lunes, 16 de junio de 2014

Inspiración en la Naturaleza - I - Un Jardín sin Geometría

La geometría es el lenguaje del hombre, dijo Le Corbusier. Y la jardinería y el paisajismo, como letra impresa del hombre en la naturaleza que son, se escriben con geometría. Balance, ritmo, armonía, simplicidad, proporción, unidad y funcionalidad se consiguen bajo la batuta de la geometría. Y cuando hablamos de geometría en el jardín no hablamos de formalidad en el jardín. Geometría hay, muy obvia y rígida, en los jardines de André Le Nôtre, pero geometría hay también en los paisajes pastoriles de Capability Brown. El lenguaje del hombre se puede hablar en muchos idiomas. A través de la geometría ordenamos el espacio y logramos los principios estéticos que han acompañado a todas las artes desde la antigüedad. Me atrevería a decir que siempre que haya una estructura en nuestro jardín (una estructura exitosa, por supuesto), por muy informal que sea, se apoyará en principios de geometría que a menudo el jardinero habrá considerado de manera inconsciente gracias a su bagaje cultural. En el libro de Olivier Fillippi el Jardín sin Riego aparece una foto de un campo rocoso en Grecia con un pequeño roble rodeado de una extensión de Ballota acebatulosa y el autor señala con buen criterio lo fácil que es imaginar como intercalando entre las matas de Ballota un toque de color mediante salvias, Perovskias o adelfillas tendríamos un "jardín natural" de mantenimiento mínimo. El comillado es de Olivier Filippi y supongo a que se debe a que el autor sabe que eso sería una composición vegetal muy interesante, pero muy posiblemente no fuese un jardín. Le faltaría estructura, geometría. Porque ¡atención jardineros naturalistas!, sin geometría la naturaleza nos puede ganar la partida por la mano. Lo que a nosotros nos puede llevar años de trabajo conseguir ella lo puede lograr con un bostezo primaveral. Animado por una entrada (esta) del blog Descubriendo Hojas, me he dedicado a dar una vuelta por los alrededores de mi parcela a ver qué encontraba. A la salida de un pueblecito de Segovia me topé con un terreno baldío en el que todo, la luz, el viento, los olores de las plantas, el zumbido de los insectos, parecía vibrar. Así que a la mañana siguiente mi hija y yo nos pegamos un buen madrugón para fotografiarlo con la luz matutina. No somos fotógrafos y el resultado es el que es, pero un buen fotógrafo podría convencernos de que tenemos delante un jardín de algún profesional. Y por supuesto con la ayuda de la geometría podríamos convertir esta parcela en un jardín. Y entonces hablaríamos del jardín de Verbascum, Echium y Onopordum. Pero como no hay geometría, en este pueblo de Segovia seguro que hablan del erial de Gordolobos, Viboreras y Cardos Borriqueros. Qué distinto suena y qué bonito es de todas formas.






















