miércoles, 18 de marzo de 2015

El Genio del Lugar

En diciembre de 1731 el poeta Alexander Pope publicó su Epístola IV a Richard Boyle, Conde  de Burlington. Un poema didáctico sobre arquitectura y jardinería donde se hacía una llamada al sentido común, al buen gusto y a la mesura. Una parte del poema dice así: 

Construir, plantar, sea cual sea la intención, 
Alzar la columna o tender el arco, 
Ensanchar la terraza o enterrar la gruta,
En todo, la Naturaleza nunca debe ser olvidada.  
Pero tratemos a la diosa como a un hada modesta, 
No la cubramos demasiado ni la dejemos totalmente desnuda,
Que todas sus bellezas no puedan ser espiadas por doquier, 
Porque la mitad de la habilidad está en esconder decentemente. 
Ganará todos los puntos quien con placer confunda, 
Sorprenda, varíe y oculte los límites. 

Consultemos en todo al genio del lugar:
él dice si las aguas se elevan o se caen, 
o ayuda a las colinas ambiciosas a escalar el cielo, 
o extrae del valle teatros envolventes, 
él convoca al paisaje, atrae los claros que se abren, 
une los bosques serviciales, y hace variar las sombras, 
a veces frustra la intenciones y a veces las orienta,
pinta cuando plantamos y diseña cuando trabajamos. 

