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sábado, 1 de marzo de 2014

Acento español en la Nueva Ola de Perennes I - Un jardín laboratorio en Segovia

Los aficionados que queremos hacer nuestros pinitos con un jardín de estilo naturalista basado en perennes nos sentimos algo desubicados en España. Tampoco creo que en otros países te encuentres un jardín de Piet Oudolf a la vuelta de cada esquina, pero es que hasta hace bien poco estaba convencido de que la Nueva Ola de Perennes no había sido capaz de atravesar los pirineos. Es verdad que tenemos grandes jardines y grandes jardineros, pero no creo exagerar si digo que no llevamos la jardinería en la sangre. Nos debimos desfondar con la Alhambra. Y aún así, ahora mismo hay una nueva generación de jardineros y paisajistas en España que pelean por sacar adelante nuevos estilos de jardinería. También viveristas que se esfuerzan por ofrecer nuevas colecciones de plantas a la altura de la tradición europea. Auténticos valientes todos ellos que deben tener mucho de vocacional para dedicarse a semejantes profesiones en este país, dónde no hay más ver los catálogos de viveros o de las editoriales que publican libros o revistas sobre jardinería y horticultura para darte cuenta de que no es una afición o un arte que sea troncal en nuestra sociedad. Aquí la gente (perdón por la generalización) no suele viajar para conocer un jardín ni hay muchos jardines privados que hagan jornadas de puertas abiertas. Esto no es Inglaterra o Holanda. 
Así, si buscas referencias para tu jardín no te queda otra que buscarlas en los libros de Oudolf y Noel Kinsbury y Michael King y Dan Pearson y otros muchos, y cada vez te sientes un poquito más desplazado y envidioso de ver jardines preciosos en Inglaterra o en Holanda o en Estados Unidos o en Suecia o incluso Japón. Y piensas, que sí, que son muy bonitos pero que no darías el canto de un duro por su supervivencia en un clima como el nuestro donde allá por el mes de Junio las lluvias te dicen hasta luego y no las vuelves a ver el pelo hasta Octubre. Y entonces conoces el trabajo de Amalía Robredo y te animas un poco, porque ya está bien de tanto norte, pero tampoco mucho porque Uruguay está muy lejos, tan lejos que de tanto sur casi es como si fuese otra vez norte, aunque un norte con diferencias climáticas notables. La semana pasada Thomas Rainer decía en su blog que Amalía ha usado una paleta de plantas nativas en su país de residencia para mostrarnos el potencial del estilo de la Nueva Ola de Perennes para ser adoptado y reinterpretado originalmente en otro continente. Es cierto, precisamente esta autora es el mejor ejemplo de que lo que hay que hacer es tomar la esencia y los principios del movimiento y estudiar y experimentar hasta conseguir adaptarlos a las imposiciones de nuestro clima. En mi caso, el plan se resume básicamente en 5 puntos:
  • Usar especies de reconocido prestigio por nuestros lares para crear volumen y estructura. Principalmente lavandas, salvias y santolinas. 
  • Experimentar con gramíneas porque siento que sus cualidades son únicas para alcanzar la esencia naturalista en un jardín. En mi caso, para terreno arcilloso, clima frío del demonio en invierno y seco hasta el hastío en verano voy a empezar probando con Sporobolus heterolepis, Stipa tenuissina y Stipa gigantea. Se aceptan consejos. 
  • Experimentar con vivaces que me resultan especialmente atractivas para poner un acento al jardín. Ni idea de cómo se darán en mi terreno, pero quien no arriesga no gana. Echinops banaticus, Digitalis ferruginea, Allium sphaerocephalon, Eremurus robustus y Salvia nemorosa son algunas de las que están en mi lista de los deseos para este año. 
  • Tratar de introducir en nuestro jardín plantas silvestres que crecen en nuestros montes y tienen un atractivo innegable. Identificarlas primero no estaría mal. 
  • Y por último y más importante: poner toda mi fe en que el criterio estético de mi mujer, como dos vidas más desarrollado que el mío, ponga algo de orden en todo esto. 
Bueno, pues si ya sabes lo que quieres hacer de qué te quejas. Pues me quejo de que tener un referente cercano se agradece, alguien que demuestre con hechos que un jardín de este estilo en nuestra tierra no es una utopía. Por eso me he alegrado tanto al conocer el estudio de paisajismo Planta Paisajistas. El estudio está formado por Enriqueta León del Olmo y Olmo Rengifo Carreras. Ambos estudiaron en la Escuela de Jardinería y Paisajismo Castillo de Batres y en el 2009 se unieron para ofrecer servicios de mantenimiento, diseño y construcción de proyectos de jardinería y paisajismo. Pertenecen al grupo de los valientes de los que hablábamos hace un momento. Y en su porfolio he encontrado con alegría la mejor demostración de que un jardín estilo Nueva Ola de Perennes es viable en nuestra tierra: su Jardín Laboratorio en la provincia de Segovia. En él experimentan con más de trescientas especies y variedades jugando con el diseño de composiciones en base a las exigencias y evolución de las diferentes plantas. Esta experimentación les entrega un resultado inmediato, porque los macizos resultantes no desmerecerían en el jardín de cualquier afamado jardinero, pero además les aporta una herramienta inigualable, porque como señalan ellos mismos en su web, de esos macizos surgen muchas de las ideas y las plantas que luego utilizarán en los proyectos que ejecutan con sus clientes. También abren su jardín a los visitantes que quieran acercarse a conocerlo y se plantean la creación de un vivero. En definitiva, siguen los pasos de glorias como Mien Ryus, Piet Oudolf o Beth Chatto, pero en Segovia, a tiro de piedra de mi parcela. Lo que para mí tiene un valor incalculable, porque qué quieren que les diga, la provincia de Segovia la veo bastante más tangible que el condado de Essex. A continuación algunas fotos de esta maravilla de jardín. 












