sábado, 19 de enero de 2019

Elogio del Jardinero

Patio de Granados en el Cigarral de Menores, Toledo

La jardinería es una peculiar disciplina artística. No se me ocurre otra en la que el resultado final sea fruto de la labor conjunta de dos autores: el diseñador y la naturaleza. De hecho, siendo estrictos, no tiene sentido hablar de resultado final, porque un jardín nunca será algo estático y finalizado. Así que para hablar del trabajo de un paisajista quizás sea más apropiado hablar de punto de partida que de resultado final. Ese punto de partida, que un paisajista ha diseñado y un constructor implementa, luego será moldeado por el jardinero y la naturaleza en una relación de amor-odio que como en un matrimonio enloquecido alternará los momentos de amor más intenso con las amenazas de divorcio inminente. Igual de iluso es pensar que podemos dejar el jardín en manos de la naturaleza, que suponer que el jardinero podrá imponer su voluntad a su antojo. Están condenados a pelear. ¿Pueden ser paisajista y jardinero la misma persona? Pues a veces sí (especialmente en jardines privados) y otras veces no (casi siempre que el jardín sea obra de un paisajista profesional). Y esta es la segunda peculiaridad de este arte tan efímero: la visión inicial del artista, ese paisajista que diseña, se puede ver profundamente modificada con el paso de los años por el trabajo de la persona que mantiene, el jardinero. Habrá veces que el paisajista y el jardinero colaborarán en el mantenimiento del jardín, pero otras el paisajista desaparecerá de escena después de un tiempo. De forma que llegado un punto, será lícito preguntarte quién es realmente el artista. La realidad es que en libros y blogs se habla mucho de paisajistas y poco de jardineros. En Inglaterra, la figura de Jardinero Jefe está consistentemente establecida y es un puesto de gran reputación. En España, me temo que no tanto. Creo que vemos al jardinero como el señor que riega y poda y poco más. A veces hasta se ve al paisajista como el señor que riega y poda y poco más. Veamos un ejemplo de lo que les digo. Hace unos años en una entrevista Fernando Caruncho decía lo siguiente:

"Soy jardinero, no paisajista. Desde muy joven digo que soy jardinero, porque es una palabra que arrastra una memoria de 5.000 años, llena de matices, que no quiero que se pierda. No solo es jardinero el de las tijeras, es el hombre que quiere vivir en el jardín para acceder a otra manera de conocimiento".