El poema de Pope apostaba por la belleza nacida de la naturaleza en lugar de impuesta sobre ella. Piensen en Versalles y sabrán qué estaba criticando. El poema formaba parte del movimiento surgido en Inglaterra a comienzos del XVIII en contra de los diseños exageradamente formales y grandilocuentes del jardín barroco francés. Pope ponía letra a lo que en esa misma época inventaban Willian Kent y Charles Bridgeman, y unas décadas más tarde convertía en movimiento de moda Lacelot 'Capability' Brown: el Jardín Paisajista Inglés. 
Pero lo que hizo especialmente famoso al poema de Pope fue ese "Consultemos en todo al Genio del Lugar". La idea del Genio del Lugar caló en la arquitectura y la jardinería, hasta un punto en el que ahora es difícil encontrar un libro de jardinería en el que no se haga referencia a ese tal Genio de Lugar. El Genio de Lugar no era más que una metáfora con la que Pope pedía que los diseños se adaptasen a su contexto, pero adquirió tanta fuerza que a veces tengo la impresión de que hay quien tiene la idea algo naïf de que el Genio del Lugar nos habla de verdad, que si pones toda tu atención podrás llegar a escuchar la voz de la naturaleza a través de ese geniecillo de la elegancia y el buen gusto. Desengañémonos, por mucha atención que pongamos lo único que oiremos serán las voces más o menos paranoides que pululen por nuestra cabeza. O dicho de una manera menos pesimista: el Genio del Lugar es la suma de nuestra memoria, nuestro conocimiento, nuestra capacidad de innovar y nuestro gusto estético en un momento particular. ¿Alguien opina que los jardines de Fernando Caruncho no responden al Genio del Lugar? ¿Y los de Piet Oudolf? Yo creo que los dos hacen honor al poema de Pope, así que o tenemos un Genio del Lugar algo indeciso o va a resultar que el único Genius Loci que existe es el buen jardinero. Pero entonces, ¿qué alimenta a este antropocéntrico ser que debe guiarnos? Pues supongo que muchas cosas, pero yo destacaría tres: el conocimiento de los maestros, la memoria y la búsqueda de un equilibrio. 
En el último capítulo de su libro Second Nature, Michael Pollan señala muy acertadamente que los jardines de grandes diseñadores del pasado siempre tienen algo que enseñarnos. Estoy de acuerdo. Aunque no tengamos una mansión en los Costwolds, hay mucho que aprender en el estudio del trabajo de otros diseñadores. Charles Moore y William Mitchell apuestan por la misma idea en su libro The Poetics of Gardens. La idea de que hay una universalidad en el diseño de jardines que hace útil estudiar los grandes jardines de otros lugares, épocas y culturas. Sus objetivos, su sentido y su espíritu pueden ayudarnos a discernir el genio que debe regir nuestro jardín, independientemente de su tamaño o ubicación. Podemos celebrar que en las últimas décadas han crecido de manera exponencial las referencias disponibles para cualquier aficionado o profesional de la jardinería. Ya no tenemos que limitarnos a los libros clásicos o a los artículos en la prensa inglesa de autores de culto. Tenemos al alcance de un solo click la obra de los diseñadores del pasado, pero también de los contemporáneos y las más jóvenes promesas. Y todo ello aderezado por las aportaciones de fotógrafos, escritores, ecólogos y aficionados, todos ellos volcando en libros y en internet su visión y experiencia, todos ellos cuchicheando al oído de nuestro particular Genio del Lugar. 
La apuesta de Michael Pollan, Charles Moore y William Mitchell no es en absoluto innovadora. Los dos libros apoyan su argumentación nada menos que en el Sakuteiki, posiblemente el primer tratado sobre jardinería del que se tiene constancia escrito por un noble japonés hace la friolera de mil años. En este texto se recomienda: "Empezar por considerar la disposición de la tierra y el agua. Estudiar el trabajo de los maestros del pasado y recordar los lugares de belleza que conozcas. Y entonces, en tu lugar elegido, dejar a la memoria hablar y desarrollar a tu manera aquello que te motive" (en mi traducción libre del texto que aparecen en The Poetics of Gardens). Así que ya en el siglo XI los japoneses sabían que había que estudiar el trabajo de los maestros. Pero además este antiquísimo tratado decía otra cosa muy interesante: dejar a la memoria hablar. Dicen que ya Nabucodonosor II construyó los Jardines Colgantes de Babilonia para combatir la añoranza de los paisajes montañosos de su juventud. Para Michael Pollan desde entonces los