domingo, 19 de enero de 2014

El Jardín Agrícola

Desde que William Robinson publicara su libro llevamos más de un siglo dando vueltas al concepto del Wild Garden, con épocas de mayor o menor virulencia entre sus seguidores. Ahora mismo la corriente está especialmente activa gracias a La Nueva Ola de Perennes. Ya he escrito bastante en este blog sobre el tema, pero a modo de somero resumen, podríamos decir que la esencia del movimiento está en conseguir que el jardín se adapte al caótico poder de la naturaleza en lugar de enfrentarse a él. La relación del jardín con su entorno debe ser de interpretación y resilencia en lugar de eliminación y resistencia. Ya es asunto de cada autor llegar más o menos lejos en la idea. Piet Oudolf la trabaja a través de sus hiperdiseñados jardines de perennes, y Gilles Clement la lleva hasta sus últimas consecuencias con sus Jardín en Movimiento y Jardín Planetario. Poniéndonos algo poéticos, podríamos decir que todos ellos buscan que sus jardines sean barquitos que navegan en las tumultuosas aguas de la naturaleza dirigidos por el timón del gusto estético. Aunque unos lo hacen en una fueraborda y otros en una réplica de la Kon-tiki. Está bien, la idea es bonita, podemos usarla siempre que sea posible en nuestros jardines y paisajes. Pero aquí es donde yo me pregunto, ¿y qué pasa con los paisajes agrícolas?. ¿No estamos desaprovechando la idea precisamente en aquellos espacios cultivados en los que la lucha con la naturaleza es vital porque en ella están en juego algunas de nuestras necesidades esenciales?. Bueno, me dirán que algunos ya han dado también con la solución: Edible Forest Garden. Con los jardines comestibles seguimos con lo mismo de antes, trabajar a favor y no en contra de la naturaleza, aunque en este caso sustituimos el principio estético por la capacidad de generación de algo beneficioso (para nosotros o para otras especies) de las especies y asociaciones empleadas en el jardín. Me gustaría dedicar una entrada a este tema de los jardines comestibles, pero vaya por delante que no creo que sean la solución. Me parece otra bonita idea para nuestros jardines, pero creo que nuestros modelos económicos y culturales están a tres siglos de permitir que algo así sirviera para alimentar a la población mundial. Y esto suponiendo que el modelo fuese realmente válido, que es algo que está por ver. 
Así que de momento tenemos que un pedazo muy importante de nuestro planeta (nada más y nada menos que el 38% de la superficie terrestre de acuerdo a la FAO) es explotado agrícolamente, y en ese pedazo todos los esfuerzos deben estar puestos en luchar contra las fuerzas de la naturaleza si queremos llevarnos algo a la boca. No estoy entrando en la discusión de agricultura ecológica o convencional. La lucha se hará con larvas de mariquitas o con Croneton, pero seguirá siendo lucha contra una plaga de pulgones que buscan perpetuarse a costa de nuestras cosechas. Aunque está claro que en la agricultura hay muchas cosas que replantearse, porque en esa lucha se nos ha ido la mano y estamos siendo víctimas del fuego amigo. Tanto hemos querido acabar con las plagas que las hemos hecho más fuertes al tiempo que nos debilitábamos. Hay que reconducir el modelo, que ya está bien de comer y respirar venenos. Recuperación de los setos vivos, mayor variedad de cultivos, recuperación de variedades que podrán ser menos