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domingo, 7 de abril de 2013

Arquitectura de Contexto: Parque de Valdefierro


Mi mujer me acusa de que casi todos los parques y jardines que salen por este blog, no parecen parques y jardines. No sé si tomármelo como una crítica o como un cumplido. En cualquier caso, con la entrada de hoy me podrá decir lo mismo, pero desde luego no por las mismas razones. Nos alejamos un momento del diseño con plantaciones naturalistas y vamos a un proyecto de parque donde lo que prima es la arquitectura. Se trata del parque de Valdefierro, en Zaragoza, diseñado por Héctor Fernández Elorza y Manuel Fernández Ramírez. No tengo el gusto de conocerles, pero diría que son hijo y padre. Es decir, que Héctor Fernández Elorza es hijo de la pareja de arquitectos Manuel Fernández Ramírez e Isabel Elorza García con obra centrada principalmente en Zaragoza. Por su parte Héctor es un arquitecto y profesor de la ETSAM que ya cuenta con unos cuantos edificios y espacios públicos a sus espaldas en los que ha buscado desarrollar una arquitectura sensible de baja tecnología que haga una lectura eficaz de su contexto.

El parque de Valdefierro me parece un excelente ejemplo de como la arquitectura, la escultura y el paisajismo pueden ser las tres patas de un todo indivisible, de como una obra arquitectónica que busca la ordenación del espacio público de cara a facilitar y mejorar su uso, puede ser al mismo tiempo un elemento capaz de despertar una emoción plástica en el espectador. En el caso del parque Valdefierro estos elementos son los gigantescos muros con los que los arquitectos han salvado el desnivel de nueve metros del terreno. Este parque me encanta como casi cualquier proyecto que obedezca al siguiente patrón: recuperación de modelos tradicionales de acuerdo a lineas de diseño contemporáneas. En este parque se recupera el método de cultivo en terrazas empleado en todo el mundo desde la más remota antigüedad, pero se hace en base a la construcción de muros de hormigón entroncados en las corrientes arquitectónicas de nuestro tiempo. El parque es una franja en forma de L de 11 hectáreas encajonadas entre el Canal Imperial de Aragón y el barrio de Valdefierro. 




El terreno había sido utilizado durante años como gravera y después rellenado con escombros, y por lo tanto se encontraba muy degradado. Aquí viene otra de las soluciones empleada por los arquitectos reseñable por hacer virtud del defecto: el empleo de los materiales allí abandonados como desechos para la construcción de los muros. La idea es eficaz, barata y sostenible y responde a la filosofía de este arquitecto, del que he leído una frase que me resulta de gran fuerza descriptiva: Como en el arte marcial judo, que japonés significa camino de la suavidad, donde los contrincantes utilizan la fuerza del adversario para derribarles, la arquitectura debería operar de igual modo con su contextoArquitectura del contexto que resulta en muros de la tosquedad que se puede ver en las siguientes imágenes.



