martes, 1 de julio de 2014

Inspiración en la Naturaleza - III - Más plantas para la esperanza

Hace unas semanas, durante una visita a nuestra parcela Miguel Urquijo me comentaba que si conseguíamos desarrollar un jardín en semejante sitio tendría mucho mérito porque la ubicación lo tiene "todo". Ese todo engloba: terreno pedregoso y arcilloso, cuatro meses de sequía, tremendas heladas en invierno, todo tipo de bichos con ganas de probar vegetales exóticos y una masa de robles melojos (Quercus pyrenaica) con afán por ocupar con sus chupones hasta el último  centímetro cuadrado de terreno. Miguel sabe de esto un rato, así que el mensaje acongoja un poco. Aunque ya se sabe que no hay camino fácil que lleve a un sitio interesante, así que no desesperaremos. Además, he de decir que no me quejo. Dentro de la extensa Castilla nuestra parcela dista lo mismo de ser un terreno privilegiado como de ser uno especialmente difícil. Castilla es tierra de vegas, cereales y viñedos, pero también de rocas, páramos y cierzo, y es en esos terrenos ásperos y descarnados dónde hay que acudir a toda la imaginación, esfuerzo y experiencia posibles para poder desarrollar un jardín. Y es que a pesar de todos los inconvenientes mi parcela, la charla con Miguel fue positiva y motivadora, una charla entre la que continuamente se deslizaba un mensaje de apuesta porque a medida que profundice en mi afición, irá creciendo mi gusto por lo de aquí, por lo nuestro, por esas plantas sufridas que te dan estructura, textura y color pidiendo bien poco a cambio. La semana pasada pensaba en cuánta razón tiene mientras sudaba la gota gorda trepando con mis hijas por una ladera de pizarra descompuesta en las estribaciones de la sierra de Ayllón. Unos de esos terrenos en los que es mejor no resbalar porque parecen querer acabar hasta con las encinas. Pero hasta en un terreno así había plantas que me obligaban a parar a cada rato y aguantar las quejas de mis hijas por la pesadez de su padre con las plantitas. AlliumCentaurea, CistusCytisus, Dianthus, Digitalis, Echium, GlobulariaHelichrysum, SantolinaSedum, entre otros muchos géneros desconocidos para mí, ponían una nota de textura y color sobre la pizarra y el suelo esquelético de nuestra sierra. En sitios así debió encontrar la inspiración Beth Chatto. De plantas como estas escribe y se encarga en su vivero Olivier Filippi.  Y así, vamos con una tercera entrada sobre plantas de nuestros campos que serían perfectamente válidas para nuestros jardines si quisiéramos mirarlas con algo más de cariño. 

¿Dianthus lusitanus?

Onopordum y Santolina sobre un fondo de Rubus ulmifolius

¿Digitalis thapsi?

¿Digitalis thapsi?

¿Digitalis thapsi?

¿Dianthus lusitanus?



¿Santolina rosmarinifolia?


Digitalis y Santolina


Santolina y Digitalis



¿Digitalis thapsi?



¿Dianthus lusitanus?

¿Dianthus lusitanus?

¿Helychrysum stoechas?


Echium y Santolina

Allium sphaerocephalon

Halimium ocymoides

¿Centaurea sphaerocephala?