productivas pero son más resistentes. Por poner un ejemplo: hay miles (sí, miles) de variedades y cultivares de manzanas. En los supermercados españoles una decena como mucho. ¿No nos estaremos perdiendo algo en toda esa variedad que estamos olvidando y perdiendo?. Pero no miremos sólo al pasado, debemos entrelazar lo que ya sabían nuestros antepasados con lo que nos enseñan los actuales avances de la ciencia. En definitiva, aplicar el sentido común. Si obtenemos un patrón de manzano inmune al pulgón lanígero, usémoslo. Y si inventamos una variedad de maíz transgénico cuya principal virtud es soportar la dosis letales del herbicida patentado por su mismo inventor, pues mandémosles a hacer puñetas y que se lo coman ellos. 
Pero me estoy yendo por las ramas, porque realmente la cuestión que quería plantear es: ¿y no podría añadirse el criterio estético en todo esto?. Las mayores obras de paisajismo del ser humano son agrícolas. Eso de que la muralla China se ve desde el espacio es una mentira como un castillo, pero lo que sí se ve desde el espacio son los invernaderos almerienses (terrorífico, ¿verdad?). ¿Y un paisaje agrícola puede ser estéticamente bello?. Desde luego que sí. Ahí tenemos los paisajes toscanos o las terrazas de arroz balinenses para demostrarlo. Bueno sí, pero esos son paisajes seculares que se crearon sin el yugo de la productividad económica devoradora del buen gusto. Pues fijémonos en ejemplos más recientes: los viñedos de las bodegas Amastuola diseñados por Fernando Caruncho en el sur de Italia o gran parte de los diseños del estudio Turenscape en China que también incorporan el componente agrícola. Estos autores nos demuestran que el criterio estético puede convivir con criterios hortícolas. Así que creo que la nueva agricultura debería avanzar en la línea de la jardinería y aunar esfuerzos con la naturaleza en lugar de seguir distanciándose de ella. Y desde luego creo que el criterio estético podría ser también aquí uno de sus timones. Tenemos Wild Garden, Perennial Garden, Jardin en Mouvement, Jardin Planétaire, Edible Forest Garden... ¿y no tenemos un jardín para aquello que nos da de comer y nos rodea por todas partes?. Deberíamos elaborar ya mismo el manifiesto del Jardín Agrícola. O el Farm Garden, que seguro que decirlo en inglés ayuda. 
Y como las cosas que se hacen por costumbre se convierten en ley, no puedo dejar la entrada sin subir algunas fotos. Pero no pienso poner  fotos de Caruncho o Kongjian Yu, porque esta fotos espero que sirvan como muestra de que no estoy hablando de enormes y costosísimos proyectos, sino del hecho de que todos los que cultivemos un trozo de terreno podemos poner nuestro grano de arena. Espero que sirvan como demostración de que paisajes como las colinas toscanas o la campiña inglesa son en realidad una enorme agrupación de micropaisajes, la suma del gusto estético de miles de personas trabajando en una misma línea guiados por esa especie de magia que es la cultura. Así que mientras alguien se anima a escribir ese manifiesto del Farm Garden, ahí van la fotos de la granja de una pareja inglesa que parece que ha hecho del criterio estético una de sus fuentes de vida. Su granja llamada Walnuts Farm (el nombre ya me encanta) a cincuenta millas de Londres se alquila para reportajes fotográficos. Después de ver las siguientes fotos es fácil entender por qué. 

















