domingo, 12 de febrero de 2012

Bosco Verticale

En el bloque de pisos donde vivo, cada ventana tiene una jardinera de tamaño no despreciable. Haciendo un rápido recuento visual desde las alturas de mi noveno piso, puedo concluir que el 90% de las jardineras están totalmente vacías. Hasta cierto punto es normal, su escasa profundidad y elevada capacidad de drenaje, exigen un cuidado constante. Si nos dispones de algún (complicado por la ubicación de las jardineras) sistema de riego automático, una ausencia de una semana en verano puede ser fatal. Por eso, cuando he visto estas imágenes, me ha venido a la cabeza una lista interminable de problemas a resolver en un proyecto de este tipo: sistemas de riego, acceso a las zonas ajardinadas, zonas de sombra constante, mantenimientos centralizados o distribuidos, etc, etc. 



El Bosque Vertical es un proyecto de construcción de dos torres en Milán diseñadas por el estudio de arquitectura de Stefano Boeri. El proyecto busca mejorar las condiciones de vida de los habitantes de estas viviendas en particular y de los milaneses en general, mediante el desarrollo de un amplio espacio forestal que no exija una superficie de terreno de precio imposible o robada a zonas agrícolas o forestales. El edificio soporta un juego de jardineras de hormigón armado estratégicamente ubicadas para dar una cubierta vegetal a todo el edificio. 



Novecientos árboles de distintas especies y rangos entre 3, 6 y 9 metros de altura máxima y miles de arbustos y plantas cubresuelos. El equivalente a una hectárea de bosque, que en un entorno urbanizado con sus calles, casas y espacios públicos se expandiría hasta las cinco hectáreas.  


Además de las ventajas estéticas y del gustazo de tener un jardín de verdad en la terraza de un piso convencional, el proyecto persigue ventajas medioambientales y de calidad de vida claras en términos de consumo de CO2, filtrado del aire, termoregulación, control de la humedad y efectos de pantalla acústica.
Existirá un sistema centralizado de riego que reutilizará las aguas grises generadas por los habitantes del edificio, que además contará con sistemas de producción energética eólica y fotovoltaica. El mantenimiento del bosque, como es lógico, también será centralizado. El proyecto ya se encuentra en construcción, así que habrá que esperar un par de años para ver los resultados. Mientras, yo sigo con mis plantaciones de ajos y cebollas en las jardineras que me han tocado.
Fuente: Boeri Studio

viernes, 10 de febrero de 2012

Tanto que aprender


Esta mañana me alegraba de las podas inteligentes que están realizando este invierno en los árboles de mi ciudad. Y del esfuerzo por replantar los árboles perdidos. En la poda, eliminan las ramas que apuntan hacía abajo con ganas de arañar el techo de los autobuses, alguna interior que se cruza, y poco más. El resultado de la poda es una copa más elevada, proporcionada y abierta a la luz y en definitiva, nadie diría que el árbol ha sido podado. Además, las ramas que cortan pasan directamente por una trituradora, que es la niña de mis ojos, para hacer compost. Todo como Dios manda. 
No siempre ha sido así, o mejor dicho, nunca ha sido así. No hace ni cinco años desmocharon los plataneros del parque empresarial donde trabajo en el mes de octubre. Un inciso. Desmochar: Quitar, cortar, arrancar o desgajar la parte superior de algo, dejándolo mocho. Mocho: que carece de punta o de la debida terminación. Qué sabia es la lengua castellana. Los desmocharon, decía, en el mes de octubre cuando las hojas empezaban a amarillear, y alguien me argumentaba que era lógico, porque así se evitaban tener que recoger hojas durante todo el otoño. Esto es como la solución de Bush a los incendios forestales, cortamos los árboles y así no se queman. Los plataneros, que deben ser la especie más sufridora de este planeta, se recuperaron (los que se recuperaron, algunos aún lucen cuatro ramas raquíticas por encima del muñón) pero  por favor, dejemos a los plataneros en paz, sigamos el ejemplo de los londinenses, que tienen la ciudad llena de plazas como esta:
De momento, en mi ciudad los últimos años los han respetado, aunque igual por falta de tiempo, porque el año pasado estuvieron ocupados destrozando los Negundos  de la calle a la que da la ventana de mi oficina. ¿Por qué? No lo sé. La enorme rama horizontal del cedro del Líbano de la Fuente de la Fama del Campo Grande de Valladolid, muchos años sostenida por un cable de acero sujeto sobre el tronco protegido por listones de madera ha desaparecido en mi última visita. ¿Seca? ¿Riesgo para los viandantes? ¿Riesgo de desgaje para el árbol? ¿O simple desidia para evitar el mantenimiento de los tensores? No lo sé. 
Desconfío, y eso que ya ni siquiera sé por qué me extraño, ayer mismo un amigo que está buscando una casa me hablaba de un chalet que había visitado, y uno de los valores de la vivienda en cuestión era que tenía el patio solado con una buena capa de hormigón. Vivo rodeado de herejes. Por contra, como para demostrar la teoría de equilibrio de fuerzas en el universo, hace poco me he encontrado con lo que hacen en el parque Kenrokuen de Japón para proteger los árboles de las nevadas. Cuerdas atadas a los extremos de las ramas y reunidas en un vértice como una tienda de campaña, para soportar el gran peso de la nieve de un clima frío y muy húmedo. Postes apuntalando las ramas horizontales de pinos antiquísimos. A partir del 1 de Noviembre, un enjambre de jardineros se ponen manos a la obra y protegen sus árboles con la meticulosidad de un pueblo capaz de polinizar cerezos a pincel:



