martes, 10 de junio de 2014

Otra historia de semillas

Por desgracia o por suerte, según se mire, vivo a 100 km del lugar donde practico la jardinería. Es decir, soy jardinero de fin de semana. Eso siempre me deja con ganas de más, pero por contra me permite reservar tiempo y energías para hacer otras cosas, como escribir estas líneas. Ser jardinero de fin de semana impone sus limitaciones, muy especialmente en todo lo que rodea al cultivo de semilleros. Heladas traicioneras hasta el mes de junio y manadas de conejos y topillos que practican un deporte de riesgo cuya regla troncal es algo así como "a ver quién putea más a este hombre", desaconsejan que deje mis semilleros a su suerte. Así, la terraza de nuestro piso luce de una guisa de la que diría que miembros de mi familia opinan que no es ni medio normal. De todas formas me deben tener cariño, porque no dicen nada. O como me ven entretenido y sin dar la tabarra les parece una buena inversión, quién sabe. Pero es que yo al cultivo desde semilla le veo tres enormes ventajas: la primera es el ahorro económico. Mirar un montón de libros y páginas de internet, estudiar los catálogos de unos cuantos viveros, elegir tus especies deseadas y soñar con tu jardín es todo uno. Pero medir los metros cuadrados de tu trozo de terreno, calcular el número de plantas necesarias, hacerte una idea del presupuesto necesario y empezar a hiperventilar con un ataque de pánico es todo otro. Ni los miembros más cariñosos de mi familia creo que fuesen indulgentes con el dispendio. Un sobrecito de semillas de dos euros y un saco de tierra es una buena alternativa. La segunda ventaja es que pocas formas hay tan directas de disfrutar de todo el ciclo de la naturaleza como con el milagro de introducir algo tan inerte como una semilla en tierra y ver crecer una planta. De ninguna planta te sentirás tan orgulloso como de aquella que hayas cultivado desde la semilla. Y la tercera es que nos da un entretenimiento magnífico entre semana a los frustrados jardineros de fin de semana. Dicen que el bonsai se originó en China hace dos mil años. Apostaría que fue idea de un jardinero de fin de semana frustrado. Para mi llegar a diario a casa y ver la evolución de mis semilleros es una aventura. Cada nueva planta germinada una alegría. Y cada fracaso... bueno, digamos que lo que hace que me alegre de los éxitos. Porque sembrar también tiene sus desventajas, claro. El sentirte esclavo de una regadera durante meses. El tiempo que puede llevar tener un plantón listo para plantar en el jardín, casi nunca compatible con la impaciencia del jardinero de fin de semana. Y por supuesto las pequeñas decepciones de las semillas inertes que nunca dejan de ser eso, inertes. Sobre el tratamiento de las semillas podríamos escribir líneas y líneas, explicando cosas tan magníficas como la estratificación y la escarificación, esas formas de activar o engañar el reloj biológico de la semillas, pero un resumen sería que hay semillas que parecen saltar al contacto con el agua y otras que ni tratándolas con ácido sulfúrico. Y no es ninguna exageración lo del ácido sulfúrico, hay semillas para las que recomiendan un tratamiento previo con tan encantador producto. En definitiva nunca se sabe qué va a salir o no va a salir. Ni siquiera te puedes fiar de las indicaciones de los distribuidores de semillas. Puedo parecer un poco pesado con esto de la aleatoriedad de la naturaleza, pero es que de verdad que clama al cielo. Un ejemplo. Yo este año he comprado semillas en dos tiendas online: Jelitto y ChilternSeeds. Ambos viveros coinciden en que la germinación de la Stipa gigantea puede tener su dificultad. Para la Digitalis ferruginea en cambio señalan que con humedad y calor está chupado. Se pueden imaginar lo que ha pasado. 100% de germinación en las Stipas y cero absoluto con las Digitalis. En otros casos avisaban bien. Sporobolus heterolepis: These seeds germinate rapidly depending on species and origin. If germination dos not ocurr after 3-4 weeks a colling period of 2-4 weeks is recommended. He aprendido que esto se podría traducir por germinan bien... si ellas quieren. Mis Sporobolus en su mayoría no han querido. Este año también he sembrado semillas de distintas especies de árboles, y como si conociesen que ya no tengo tanto espacio para árboles, han decido que no me convenía que germinasen todos. Da igual el número de semillas sembradas de cada especie, la tasa de acierto es invariable: una única semilla por especie. Un Populus tremuloides, un Acer shirasawanum, un Quercus coccinea... Bueno, me vale, si es cierto que no necesito más. Además en su conjunto mi experiencia este año yo la calificaría de éxito. Podríamos englobarla en las siguientes categorías:
  • Éxito absoluto, esto es, semillas que han germinado como un tiro y ya dispongo de plantas listas para plantar: Echinops bannaticus, Cynara cardunculus, Cynara scolymus, Leucanthemum superbum 'Alaska', Miscanthus sinensis, Stipa gigantea.
  • Camino del éxito o semillas que han germinado en un porcentaje elevado pero las está costando convertirse en plantas a las que pueda echar de casa: Allium sphaerocephalon, Deschampsia flexuosa, Coreopsis palmata, Kalimeris incisa, Muhlenbergia capillaris, Rudbeckia missouriensis, Rudbeckia subtomentosa, Stipa tenuissima
  • Bueno, algo es algo, semillas que han germinado en un porcentaje muy bajo o que se han secado en un porcentaje elevado después de germinar: Andropogon scoparius, Eragrostis spectabilis, Sporobolus heterolepis 
  • Fracaso absoluto, como el que ha sembrado arena: Digitalis ferruginea, Eremurus robustus
Y en fin, una fotos de mis semilleros. A fin de cuentas hasta el jardín más espectacular algún día no fue mucho más que esto, ¿no?
De izquierda a derecha: Rudbeckia missouriensis, Rudbeckia Subtomentosa, Coreopsis palmata, Kalimeris incisa