Fuente:Walnuts Farm

sábado, 23 de noviembre de 2013

Siempre nos quedará Caruncho

Ahora mismo parece que las principal corriente de jardinería, o al menos la corriente por la que yo me he dejado arrastrar, es esa que se ha llamado la Nueva Ola de Perennes. Lo de Nueva es porque es relativamente reciente (aunque apoyada sobre pilares no tan recientes, como ya hemos ido viendo por aquí), lo de ola porque casi no hay paisajista afamado que no tenga un jardín de estilo Oudolf, y lo de perennes porque entrega todo el protagonismo de sus composiciones a las plantaciones de grandes masas de perennes (es decir, plantas no leñosas que no hay que replantar cada año) frente al uso más clásico de árboles y arbustos. Quizás la principal línea argumental de esta corriente es buscar la evocación de la naturaleza a través de la jardinería, lo que la lleva a huir del uso de líneas geométricas clásicas y grandes elementos estructurales y perseguir el uso de exuberantes y densas mezclas de hierbas y plantas de flor en las que dependiendo del autor, puede haber entre muchas y muchísimas especies y variedades. Esta orientación hacia la evocación que no imitación de la naturaleza hace que el movimiento se desplace con facilidad y frecuencia hacia una visión ecologista de la jardinería donde conceptos como sostenibilidad y biodiversidad parecen ser tan importantes como la belleza. Detrás de estos jardines hay diseños de enorme complejidad y sus resultados pueden ser espectaculares, pero a veces siento que algunos autores se ven obligados a justificar su obra elogiando el bajo mantenimiento que precisa o la cantidad de fauna local que puede cobijar. Está bien, tengo claro que bajos requisitos de mantenimiento es lo que yo necesito dadas mis limitaciones de tiempo y presupuesto, y posiblemente es lo que necesite un mundo al que estamos dejando sin recursos, pero noto cierto funcionalismo en todo esto que me resulta molesto. No creo que sea necesario estar justificando un arte continuamente ni renunciar a que la jardinería lo sea. Yendo a una de esas analogías literarias que tanto me gustan, es como si un Vargas Llosa tuviera que salir con su premio Nobel a anunciar que sus libros son muy útiles para formar el intelecto de las jóvenes generaciones y además están todos impresos en papel reciclado. Y tengo la sensación de que esto segundo sería una mentira no muy distinta a las del bajo mantenimiento de la nueva ola de perennes. Es cierto que una buena elección de plantas ayuda a reducir el mantenimiento pero no es menos cierto que estas plantas no tienen por qué ser perennes o ser plantadas en una especie de caos controlado. Recientemente, Thomas Rainer y Noel Kingsbury (para mí dos referentes en la generación de contenidos propios e interesantes) han mantenido un encendido y educado debate sobre si una jardinería basada en la mezcla de plantas es realmente más ecológica que aquella soportada por el empleo de grandes macizos de una misma especie. Aquí y aquí las aportaciones de ambos. En los dos encuentro argumentos que me resultan razonables, y en el fondo tengo la sensación de que están hablando de lo mismo y mantienen una discusión de matices, pero si tuviera que decantarme por uno u otro razonamiento, me decantaría por los de Thomas Rainer. Ya, en el comienzo de su artículo, plantea una duda que contiene la clave del asunto: ¿es la mezcla de plantas realmente más ecológica, o sólo un look estilizado de la ecología?. Y a partir de aquí, comparto las tres principales líneas de su argumentario. 
  • No es más natural un ecosistema con gran variedad de especies que aquel que sólo tiene una. No puedo estar más de acuerdo, pocas cosas hay más hermosas pero también menos variadas que un hayedo. En algún sitio leí que en un pequeña parcela del desierto de los Monegros puedes encontrar mayor variedad vegetal que en toda la Selva Negra. Muy bien, pero eso no quiere decir que uno sea más natural que el otro. Noel no está de acuerdo y contrargumenta que incluso en las grandes extensiones de una única especie si miras bien encuentras una rica variedad, "aunque sólo sean musgos y líquenes". Volviendo a mi hayedo, o a los pinares de mi Castilla, que creo conocer bien, no puedo estar de acuerdo. Muchos de estos bosques son tremendamente abióticos. Y si nos vamos a los musgos y líquenes, pues en mi seto de boj también hay musgos, líquenes y hasta setas, así que como argumento en contra del cultivo monovarietal no me parece muy potente. 
  • La ecología no es un valor, es un campo de la ciencia. Del que por cierto nos queda mucho por aprender. Hay mucha gente dispuesta a cerrar una discusión con el único argumento de "esto es ecológico", pero muy pocos dispuestos a reconocer que estamos bastante perdidos respecto a lo que es ecológico o no lo es. Si a alguien le interesa abrir la mente en este campo, a mí me encantó el libro The Rambuctious Garden de Emma Marris. 
  • Para diseñar y mantener una plantación basada en una profusa mezcla de especies, hay que tener un conocimiento y una capacidad artística muy grandes. Es muy difícil ser un Piet Oudolf o un Dan Pearson, y estamos corriendo el peligro de que empecemos a valorar lo feo y lo poco artístico disfrazado bajo el glamour de lo ecológico. Nos ha pasado en otras artes, donde la modernidad y la transgresión han matado en muchos casos la belleza, la complejidad y hasta el sentido común y han mantenido cohibidos cualquier intento de rebelión contra obras que han caído en el absurdo o han rallado la burla al espectador. Hasta los jardines de los grandes artistas corren este riesgo. Sólo he visto en vivo un jardín de Piet Oudolf, Potters Field Park, en Londres, y no sé si por un problema de mantenimiento (he leído críticas al respecto) o porque hay que asumir que estos jardines pagan un precio estético en invierno (estábamos a finales de enero), pero no vi nada parecido a las hermosas naturalezas muertas que pueden ser estos jardines. De hecho me costó mucho argumentarle a mi mujer que aquel barbecho de rastrojos descuidado era el presente de la jardinería y no me vi con fuerzas de subir una entrada a este blog.
 