jardines han sido moldeados por nuestra memoria, y este es el motivo por el que desde su punto de vista en 3.000 años de jardinería la cultura occidental ha producido sólo tres diseños básicos de jardines: el cuadrado cerrado del hortus conclusus, la geometría abierta impulsada por Le Nôtre en la Francia del Renacimiento y el jardín paisajista o romántico nacido en Inglaterra y que para este autor aún está en desarrollo y marca el estado del arte actual. Para Pollan ha habido incontables variaciones de estos temas, pero realmente poca innovación, una rareza en la historia que viene impuesta por el particular poderío de la memoria en la jardinería. No estoy de acuerdo en simplificar la historia de la jardinería a tres modelos básicos, porque ya puestos lo podríamos simplificar todo a uno, el arte de plantar algo y que quede bonito. Pero no puedo estar más de acuerdo en el enorme poder de la memoria en la jardinería. Para Pollan la infancia alimenta nuestras posteriores tendencias en jardinería, y cree que su tropismo hacia la estética agrícola en jardinería nace en el jardín de su abuelo en Long Island. Como la mía lo hace en el jardín de mi  familia en Valladolid. Como Pollan sigo queriendo producir cosas que se coman arrastrado por el huerto de mis padres. Y seguramente las explicaciones que me daba mi padre a mis diez años sobre como estábamos creando un biotopo mientras plantábamos minúsculos pinos, me han marcado más que todo lo leído muchos años después. El poder de un jardín no se encuentra sólo en la capacidad de despertar nuestros sentidos, sino en la intensidad con la que esos sentidos motivados por el jardín remueven nuestra imaginación, en lo capaces que sean de penetrar en los rincones de nuestra memoria y despertar escenas allí perdidas. En palabras de Pollan: "Los jardines no existen sólo aquí y ahora, sino que existen también allí y entonces. Otra forma de decir lo mismo es que los jardines son simultáneamente lugares reales y representaciones. Traen juntos, en un único lugar, la naturaleza y nuestras ideas sobre la naturaleza". Hace poco en una entrevista lo ha dicho Piet Oudolf aún mejor: It's not what you see, but what you see in it. Nuestro Genio del Lugar nos conoce bien y suele tender a recomendarnos jardines capaces de evocar nuestras ideas más queridas.  
Pero tenemos aún un aspecto más alimentando al Genio del Lugar: la lucha de contrarios o búsqueda de un equilibrio. A menudo el Genio del Lugar ha sido invocado como la excusa perfecta para situar a la naturaleza (naturaleza entendida como lo salvaje o no humano) como factor determinante y limitar las intervenciones paisajistas a una especie de acupuntura que mejore lo que ésta nos entrega. Es decir, en la excusa para optar por jardines de corte naturalista.  Podemos admitirle a Pope que haya sabido dar nombre al Genio del Lugar, pero en realidad el Genio de Lugar es mucho más viejo que su epístola. De hecho existe desde que existen los jardines, sea cual sea el estilo que estos tengan. Pero si antes decíamos que la jardinería tenía cierta universalidad, ¿cómo puede ser tan cambiante el Genio del Lugar?. Posiblemente porque se vea en la obligación de recomendar líneas de acción capaces de despertar en el espectador algún sentimiento. Y ese sentimiento muchas veces sólo se podrá lograr mediante la chispa del contraste con el mundo que a diario rodea al espectador. Los jardines a menudo han sido refugio, físico o espiritual, y así en ocasiones han nacido como una lucha contra la dictadura del paisaje circundante. En el libro Planting, a New Perspective, Noel Kingsbury señala que la historia de la jardinería en su mayoría ha sido una búsqueda de la imposición del orden sobre la naturaleza. Y en su opinión esto tiene sentido dado que desde los orígenes de la humanidad, la naturaleza ha sido considerada como un ente todopoderoso y no siempre benevolente. De acuerdo a su punto de vista, el sentimiento se ha invertido en los últimos tiempos porque estamos viendo una naturaleza en retroceso ante los ataques de una agresiva humanidad. Yo aquí apuntillaría que lo que está retrocediendo no es la naturaleza, que queramos o no está en todas partes y puede aplastarnos cuando quiera, sino algunas formas específicas de naturaleza como pueden ser las comunidades vegetales o animales. En la misma línea Pollan asegura que el jardín paisajista de Capability Brown nació en Inglaterra como una reacción contra la conquista del paisaje inglés por una agricultura exageradamente cuadriculada. Los campos ingleses habían llegado a parecerse a un tablero de ajedrez con cada casilla delimitada por setos, y así, cuanto más se parecía el paisaje a un jardín formal (ergo cuanto más había retrocedido lo que entendemos por naturaleza) más se parecían los jardines a lo que antes era el paisaje (más naturalistas se hacían). En definitiva, parece que al Genio del Lugar siempre le ha gustado llevar la contraria y ha tratado de oponerse al paisaje dominante en su época y localización. 