Primer plano de Coreopsis palmata y Kalimeris incisa

10 Muhlenbergia capillaris y 10 Miscanthus sinensis

Primer plano de Kalimeris incisa

Miscanthus sinensis

Stipa tenuissima

Quercus coccinea. ¿Por qué será que la hoja me parece demasiado redondeada para un coccinea?

Acer shirasawanum. ¿Por qué será que me parece palmatum?

Stipa tenuissima

De izquierda a derecha: Allium sphaerocephalon, Echinops bannaticus 'Blue Glow', Stipa gigantea.Más a la derecha plantas de alcachofa

Leucanthemum superbum 'Alaska' y Echinops bannaticus 'Blue Glow'

Estos hierbajos son Sporobolus heterolepis sobre un fondo de Leucanthemum y Echinops. Las semillas de las tres especies fueron sembradas el mismo día. ¿Queda claro lo diferente que puede ser el comportamiento dependiendo de la especie?

Kalimeris incisa

Al fondo Deschampsia flexuosa. En primer plano Eragrostis spectabilis, que después de germinar con fuerza se ha secado en su mayoría hasta quedar poco más que esto

Allium sphaerocephalon a punto de ser devorada por los Echinops

Echinops bannaticus 'Blue Glow' y Stipa gigantea
Cynara scolymus y Cynara cardunculus... alcachofas y cardo de toda la vida, vamos. 

lunes, 2 de junio de 2014

Una simple pradera

La jardinería a veces puede resultar cruel. En el frente de nuestra casa hay un espacio abierto que se encontraba (y medio se encuentra) muy degradado por el paso de maquinaria y camiones durante la construcción de la casa. Nuestro terreno es arcilloso, muy arcilloso, así que el paso de un camión sobre el terreno húmedo además de una buena rodera puede dejarte una losa impenetrable. Después de darle muchas vueltas, para este espacio optamos por algo que nos pareció sencillo y sostenible: una pradera. No estoy hablando de césped, hablo de una mezcla de hierbas y vivaces que sólo exigiesen ser segadas un par de veces al año. Hierbas y flores de las que crecen en cualquier pradera de los campos que nos rodean, las mismas con las que tan buenas terneras y lechazos se crían por nuestra tierra. No estamos en Cantabria, así que contábamos con que se agostasen con la llegada de los calores. Así, no tendríamos que hacer gran cosa, porque las hierbas salen solas, ¿no?. Pues no, salen solas en cualquier sitio en el que molesten, pero no dónde se las espera. Cansados de esperar, después de dos temporadas sin rastro de hierba de ningún tipo, decidimos actuar. Trabajamos algo el terreno y sembramos una mezcla de simientes. Dicho así suena fácil, pero la realidad es que un terreno arcilloso descubierto es algo que oscila entre una losa de hormigón y un lodazal en el que te hundes hasta la rodilla. El castellano, siempre tan rico, tiene una palabra para nuestro problema: tempero, sazón y buena disposición en la que se haya la tierra para las sementeras y labores. Ya lo dice la gente de campo, la tierra se ara cuando está en tempero. Ya, y no digo yo que mi explanada en algún momento de los últimos años haya estado en tempero, pero de verdad que ese momento y yo no hemos coincidido. Así, los intentos de siembra en otoño acabaron con una plasta impracticable y los intentos de siembra en primavera con una costra en la que rebotaba el pico. Este año, cansado de fracasos he cambiado de estrategia, he dejado de pelearme con la tierra y me he pasado al doping. Un buen camión de mantillo, un aspersor, y aunque con mucho camino que recorrer, parece que al fin empezamos a tener algo que podríamos llamar pradera. Si alguien se anima a echarme una mano con la identificación de las especies de nuestra pradera, que como cabía esperar en su mayoría no coinciden con ninguna de las semillas que por allí hemos sembrado, se lo agradeceré de corazón.
