A esto me refería, a la visión del jardinero como "el de las tijeras".  Igual le busco tres pies al gato, pero me suena algo despectivo ese "el de las tijeras".  Como decía Forrest Gump, tonto es el que hace tonterías. Pues jardinero es el que practica la jardinería. Así que sí, jardinero será el de las tijeras que además será el del pico, la pala, la azada, la carretilla, el rastrillo, la manguera, los temporizadores de riego y tantas y tantas cosas. Y su influencia en el jardín será determinante, porque la realidad es que el que quiera vivir en el jardín para acceder a otra manera de conocimiento, necesita al señor de las tijeras. Que dicho sea de paso, más vale que atesore buenas dosis de conocimiento.  
Esa imagen bucólica del jardinero flotando sobre su nube contemplativa que nos daba Caruncho en aquella entrevista, se repite mucho aunque me temo que no se corresponde con la realidad. Hay propietarios de jardines, hay diseñadores de jardines (que solemos llamar paisajistas, arquitectos o arquitectos paisajistas), y hay jardineros que practican la jardinería. Y casi nunca se practica la jardinería con un Lacoste puesto. Siempre me ha llamado la atención lo poco que se habla sobre lo esforzado de la labor del jardinero. Para ser jardinero hay que trabajar duro y mancharse mucho de tierra. Recuerdo haber leído a Beth Chatto contando sus problemas de artrosis derivados de horas y horas de trabajo, del levantamiento de pesos demasiado grandes para ella. Pero esta sinceridad es la excepción, sobre esta parte física de la jardinería no suele decirse mucho. Ahora se lleva hablar de lo amigos que somos de los bichitos del jardín, del huerto sin cavar, del imposible de tener un jardín sin hacer nada. En el último número del Gardens Illustrated aparece reseñado un libro que se titula: "El Jardinero con diez minutos: una guía mes a mes para cultivar por ti mismo". Por lo que parece el libro está bien, pero el título es una vergüenza. No parece incluir nada que se pueda hacer en diez minutos. No lo lo digo yo, lo dice Caroline Beck que reseña el libro. Me basta con sus palabras: "Hay una sección sobre el cavado doble. ¿De verdad?. No en mi suelo norteño, y ciertamente no en menos de dos días: uno para cavar, y otro para la cita con el osteópata".  La entiendo, yo hoy necesito un osteópata. Mi huerto son diez cubos de acero que hacen de bancales elevados. Perfectos para esto del huerto sin cavar. Si no fuera porque las encinas cercanas han dicho que eso es suyo y no de los tomates. Y ahora tengo diez bancales elevados invadidos por raíces. No queda otro remedio que vaciar cada cubo (algo más de un metro cúbico), cortar las raíces, proteger el fondo con malla antihierbas, y volver a rellenar el cubo. Y así por diez.  Y cruzando los dedos para que la malla antihierbas funcione y el año que viene no estemos en las mismas. Esa fue mi manera de acceder a otra forma de conocimiento el pasado fin de semana. 
Para que vean que no les miento. Aquí mi primer cubo limpio de raíces
Hace poco una amiga me decía: seguro que ya tienes una lista de todo lo que quieres hacer este invierno en el jardín. Se rió bastante cuando le respondí: cuatro páginas. Esto de los cubos era una miserable línea de las cuatro páginas. Por supuesto la cantidad de trabajo a realizar es proporcional a la envergadura del jardín. Pero si te estás planteando tener un jardín de cierto tamaño, no está de más que tengas a mano el teléfono de un buen osteópata. En definitiva: si no valoramos lo complicado y exigente que puede ser mantener un jardín, tampoco vamos a valorar la labor de un jardinero. 
La pasada primavera tuve la oportunidad de acudir al I Congreso de Paisajismo de la Universidad Rey Juan Carlos. Disfruté de ponencias de profesionales de gran nivel, y tuve la oportunidad de conocer algunas personas muy interesantes. La charla en el descanso con una de esas personas, y dos comentarios en las ponencias, encendieron la chispita de esta entrada. El primer comentario fue de Silvia Villegas, conservadora jefa de la unidad de horticultura, que cerró su charla agradeciendo el trabajo a los jardineros, porque sin ellos los jardines no serían posibles. Hubo encendidos aplausos en la sala. Parece que había unos cuantos jardineros. El segundo comentario fue de Miguel Urquijo, que vino a decir algo así como necesitamos a los jardineros y mira que es difícil encontrar uno bueno. Aquí no hubo ni pizca de aplausos y sí un murmullo contenido de cabreo. En fin, yo de ser jardinero no me habría sentido ofendido por el comentario de Miguel. Diría que el hecho de mostrar el interés suficiente como para estar en esas charlas ya es garantía de que los allí presentes eran buenos jardineros. Además, estoy de acuerdo con él, no andamos sobrados de buenos jardineros. No hay más que darse una vuelta por nuestras calles y jardines públicos y ver alguna de las barbaridades que se hacen. En general digamos que hay cierta tendencia hacia la explotación agrícola de los jardines, y parece que la poda es extremadamente importante para algunos. 
En uno de los descansos de las charlas, tuve la oportunidad de conocer a Ángel Domínguez, propietario del vivero el Vergel del Cerro en Toledo. Ángel me contó su aproximación profesional al mundo del paisajismo, y me pareció una idea brillante que venía a dar solución a esa pelea entre necesidad y carencia de buenos jardineros. Aprovechando la alta densidad de grandes jardines que hay en los alrededores de Toledo, Ángel ha aprovechado sus conocimientos para hacerse un hueco como lo que Miguel García ha llamado en Facebook Landscape Keeper. No sé si este término ya existía en el mundillo, y si no había que inventarlo. Durante su trabajo como responsable de un vivero, Ángel notó que mucha gente adinerada encargaba sus jardines a importantes paisajistas, que una vez implantado el jardín tendían a desaparecer. En ese momento los jardines quedaban en manos de empresas locales que muchas veces no tenían el conocimiento necesario para mantener y evolucionar el jardín. Ángel emplea un sencillo ejemplo que lo explica: ¿tú te comprarías un Ferrari y luego lo llevarías al taller del pueblo?. Pues no. El mecánico del pueblo, podrá ser un manitas y tener una gran disposición, pero es difícil que tenga los medios y conocimientos tecnológicos necesarios. Pues con estos jardines modernos en zonas rurales pasa lo mismo. Los jardineros en el mejor de los casos tendrán un conocimiento muy acotado a lo que han hecho siempre, y en el peor serán agricultores y forestales reconvertidos a jardineros con una sensibilidad reducida hacia las necesidades de un jardín. La aproximación de Ángel es muy de consultor. Hace una visita al jardín y elabora un plan de acción y mantenimiento que viene a complementar las tareas de mantenimiento de jardineros locales. El pasado otoño Gema, Miguel García, Gonzalo Morillo y yo pudimos visitar con Ángel algunos de los jardines en los que trabaja en los alrededores de Toledo. 

