intervenciones urgentes ahí, en la terraza de las escuelas y en el plano de la flor. Gracias de nuevo y seguimos en contacto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por comentar y mucho ánimo con ese trabajo. Yo seguiré visitando y disfrutando con el jardín siempre que pueda. Un cordial saludo

      Eliminar
    2. Gracias por mantenernos informados!y por promover estos valores en Jardineria

      Eliminar
  3. manuel jaen- arquitecto22 de mayo de 2021, 12:49

    muy interesante tu comunicado ,demuestras la importancia del mantenimiento sensible de un "ecosistema" hecho posible por una tecnologia que prima la sostenibilidad de lo ejecutado ; al superar la duracion de los ciclos naturales a los de control politico ,los gestores de estos ecosistemas ,que desean resultados rapidos ,introducen cambios con daños colaterales no previstos

    ResponderEliminar
  4. This is very good post here. Thanks for taking the time to post such precious information. thanks
    Onion exporter

    ResponderEliminar
  5. Totalmente de acuerdo con este ariculo, yo empiezo tomar dentro de poco este curso de salud ambiental en esta web https://cursos2021.com/c-tecnico-superior-en-salud-ambiental-2021 me parecen lo mas ideal en cuanto a la formación profesional.

    ResponderEliminar
  6. Desconozco los criterios (¿botánicos, históricos, estéticos?) que guían la gestión del Botánico y que dibujan su proyecto actual y su personalidad. No pudo valorar los daños causados por la borrasca Filonomena porque visité el jardín por primera vez el pasado domingo. Pasé allí cuatro horas maravillosas en compañía de mi familia. Pero he de confesar que su estado me decepcionó profundamente. Zonas descuidadas, malas hierbas, podas sin realizar. La zona que linda con la Cuesta de Moyano y los edificios del CESIC están pidiendo una bomba. Yo estaría deprimido si mi jardín ofreciese ese aspecto. Y la bordura de Urquijo y Kastner es, ahora mismo, la parte más elegante.

    ResponderEliminar

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...