jueves, 1 de mayo de 2014

The Know Maintenance Perennial Garden

¿Eres aficionado a la jardinería? ¿Te gustan los jardines de la Nueva Ola de Vivaces? ¿Te gustaría hacer uno pero tienes infinidad de dudas? ¿No sabes si para preparar el terreno basta con una escarda superficial o deberías pasar un subsolador de un metro de profundidad? ¿No tienes claro si debes instalar un sistema de riego o si regar un jardín naturalista es de cobardes? ¿Te sientes igual de indeciso cuando piensas si una Salvia nemorosa combinará bien con una Rudbeckia subtomentosa que cuando buscas una corbata que pegue con tu camisa de rayas? Si estas dudas y otras muchas te quitan el sueño, entonces este es tu libro: 
The Know Maintenance Perennial Garden - Knowing your plants mean less work
En el mundo de la horticultura hay muchos libros optimistas. Libros que creen enseñar cómo ser autosuficiente, cómo ser ecológico o cómo ser un maestro del diseño de jardines, cuando en realidad no están enseñando más que buenas intenciones. Este libro de Roy Diblick no es uno de ellos, no es optimista al menos desde el acento utópico de la palabra, no es un libro de buenas intenciones, aunque tiene muchas. Sí es un libro muy positivo y realista. Realista y positivo porque en esencia trasmite dos ideas principales: una, si quieres tener un jardín de vivaces tienes que saber el esfuerzo que implica y el esfuerzo que te puedes permitir, y conocer qué implica desarrollar y mantener un jardín sólo se puede hacer a través de un conocimiento profundo de las plantas, sus hábitos, necesidades e interrelaciones. Y dos, en el camino vas a hacer tus pinitos como artista y te lo vas a pasar pipa. 
Lo de Know Maintenance Perennial Garden, cuya traducción al castellano se me hace imposible (¿jardín de vivaces con mantenimiento informado?) es una aproximación a la jardinería basada en un principio muy simple: conoce a las plantas y lo que necesitan, y te ahorrarás esfuerzo porque ellas llevan mucho tiempo cuidándose solas. Es decir, en esencia es la misma aproximación a la jardinería de Beth Chatto, por ejemplo. El hecho de conocer a las plantas nos permitirá elegir las más adecuadas a las condiciones de nuestro jardín, pero además nos enseñará cómo debemos combinarlas y como debemos interactuar con los elementos naturales en el cuidado de las comunidades vegetales que hayamos creado. Y en ese interacción sentiremos cómo evoluciona nuestra relación con otros seres vivos, profundizaremos en nuestra observación de la naturaleza, sentiremos como pocos el paso de las estaciones, tomaremos conciencia de los problemas ambientales que nos acechan, compartiremos nuestras experiencias con los demás, innovaremos, redefiniremos nuestras propias reglas, soñaremos con el futuro pero valorando la belleza del presente y sobre todo, todo esto lo haremos desde una perspectiva artística donde nosotros, los jardineros, seremos los artistas. Y así, The Know Maintenance Perennial Garden no es un conjunto de reglas, sino una filosofía sobre cómo mirar el mundo y a nosotros mismos, una filosofía basada en ideas muy sencillas que por desgracia muchas veces dejamos de lado. Por ejemplo el hecho de que la belleza está en todas partes y además se recrea de manera constante, o más importante aún, el principio de que el arte debería ser un hábito que nos impregnase, y que arte es tanto hacer un jardín como elegir un sofá para nuestro salón o cualquier otra actividad en la que podamos aplicar un principio estético, cualquier actividad que nos ayude a profundizar en nuestra cultura y estrechar los lazos con nuestra comunidad. En definitiva, este libro de Roy Diblick es un canto a salir a nuestros campos y jardines y practicar o crear nuestra vocación artística a través de la jardinería. Quizás desde la tranquilad de tan sólidos principios, al final el libro aporta reglas como pocos y es de las mejores guías de jardinería que he leído. Desde luego responde a todas las preguntas que planteaba al principio de la entrada. Para ello está articulado en 8 capítulos, bastante bien ordenados desde un punto de vista de lo que podría ser una aproximación secuencial a la jardinería. Poco más o menos nos vienen a contar: 
  1. Cómo debemos conocer nuestro jardín, su luz, su clima, su agua, su suelo. Si no conocemos nuestro entorno, mal vamos. 
  2. Cómo debemos conocer las plantas, sus flores, su follaje, su tallo, sus raíces, sus gustos y hábitos, su velocidad de crecimiento y sus ansías de colonización. Su todo. Este capítulo condensa la idea principal del libro.