Fuente: Chotomatte

Ivan Hicks

Entre la elegancia de Andrea Cochran, el clasicismo de Fernando Caruncho o el conocimiento enciclopédico de Piet Outdolf, los jardines de Ivan Hicks se abren paso a codazos como una chiquillada traviesa. Cuando ves la obra de la mayoría de los jardineros y paisajistas de moda, sientes ganas de pasear, de poner los brazos en jarras, aspirar hondo y disfrutar de lo que se levanta antes tus ojos, o como mucho de llamar a un montón de amigos y preparar una comida al aire libre con manteles de lino y velas. Con los jardines de Ivan Hicks, en cambio,  se te escapa un "alguien se apunta a un escondite". El mismo Hicks explica en una entrevista que su Bosque Encantado de Groombridge está basado en las mismas tradiciones que las historias de Harry Potter o el Señor de los Anillos de Tolkien, lo que él quiere es volver a los bosques en búsqueda de la diversión y la magia. Se dice que Ivan Hicks bebe al tiempo de las fuentes de la mitología céltica y su culto a los árboles y del movimiento surrealista del siglo XX. Con eso está dicho casi todo. Unas pocas fotos de su Bosque Encantado de Groombridge o de las praderas de su Mundo para Mariposas añaden el resto. 









sábado, 4 de febrero de 2012

Febrero se escribe con R de duro


La gente de Castilla disfruta de la economía en la sintaxis y se guardan palabras de especial aspereza para sintetizar la dureza del clima. Cuando un hombre de la meseta castellana te diga que el día está crudo, no necesitas más, abrígate. Y no creo que haya un nombre de viento mejor puesto que el de Cierzo, que roza de palabra la lengua como de hecho las orejas. Hasta el refrán del grajo que vuela bajo es de una dicción perfecta para lo que supone uno de estos días en las hoces, páramos y llanuras castellanas. 
Febrero tiene un nombre que le honra, es un mes duro y traicionero. Mi padre, más o menos cinco minutos después de terminar las uvas, empieza a decir eso de que por reyes lo notan hasta los bueyes, y ya no lo deja hasta mayo. En febrero, este refrán meteorológico no tiene discusión. Un día sales del trabajo a la hora de costumbre y de repente eres consciente que queda luz para rato. Los días son más largos, y ya vemos marzo y abril a la vuelta de la esquina, pero febrero se niega a ser menos que su predecesor y nos lanza frentes polares o siberianos como el que sufrimos esta semana. La página eltiempo marca para mi zona mínimas de 8 bajo cero para esta semana y la que viene un día sí y otro también. Suficiente para mantenerme preocupado por la resistencia a las dilataciones de cualquier tubería que haya conservado agua en su interior. Suficiente para dudar si los arces japoneses que aún tengo en tiestos resistirán su primer invierno en el terruño. Suficiente para pensar si no me habré adelantado con las plantaciones de la semana pasada. 
Mi amigo J.M. me transmitía las recomendaciones de los mayores de su pueblo: deja en paz los árboles hasta Marzo. Yo no tengo opción,  no puedo ir a la parcela con la frecuencia que me gustaría y tengo que aprovechar cualquier momento que pase por allí para hacer las plantaciones de árboles a raíz desnuda o cepellón. Además, los viveros donde compro los árboles no tienen un clima mucho mejor que el mío y no suelen tenerlos  protegidos (de hecho busco viveros con estas características) así que la lógica me dice que comprados ahora o en marzo, el resultado no variará mucho. J.M quiere plantar pistacho y el responsable de los viveros de Proyecto Forestal Ibérico ha venido a darme la razón: se puede plantar durante todo el invierno y cuanto más nos alejemos de la primavera y nos acerquemos al otoño mejor, más tiempo daremos a los árboles para adaptarse y enraizar. Estoy de acuerdo con esta teoría. Mi experiencia me dice que las plantaciones otoñales tiran con mayor empuje en primavera. 
Mientas, mis nuevos nogales, castaños y robles, ya estás acostumbrándose a lo que será una vida de grajos que vuelan bajo: 





