viernes, 16 de marzo de 2012

Paisajismo a favor del paisaje

Hay personas que un buen día se enamoran de un paisaje y durante años se desviven por poder comprar una parcelita donde hacerse una casa que les permita sacudirse cada mañana las legañas con esas vistas que les quitan el sueño. Lo malo es que a veces lo consiguen y a continuación empiezan con ganas un laborioso proceso de construcción y destrucción que termina por borrar de su parcela todo rastro del paisaje soñado. Quizás como mucho tengan la suerte de poder disfrutarlo en la distancia, pero en su parcela, después de la casa, la valla, los caminos, la pradera de césped, los arriates de flores y el resto de parafernalia a la que nos sentimos empujados para creer que de verdad tenemos una casa, nada de nada. 
El paisaje ha sido entendido por mucha gente como un cuadro que había que disfrutar de puertas para fuera de la parcela, un entorno hermoso que rodease nuestro propio espacio más civilizado sin que necesariamente formase parte de él. Siempre he temido que nos pasase eso. En nuestra parcela nos hemos visto obligados a cortar árboles y hacer importantes labores de limpieza, y con cada acto nuestro me ha preocupado estar alejándonos a pequeños pasitos de aquel bosque por el que G. y yo nos perdimos una tarde de septiembre, convencidos desde ese preciso instante de que era allí y no en otro sitio donde queríamos una casa. Esa fue la razón por la que los albañiles tuvieron que convivir en los andamios con encinas que les raspaban el cogote, y esa es la razón por la que ahora, de una manera casi instintiva estamos buscando acondicionar la zona arrasada por la maquinaria y camiones en el frente de la casa, con plantaciones de hierbas y perennes que nos evoquen y no nos distancien ni un milímetro más de aquella naturalidad original. 
Uno de los proyectos de paisajismo que creo que mejor logra la integración de una casa con el paisaje, es esta obra de Ron Lutsko junior y el estudio de arquitectura Allied Works. Lo hacen además en Sun Valley, un paisaje árido del estado de Idaho, al noroeste de los Estados Unidos. Idaho es uno de esos territorios que sólo tienen cabida en un país desmesurado como Estados Unidos. Con una superficie mayor que dos veces Castilla y León, su capital y ciudad más poblada es Boise (quién ha oído hablar de Boise), de 200.000 habitantes. Hay mucho espacio en definitiva para montañas, ríos, lagos, cataratas más altas que las del Niágara, cañones más profundos que el del Colorado y un cielo interminable. Un 41% del estado está cubierto por bosques y tienen parte del famoso parque de Yellowstone. Pues en ese contexto, Ron Lutsko junior  decidió que en lugar de dar la espalda o protegerse del paisaje, había que invitarlo a entrar en el jardín. Con plantaciones de perennes y flores silvestres adaptadas al duro clima de la zona (árido en verano, frío y seco en invierno) hasta la puerta de casa, jardín y paisaje se funden sin que estén claros los límites de la finca. Las especies elegidas, autóctonas muchas de ellas para reducir las necesidades de riego, sirven para suavizar la transición entre un paisaje descarnado y una arquitectura minimalista. La casa es diseño puro y el paisaje de una gran belleza, pero creo que juntos no se habrían entendido tan bien como lo hacen gracias a los macizos voluminosos de arbustos, hierbas y perennes. 









Las fotos, están sacadas de las páginas de Lutsko Associates Landscape y de Allied Works Architecture, y es fácil entender qué es obra de unos y otros, observando el foco principal de las fotografías que publican. Casi podríamos decir que se dedican a esquivarse. 



Y para terminar, tres fotos de la ubicación de la casa para los que piensen que sólo es posible tener jardines floridos en la campiña inglesa o la bonanza mediterránea.


jueves, 15 de marzo de 2012

Neuendorf House


En el libro The Garden Book de la editorial Phaidon, de entre las quinientas obras de arquitectura y paisajismo que recopila, dieciséis están en España, y una de ellas me sorprendió porque era la única que me resultaba a un tiempo totalmente desconocida y casi como de la familia. Se trata de la casa Neuendorf, obra de los arquitectos John Pawson y Claudio Silvestrin, construida en 1989 en Santanyi, Mallorca. 
No tenía ni idea de la existencia de esta casa, pero la foto que aparece en el libro de su fachada de color ocre solo interrumpida por la silueta de una encina, me recordó de inmediato a nuestra casa y cuando leí el texto descriptivo no puede menos que pensar lo cierto que es eso de que no hay nada nuevo salvo lo que se ha olvidado. 