  3. Cómo debemos preparar el suelo y plantar. Para mí uno de los capítulos más interesantes porque aborda alguna de las dudas que a jardineros neófitos nos asaltan sobre cómo abordar un jardín de vivaces. 
  4. Cómo debemos cuidar y mantener nuestro jardín. Lo dicho sobre el anterior aplica a éste.  
  5. Una pequeña introducción a 74 plantas para este tipo de jardines. Son plantas adecuadas para la mayor parte de la mitad norte de los Estados Unidos, porque de hecho el libro tiene una clara orientación hacia el lector estadounidense (por ponerle una pega, he terminado exhausto con la transformación de pies y pulgadas a centímetros)
  6. 62 planes de plantación. Dejo el comentario de este capítulo para el final, porque creo que se merece una mención aparte. 
  7. Cómo crear tus propias composiciones y aspectos a tener en cuenta explicados desde el análisis práctico de dos ejemplos sencillos. 
  8. Otros que ya lo han hecho, donde hace una breve introducción a una serie de profesionales de la jardinería y el paisajismo, la mayoría de ellos con una importante presencia en el área de Chicago. Para los amantes de las listas, en este capítulo aparecen Jeff Epping, director del Olbrich Botanical garden, Cassian Schmitdt, director de Hermannshof, Marji Hess que enseña a jovenes como cultivar en el tejado de su centro para jovenes en Chicago, Jennifer Davit directora del Lurie Garden, Tom Wolfe, responsable de los jardines del Art Institute en Chicago, Christine Nye, responsable de los jardines del Shedd Aquarium en Chicago, Noel Kingsbury, Terry Guen, arquitecta paisajista en el Lurie garden y Piet Oudolf. 
Vuelvo al capítulo 6 porque es por sí mismo motivo más que suficiente para comprarse el libro. En él Roy Diblick presenta 62 esquemas de jardines de 14+10 pies (4,2 x 3 metros). Cada plan es una cuadrícula de 14x10 que contiene una combinación concreta de plantas. Cada especie aparece representada por un símbolo concreto y cada plan representa la ubicación exacta en la cuadrícula de todas y cada unas de las plantas. Los planes se presentan en parejas preparadas para ser desarrolladas de manera conjunta y tienen nombres tan sugerentes como Monet, Renoir, Van Gogh, Cézanne, The High Line o Esencia de Piet Oudolf. Y en esto de esencia de Piet Oudolf se esconde una característica importante del libro. Hay libros de Noel Kingsbury y Piet Oudolf, como Landscape en Landscapes, o Planting: A New Perspective, dónde se incluyen mapas detallados de diseños de plantación de Oudolf. La verdad es que mostrar tan a las claras los secretos de tu arte siempre me ha parecido un acto de generosidad muy poco común. Por otro lado estos diseños de Oudolf son capaces de emborrachar de emoción a un amante de las plantas. Y ahí está el problema, porque pueden emborracharlo hasta el coma etílico si se trata un aficionado. El mismo Diblick, como argumento para expresar las ventajas del conocimiento de las plantas, cuenta como el día que Oudolf extendió delante de él los planos para el Lurie Garden (Diblick y su vivero fueron los responsables de cultivar las plantas para este impresionante jardín) sintió que el jardín empezaba a nacer del papel y se desplegaba a su alrededor. Creo que Diblick es consciente de que no todos estamos preparados para tales momentos de misticismo, y por eso los planes que enseña son bastante más asequibles. Son "esencia de". Cada plan cuenta con 5 o 6 especies de vivaces y 3 o 4 de bulbos, y su densidad de plantación me parece menor que la recomendada en otras fuentes como los libros ya comentados. Todo ello convierte a estos planes en algo más asequible para un aficionado. Aunque visto lo visto en muchos de nuestros espacios públicos, no estaría de más que algunos  profesionales les echasen también un ojo. Por otro lado aunque estos planes son una excelente referencia, el autor no nos deja olvidar la esencia del libro y aconseja estudiarlos con detalle, analizar con calma sus plantas, sus porcentajes de especies y sus combinaciones, pero únicamente como punto de partida para un desarrollo más creativo y personal. Nos aconseja empezar por algo simple, empezar apoyándonos en las plantas del capítulo 5 pero sin dejar de lado ninguna otra que encontremos por el camino y nos inspire. Nos pide que experimentemos, que aprendamos sobre su comportamiento, que seamos pacientes, flexibles y adaptables. Que practiquemos y que no olvidemos nunca que esto trata sobre hacer algo bello, sobre ser los artistas en nuestro jardín. Y también que compartamos lo que aprendamos. Bueno, conmigo no tendrá queja, porque no dejo de compartir. 