Recius espectacularis, las dos flores más bonitas de la sierra

jueves, 19 de junio de 2014

Inspiración en la Naturaleza - II - Bury Court a la castellana

A cuenta de mi última entrada, Andrés Pérez, autor del blog Quincunx, sugería lo interesante que sería tomar un jardín de Piet Oudolf y hacer el experimento de sustituir sus especies vegetales por otras que fueran equivalentes estéticamente y se críen en nuestros campos. Me pareció una idea estupenda. Pongamos por ejemplo un jardín de Oudolf: Bury Court, en Surrey, el primer jardín que diseñó Oudolf en Gran Bretaña. El jardín, como cualquiera de este autor, es de una riqueza apabullante, pero para mí si tiene algo por lo que destaca es por un enorme macizo que en su sencillez es el culmen de la elegancia. El macizo en cuestión es un prado de Deschampsia cespitosa, que creo que tenía tendencia a morirse y se sustituyó por Molinia caerulea. Deschampsia o Molinia, tenemos un macizo de 150 metros cuadrados de una gramínea salpicado de unas pocas especies de vivaces. Las fotos más espectaculares de este prado muestran la densa masa de gramíneas que crean un fondo en el que sobresalen espectaculares algunas Digitalis ferruginea y Allium sphaerocephalon. Aquí una foto de la web del autor del prado en cuestión. Un jardín muy bonito imposible para nuestro clima. Deschampsia y Molinia prefieren terrenos pobres pero húmedos. Así, yo este año iba a intentarlo con Sporobolus heterolepis, que parece bastante más adecuado para mi terreno seco y arcilloso. Y como vivaces de contrapunto iba a emplear Digitalis ferrugineaAllium sphaerocephalon. Bueno, iba a copiar un poco, sí, qué pasa. De todas formas tampoco se me ha logrado, porque Sporobolus y Digitalis no los he conseguido desde semilla y eso ya me da bastante mala espina. Y Allium sphaerocephalon se dan en nuestros campos pero los que yo he visto son de una altura insignificante como para ser usados en un macizo de este estilo (de verdad que Castilla es bastante más árida que Surrey). Así qué ¿por qué no probar con plantas más habituales en nuestros campos?. Usemos la idea de diseño de Oudolf y probemos con plantas que se dan en cualquiera de nuestras cunetas. Por ejemplo, podemos tomar los Verbascum y Echium que veíamos en la anterior entrada y emplearlos como elementos de contraste en mitad de un denso macizo de Stipa gigantea. La Stipa puede resultar muy alta, aunque en nuestros campos no alcanza la altura que podemos ver en los jardines de Oudolf. Además es bastante traslúcida. Podría funcionar. También podríamos introducir alguna especie más, algún ejemplar de Thapsia u Onoporum para obtener estructura vertical. Algún Hypericum para ampliar el período de floración. Algo en esta línea. Y podría decir que todo esto se me ha ocurrido a mi, pero la verdad es que no, estoy copiando de nuevo. Esta vez a la naturaleza. Ahora van algunas foto del modelo, que una vez más con algo de estructura y geometría que jardín tan espectacular daría. Qué bien nos vendría por aquí una Amalia Robredo que se encargase de estudiar y catalogar estas plantas y de convencer a unos cuantos viveros de que son interesantes para un jardín. 























lunes, 16 de junio de 2014

Inspiración en la Naturaleza - I - Un Jardín sin Geometría

La geometría es el lenguaje del hombre, dijo Le Corbusier. Y la jardinería y el paisajismo, como letra impresa del hombre en la naturaleza que son, se escriben con geometría. Balance, ritmo, armonía, simplicidad, proporción, unidad y funcionalidad se consiguen bajo la batuta de la geometría. Y cuando hablamos de geometría en el jardín no hablamos de formalidad en el jardín. Geometría hay, muy obvia y rígida, en los jardines de André Le Nôtre, pero geometría hay también en los paisajes pastoriles de Capability Brown. El lenguaje del hombre se puede hablar en muchos idiomas. A través de la geometría ordenamos el espacio y logramos los principios estéticos que han acompañado a todas las artes desde la antigüedad. Me atrevería a decir que siempre que haya una estructura en nuestro jardín (una estructura exitosa, por supuesto), por muy informal que sea, se apoyará en principios de geometría que a menudo el jardinero habrá considerado de manera inconsciente gracias a su bagaje cultural. En el libro de Olivier Fillippi el Jardín sin Riego aparece una foto de un campo rocoso en Grecia con un pequeño roble rodeado de una extensión de Ballota acebatulosa y el autor señala con buen criterio lo fácil que es imaginar como intercalando entre las matas de Ballota un toque de color mediante salvias, Perovskias o adelfillas tendríamos un "jardín natural" de mantenimiento mínimo. El comillado es de Olivier Filippi y supongo a que se debe a que el autor sabe que eso sería una composición vegetal muy interesante, pero muy posiblemente no fuese un jardín. Le faltaría estructura, geometría. Porque ¡atención jardineros naturalistas!, sin geometría la naturaleza nos puede ganar la partida por la mano. Lo que a nosotros nos puede llevar años de trabajo conseguir ella lo puede lograr con un bostezo primaveral. Animado por una entrada (esta) del blog Descubriendo Hojas, me he dedicado a dar una vuelta por los alrededores de mi parcela a ver qué encontraba. A la salida de un pueblecito de Segovia me topé con un terreno baldío en el que todo, la luz, el viento, los olores de las plantas, el zumbido de los insectos, parecía vibrar. Así que a la mañana siguiente mi hija y yo nos pegamos un buen madrugón para fotografiarlo con la luz matutina. No somos fotógrafos y el resultado es el que es, pero un buen fotógrafo podría convencernos de que tenemos delante un jardín de algún profesional. Y por supuesto con la ayuda de la geometría podríamos convertir esta parcela en un jardín. Y entonces hablaríamos del jardín de Verbascum, Echium y Onopordum. Pero como no hay geometría, en este pueblo de Segovia seguro que hablan del erial de Gordolobos, Viboreras y Cardos Borriqueros. Qué distinto suena y qué bonito es de todas formas.






















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