Al mismo tiempo que se reducen los costes necesarios para limpiar la parcela y construir los muros, se eliminan un gran volumen de desechos que de otra manera habrían ido a parar a otro vertedero. Piedras de gran tamaño de la antigua gravera y desechos de antiguas obras de la ciudad se mezclaron con hormigón para crear muros sin armar que se bastan con su enorme tamaño para contener los nuevos bancales del terreno. El muro principal del lado sur, que separa el parque del Canal Imperial en un gran salto, mide 210 metros de largo, tiene una altura de 9 metros y un espesor de 1,80 metros. Me da pereza calcular la de metros cúbicos que entran en un muro así y la barbaridad de hormigoneras que se habrá comido. En el lado este el parque se divide en tres niveles que se construyeron en base a un juego geométrico de muros de 1,25 metros de espesor y hasta 4 metros de altura. Otros muros de menor espesor y en esta ocasión armados completan la geometría del parque delimitando las vías de comunicación del parque con el barrio. Así, la geometría, ese lenguaje del hombre que decía Le Corbusier, ordena y meora un terreno irregular y degradado. El enorme tamaño de los muros que sustentan el terreno contrasta con la delgadez de los muros armados transversales y además permite integrar con facilidad otros elementos necesarios como escaleras, rampas, bancos y miradores. El último juego de los arquitectos ha sido un juego de contraste entre la rugosidad de la superficie de los muros de gran espesor con la suavidad pulida de los pequeños muros transversales de hormigón. Para lograr esta rugosidad, con la que quizás se desea destacar el carácter de muro nacido de escombros, se han arañado los muros con la corona de una zanjadora empleada de canto. El arquitecto Alberto Campo Baeza, una de las mayores influencias junto con Jesús Aparicio de Héctor Fernandez Elorza, dice que la luz y la gravedad son los principales aliados del arquitecto. Este parque es un buen ejemplo. La gravedad de los inmensos muros se encarga de sostener la nueva forma escalonada del terreno, y los juegos de luces y sombras del sol aragonés con estos muros, escaleras y pasillos bien se merecen una visita.














Sobre los nuevos bancales, se han plantado un buen número de árboles, que espero que crezcan con rapidez y generosidad porque los muros no van a servir por sí solos para librar a los zaragozanos del sol y del inclemente cierzo. Además, si bien los muros han permitido crear un espacio horizontal más habitable y son en sí mismos un elemento escultural que enmarca el paisaje, en mi opinión necesitan el componente vegetal que los suavice, ese componente vivo que humanice el parque y lo convierta en un lugar amable para los vecinos del parque. Confiemos en que esos árboles del amor (Cercis siliquastrum) completen la obra.




lunes, 27 de agosto de 2012

Aires Mateus

El arquitecto japonés Sou Fujimoto decía lo siguiente al respecto de su proyecto House Before House: 

Imaginé un lugar que sugiriera el futuro primitivo, que pareciera al mismo tiempo nuevo y propio de los tiempos prehistóricos, engendrado con una novedad inesperada pero, al mismo tiempo, poseedor de lo que podría considerarse la forma inequívoca y arquetípica de una casa.

Yo, la verdad, no obtengo esa impresión de la obra de Sou Fujimoto, pero la frase me parece que define a la perfección lo que he sentido al ver la maravillosa casa de los arquitectos portugueses Aires Mateus en Leiria, el sueño de cualquier amante de los patios como un servidor. 












La fotos están sacadas de la página web de los fotógrafos Fernando Guerra y Sergio Guerra, toda una exhibición de reportajes de arquitectura en la que puedes perderte durante días. 
Fuente: FG + SG