Y aquí me encuentro yo ahora, sintiendo la necesidad de aportar más y más estructura a mi jardín en una época en la que la principal corriente es la de los jardines naturalistas. Bueno, está mi memoria, mi estudio de los maestros y mi idea irrenunciable de que la jardinería naturalista puede convivir con la formal. Pero no es suficiente. Todo el día leyendo sobre la Dutch Wave y sembrando vivaces para luego aterrizar en mi jardín y sentirme desolado con la falta de un seto bien podado. Cada día que pasa sentimos que necesitamos más elementos estructurales, echamos en falta un cierto grado de formalidad, una dosis creciente de geometría. ¿Qué le pasa a mi genio del lugar, por qué me hace esto?. Pues le pasa que los principios señalados también se ajustan a particularidades. Puede que la cultura actual sienta la naturaleza en retroceso, pero para nosotros es muy difícil sentirlo así. Nuestro jardín intenta crecer en mitad de un joven bosque de Quercus pyrenaica, que con sus rebrotes no duda en devorar cualquier cosa que se le plante delante. Después de tratar de atravesar cualquiera de las parcelas que nos rodean sin acumular menos de media docena de arañazos en las pantorrillas, habría que ser extremadamente pesimista para ver naturaleza en retroceso a nuestro alrededor. En los caminos de nuestra urbanización este invierno ha aparecido un corzo devorado por los lobos, y mi primer seto de tejo duró lo que un jabalí tardó en arrancarlo para ver qué había debajo. Así que en nuestro caso, aún siendo conscientes de los problemas ambientales del mundo y siendo fieles seguidores de las plantaciones de estilo naturalista, necesitamos algo de orden. Estoy seguro de que si abandonásemos nuestra parcela durante un período de diez años, el bosque recuperaría todos los caminos que he abierto durante años de motosierra y desbrozadora. No es una teoría romántica, me basta con mirar a mi alrededor. En nuestra urbanización hay parcelas en las que por falta de tiempo o ganas los propietarios no practican la jardinería. Pues bien, en ellas el mayor paseo que se puede dar es el del camino de entrada hasta la casa. Más allá de esta frontera, se encuentra la selva de robles y jaras en la que más vale que te armes de algún objeto contundente y buenos pantalones para abrirte camino. En su libro Jardines, Los Verdaderos y los Otros, Umberto Pasti dice que un jardín no puede nacer de la violencia ejercida sobre la tierra, ni siquiera el jardín más formal, que hacer un jardín es obedecer, obedecer a la calidad del suelo, a la exposición al sol, a la disponibilidad del agua, al clima. Que los grandes jardines surgen de una atentísima escucha de la voz de la naturaleza y son el resultado de la obediencia absoluta a la voluntad del Genius Loci. También nos aconseja que nos lo pensemos mucho antes de eliminar cualquier forma de vida vegetal del lugar donde nos disponemos a plantar nuestro jardín. Bien, en cierta medida puedo estar de acuerdo. Con pocas flores he disfrutado tanto como con las orquídeas salvajes que nacieron aquí y allá por nuestra parcela el año pasado. Y nuestro plan es dejar grandes zonas de nuestra parcela sin ajardinar. Pero con miedo a que alguien se piense que soy una persona violenta, créanme que en mi parcela no puede haber jardín sin grandes dosis de ella. Después de años deslomándome he tenido que rendirme a la evidencia de que hachas, picos y azadas son insuficientes. Para pelear contra un bloque de arcilla surcado por una red inexpugnable de raíces necesito un arma más poderosa, y el año pasado me he rendido a los mercenarios servicios de una buena retroexcavadora. Y así al fin hemos comido patatas de nuestro huerto, y por fin empezamos a hacer caso el Genius Loci del lugar, que a veces no está tan del lado de la naturaleza y en nuestro jardín grita como un poseído: ¡Pero pon un seto de algo ahí, alma de cántaro, ordena este desastre!. Créanme. Yo lo oí.