De izquierda a derecha: Gonzalo Morillo, Miguel García, Ángel Domínguez, Gema Pérez y un servidor.

En joyas como el Palacio de Galiana y el Cigarral de Menores pude comprobar en vivo lo que Ángel me había explicado. Y eso que estos jardines puede que no sean el mejor ejemplo, porque por lo que vi cuentan con excelentes jardineros, personas que los mantienen con un orden, una limpieza y un cuidado exquisitos. Pero aún así adolecen de dos cosas que Ángel viene a complementar. La primera es la capacidad. Lino, el jardinero del Palacio de Galiana, me pareció un profesional con gran dedicación su trabajo. Pero si tuviera que podar él solo las decenas de enormes cipreses del jardín, posiblemente no pudiera hacer ninguna de las otras cientos de cosas que habrá que hacer en el jardín. Ángel cuenta con un equipo de jardineros capaces de afrontar trabajos especialmente exigentes.  
Gonzalo, Miguel, Lino, Ángel y otro Miguel

La segunda aportación de Ángel es más sutil y quizás es donde aparece su valor diferencial. La experiencia de alguno de estos jardineros que conocimos se circunscribe a un único jardín. Es decir, a unas circunstancias de suelo, clima y luz muy particulares. Y a unas plantas muy concretas. Eso les da un conocimiento muy grande de ese contexto determinado, pero les puede faltar perspectiva cuando un factor externo lo modifica. Un rediseño del jardín, una nueva plantación, una nueva plaga, pueden ponerles en una situación comprometida. En el otro extremo, al paisajista que diseña un jardín puede faltarle conocimiento específico de la zona. Piet Oudolf, en sus diseños suele contar con algún joven profesional de la zona. Pues si quisiera hacer un jardín en Toledo podría contar con Ángel. Porque en definitiva lo que Ángel viene a aportar es un conocimiento transversal que suma conocimiento específico de la zona y conocimiento técnico más general.  Por referencias que me llegan de él, creo que esta suma de conocimientos, le lleva a tener lo que los anglosajones llaman un Pulgar Verde, ese toque mágico, esa capacidad de adivinar lo que le pasa a una planta, lo que hay que hacer para que esa pradera de césped deje de amarillear o el huerto estéril empiece a producir. Hay personas que tienen un pulgar verde, y por supuesto no tiene nada que ver con la magia o con un regalo divino.  Como señala Michael Pollan en su libro Second Nature, ese pulgar verde puede ser una particular forma de memoria, un compendio de pequeñas historias, de fracasos y victorias, que han sido destiladas hasta el punto en el que el jardinero puede sacar provecho de sus lecciones sin siquiera pensar en ello. En ese mismo libro, Pollan clasifica los fallos de un jardín en tres categorías. La primera es lo que podríamos llamar los actos de Dios, o las cosas de la naturaleza. Si plantas tomates en Mayo y cae una helada, mala suerte. Las otras dos categorías tienen más que ver con el buen hacer del jardinero. La segunda sería los problemas de infracultivo, cuando el jardinero no ha sido capaz de alterar su espacio hasta el nivel que sus plantas requieren. No ha sido capaz de domar lo suficiente a la naturaleza. Esto es propio de jardineros novatos o perezosos. La tercera categoría son los problemas de sobrecultivo, cuando el jardinero se excede en sus intervenciones. No es difícil encontrar ejemplos en nuestras calles y parques. Demasiada poda, demasiado abono, demasiados pesticidas. Pues bien, un pulgar verde es el jardinero capaz de caminar por la línea que separa los peligros del infracultivo y los del sobrecultivo. Ángel trabaja en un buen número de jardines, así que le aventuro que seguirá atesorando historias que le permitirán caminar con agilidad por esa fina y emocionante línea. 

viernes, 4 de enero de 2019

Entrevista a Dan Pearson

Durante todo el 2018 escribí en este blog la ridícula cifra de tres entradas. No se debió a falta de ilusión o ideas. Simplemente a la escasez del bien más preciado, el tiempo. No sé si este año tendré más tiempo, pero el propósito de año nuevo es claro. Para empezar con buen pie, recupero el texto más interesante en el que tuve la oportunidad de participar durante el pasado año. Se trata de una entrevista a Dan Pearson que realicé para la revista Verde es Vida. Gracias a los responsables de la revista y a su directora editorial Elita Acosta por darme la oportunidad de elaborar la entrevista, y a Huw Morgan y por supuesto Dan Pearson, por su amabilidad y generosidad.