lunes, 13 de agosto de 2012

Bodegas Portia


Al final este blog, que nació siendo un reflejo de la amalgama desordenada de gustos y aficiones que se cuecen en mi cerebro, ha querido tomar forma en temas relacionados con el paisajismo, la arquitectura y la agricultura, hasta un punto en el que me pregunto si no debería cambiar lo de blibliotecaycampo por un solodecampo. Y ya que parece que empezamos a centrarnos, creo que no hay un sitio donde el paisajismo, la arquitectura y la agricultura puedan converger mejor que en esto que algunos han dado en llamar enoarquitectura. Arquitectura para el vino, porque de eso se trata, de la construcción de bodegas de diseño que por si solas bien pueden merecer una visita. 
Los bodegueros españoles, siguiendo la estela de otras zonas vinícolas del mundo, ha decidido emplear el excelente marketing que dan vinos de gran fama, para ampliar un negocio hasta hace poco limitado a lo enológico, al mundo del turismo. Visitas a bodegas, cursos de cata, rutas organizadas, tiendas especializadas y bodegas reconvertidas en restaurantes y hoteles se han multiplicado en las principales denominaciones de origen, en un modelo en el que la imaginación no parece tener fin.  Esta misma semana he visto una bodega que ofrece paseos en globo y las hay que dan masajes con vino. A todo esto, algunos grupos bodegueros de gran capital, han añadido la construcción de bodegas a cargo de arquitectos estrella. 
Por desgracia, no se puede decir en todos los casos que hayan conseguido un buen maridaje entre arquitectura, paisaje y agricultura, algún ejemplo hay bien famoso que me parece que tiene la gracia de un porrazo en los morros, o en el paisaje en este caso. Pero otras representan una oleada de aire fresco en un paisaje en el que hasta hace poco el toque de buen gusto sólo aparecía en monasterios medievales y algún edificio con clase, casos aislados entre la mayoría de naves industriales con un logo en la fachada que parecían condenadas a ser las bodegas de nueva construcción.
En la Ribera del Duero, tenemos buenos ejemplos de este movimiento, y el buque insignia es bodegas Portia, diseño con la firma de Norman Foster en los campos de Burgos. La bodega, que ha costado la friolera de 25 millones de euros (detrás está el Grupo Faustino, un grupo empresarial con siete bodegas en cuatro denominaciones de origen), está pegada a la autovía A1 a la altura de Gumiel de Izán, muy cerca de Aranda de Duero. Para esta obra, Foster + Partners han diseñado "una flor formada por un corazón y tres grandes pétalos". A mi me parece más una hélice, pero no seré yo quien lleve la contraria a sus creadores. Cada pétalo, está dedicado a una fase de la elaboración del vino: fermentación en depósitos de acero inoxidable, crianza en barricas de roble y envejecimiento en botella. Lo que más me gusta de la bodega es su adaptación al terreno, con dos de los pétalos semienterrados en la leve pendiente de la vaguada donde se levanta. Esto, además de reducir el impacto del edificio en el paisaje, tiene un carácter práctico: los camiones pueden acceder al corazón del edificio a través de la cubierta de estos dos pétalos, y descargar allí, en la tolva receptora, la vendimia. Esto permite la producción del vino mediante gravedad sin el empleo de bombas que por lo visto pueden dañar el mosto. 
Creo que en este caso, la fama de arquitecto está a la altura de la calidad de la obra. Hormigón, madera, vidrio y acero dan forma a un edificio que llama la atención sin ser estridente. Las fachadas de escamas de acero corten y los muros de contención de piedra de la zona, armonizan con el terreno arcilloso y los viñedos que rodean el edificio, una pequeña muestra de las 160 hectáreas que alimentan la bodega. Tres pétalos para cada fase de elaboración del vino, o tres pétalos para cada mundo que esta bodega casa: arquitectura, paisaje y agricultura. 

jueves, 12 de julio de 2012

Arquitectura nacida del paisaje

Aragón, como las dos Castillas, tiene paisajes descarnados hechos a base de cierzo, piedra y arcilla. Las casas de antaño construidas de adobe de barro y paja, o de piedra para quien se lo podía permitir, se fueron perdiendo desplazadas por las ventajas evidentes de los nuevos materiales, y con ellas se ha perdido un tipo de construcción que parecía nacida del paisaje, nunca impuesta sobre él. El arquitecto Sixto Marín nos enseña en su Centro de Interpretación del Paisaje de Sabayés, Huesca, como recuperar ese espíritu sin dejar de lado la riqueza de los avances arquitectónicos. 






Y si difícil es conseguir que semejante volumen se integre en semejante paisaje, más difícil puede ser conseguir reflejar en una fotografía todo lo evocador que tiene el conjunto. En palabras de Pedro Pegenaute, el autor de las fotografías incluidas en esta entrada, "hacer fotografías es fácil, está al alcance de cualquiera, pero no conseguir que éstas tengan Alma". Estoy de acuerdo, y creo que gran parte del placer que obtengo con la obra de paisajistas y arquitectos se lo debo a los fotógrafos, muchas veces desconocidos, que son capaces de evocar en una fotografía el Alma de la obra de aquellos. Desde luego, Pedro Pegenaute lo ha conseguido en su reportaje sobre la obra de Sixto Marín.  

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