viernes, 25 de abril de 2014

Arañazos en el Cielo

Muchas personas me preguntan de dónde viene el nombre de este blog. Bueno, muchas, muchas, tampoco. No tengo tantas visitas...Algunas personas me preguntan de dónde viene el nombre de este blog. El nombre no es mio, el nombre lo creó mi hija con cuatro años. Al final de la entrada cuento la historia. Perlas como ésta ha habido muchas, y me temo que las voy a olvidar. Así que como este blog nació como una especie de antídoto contra el olvido hoy hago caso a Pepa y Gema, dejo aparcada la jardinería un rato y vamos con un recopilatorio de las mejores (algunas ya han salido por aquí antes)


Un Resumen Desolador

En mis tiempos había EGB, FP, BUP, COU y la Universidad, donde podías estudiar una diplomatura o una carrera superior. Simple. No digo que lo de ahora sea más complicado, pero por alguna especie de limitación cerebral soy incapaz de entender y menos recordar los actuales planes de estudio. Un día trataba de comprender con mi hija de seis años qué le quedaba por delante en el colegio, y algo desesperada por la incapacidad de su padre me respondió con una visión mucho más amplia que la que yo pedía:

-Ay papá, pero si es muy fácil. Primero naces,. Luego vas a la guardería. Luego primero, segundo y tercero de infantil. Después primero, segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto de primaria. Luego el Instituto. Luego la Universidad. Luego el trabajo. Después abuelo sin nada... y te mueres.

Dejando de lado que ese abuelo sin nada para definir la jubilación es brillante, ¿después de escuchar esto no les parece que la vida es un chispazo de mierda?


Cuando el Conocimiento Acaba con la Lógica

-Papá, la profe dice que tengo que estudiar los números ordinales en inglés. ¿Tú sabes qué son los números ordinales?
-Claro hija, es muy fácil, son los que se refieren al orden. Primero, segundo....
-Ah, ah, ah, ah... sí, sí, sí, ya sé, ya sé. Primero, segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto... ¿instituto?


Las Cosas por su Nombre

Durante una visita del colegio a un vivero forestal.
-Encargado del Vivero: ¿Alguien sabe cómo se llama esta planta?
-Mi hija de 7 años: ¡LAVANDA!
-Encargado del Vivero: ¿Y sabes para qué sirve?
-Mi hija de 7 años: ¡Para hacer perfume!
-Encargado del Vivero: ¡Muy bien!. ¿Y alguien sabe cómo se llama esta otra?
-Mi hija de 7 años: ¡ROMERO!
-Encargado del Vivero: Bravo. ¿Y sirve para...?
-Mi hija de 7 años: ¡Para cocinar!
-Encargado del Vivero: Oye, muy bien. ¿Y tú como sabes tanto de plantas?
-Mi hija de 7 años: Es que mis padres tienen una Fiiiiinnca.
-Encargado del Vivero: Ah, pues muy bien. ¿Y esto? ¿Sabe alguien que planta es esta que tiene espinas?
-Mi hija de 7 años: ¡TAPACULOS!
.........
-Encargado del Vivero: ¿Pero tus padres dónde tienen esa finca?


Curiosa Figura Paterna

Una noche mis hijas quieren que les contemos un cuento antes de acostarse. Una bonita costumbre que murió el día que un iPad entró por la puerta de casa. Su madre les cuenta un cuento y cuando terminan negocian los de los próximos días.
-El lunes elijo yo el cuento, el martes lo elige Laura... y el miércoles si quieres lo eliges tú, mamá.
-¿Y papá? ¿papá no elige cuento?
.....
-Bueno, vale... pero seguro que elige uno de un niño con un hacha.


¿A nadie se le había ocurrido?

Después de ver la Cenicienta por enésima vez, a mi hija algo le desazona. Al fin lo suelta.
-No entiendo esto del zapato.
-Hija, pues es muy sencillo. Cenicienta perdió un zapato de cristal y el príncipe probó el zapato a todas las doncellas del reino hasta que encontró a la que le valía el zapato.
-Ya. Pero si le llega a valer antes a una fea, menudo disgusto.