martes, 10 de junio de 2014

Otra historia de semillas

Por desgracia o por suerte, según se mire, vivo a 100 km del lugar donde practico la jardinería. Es decir, soy jardinero de fin de semana. Eso siempre me deja con ganas de más, pero por contra me permite reservar tiempo y energías para hacer otras cosas, como escribir estas líneas. Ser jardinero de fin de semana impone sus limitaciones, muy especialmente en todo lo que rodea al cultivo de semilleros. Heladas traicioneras hasta el mes de junio y manadas de conejos y topillos que practican un deporte de riesgo cuya regla troncal es algo así como "a ver quién putea más a este hombre", desaconsejan que deje mis semilleros a su suerte. Así, la terraza de nuestro piso luce de una guisa de la que diría que miembros de mi familia opinan que no es ni medio normal. De todas formas me deben tener cariño, porque no dicen nada. O como me ven entretenido y sin dar la tabarra les parece una buena inversión, quién sabe. Pero es que yo al cultivo desde semilla le veo tres enormes ventajas: la primera es el ahorro económico. Mirar un montón de libros y páginas de internet, estudiar los catálogos de unos cuantos viveros, elegir tus especies deseadas y soñar con tu jardín es todo uno. Pero medir los metros cuadrados de tu trozo de terreno, calcular el número de plantas necesarias, hacerte una idea del presupuesto necesario y empezar a hiperventilar con un ataque de pánico es todo otro. Ni los miembros más cariñosos de mi familia creo que fuesen indulgentes con el dispendio. Un sobrecito de semillas de dos euros y un saco de tierra es una buena alternativa. La segunda ventaja es que pocas formas hay tan directas de disfrutar de todo el ciclo de la naturaleza como con el milagro de introducir algo tan inerte como una semilla en tierra y ver crecer una planta. De ninguna planta te sentirás tan orgulloso como de aquella que hayas cultivado desde la semilla. Y la tercera es que nos da un entretenimiento magnífico entre semana a los frustrados jardineros de fin de semana. Dicen que el bonsai se originó en China hace dos mil años. Apostaría que fue idea de un jardinero de fin de semana frustrado. Para mi llegar a diario a casa y ver la evolución de mis semilleros es una aventura. Cada nueva planta germinada una alegría. Y cada fracaso... bueno, digamos que lo que hace que me alegre de los éxitos. Porque sembrar también tiene sus desventajas, claro. El sentirte esclavo de una regadera durante meses. El tiempo que puede llevar tener un plantón listo para plantar en el jardín, casi nunca compatible con la impaciencia del jardinero de fin de semana. Y por supuesto las pequeñas decepciones de las semillas inertes que nunca dejan de ser eso, inertes. Sobre el tratamiento de las semillas podríamos escribir líneas y líneas, explicando cosas tan magníficas como la estratificación y la escarificación, esas formas de activar o engañar el reloj biológico de la semillas, pero un resumen sería que hay semillas que parecen saltar al contacto con el agua y otras que ni tratándolas con ácido sulfúrico. Y no es ninguna exageración lo del ácido sulfúrico, hay semillas para las que recomiendan un tratamiento previo con tan encantador producto. En definitiva nunca se sabe qué va a salir o no va a salir. Ni siquiera te puedes fiar de las indicaciones de los distribuidores de semillas. Puedo parecer un poco pesado con esto de la aleatoriedad de la naturaleza, pero es que de verdad que clama al cielo. Un ejemplo. Yo este año he comprado semillas en dos tiendas online: Jelitto y ChilternSeeds. Ambos viveros coinciden en que la germinación de la Stipa gigantea puede tener su dificultad. Para la Digitalis ferruginea en cambio señalan que con humedad y calor está chupado. Se pueden imaginar lo que ha pasado. 100% de germinación en las Stipas y cero absoluto con las Digitalis. En otros casos avisaban bien. Sporobolus heterolepis: These seeds germinate rapidly depending on species and origin. If germination dos not ocurr after 3-4 weeks a colling period of 2-4 weeks is recommended. He aprendido que esto se podría traducir por germinan bien... si ellas quieren. Mis Sporobolus en su mayoría no han querido. Este año también he sembrado semillas de distintas especies de árboles, y como si conociesen que ya no tengo tanto espacio para árboles, han decido que no me convenía que germinasen todos. Da igual el número de semillas sembradas de cada especie, la tasa de acierto es invariable: una única semilla por especie. Un Populus tremuloides, un Acer shirasawanum, un Quercus coccinea... Bueno, me vale, si es cierto que no necesito más. Además en su conjunto mi experiencia este año yo la calificaría de éxito. Podríamos englobarla en las siguientes categorías:
  • Éxito absoluto, esto es, semillas que han germinado como un tiro y ya dispongo de plantas listas para plantar: Echinops bannaticus, Cynara cardunculus, Cynara scolymus, Leucanthemum superbum 'Alaska', Miscanthus sinensis, Stipa gigantea.
  • Camino del éxito o semillas que han germinado en un porcentaje elevado pero las está costando convertirse en plantas a las que pueda echar de casa: Allium sphaerocephalon, Deschampsia flexuosa, Coreopsis palmata, Kalimeris incisa, Muhlenbergia capillaris, Rudbeckia missouriensis, Rudbeckia subtomentosa, Stipa tenuissima
  • Bueno, algo es algo, semillas que han germinado en un porcentaje muy bajo o que se han secado en un porcentaje elevado después de germinar: Andropogon scoparius, Eragrostis spectabilis, Sporobolus heterolepis 
  • Fracaso absoluto, como el que ha sembrado arena: Digitalis ferruginea, Eremurus robustus
Y en fin, una fotos de mis semilleros. A fin de cuentas hasta el jardín más espectacular algún día no fue mucho más que esto, ¿no?
De izquierda a derecha: Rudbeckia missouriensis, Rudbeckia Subtomentosa, Coreopsis palmata, Kalimeris incisa

Primer plano de Coreopsis palmata y Kalimeris incisa

10 Muhlenbergia capillaris y 10 Miscanthus sinensis

Primer plano de Kalimeris incisa

Miscanthus sinensis

Stipa tenuissima

Quercus coccinea. ¿Por qué será que la hoja me parece demasiado redondeada para un coccinea?