Y ahora que hemos visto alguna foto, he de reconocer que no deja de ser una visión muy optimista el pensar que mi casa se parece a ésta (el dinero no limita por igual en todas partes) pero dicho esto, sí que es cierto que las líneas rectas repetidas en los bancos, ventanas y techo, el color ocre de los muros que se confunde con el color del terreno local, el paisaje aterrezado, los árboles respetados a pocos metros de la fachada, la limpieza de formas y ausencia de ornamentos, son todas líneas maestras seguidas por nuestros arquitectos en el diseño de nuestra casa. Incluso la piscina que se nos cayó del proyecto por temas presupuestarios compartía forma, orientación y proporción con la Neuendorf (ya me gustaría a mí tener una piscina así y a alguien que me la limpiase) 

De todas formas, las fotos que más me gustan de esta casa, son las que aparecen en la web de Claudio Silvestrin, sin duda fotos de la casa recién terminada, tan desnuda como el terreno que la rodea, casi perdida en mitad de la garriga mediterránea. 


Dicen en The Garden Book que la casa tiene claras influencias de modernistas como Le Corbusier o Luis Barragán, pero también está influenciada en la simplicidad y funcionalidad de la arquitectura tradicional. Afirman que es uno de los ejemplos más brillantes de diseño minimalista interior y exterior, lo que inevitablemente me recuerda que no hace tanto, mientras le enseñaba a mi padre nuestra casa recién estrenada, algo le vino al hombre a la cabeza y me preguntó qué era eso del minimalismo del que tanto hablaban ahora, y yo no pude menos que encogerme de hombros y decirle, puesto esto, papá, esto. 

martes, 13 de marzo de 2012

Arces Japoneses

En el salón de casa tenemos un gran ventanal que a G. se le hace pequeño. Pequeño o no, el ventanal abre la casa a una zona boscosa de la parcela protegida por el muro de contención de la pequeña pradera de césped. Las vistas de esa zona desde el salón son realmente bonitas, por lo que siempre tuvimos claro que debían quedarse como estaban o que cualquier plantación que hiciéramos debería estar a la altura. Como no podemos estarnos quietos nos la hemos jugado con la segunda opción. La idea era añadir una pincelada de color  en primavera y otoño, algo que suavizase la aspereza de la parcela sin estropear el aspecto boscoso y descuidado de la zona. Y así llegamos a los arces japoneses. 
Viveros que tengan arces japones hay muchos, viveros que tengan tantas variedades de arces japoneses como las que tienen en el vivero holandés esveld hay pocos. Unas 27 páginas con 20 variedades de Acer palmatum cada una, hagan cuentas. Un cifra imposible para que una mente indecisa como la mía se decida. Como este vivero es una maravilla (no sólo en arces japoneses, es una maravilla en casi todo) nos hacen el favor de ofrecernos un promoción de cuatro u ocho arces japoneses seleccionados por ellos de entre todas sus especies. El precio es más barato, ayuda a los indecisos y con todo, no fue eso lo que me decidió. Si me decidí a comprar la promoción de 8, fue por lo estimulante que me resultaba recibir una caja en mi casa con 8 sorpresas dentro. 
El pedido lo realicé en octubre del año pasado, con la idea de ver los colores otoñales de los árboles, y en eso me equivoqué. No contaba con que el mes de octubre iba a ser una elongación de un de septiembre caluroso y los árboles llegaron algo tocados. Por lo demás, la planta es de calidad y venía cuidadosamente empaquetada. Un detalle del funcionamiento de este vivero: realizas el pedido, recibes la planta y sólo después haces el pago. Eso es lo que se llama tener confianza en tu producto (y en el ser humano, claro)
Al fin, este fin de semana hemos plantado nuestros 8 Acer palmatum, más uno que habíamos comprado en viveros el ejidillo a precio de chollo. De momento, mis arces no se ven si no se fija uno con mucha atención, así que vamos con fotografías de lo que esperamos que algún día lleguen a ser. 