El Tamaño Sí Importa

Una gallina parece sufrir una especie de resfriado y a la semana siguiente nos la encontramos muerta. Mi hija de 7 años se pilla un berrinche pero la de 4 asume con mayor entereza el ciclo de la vida. O dicho de otra manera: a la de cuatro se la trae al fresco la gallina. Unos días después, enciendo la tele y nos quedamos embobados mirando la entrañable imagen de un ratoncillo. La idea de que aquello es un documental y los documentales siempre acaban mal llega demasiado tarde a mi cerebro. Cuando acierto a cambiar de canal el ratoncillo ya vuela ensangrentado en las garras de un halcón. Mi hija de 4 años lloriquea, pero la mayor, que algo debe haber aprendido con la gallina le ataca sin piedad:
-Ah, hoy por un ratón sí que lloras, ¿eh?. Pues no vi que llorares el otro día con la gallina y era bastante más grande.


Impresionado

Uno tiene que saber cuando parar. No creo que haya muchas niñas que hayan visitado más viveros que mis hijas. Hago verdaderos esfuerzos por buscar en cada visita un atractivo para ellas. Los viveros en los que venden mascotas son un valor seguro y tengo uno cerca de casa donde tienen un foxterrier al que le encanta jugar con los niños y me ayuda a salir del paso. Pero la verdad es que en en general las niñas se aburren. No me ha quedado otra que asumirlo hace unos días, cuando mi hija de seis años al aterrizar en un vivero nuevo estalló en una avalancha de protestas:
-¡Ooootro vivero!. ¡Siempre viveros!. ¿Pero por qué estás tan impresionado con los árboles?, eh, papá, ¿por qué estas tan impresionado?. Siempre árboles. ¡Estás impresionado!
¿Impresionado?. ¿Estoy impresionado?. Hombre, yo me calificaría de muchas maneras, pero impresionado... Después de una breve charla y un repaso rapidito al vivero, nos fuimos a la carrera, justo más o menos cuando entendí que mi hija aún no sabe cómo se dice obsesionado.


Apuntando Maneras

Mi hija mayor, a sus cinco años, ya muestra un claro interés por la jardinería, arquitectura y economía:
-Mamá, ¿las casas se plantan y crecen o se consiguen con dinero?



Pesaditos


El cuco, además de ser un ave bastante puñetera y sinvergüenza (por decirlo de una manera suave), tiene el nombre en latín que se merece: Cuculus canorus. El sonoro cucú dicho en fino. En primavera no descansan, su potente Cu-Cú resuena en mitad del bosque durante todo el día. Si están muy cerca, pueden llegar a resultar cansinos, al tiempo que discretos, porque en realidad es bastante raro verlos. Me doy cuenta de la paradoja, cuando mi hija de tres años, mientras juega exclama para sí muy enfadada: 
-¡Ya está otra vez ese reloj!



Fe Ciega


Llegamos de madrugada a la parcela después de dos semanas sin pisar por allí. La última vez dejamos  los robles apenas despertando de su larguísimo letargo invernal, y hoy, en la oscuridad de la noche, ya se intuye que lucen su follaje a pleno rendimiento. La luz de la luna creciente no permite hacerte una idea de la magnitud de la explosión, no te prepara para la nube verde que inunda la casa cuando levanto las persianas a la mañana siguiente. Si yo no me había dado cuenta, mucho menos las niñas, que llegaron dormidas. Cuando se levantan, sus caras de asombro hacen que el fin de semana haya merecido la pena. La pequeña (tres años) opta por una descripción realista: 
-¡¡¡Cuántos árboles!!!
La mayor (cinco años) se desliza a través de la fe ciega por su padre hacia el realismo mágico. 
-Papá, ¿lo has hecho tú?


Lógica Aplastante

En el aeropuerto de Reikiavik mis hijas juegan en una de esas zonas preparadas para niños que hay por todas partes en Islandia. La mayor, de vez en cuando se acerca hacia mí para preguntarme por la traducción al inglés de alguna expresión que necesita para gestionar sus derechos sobre algún juguete que le quieren birlar (la repetición de una niña de cinco años de una frase que ya era incomprensible en boca de su padre a otro infante que muy posiblemente tampoco sepa inglés, da los resultados que nos podemos imaginar). Un momento cómico es cuando corre hasta mí y enfadadísima me exige que le diga como se dice en inglés: EHHHHHH!!!!Pero lo mejor viene después en la charla con su madre:
-Mamá, he estado hablando con una niña en inglés.
-¿Ah sí? ¿Y qué le has dicho?
-No sé... no me acuerdo.
-¿Y ella que te ha dicho a ti?
-Yo qué sé mamá, ¿no te digo que hablaba en inglés?