Acer shirasawanum. ¿Por qué será que me parece palmatum?

Stipa tenuissima

De izquierda a derecha: Allium sphaerocephalon, Echinops bannaticus 'Blue Glow', Stipa gigantea.Más a la derecha plantas de alcachofa

Leucanthemum superbum 'Alaska' y Echinops bannaticus 'Blue Glow'

Estos hierbajos son Sporobolus heterolepis sobre un fondo de Leucanthemum y Echinops. Las semillas de las tres especies fueron sembradas el mismo día. ¿Queda claro lo diferente que puede ser el comportamiento dependiendo de la especie?

Kalimeris incisa

Al fondo Deschampsia flexuosa. En primer plano Eragrostis spectabilis, que después de germinar con fuerza se ha secado en su mayoría hasta quedar poco más que esto

Allium sphaerocephalon a punto de ser devorada por los Echinops

Echinops bannaticus 'Blue Glow' y Stipa gigantea
Cynara scolymus y Cynara cardunculus... alcachofas y cardo de toda la vida, vamos. 

lunes, 2 de junio de 2014

Una simple pradera

La jardinería a veces puede resultar cruel. En el frente de nuestra casa hay un espacio abierto que se encontraba (y medio se encuentra) muy degradado por el paso de maquinaria y camiones durante la construcción de la casa. Nuestro terreno es arcilloso, muy arcilloso, así que el paso de un camión sobre el terreno húmedo además de una buena rodera puede dejarte una losa impenetrable. Después de darle muchas vueltas, para este espacio optamos por algo que nos pareció sencillo y sostenible: una pradera. No estoy hablando de césped, hablo de una mezcla de hierbas y vivaces que sólo exigiesen ser segadas un par de veces al año. Hierbas y flores de las que crecen en cualquier pradera de los campos que nos rodean, las mismas con las que tan buenas terneras y lechazos se crían por nuestra tierra. No estamos en Cantabria, así que contábamos con que se agostasen con la llegada de los calores. Así, no tendríamos que hacer gran cosa, porque las hierbas salen solas, ¿no?. Pues no, salen solas en cualquier sitio en el que molesten, pero no dónde se las espera. Cansados de esperar, después de dos temporadas sin rastro de hierba de ningún tipo, decidimos actuar. Trabajamos algo el terreno y sembramos una mezcla de simientes. Dicho así suena fácil, pero la realidad es que un terreno arcilloso descubierto es algo que oscila entre una losa de hormigón y un lodazal en el que te hundes hasta la rodilla. El castellano, siempre tan rico, tiene una palabra para nuestro problema: tempero, sazón y buena disposición en la que se haya la tierra para las sementeras y labores. Ya lo dice la gente de campo, la tierra se ara cuando está en tempero. Ya, y no digo yo que mi explanada en algún momento de los últimos años haya estado en tempero, pero de verdad que ese momento y yo no hemos coincidido. Así, los intentos de siembra en otoño acabaron con una plasta impracticable y los intentos de siembra en primavera con una costra en la que rebotaba el pico. Este año, cansado de fracasos he cambiado de estrategia, he dejado de pelearme con la tierra y me he pasado al doping. Un buen camión de mantillo, un aspersor, y aunque con mucho camino que recorrer, parece que al fin empezamos a tener algo que podríamos llamar pradera. Si alguien se anima a echarme una mano con la identificación de las especies de nuestra pradera, que como cabía esperar en su mayoría no coinciden con ninguna de las semillas que por allí hemos sembrado, se lo agradeceré de corazón.
