Algunas fotos de lo que se encontró nuestro Genio del Lugar el día que le llevamos a visitar por primera vez nuestra parcela.




En esta foto se puede observar un bosque que quiere tragarse mi recién nacido huerto de patatas y judías. Y a mis hijas si nos despistamos.

El Genio del Lugar es esclavo de la topografía y otros elementos naturales. Para hacer nuestro huerto tuvimos que resolver la enorme pendiente de la parcela. Para proteger nuestro huerto de jabalíes y corzos es inevitable contar con una buena valla. Para que esto se parezca a un jardín necesitamos un seto que oculte la valla. Y aquí ese seto no puede ser informal, porque la informalidad nos sale por las orejas.

Vistas desde nuestra cocina. Bonito, ¿verdad? Sí, pues ya ven, nuestro Genio del Lugar no sé que intenta decirnos sobre esta zona. Aún no hemos terminado de entender qué le desazona, pero seguimos trabajando en ello.




Y para acabar el paisaje que nos rodea. Sí, por estos caminos y estas montañas pasean zorros, ginetas, gatos monteses, conejos, liebres, ratones, topos, corzos, jabalíes, lobos y como nos despistemos vuelven los osos. Mi Genio del Lugar no me cree cuando le hablo de la naturaleza en retroceso.






martes, 3 de marzo de 2015

Coníferas

Deben haber pasado la friolera de 30 años desde que mi padre se presentó en casa con un abeto por Navidad. Aquello puso fin a la costumbre de adornar una rama de pino y de manera tan simple pasamos del delito ecológico (desconozco de dónde sacaba mi padre aquellas ramas de pino, pero el hecho de que siempre apareciesen de madrugada en el salón de casa no me da buena espina) a un modelo sostenible muy precoz para la época. El abeto se adornada (casi siempre de más), se cuidaba lo posible para que la tórrida calefacción no lo dejase sin una hoja antes del día de Reyes, y llegado el 7 de Enero se plantaba en el jardín familiar. Diría que cuando empezamos éramos una rareza. Fuera de viveros, y a veces dentro, era complicado encontrar un abeto. Con el tiempo los ha habido a granel hasta en los centros comerciales, con picos de especial virulencia en los que por Navidad parecía haber un abeto en cada esquina de la ciudad. Lo que había eran abetos repicados, claro, que viene a ser como comprarse una lechuga con acículas... el tiempo que van a tardar en ponerse mustios es parecido. Y así el año nuevo arrancaba con un palo seco en cada esquina de la ciudad. Y en nuestro salón, porque ni los mejores cuidados consiguen que un abeto que no tenga una buena raíz sobreviva en un salón de casa. Ni posiblemente en el mejor de los jardines. La moda pasó, ahora se imponen los abetos de plástico, aunque algunos abetos repicados quedan, y también de los otros, de los enraizados que dan mucho mejor resultado, dónde va a parar. 
Desde aquel primer abeto hasta ahora ha habido otros muchos. Primero en el jardín de mis padres y luego en el mío. Y algunos, como aquel de hace treinta años, son ahora árboles de una vez de los que uno difícilmente podría decir que en algún momento hayan pasado unas navidades en un piso soportando quince kilos de guirnaldas y bolas de colores. Puede que sea por esa costumbre familiar por la que el abeto y las coníferas por extensión estén entre mis árboles favoritos. Desde el momento en el que nos compramos una parcela, tuve claro que quería dedicar un trocito a las coníferas. Trocito que al final ha sido una cuarta parte de la parcela. Gracias a internet he conseguido especies con las que cuando era un chaval no me atrevía a soñar. Y todavía no he abordado el cultivo desde semillas, entre otras cosas porque me estoy quedando sin sitio y hay que empezar a pensar en parar. Poquito a poco, mis bosquete (el -ete lo impone el tamaño del bosque y de los árboles) ha ido contando con más y más especies, y al hacer recientemente un recuento me he quedado algo asustado de mi monomanía. Ya tengo más especies de las que aparecen en algunas guías de árboles de andar por casa. A día de hoy: 

Abies alba, Abies balsamea, Abies cephalonica, Abies concolor, Abies fraseri, Abies homolepis, Abies lasiocarpa, Abies magnifica, Abies nordmanniana, Abies numidica, Abies pinsapo, Abies procera, Abies veitchii, Abies x masjoanis, Cedrus atlantica, Cedrus atlantica Glauca, Cedrus deodara, Cedrus libani, Cunninghamia lanceolata, Cupressus sempervirens, Juniperus communis, Juniperus thurifera, Larix decidua, Larix kaemferi, Picea abies, Picea omorika, Picea orientalis, Picea pungens, Picea wilsonii, Pinus cembra, Pinus flexilis, Pinus heldreichii, Pinus koraiensis, Pinus nigra, Pinus pinaster, Pinus pinea, Pinus strobus, Pinus sylvestris, Pinus uncinata, Pseudotsuga menziesii, Sciadopitys verticillata, Sequoia sempervirens, Sequoiadendrom giganteum, Taxodium distichum, Taxus baccata, Tsuga canadensis

Qué quieren que les diga, algún graciosillo malicioso podría decirme que podríamos llamarlo el bosque del hombro, porque la mayoría de estos árboles es a lo que aspiran, a llegarme a la altura del hombro... pero el tiempo cuenta a mi favor, y como alguno se me pase de gracioso empiezo a hablar de mi Pinetum. 


3 Pícea abies (lo que en España llamamos Abeto de Navidad), un Abies nordmanniana y un Abies pinsapo.
 Estos cinco árboles se corresponden con nuestras primeras cinco Navidades en nuestro terruño.  
De izquierda a derecha Abies nordmanniana y dos Picea abies. 
Contrastes que hacen que todas las horas de pico y pala merezcan la pena. 
De izquiera a derecha: 2 Picea abies, Abies nordmanniana, Abies pinsapo sobre fondo de encinas. 
Picea pungens. Por detrás asoma un Abies balsamea y al fondo Pinus nigra y Pinus sylvestris
Las acículas azuladas de la Picea pungens
Abies x majoanis, un híbrido de las dos especies nativas en España.
Surgió en la masía de Masjoan por la fecundación de piñas de un Abies pinsapo con el polen de Abies alba. 
De izquierda a derecha: Picea pungens, Abies concolor, Pinus flexilis, Picea wilsonii
Detalle de Abies concolor. Este árbol me lo encontré perdido en un vivero en Valladolid. 
Pinus strobus
Pinus sylvestris y Pinus nigra. Miles de hectáreas de estos árboles de repoblación nos rodean. 