Golpear donde más duele

Mientras mi mujer ordena algo en la habitación yo me dedico a tocar las narices a mi hija de tres años. Enfadada por alguna broma que le he hecho, intenta golpearme y yo la rechazo con la facilidad que da multiplicar por diez su peso. Frustrada y algo rabiosa decide cambiar de estrategia. Así que se acerca a su madre y puño en alto me amenaza: 
-¡A que pego a tu novia!


La Estadística Cuenta

-¿Qué te pasa papá? Tienes mala cara. 
-Es que he dormido algo mal. 
-¿Por qué?
-Porque el abuelo estaba ingresado en el hospital y estaba preocupado por los resultados. Pero no te preocupes, ya se los han dado y está bien.
 -No, no te preocupes tú. Si el abuelo ha pasado por muchas de estas y siempre sobrevive.


Por mí no lo hagas. 

Con 5 años mi hija ha tenido sus primeras clases de religión en el colegio y tiene un lío monumental. Para colmo de males, quiere aclarar su lío consultándome. Como la verdad es que nunca he tenido muy claro el tema religioso decido salir del paso agarrándome al mensaje oficial. 
-¿Y por qué la semana que viene es fiesta?
-(ay, ay, ay, que me lo estoy viendo venir) Es Semana Santa hija.
-Ya, ¿pero por qué es fiesta?
-(Sabía yo... y yo qué sé... bueno venga, vamos...) Pues porque celebramos la muerte de Jesús 
-Pero, ¡cómo vamos a celebrar la muerte de nadie!.
-(Ya te digo, y qué digo yo ahora...) Ya hija, no, es que... es que Jesús murió por salvarnos a todos. ...
-¿Salvarnos de qué?
-(Toma, esta me la sé) De nuestros pecados. ...
-Pues yo no he hecho nada, así que a mí no tiene que salvarme. 
-(Touché) 


No tiene sentido 

Un rato después de la conversación anterior, la niña de cinco años sigue arrinconando a su padre contra las cuerdas. 
-Pero Jesús, ¿ha muerto o no ha muerto?
-Sí hija, murió, pero la Iglesia (yo ya no me mojo más) dice que resucitó. 
-Y si resucitó, ¿ahora dónde está?
-(Por dios, que complicado) Pues no lo sé hija. Dicen que se encarnó en el Espíritu Santo, y ahora está en todas las cosas.
-Ya... pero si sigue vivo, ¿qué hacemos entonces besando el pie a una estatua?
Y así se resume la visión de una niña de cinco años sobre el culto de miles devotos al Cristo de Medinaceli.


Exactitud de las metáforas

Hoy Candela al ver la estela de un avión ha soltado con esa bendita sencillez de los niños una de las metáforas más bonitas que he oído nunca:
-Mira papá, un avión.
-Sí hija.
-¿Y por qué araña el cielo?