Y aquí entramos en lo que me preocupa del nuevo movimiento: como siempre que una nueva corriente artística empieza a imponerse, empiezan a surgir voces dispuestas a clamar que todo lo anterior debe ser olvidado cuánto antes por anacrónico. Ya he podido leer algún mensaje de importantes paisajistas, creo que algo alarmados por el monstruo que han creado, señalando que no debemos pasarnos, y que por supuesto no hay que dejar de lado las plantaciones de árboles, arbustos y anuales, que vamos a ver, que la virtud está en el término medio. Bien por el diseño naturalista, pero que ese diseño no nos haga olvidar otros principios estéticos o ecológicos. Como dice Thomas Rainer tengamos en cuenta todas las herramientas a nuestro alcance. En España, al menos de la cordillera Cantábrica para abajo,  yo prohibiría por ley (y mira que yo soy poco amigo de prohibir) el césped en rotondas o medianeras, pero no lo sustituiría por una compleja mezcla de hierbas que nos obligue a elevados costes de mantenimiento. Una buena plantación de tomillo podría ser bien bonita e infinitamente más razonable en nuestro clima. Y digo razonable porque en estos temas yo dejaría de hablar de ecología y empezaría a hablar de sentido común.
Y a veces deberemos dejar el sentido común de lado, porque la jardinería es un arte, un intento muy humano por lograr una estética que supere a nuestros ojos a la de la naturaleza, y por esa estética habrá que pagar un precio. Y por eso hoy me apetecía defender esa jardinería que puede ser igual de moderna, evocadora y hermosa utilizando herramientas que no tengan nada que ver con la mezcla de hierbas y perennes. No todo es evocar un prado silvestre, creo que hay otras musas distintas a las de la naturaleza salvaje a las que podemos acudir. Un jardín que arrastre a nuestra imaginación los paisajes cultivados por el hombre durante milenios o las culturas clásicas, creo que es un arte poderoso como pocos para hacernos sentir las que son la raíces más positivas de nuestra civilización. Así que benditos sean también los Andrea Cochran, Ron Lutsko y como no, Fernando Caruncho. Fotos de uno de sus jardines en Madrid del fotógrafo Bruno Suet