Acer palmatum emperor


Acer palmatum okina


Acer palmatum hida hanabi
Acer palmatum kagiri nishiki


Acer palmatum ryu sen

Acer palmatum mardi grass

Acer palmatum obata

Acer palmatum isobel
Fuente: esveld

miércoles, 7 de marzo de 2012

The Garden Book

Nunca sabe uno dónde va a encontrarse un regalo, y en la tienda del la Tate Modern Gallery de Londres me encontré por solo 7,95 libras, una ganga, The Garden Book, un vademécum de los jardines del mundo. 
El libro contiene una lista de 500 jardines y proyectos de paisajismo de todo el mundo, con una foto y un breve texto descriptivo para cada uno de ellos. Nada con lo que profundizar demasiado, pero sí una excelente referencia para tener a mano una visión global de la jardinería a lo largo de la historia en el ancho mundo.
Me resultó sorprendente la escasa convergencia entre dos conjuntos, uno enorme (500 para algo así me parece una cifra enorme) y otro mucho más acotado pero modestamente creo que no despreciable: de entre los muchos jardines que conozco (por desgracia más virtualmente que físicamente) en la lista de 500 no debían aparecer más de 20, y la mayoría eran españoles. 
El libro no es una recopilación de jardines, sino una recopilación de jardineros, patrones y propietarios para cada uno de los cuales se incluye su obra más representativa. Esto de hacer listas siempre es una tarea imposible, y en este caso no sé cuál habrá sido el criterio de los autores, pero el tamaño de la selección y el hecho de que aparezca ordenada alfabéticamente por el nombre del autor o dueño del jardín, sin tener en cuenta ningún otro criterio estilístico, geográfico o temporal, hacen que navegar por el libro sea ciertamente caótico. Al final del texto de cada jardín, aparece una lista de los otros autores incluidos en el libro que comparten aspectos en común con éste, por lo que no puedo pasar más de cinco páginas sin empezar a saltar de un lugar a otro, como en aquellos libros de vive tu propia aventura que se pusieron tan de moda cuando ni soñábamos con las vídeo consolas. 
Como muestra de lo poco que da de sí una lista de 500 jardines para cubrir todo lo que habría que cubrir, ahí van los españoles incluidos: 
  • Alfabia, en Mallorca
  • Pabellón Barcelona, en Barcelona
  • El Buen Retiro, en Madrid
  • Casa de Pilatos, en Sevilla, 
  • El Generalife, en Granada
  • El Jardín del Palacio de Aranjuez
  • La Granja, en Segovia
  • El Jardín de Heidi Gildemeister, en Mallorca
  • Medina Azahara, en Córdoba
  • Monasterio de San Lorenzo de Trasouto, en Santiago de Compostela
  • La Casa Neuendorf, en Mallorca
  • El Parque Güell, en Barcelona
  • El Patio de los Leones, en Granada
  • El Pazo de Oca, en Santiago de Compostela
  • Sol y Sombra, en Barcelona
  • Jardín de Trigo (creo que es Mas de las Voltes) en Mallorca

sábado, 3 de marzo de 2012

Cubos en Segovia

A algo más de 1.100 metros de altura, en medio de un rebollar impenetrable, en una urbanización donde hasta hace poco sólo había casas de madera estilo canadiense o arquitectura castellana de ladrillo y teja roja, han crecido de la mano una generación de arquitectos y propietarios con ganas de hacer algo distinto Ex House y Four Seasons House. Dos casas destinadas a hacer cabecear con desconfianza a los paisanos acostumbrados a ver toda su vida algo muy distinto y que no creen que ni las cubiertas planas ni las fachadas de materiales extraños puedan tener éxito en el severo clima de la zona. De momento la originalidad ha ganado su primera batalla: después de las heladas de hasta 18 bajo cero del mes de febrero, los fontaneros han hecho su agosto arreglando radiadores y cisternas reventados por el hielo que tomó el interior de algunas casas, pero nuestras protagonistas han devuelto la mirada desdeñosa demostrando que en lo de aguantar el frío, no tienen nada que aprender y sí mucho que enseñar a la arquitectura clásica de la zona.
Ex House en referencia a un proceso vital que persigue la ruptura con las esclavitudes de la urbe y la búsqueda del sentimiento de aislamiento y retirada que puede darte una casa en mitad de un bosque.
Four Seasons House como explicación de una casa que quiere integrarse en un plan de paisajismo articulado alrededor de la división de la parcela en cuatro cuadrantes dedicados a un tipo climático de vegetación que tendrá su especial momento de esplendor en una determinada estación del año: jardín mediterráneo para la primavera, robledal continental para el verano, fraga de frondosas para el otoño y bosque norteño de coníferas para el invierno. 