jueves, 1 de mayo de 2014

The Know Maintenance Perennial Garden

¿Eres aficionado a la jardinería? ¿Te gustan los jardines de la Nueva Ola de Vivaces? ¿Te gustaría hacer uno pero tienes infinidad de dudas? ¿No sabes si para preparar el terreno basta con una escarda superficial o deberías pasar un subsolador de un metro de profundidad? ¿No tienes claro si debes instalar un sistema de riego o si regar un jardín naturalista es de cobardes? ¿Te sientes igual de indeciso cuando piensas si una Salvia nemorosa combinará bien con una Rudbeckia subtomentosa que cuando buscas una corbata que pegue con tu camisa de rayas? Si estas dudas y otras muchas te quitan el sueño, entonces este es tu libro: 
The Know Maintenance Perennial Garden - Knowing your plants mean less work
En el mundo de la horticultura hay muchos libros optimistas. Libros que creen enseñar cómo ser autosuficiente, cómo ser ecológico o cómo ser un maestro del diseño de jardines, cuando en realidad no están enseñando más que buenas intenciones. Este libro de Roy Diblick no es uno de ellos, no es optimista al menos desde el acento utópico de la palabra, no es un libro de buenas intenciones, aunque tiene muchas. Sí es un libro muy positivo y realista. Realista y positivo porque en esencia trasmite dos ideas principales: una, si quieres tener un jardín de vivaces tienes que saber el esfuerzo que implica y el esfuerzo que te puedes permitir, y conocer qué implica desarrollar y mantener un jardín sólo se puede hacer a través de un conocimiento profundo de las plantas, sus hábitos, necesidades e interrelaciones. Y dos, en el camino vas a hacer tus pinitos como artista y te lo vas a pasar pipa. 
Lo de Know Maintenance Perennial Garden, cuya traducción al castellano se me hace imposible (¿jardín de vivaces con mantenimiento informado?) es una aproximación a la jardinería basada en un principio muy simple: conoce a las plantas y lo que necesitan, y te ahorrarás esfuerzo porque ellas llevan mucho tiempo cuidándose solas. Es decir, en esencia es la misma aproximación a la jardinería de Beth Chatto, por ejemplo. El hecho de conocer a las plantas nos permitirá elegir las más adecuadas a las condiciones de nuestro jardín, pero además nos enseñará cómo debemos combinarlas y como debemos interactuar con los elementos naturales en el cuidado de las comunidades vegetales que hayamos creado. Y en ese interacción sentiremos cómo evoluciona nuestra relación con otros seres vivos, profundizaremos en nuestra observación de la naturaleza, sentiremos como pocos el paso de las estaciones, tomaremos conciencia de los problemas ambientales que nos acechan, compartiremos nuestras experiencias con los demás, innovaremos, redefiniremos nuestras propias reglas, soñaremos con el futuro pero valorando la belleza del presente y sobre todo, todo esto lo haremos desde una perspectiva artística donde nosotros, los jardineros, seremos los artistas. Y así, The Know Maintenance Perennial Garden no es un conjunto de reglas, sino una filosofía sobre cómo mirar el mundo y a nosotros mismos, una filosofía basada en ideas muy sencillas que por desgracia muchas veces dejamos de lado. Por ejemplo el hecho de que la belleza está en todas partes y además se recrea de manera constante, o más importante aún, el principio de que el arte debería ser un hábito que nos impregnase, y que arte es tanto hacer un jardín como elegir un sofá para nuestro salón o cualquier otra actividad en la que podamos aplicar un principio estético, cualquier actividad que nos ayude a profundizar en nuestra cultura y estrechar los lazos con nuestra comunidad. En definitiva, este libro de Roy Diblick es un canto a salir a nuestros campos y jardines y practicar o crear nuestra vocación artística a través de la jardinería. Quizás desde la tranquilad de tan sólidos principios, al final el libro aporta reglas como pocos y es de las mejores guías de jardinería que he leído. Desde luego responde a todas las preguntas que planteaba al principio de la entrada. Para ello está articulado en 8 capítulos, bastante bien ordenados desde un punto de vista de lo que podría ser una aproximación secuencial a la jardinería. Poco más o menos nos vienen a contar: 
  1. Cómo debemos conocer nuestro jardín, su luz, su clima, su agua, su suelo. Si no conocemos nuestro entorno, mal vamos. 
  2. Cómo debemos conocer las plantas, sus flores, su follaje, su tallo, sus raíces, sus gustos y hábitos, su velocidad de crecimiento y sus ansías de colonización. Su todo. Este capítulo condensa la idea principal del libro.