(If you prefer to read this interview in English, you can find it in the following link: Interview with Dan Pearson)

En su país existe una fuerte tradición en jardinería. Y en la actualidad los jardines de estilo naturalista de la Nueva Ola de Vivaces nacidos en Alemania y Holanda tienen éxito en todo el mundo. En mi opinión, sus jardines son un ejemplo de que ambas tradiciones pueden enriquecerse mutuamente, pero ¿cuál es su opinión al respecto?

Creo que en Inglaterra tenemos una larga tradición en plantaciones naturalistas. Podríamos tomar, por ejemplo, a William Robinson, que ya hacía algo muy naturalista en el siglo XIX. La tradición de yuxtaponer la formalidad a la informalidad ha llegado a ser algo muy británico. Por lo tanto, el estilo naturalista encaja muy bien en nuestro país.
Si pensamos en lo que ha sucedido en Europa, la estética ha cambiado con la Nueva Ola de Vivaces. Sin embargo, creo que este estilo ya existía aquí como demuestra la importancia que ha tenido para nosotros el trabajo de Beth Chatto. De hecho, hemos estado haciendo esto de una manera bastante natural durante los últimos 100 años.

Recientemente ha creado jardines en lugares con una fuerte influencia histórica (Lower Castle, Folly Farm). ¿Cuáles son las claves para modernizar estos jardines sin alterar su espíritu histórico?

Nuestro trabajo siempre está dirigido por el carácter del lugar, trabajamos con la historia y el espíritu del lugar, intentamos entender su significado. Son el espíritu y el ethos del lugar los que nos aportan información para poder actualizarlo.
Siempre reconocemos el espíritu del lugar en nuestro trabajo. En lugar de imponernos, trabajamos con él para revelarlo, fortalecerlo y clarificarlo.

Ha publicado cinco libros, innumerables artículos y ahora escribe un blog (digdelve.com) que es una referencia mundial entre los amantes de los jardines. ¿Por qué es importante para usted escribir?

Me ayuda concretar pensamientos que pueden aparecer y desaparecer con facilidad. Escribir es interesante para articular pensamientos sobre paisajismo y jardinería. Cuando materializas tus pensamientos en palabras tienes que describir realmente por qué estás haciendo algo. Ayuda a fundamentar una idea, a desarrollarla adecuadamente y hacerla avanzar.
Escribir es un buen respaldo al proceso de diseño, te ayuda a articularlo de una manera diferente y más completa. Cuando escribes sobre jardinería y plantas, a menudo tienes pensamientos interesantes y válidos que pueden desaparecer rápidamente cuando dejas de hacer lo que estás haciendo, pero al inmovilizarlos con la escritura puedes capturar parte de ese proceso. Y la jardinería está particularmente relacionada con el proceso, no sólo con el resultado final.

Sus escritos tienen frecuentes referencias a la infancia, a la memoria y a los cambios de estación. ¿Cuál es para usted la relación entre el jardín y la percepción del tiempo?

Creo que tiene que ver con la idea de encontrarte en un proceso, del jardín que nunca se termina. Cuando se trabaja en un jardín, se vinculan los tres marcos temporales: el pasado, el presente y el futuro.  Te basas en tu experiencia, estás trabajando en el presente pero piensas en cómo será en el futuro. En cierto modo se convierte en una experiencia atemporal. El aquí y el ahora son impulsados por lo que ha venido antes y lo que está por venir.
Cuando se diseña un paisaje o un jardín hay que pensar en grandes períodos de tiempo. Por ejemplo, puedes plantar un árbol pequeño pero tener una imagen en tu cabeza de ese mismo árbol dentro de 100 años. Esto no te desconcierta, ya que el proceso de cultivar ese árbol y esperar a que crezca es tan bueno como el resultado final. Los jardineros realmente entienden que el proceso, la espera, el cultivo son igual de importantes y el tiempo se vuelve elástico.

Sus jardines y escritos son muy personales, románticos y literarios. ¿Qué paisajistas y escritores han influido en su obra?