Pinus nigra
Pinus sylvestris
Sequoia sempervirems, creciendo (poco) al límite de su tolerancia por frío y falta de humedad
Cedrus atlantica. Uno de los primeros árboles que planté y uno de los primeros que un corzo destrozó.
 Pero se recupera, poco a poco se recupera.
Nieve sobre Larix decidua. Un árbol que es un estallido de color en primavera y otoño.
¿Por qué no tengo fotos suyas de esas fechas? No lo sé, es un misterio.
Nieve sobre Cunninghamia lanceolata, árbol al que no le vaticino un prometedor futuro con nosotros.
No parece llevarse bien ni con nuestros fríos, ni con nuestros calores, ni con nuestro suelo. 
Sciadopitys verticillata, que por ahí llaman Pino sombrilla del Japón.
El único árbol hasta la fecha que en mi terreno ha sufrido problemas de clorosis férrica. 
Detalle de Pícea abies
Detalle de Cedrus atlantica
Detalle de Sequoiadendrom gigateum, uno de mis fracasos. No hay forma de que crezcan.  
Pseudotsuga menziesii, el famoso Abeto Douglas. 
Detalle de Abies concolor.
Pinus flexilis Vanderwolf Pyramidalis. Un árbol precioso que se está desarrollando muy bien
Tsuga canadensis, un árbol que está creciendo sorprendentemente bien en nuestro clima.
Pinus cembra
Juniperus communis. Este no tengo que sembrarle, nacen solos por la zona.
Pinus pinaster.
Un árbol colonizador en tantos y tantos arenales de nuestra Castilla que en mi parcela sufre con la arcilla. 
Abies cephalonica, una especie muy parecida a nuestro Pinsapo y procedente de Grecia