  3. Cómo debemos preparar el suelo y plantar. Para mí uno de los capítulos más interesantes porque aborda alguna de las dudas que a jardineros neófitos nos asaltan sobre cómo abordar un jardín de vivaces. 
  4. Cómo debemos cuidar y mantener nuestro jardín. Lo dicho sobre el anterior aplica a éste.  
  5. Una pequeña introducción a 74 plantas para este tipo de jardines. Son plantas adecuadas para la mayor parte de la mitad norte de los Estados Unidos, porque de hecho el libro tiene una clara orientación hacia el lector estadounidense (por ponerle una pega, he terminado exhausto con la transformación de pies y pulgadas a centímetros)
  6. 62 planes de plantación. Dejo el comentario de este capítulo para el final, porque creo que se merece una mención aparte. 
  7. Cómo crear tus propias composiciones y aspectos a tener en cuenta explicados desde el análisis práctico de dos ejemplos sencillos. 
  8. Otros que ya lo han hecho, donde hace una breve introducción a una serie de profesionales de la jardinería y el paisajismo, la mayoría de ellos con una importante presencia en el área de Chicago. Para los amantes de las listas, en este capítulo aparecen Jeff Epping, director del Olbrich Botanical garden, Cassian Schmitdt, director de Hermannshof, Marji Hess que enseña a jovenes como cultivar en el tejado de su centro para jovenes en Chicago, Jennifer Davit directora del Lurie Garden, Tom Wolfe, responsable de los jardines del Art Institute en Chicago, Christine Nye, responsable de los jardines del Shedd Aquarium en Chicago, Noel Kingsbury, Terry Guen, arquitecta paisajista en el Lurie garden y Piet Oudolf. 
Vuelvo al capítulo 6 porque es por sí mismo motivo más que suficiente para comprarse el libro. En él Roy Diblick presenta 62 esquemas de jardines de 14+10 pies (4,2 x 3 metros). Cada plan es una cuadrícula de 14x10 que contiene una combinación concreta de plantas. Cada especie aparece representada por un símbolo concreto y cada plan representa la ubicación exacta en la cuadrícula de todas y cada unas de las plantas. Los planes se presentan en parejas preparadas para ser desarrolladas de manera conjunta y tienen nombres tan sugerentes como Monet, Renoir, Van Gogh, Cézanne, The High Line o Esencia de Piet Oudolf. Y en esto de esencia de Piet Oudolf se esconde una característica importante del libro. Hay libros de Noel Kingsbury y Piet Oudolf, como Landscape en Landscapes, o Planting: A New Perspective, dónde se incluyen mapas detallados de diseños de plantación de Oudolf. La verdad es que mostrar tan a las claras los secretos de tu arte siempre me ha parecido un acto de generosidad muy poco común. Por otro lado estos diseños de Oudolf son capaces de emborrachar de emoción a un amante de las plantas. Y ahí está el problema, porque pueden emborracharlo hasta el coma etílico si se trata un aficionado. El mismo Diblick, como argumento para expresar las ventajas del conocimiento de las plantas, cuenta como el día que Oudolf extendió delante de él los planos para el Lurie Garden (Diblick y su vivero fueron los responsables de cultivar las plantas para este impresionante jardín) sintió que el jardín empezaba a nacer del papel y se desplegaba a su alrededor. Creo que Diblick es consciente de que no todos estamos preparados para tales momentos de misticismo, y por eso los planes que enseña son bastante más asequibles. Son "esencia de". Cada plan cuenta con 5 o 6 especies de vivaces y 3 o 4 de bulbos, y su densidad de plantación me parece menor que la recomendada en otras fuentes como los libros ya comentados. Todo ello convierte a estos planes en algo más asequible para un aficionado. Aunque visto lo visto en muchos de nuestros espacios públicos, no estaría de más que algunos  profesionales les echasen también un ojo. Por otro lado aunque estos planes son una excelente referencia, el autor no nos deja olvidar la esencia del libro y aconseja estudiarlos con detalle, analizar con calma sus plantas, sus porcentajes de especies y sus combinaciones, pero únicamente como punto de partida para un desarrollo más creativo y personal. Nos aconseja empezar por algo simple, empezar apoyándonos en las plantas del capítulo 5 pero sin dejar de lado ninguna otra que encontremos por el camino y nos inspire. Nos pide que experimentemos, que aprendamos sobre su comportamiento, que seamos pacientes, flexibles y adaptables. Que practiquemos y que no olvidemos nunca que esto trata sobre hacer algo bello, sobre ser los artistas en nuestro jardín. Y también que compartamos lo que aprendamos. Bueno, conmigo no tendrá queja, porque no dejo de compartir. 

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