Creo que Rousham de William Kent ha sido muy influyente en Inglaterra por su compromiso entre el mundo interior y exterior. El paisaje se inspira en su entorno, es muy difícil saber dónde empieza y dónde termina el jardín y el paisaje se apodera de él. Sin embargo, también ha creado una sensación muy intensa del lugar que parece de otro mundo y alimenta la imaginación. William Kent ha sido un jardinero muy influyente para mí.
Además, trabajar en Japón durante los últimos 20 años también me ha influido mucho. La composición de sus jardines es extremadamente compleja y refinada. Me enseñó toda una disciplina sobre la moderación y del cómo menos es más.

Recientemente recibimos la triste noticia del fallecimiento de Beth Chatto. ¿Cómo influyó su trabajo en su desarrollo como paisajista?

La primera vez que vi a Beth fue a finales de los años 70 en el Chelsea Flower Show y su stand era único porque en ese momento era la única que trabajaba de manera naturalista con las plantas. Sus plantas estaban casi inalteradas, en cierta manera no estaban cultivadas, sino que formaban combinaciones muy hermosas basadas en decisiones prácticas y sensatas sobre qué cosas podían crecer juntas logrando un efecto estético. Tenía un ojo de artista que apoyaba su profundo conocimiento hortícola. Sus escritos también fueron muy vívidos y hermosos. Su vivero fue el lugar en el que busqué material vegetal inusual cuando empecé a hacer jardines. Trabajó de manera naturalista en alianza con la naturaleza y no luchando contra ella. Esto para mí, desde muy temprana edad, siempre tuvo sentido. Ha sido mi mentora. Sin embargo, creo que se le ha pasado por alto, aunque tal vez no tanto ahora. Fueron personas como Beth las que llevaron adelante el movimiento naturalista en Gran Bretaña, retomando lo que William Robinson dejó.

Ha creado jardines en países con climas, idiomas y tradiciones culturales muy diferentes. ¿Cree que la jardinería habla un idioma universal?

Sí, definitivamente. La jardinería te permite descifrar el carácter de un lugar, cómo se hacen allí las cosas. Es una forma de expresión. Si te mueves por todo el mundo, las cosas se hacen de forma muy diferente y tenemos que aprender un idioma diferente para las diferentes comunidades de plantas dependiendo de dónde estemos.
Uno no impone, sino que trabaja con el entorno. Si conoces el lenguaje de las plantas puedes estar en contexto y ser parte de ese lugar. Así que creo que sí hay un lenguaje universal, pero tenemos que aprenderlo.

Su trabajo incluye jardines grandes y pequeños, urbanos y rurales, en climas mediterráneos, atlánticos y continentales. ¿Qué jardines han sido realmente especiales para usted o han supuesto un hito particular en su trayectoria? ¿Alguno de ellos ha sido un desafío particularmente difícil?

Creo que uno de los hitos fue Torrecchia Vecchia, un jardín en el sur de Italia en el que empecé a trabajar hace 25 años. Es un jardín que ha sido diseñado para que sea sentido como parte de su contexto. El cliente quería hacer un jardín muy informal que se sintiera casi como parte de la naturaleza, del bosque salvaje que lo rodea. Tuve que aprender muy rápidamente a trabajar en el Mediterráneo , en un entorno muy frágil, pero al mismo tiempo muy fuerte y potente. Es un un jardín importante para mí.

Pero el mayor desafío no fue Torrecchia Vecchia, porque allí seguíamos teniendo las 4 estaciones, aunque tuviéramos que aprender a trabajar con el calor y la sequía. Un desafío mayor ha sido trabajar en Hawaii en un ambiente tropical que me ha obligado a aprender nuevas maneras de trabajar con las plantas. He creado tres jardines en Hawaii para dos clientes diferentes. Han sido mucho más desafiantes porque he tenido que aprender cómo crecen las cosas en los trópicos y cómo aplicar la idea de que menos es más. En los trópicos es muy tentador usar todo tipo plantas porque se puede, pero sin moderación enseguida se convierte en una jungla. He tenido que aprender acerca de la moderación. Estuve trabajando allí unos ocho años. Los tres primeros tres años supusieron una curva de aprendizaje muy empinada. Después de haber aprendido algunas reglas básicas, de trabajar con las personas que estaban ayudando a hacer los jardines, pude empezar a volar. El desafío se encuentra en la inexistencia de estaciones; las cosas crecen cuatro veces más rápido que en Gran Bretaña.