Que una esté hecha de placas de madera de abeto finlandés y la otra de bloques de termoarcilla, que la fachada sea de planchas de pino de Valsaín o de poliestireno y mortero Coteterm, que una observe el paisaje y la otra  dialogue con él, son pequeñas diferencias frente a lo que las casas tienen en común: la búsqueda de una arquitectura libre de ornamentos preocupada principalmente por el espacio interior y por su relación armónica con un entorno que parece entrar en las casas.
Estas casas pueden parecer por comparación modernísimas, pero en realidad beben de fuentes de casi un siglo de antigüedad. Arquitectos como Le Corbusier, Alvar Aalto y Frank Lloyd Wrigt ya buscaron la integración orgánica del edificio y la naturaleza. Las cubiertas planas como terraza o jardín, las plantas libres o los ventanales interrumpidos que podemos ver en estas casas, formaban parte de los principios arquitectónicos de Le Corbusier y Pierre Jeanneret.

EX HOUSE




FOUR SEASONS HOUSE



lunes, 27 de febrero de 2012

Jardín Botánico de Akureyri

Hay un chiste sobre Islandia que te encuentras hasta en la sopa: ¿qué debes hacer si te pierdes en un bosque islandés?... ponerte de pie. Dejando de lado lo manido del chiste, hay algo de cierto en él. Islandia es un país pelado en el que de sus árboles me llamaron la atención dos cosas: su escasez y su aspecto de haber sido todos plantados en los diez últimos años. En la zona noreste del país, a dónde no acudí, dicen que hay bosques de abedules que medran en el microclima de algún valle protegido, pero en la mayoría del territorio, una ladera repoblada de alerces de tres metros de altura es todo un bosque.
Tampoco es de extrañar, habida cuenta de que el verano islandés es más desapacible que el invierno mediterráneo y de que hablamos de un país donde una erupción te puede cambiar la línea de costa en cientos de metros, inundar extensiones de terreno del tamaño de una provincia española o cubrir de ceniza todo el sur del país. Por otro lado, el clima islandés no es tan duro como podría parecer a simple vista. La corriente del golfo lo endulza de manera que al lado de los rigores groenlandeses es una delicia, y las mínimas ni se acercan a las exageraciones de algunas zonas de bosques boreales como Siberia o Canadá, por lo que parece que en la ausencia de arbolado debe estar de nuevo la mano del hombre: el pastoreo y las necesidades de madera de los primeros pobladores, unidas a la escasa capacidad regenerativa de un territorio volcánico y helado, dieron lugar al actual desierto islandés.
Muestra de que en Islandia la vegetación es posible, es el Jardín Botánico de Akureyri, la principal ciudad del norte de Islandia. Otra curiosidad islandesa es que el clima norteño puede ser más benigno que el del sur del país (cosas de las corrientes marinas y el posicionamiento de los anticiclones y borrascas) pero aún así, cuando me acerqué a conocer este parque botánico, no esperaba encontrar mucho más que una colección de coníferas y plantas diminutas de aspecto musgoso, así que la sorpresa de encontrar este colorido y frondosidad fue mayúscula. 



El jardín es pequeño, poco más de tres hectáreas, y cuando llegué, a primera hora de la mañana (que nadie se piense que estaba amaneciendo, era Julio y el sol no descansaba) un pelotón de jóvenes con pinta de jardineros voluntarios escuchaban las instrucciones de una mujer de pelo blanco al lado de los invernaderos y a continuación se desparramaban cargados de azadas y tijeras por todo el parque. No me extrañó lo exquisitamente cuidado que parecía el parque. El jardín contiene importantes colecciones de plantas nórdicas y nativas de Islandia y además de funcionar como parque urbano por el que se puede pasear libremente, funciona como vivero y campo de pruebas para la producción de plantas válidas para las duras condiciones islandesas. 







El parque es una delicia, como el resto de la ciudad (lo de ciudad es por comparación, no pasa 17.000 habitantes), una cuadrícula de calles que se deslizan sobre las laderas de una montaña hacía un fiordo espectacular en el que se bañan la ballenas. En base a lo que vi paseando por allí, puedo concluir que los habitantes de Akureyri son aficionados a las barbacoas, las camas elásticas, los coches todoterreno de tamaño gigantesco, las figuritas decorativas en el alfeizar de la ventana (diminutas, supongo que para tratar de compensar el equilibrio del universo por el tamaño de los coches) y también, ole por ellos, la jardinería. 

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