lunes, 2 de febrero de 2015

Arboretum Trojanow

El pasado otoño visitamos a unos amigos en Varsovia. Fue un estupendo viaje de cuatro días en el que estuve a punto de tener una metedura de pata de las que hacen época. A la hora de planificar el viaje, justo cuando nuestros amigos nos preguntaban qué nos apetecería conocer, me encontré en facebook con las fotos de un jardín que me resultó tan espectacular que a punto estuve de incluirlo en mi lista de los deseos. Se trataba del Arboretum Trojanow, situado en Opatówek, muy cerca de Kalisz, en la zona central de Polonia. Según Google Maps llegar hasta allí desde Varsovia es un trayecto de dos horas y media en coche. Con esa información, teniendo en cuenta que no disponíamos de mucho tiempo, que lo que nos apetecía era estar con nuestros amigos y que digamos que el resto del grupo no comparte una afición por los jardines que justifique cinco horas de coche con niños, fue fácil concluir que esta no era la ocasión. Gracias a dios me pudo la sensatez. A través de Marzena Bakowska, su propietaria, ahora he conocido que este jardín es privado y salvo en ocasiones muy contadas no está abierto al público. Sinceramente, si hubiésemos alquilado un coche y hubiese arrastrado a dos familias enteras a través de Polonia para ver un buen muro y una puerta cerrada, no creo que hubiese habido demasiada benevolencia hacia mi persona. Aunque tengo la firme convicción de que mi error hubiese sido comprensible. Toda la información que había encontrado estaba en Polaco, un idioma que parece igual de indescifrable para los latinos que para el traductor de Google. Pero sobre todo, ¿cómo va uno a imaginarse que semejante jardín sea un jardín privado? ¿cómo pensar que este jardín no deja de ser un hobby como lo es el mío? Veamos algunas cifras que sustentan lo que digo: el jardín tiene 17 años de antigüedad (lo que a mí me parece un suspiro vistos los resultados) y un tamaño de 8 hectáreas (lo que a mí me parece descomunal para un jardín privado). De acuerdo a su propietaria, el jardín cuenta con más de 3.000 variedades de vivaces, y más de 400 variedades de hierbas ornamentales. Solamente del género Miscanthus ya cuenta con cerca de 200 variedades. Y la colección de árboles y arbustos no hay más que mirar las fotografías publicadas en su web para ver que es de una enorme riqueza. Cuando las ves imaginas que un jardín así debe ser propiedad del estado o de alguna universidad. Ya no hay lores ingleses que se dediquen a la jardinería. La gente con nombre y apellidos no se dedica hoy en día a hacer un jardín de 8 hectáreas. O sí, y si no ahí está Marzena Bakowska, una abogada de profesión y jardinera de corazón para demostrarlo. 
A veces tengo la sensación de que los diseñadores de jardines tienen dificultades para entrelazar en sus trabajos toda la riqueza vegetal que tienen a su alcance. Durante mucho tiempo pareció que los árboles y los arbustos tenían la exclusividad en los jardines. Y si se permitía la entrada de alguna herbácea esta sería sin duda una anual o césped. Movimientos como el Arts and Crafts y su arriate herbáceo en Inglaterra, y más recientemente la Nueva Ola de Perennes impulsada desde Holanda y Alemania han potenciado el uso de vivaces y gramíneas. Y cuando parecía que árboles, arbustos, vivaces, hierbas y anuales se disponían a convivir en los jardines, tengo el temor de que se estén invirtiendo las tornas y nos estemos olvidando de árboles y arbustos en los jardines de estilo naturalista. En ocasiones siento que el movimiento naturalista sólo estuviese interesado en la evocación de un tipo particular de ecosistema: la pradera o el prado. Hay diseñadores de jardines que demuestran que otras evocaciones son posibles con la combinación de árboles y arbustos junto a vivaces y hierbas, y el Arboretum Trojanow es muestra de ello. Precisamente lo que más me gusta de este jardín es la forma en que árboles, arbustos, vivaces y hierbas se combinan con gran elegancia. La integración entre hierbas y coníferas me resulta especialmente evocadora y es uno de mis puntos de referencia para la futura evolución de mi jardín. El estilo final del arboretum, creo que es de gran naturalismo sin llegar a emplear las herramientas de combinación y entremezclado de especies que promueven los movimientos modernos. En Trojanow se emplean grandes bloques alargados de una única especie de gramínea. Estas enormes extensiones de un un único tipo de hierba potencian las cualidades estructurales y de textura de cada especie, en un estilo que me recuerda a los jardines de James van Sweden y Wolfgang Oehme. Pero aquí el contraste en las yuxtaposiciones de los bloques de especies diferentes y los puntos de foco y contraste aportados por árboles y arbustos, especialmente los esbeltos abetos sobresaliendo sobre un mar de hierba, generan un jardín de enorme personalidad. 
Arboretum Trojanow es un jardín con mucha suerte. Como todo gran jardín tiene la suerte de tener un gran jardinero, alguien que en un momento de su vida decidió dedicar una parte importante de su tiempo, su conocimiento y su pasión, de su vida en definitiva, a moldear y embellecer un pedazo de terreno. Pero en este caso, este jardín tiene además la suerte de haber sido retratado recientemente por dos de las más inspiradoras fotógrafas que conozco. Yo he elegido la obra de Magda Wasiczek (a la que agradezco enormemente su amabilidad por permitirme emplear sus fantásticas fotos en este blog) pero en la web también se pueden encontrar estupendas fotografías de Joahna Stoga y de la propia Marzena Bakowska. Yo me he atrevido a pedirle a Madga emplear sus fotografías porque tengo la convicción de que todos los que nos lanzamos a la creación de un jardín en mayor o menor medida lo hacemos persiguiendo el logro de un ideal estético, de refugio o de naturaleza, nuestra subconsciente idea de paraíso. Yo no sé definir cuál es mi idea de jardín soñado, pero creo que las fotos de Magda son capaces de agitar el rinconcito en el que esta idea se esconde.

After the photos you can see the english version.






