martes, 31 de enero de 2012

Quinta do Palheiro Ferreiro

Decía Borges que se sentía más orgulloso de los libros que había leído que de los que había escrito. A mí debe pasarme parecido, porque me siento orgulloso de los jardines que he visitado. La Quinta do Palheiro la visité en un viaje de hace cinco años a una isla que es la locura de un aficionado a la botánica. Madeira, tiene una posición geográfica y una topografía que le otorgan un clima subtropical oceánico privilegiado. Si a eso se une el hecho de ser un lugar de paso entre distintas rutas marítimas intercontinentales donde a lo largo de la historia han pasado multitud de marinos, misioneros, botánicos y otras hierbas de distintas nacionalidades, es fácil entender la justicia del sobrenombre de isla jardín que algunos le dan. 
La Quinta do Palheiro Ferreiro o Blandy Gardens, son la obra de la familia Blandy desde 1885. Aunque, de manera previsible dados los autores y la época, tiene unos cuantos pequeños jardines formales de estilo inglés, en el libro The Garden Book de la editorial Phaidon, ponen el jardín como ejemplo del estilo salvaje de William Robinson. Después de un pequeño paseo por la zona del jardín bautizada con el significativo nombre de Valle del Infierno, no es posible discutir la afirmación. 
El jardín me impactó especialmente por sus impresionantes ejemplares de árboles exóticos por estos lares. A continuación algunas fotos que tomé de algunos de ellos, como un Metrosideros excelsa nativo de Nueva Zelanda, un Pinus patula mexicano, Araucaria heterophylla y Dicksonia antartica australianas, Araucaria araucana chilena o Liriodendron tulipifera de Norteamérica. Un paseo por el mundo en cuatro fotos. 






lunes, 30 de enero de 2012

Winkworth Arboretum

Se encuentra en Surrey, Inglaterra y es un buen ejemplo de lo que puede dar de sí con tiempo (y dinero, claro) una afición tan sana como la jardinería. Parece que este parque, jardín, colección de árboles o como queramos llamarlo, se lo debemos al Dr. Wilfred Fox, un dermatólogo vecino de una granja cercana con posibles para comprarse un terreno silvestre y ondulado de unas 40 hectáreas que se deslizan hacía varios lagos y dedicarse a variar el paisaje con árboles y arbustos traídos de aquí y de allá. La parcela la adquirió en 1937 (tenía 62 años, así que parece que esta pasión no decae con la edad) y ya en 1952 donó 62 acres a la National Trust, institución del gobierno británico que vela por los intereses de los lugares de valor histórico o especial belleza natural. Parece que la cosa se le dio bien. Cinco años después donaría otros 35 acres y ya todo el arboreto es propiedad del gobierno. 
Este hombre me cae especialmente bien, porque además de este arboreto creó una asociación para el embellecimiento de los caminos con árboles atractivos. Qué falta nos haría un espíritu así en España, empeñados durante muchos años  en eliminar cualquier arbolado de las carreteras y caminos. Qué bien vendría una asociación que enseñara a quienes deciden las plantaciones en línea de nuestras calles que hay un mundo por descubrir más allá del plátano de sombra. Y eso que últimamente estamos mejorando y no es raro encontrarse plantaciones bien exóticas en sitios insospechados.  En fin, que Winkworth Arboretum y sus 1000 especies de árboles no está demasiado lejos de Westonbirt Arboretum, a unas cien millas, así que tendré que empezar a pensar en artimañas para convencer a G. de hacer un viaje al sur de Inglaterra en otoño.









miércoles, 25 de enero de 2012

Benmore Botanic Garden


A solo 22 millas del Ardkinglas Woodland Garden, se encuentra otra poderosa razón para visitar la zona de Argyll. Tan poderosa como las 49 secuoyas gigantes que forman una avenida impresionante en su entrada. Plantadas en 1863 (originalmente se plantaron 50, pero una de ellas no resistió los temporales de 1968) por el primer dueño del jardín, el americano y millonario Piers Patrick (dicen que plantó más de seis mil árboles, muchos coníferas, qué tío), algunas alcanzan alturas superiores que rondan los 50 metros. 
El jardín, perteneciente al jardín botánico de Edinburgo, tiene una extensión de 49 hectáreas y se asienta a los pies de unas montañas en una disposición que por alguna razón que se me escapa me recuerda a La Granja. Además de enormes ejemplares de coníferas (la más alta un Abeto Douglas que medía ya 64 metros en el 2005) y un jardín formal que incluye una importante colección de coníferas (en este caso apropiadas para jardines pequeños, osea, enanas) el parque se aprovecha de su clima privilegiado (la corriente del golfo caldea a la nórdica Escocia) y ha añadido recientemente espacios dedicados a representar la flora de Bhutan, Chile, Japón y Tasmania. Un jardín de gigantes y nombres tan sugerentes como Japanesse Valley, Tasmanian Ridge, Chilean Rainforest Glade o Bhutanese Glade, es un must to (Dios, cómo odio esta expresión)

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