Ahí lo tenemos. Arañazos en el cielo

martes, 22 de abril de 2014

Acento Español en la Nueva Ola de Perennes III - Fernando Martos

Releyendo las dos primeras entradas de esta serie de tres, tengo la sensación de que he podido transmitir la idea de que un jardín de vivaces en nuestro clima exige inevitablemente grandes dosis de experimentación y de contención. Lo primero es indudable, porque la jardinería siempre será experimentación. Por mucho que sepamos de plantas, suelo, clima y composición, la jardinería es un arte cuya principal materia prima son seres vivos con un comportamiento teóricamente determinado por el entorno que en la práctica es impredecible hasta la desesperación. El comportamiento de las plantas debería estar determinado por cosas como el clima, el suelo y la exposición solar pero es impredecible por las infinitas combinaciones de estos elementos y de respuestas de las plantas a ellos. Un ejemplo. Este año tengo dos semilleros de tomates. Los dos semilleros los he sembrado con una diferencia de minutos, empleando las mismas semillas y el mismo sustrato. Los he situado en la misma ventana y los he regado exactamente igual. La única diferencia ha consistido en que un caso el soporte son alveolos de plástico y en el otro tiestos de turba. Resultado: las semillas sobre celdas de plástico han germinado una semana antes que las semillas sobre tiestos de turba. Es un ejemplo bastante simple e intrascendente, pero muy representativo como muestra de que factores que de entrada parecen despreciables pueden tener un impacto no tan despreciable. Llevado el ejemplo al altísimo número de elementos y combinaciones a tener en cuenta en un jardín, no es difícil concluir que la jardinería siempre será experimentación. La misma Beth Chatto define su Jardín de Grava, un icono de la jardinería moderna, como un "experimento hortícola". Great Dixter fue el experimento de toda una vida, la de Christopher Lloyd. Y recientemente Tony Spencer, en su blog The New Perennialist contaba como Piet Oudolf les animaba en un workshop sobre diseño de jardines a experimentar, comprobar lo que sucede y actuar cuando sea necesario. Los ejemplos son innumerables, porque en definitiva la jardinería siempre será experimentación y exploración, con enormes dosis de emoción y frustración que hay que saber digerir para no morir de éxito o desilusión.  
Pero respecto al segundo condicionante, la contención en los jardines de vivaces en nuestras mesetas castellanas, ¿es inevitable?, ¿estamos limitados por nuestro clima?, ¿no podemos permitirnos tener jardines de vivaces a la inglesa? Los paisajistas ingleses son la antítesis de la contención, son los maestros del arriate de color y del uso decorativo de las plantas, los magos de los jardines florales y de la aproximación pictórica a la jardinería. Jardines a la inglesa son exuberancia, son color, son cierto afán de coleccionismo, son arriates de combinaciones infinitas capaces de florecer durante meses. Son Gertrude Jekyll, Christopher Lloyd, Beth Chatto y Penelope Hobhouse. Y también Dan Pearson y Tom Stuart Smith. Y Jinny Blom y Sara Price... y Fernando Martos. La diferencia entre Fernando Martos y todos los anteriores es que Fernando no practica la jardinería en los Costwolds sino en sitios como Madrid, Estepa o Guadalajara. Y sí, sus jardines descartan la contención como requisito necesario por estos lares. 
Fernando es un joven paisajista español que después de estudiar en la escuela de jardinería y paisajismo Castillo de Batres amplio su formación trabajando como jardinero en Newby Hall, en Yorkshire. A su vuelta a España, enamorado de los jardines ingleses comenzó a experimentar en un jardín familiar cerca de Estepa, animado por el ejemplo de Beth Chatto y su jardinería con plantas resistentes a la sequía. Cuando se juntan formación, experiencia, pasión y ganas de experimentar los resultados suelen ser excelentes. Si además hay capacidad artística, esa esencia que o la tienes de manera innata o no hay nada que hacer, los resultados son los de Fernando. Cuando conocí las fotos de sus jardines, me provocaron un impacto similar al que sentí cuando vi por primera vez una foto de Mas de las Voltes. Aunque en este caso las fotos removían otras fibras sensibles, las del color, la exuberancia y el diseño floral. Las fibras reservadas al arriate inglés. Con la diferencia de que nunca fotos de un arriate inglés me habían generado esa emoción, la emoción de estar viendo un jardín inglés muy distinto a los jardines ingleses, algo nuevo y excitante. Di muchas vueltas a esas fotos, tratando de recordar cuándo había tenido esa sensación antes, hasta que en un rincón de mi cabeza se encendió un nombre: Torrecchia, de Dan Pearson. No es que encuentre demasiadas similitudes entre el jardín de Pearson y los jardines de Fernando Martos, pero a partir de ahí fue sencillo darme cuenta de cuál era el elemento que me llevaba a mirar una y otra vez esas fotos: la conjunción del diseño inglés con los paisajes castellanos, la superposición de elaboradas composiciones de vivaces sobre un fondo de montes de encinas, plantaciones de secano y cielos desmesurados. Y quizás sea esta misma conjunción, o el saber hacer de su autor lo que me deja algo desubicado, porque al mismo tiempo que digo que me parecen jardines ingleses, a momentos lo que viene a mi cabeza es algo muy distinto a los jardines ingleses, las referencias paisajistas que despiertan en mi se alejan de Inglaterra y cruzan medio mundo hasta llegar a California dejando por el camino el color y la exuberancia para centrarse en la elegancia y la calidez, en los diseños minimalistas y esculturales, en las líneas limpias y los balances geométricos y de color, en los espacios capaces de producir un impacto emocional de la manera más sutil, en los jardines de Ron Lutsko, Bernard Trainor o Andrea Cochran. Pero entonces Miguel a ver si te aclaras, ¿diseño inglés o californiano?. Pues ni lo uno ni lo otro, como en las dos entradas anteriores al fin jardinería española, jardinería que sí, que desde luego que enlaza con los grandes movimientos del paisajismo actual, pero que lo hace con una personalidad propia capaz de entregarnos jardines que nos hacen sentir conectados a nuestro espacio. La nueva ola de vivaces habla ya con acento español, hasta ahora en un susurro que de la mano de estos artistas esperemos que pronto llegue a ser un clamor. 



























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