Fuente: Magda Wasiczek, Arboretum Trojanow

We visited friends in Warsaw last fall. It was a great trip during which I was about to make an embarrassing mistake. When we were planning the trip, just when our friends asked us what would we like to visit, I found pictures of a garden so spectacular that I almost included it in my list of desires. It was the Arboretum Trojanow, located in Opatówek, near Kalisz, in central Poland. According to Google Maps it takes two hours to get there by car from Warsaw. With that information, taking into account that we did not have much time, that we wanted to be with our friends and that the rest of the group doesn't share my passion for gardens that justifies a five hour drive with children, it was easy to conclude that this was not the occasion. It was a good decision. Through Marzena Bąkowska, the owner, I have now found out that this garden is private and is not open to the public except on very rare occasions. Honestly, if we had rented a car and crossed Poland to see a good wall and a closed door, I don't think my family and friends would have been too kind to me. Despite the fact that I have the firm conviction that my mistake would have been understandable. All the information I had found was in Polish, a language that seems equally indecipherable to Latin people as for Google translator. But above all, how was I able to imagine that such a garden is a private garden? Here are some figures that support what I say: the garden is 17 years old (which seems to me a short period of time) and a size of 8 hectares (which seems to me huge for a private garden). According to its owner, the garden has more than 3,000 varieties of perennials, and more than 400 varieties of ornamental grasses. The garden has nearly 200 varieties of the genus Miscanthus. And you only have to look at the pictures published on its website to see the wealth of the collection of trees and shrubs. When you see the photos it's easy to imagine that such a garden should be owned by the State or a university. There are no English lords making gardens now. People with names and surnames don't pass their time making an eight-hectarea garden. Or maybe I'm wrong. We have Marzena Bąkowska, a lawyer by profession and amateur gardener, to prove that challenging gardening is still possible.
Sometimes it looks like garden designers can't use all the plant wealth they have at their fingertips. For a long time it seemed that exclusively trees and shrubs were used in gardens. And if a herbaceous plant was allowed, it would definitely be annual or moweb grass. Movements like the Arts and Crafts and herbaceous borders in England, and more recently the New Perennials Wave from Holland and Germany, have boosted the use of perennials and grasses. And when it looked as trees, shrubs, perennials, grasses and annuals were going to live together in the gardens, I have begun to fear that we are reversing the situation and we are forgetting trees and shrubs in the gardens of naturalistic style. Sometimes I feel the naturalist movement is only interested in the evocation of a particular type of ecosystem: the prairie or meadow. There are landscapers showing that other evocations are possible with the combination of trees and shrubs along with perennials and herbs, and Trojanow Arboretum reflects this. Precisely what I like most about this garden is the way in which trees, shrubs, perennials and herbs are combined with elegance. The integration between grasses and conifers is particularly evocative for me and is one of my references for future developments in my garden. The final style of the Arboretum Trojanow is of great naturalism without actually using the principles of combination and intermingling of species that promote modern movements. In Trojanow large stripes of a single species of grass are used. These huge blocks of a unique type of grass enhance the structural and textural qualities of each species in a style that reminds me of the gardens of James van Sweden and Wolfgang Oehme. But here the contrast between the juxtapositions of blocks of different species and the points of focus and contrast provided by trees and shrubs, especially those of the fir trees towering over a sea of grass, create a garden of huge personality. 
Arboretum Trojanow is a lucky garden. Similarly to other gardens is fortunate to have a great gardener. In this case a woman who at one point in her life decided to devote a significant portion of her time, knowledge and passion, in other words a piece of her life, to shaping and beautifying a piece of land.  But in this case, this garden is also lucky to have been recently portrayed by two of the most inspiring photographers I know. I have chosen the work of Magda Wasiczek (who I'm extremely grateful to for allowing me to use her fantastic photos on this blog) but on the web you can also find great pictures by Joahna Stoga and Marzena Bąkowska. I dared ask Magda if I could use her photographs because I have the conviction that all the people working in the creation of a garden in varying degrees are pursuing the achievement of an aesthetic, shelter or nature ideal, our subconscious idea of paradise. I don't know how to define what my dream garden is, but I'm sure that Magda's photos are able to shake the corner where this idea is hidden.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...