Fuente: Bruno Suet

lunes, 13 de agosto de 2012

Bodegas Portia


Al final este blog, que nació siendo un reflejo de la amalgama desordenada de gustos y aficiones que se cuecen en mi cerebro, ha querido tomar forma en temas relacionados con el paisajismo, la arquitectura y la agricultura, hasta un punto en el que me pregunto si no debería cambiar lo de blibliotecaycampo por un solodecampo. Y ya que parece que empezamos a centrarnos, creo que no hay un sitio donde el paisajismo, la arquitectura y la agricultura puedan converger mejor que en esto que algunos han dado en llamar enoarquitectura. Arquitectura para el vino, porque de eso se trata, de la construcción de bodegas de diseño que por si solas bien pueden merecer una visita. 
Los bodegueros españoles, siguiendo la estela de otras zonas vinícolas del mundo, ha decidido emplear el excelente marketing que dan vinos de gran fama, para ampliar un negocio hasta hace poco limitado a lo enológico, al mundo del turismo. Visitas a bodegas, cursos de cata, rutas organizadas, tiendas especializadas y bodegas reconvertidas en restaurantes y hoteles se han multiplicado en las principales denominaciones de origen, en un modelo en el que la imaginación no parece tener fin.  Esta misma semana he visto una bodega que ofrece paseos en globo y las hay que dan masajes con vino. A todo esto, algunos grupos bodegueros de gran capital, han añadido la construcción de bodegas a cargo de arquitectos estrella. 
Por desgracia, no se puede decir en todos los casos que hayan conseguido un buen maridaje entre arquitectura, paisaje y agricultura, algún ejemplo hay bien famoso que me parece que tiene la gracia de un porrazo en los morros, o en el paisaje en este caso. Pero otras representan una oleada de aire fresco en un paisaje en el que hasta hace poco el toque de buen gusto sólo aparecía en monasterios medievales y algún edificio con clase, casos aislados entre la mayoría de naves industriales con un logo en la fachada que parecían condenadas a ser las bodegas de nueva construcción.
En la Ribera del Duero, tenemos buenos ejemplos de este movimiento, y el buque insignia es bodegas Portia, diseño con la firma de Norman Foster en los campos de Burgos. La bodega, que ha costado la friolera de 25 millones de euros (detrás está el Grupo Faustino, un grupo empresarial con siete bodegas en cuatro denominaciones de origen), está pegada a la autovía A1 a la altura de Gumiel de Izán, muy cerca de Aranda de Duero. Para esta obra, Foster + Partners han diseñado "una flor formada por un corazón y tres grandes pétalos". A mi me parece más una hélice, pero no seré yo quien lleve la contraria a sus creadores. Cada pétalo, está dedicado a una fase de la elaboración del vino: fermentación en depósitos de acero inoxidable, crianza en barricas de roble y envejecimiento en botella. Lo que más me gusta de la bodega es su adaptación al terreno, con dos de los pétalos semienterrados en la leve pendiente de la vaguada donde se levanta. Esto, además de reducir el impacto del edificio en el paisaje, tiene un carácter práctico: los camiones pueden acceder al corazón del edificio a través de la cubierta de estos dos pétalos, y descargar allí, en la tolva receptora, la vendimia. Esto permite la producción del vino mediante gravedad sin el empleo de bombas que por lo visto pueden dañar el mosto. 
Creo que en este caso, la fama de arquitecto está a la altura de la calidad de la obra. Hormigón, madera, vidrio y acero dan forma a un edificio que llama la atención sin ser estridente. Las fachadas de escamas de acero corten y los muros de contención de piedra de la zona, armonizan con el terreno arcilloso y los viñedos que rodean el edificio, una pequeña muestra de las 160 hectáreas que alimentan la bodega. Tres pétalos para cada fase de elaboración del vino, o tres pétalos para cada mundo que esta bodega casa: arquitectura, paisaje y agricultura. 

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