En los últimos meses ha estado en los Estados Unidos y Grecia. ¿Tiene nuevos proyectos internacionales a la vista? ¿Qué les interesa a sus clientes? 

Tengo cuatro proyectos en los Estados Unidos, tres en California y uno en la costa este. Lo que mis clientes quieren es que creemos espacios que estén en contexto con su paisaje. Vienen a nosotros porque ven que nuestro trabajo es dirigido por el espíritu del lugar y contiene sutilezas y matices. Están buscando nuestro enfoque amable que permite que los jardines se asienten cómodamente en su entorno.
Cada proyecto es diferente. Vamos a hacer uno en Malibú, con un clima muy seco. En Grecia, por ejemplo, estamos trabajando en una isla muy pequeña con un bosque muy denso y estamos gestionando el proyecto con mucho cuidado para revelar la magia ese lugar porque la isla ha sido tomada por el bosque. Se trata de entender un lugar y permitirle  hablar por sí mismo.
Creo que los clientes quieren que seamos capaces de revelar el espacio de una manera suave, amable, aunque saben que a veces tenemos que hacer algunas intervenciones audaces para conseguirlo.

Muchos de sus jardines tienen un huerto, y en su propio jardín una de las primeras tareas que hizo fue plantar árboles frutales. En su opinión, ¿el jardín ideal debería tener un huerto?

Creo que hay algo muy bonito en poder ir a un jardín, elegir algo y comerlo. Cultivar para comer es algo muy primario; creo que todos respondemos a eso. Permite que la gente se sienta realmente parte del lugar - la energía que ponen en el jardín recibe una recompensa.
Los huertos para mí son lugares muy hermosos y sencillos que la gente puede entender. Aunque no siempre incluyo un huerto en mis jardines, por estos motivos casi siempre empleamos árboles frutales.
  
¿Cuál es su opinión sobre los paisajes y jardines españoles? ¿Podremos disfrutar de uno de sus jardines en España?

España tiene un clima maravilloso, especialmente desde el punto de vista de su variabilidad, desde el norte húmedo hasta el sureste de Andalucía donde tienen un paisaje desértico maravilloso. He pasado mucho tiempo en Andalucía, solía visitar el Cabo de Gata regularmente y por supuesto siempre me ha encantado la Alhambra.
Nunca he trabajado en España, pero eso no significa que no quiera hacerlo. Es un país fascinante. ¡Así que quizás algún día!

Las sociedades occidentales exigen cada vez mayor atención a la sostenibilidad, la ecología, la recuperación de los ecosistemas, etc. ¿Cuáles son las claves de la jardinería en las próximas décadas?

Creo que nos da la posibilidad de pensar en estos grandes temas. Ha habido un movimiento muy positivo en los últimos 10 o 15 años que permite entender los jardines como ecosistemas en sí mismos. Colectivamente se convertirán en un lugar donde podamos preservar y desarrollar ecosistemas, donde exista riqueza desde el punto de vista de la biodiversidad. Hay mucho potencial.
Siempre intentamos pensar en cómo un lugar puede ser lo más dinámico posible en términos de estabilidad; esto es algo en lo que nuestros clientes también están muy interesados. Por este motivo cada vez más gente se da cuenta de que los jardines son lugares importantes.

Interview with Dan Pearson

Last year I wrote in this blog the ridulous figure of three posts. It was not due to lack of illusion or ideas. Simply to the absence of the most precious good, time. I don't know if I'll have more time this year, but the purpose of the new year is clear. To have a good start, I'm recovering the most interesting text in which I had the opportunity to participate last year. This is an interview with Dan Pearson that I did for the magazine Verde es Vida. Thanks to the people in charge of the magazine and its editorial director Elita Acosta for giving me the opportunity to elaborate the interview, and to Huw Morgan and of course Dan Pearson, for their kindness and generosity.


(Si prefieres leer esta entrevista en español la puedes encontrar en el siguiente enlace: Entrevista a Dan Pearson)

Your country has a strong tradition in gardening. And today the naturalist style gardens of the New Perennial Movement born in Germany and Holland, are successful all over the world. In my opinion, your gardens are an example that both traditions can enrich each other, but what is your opinion on this?

I think that we have had a long tradition of naturalism in our plantings in this country. We could take, for example, William Robinson - he was already doing something that was very naturalistic in the 19th century. The tradition of juxtaposing formality with informality has become a very British thing. Therefore it sits very comfortably in this country.
If we think about what’s been happening in Europe the aesthetic has changed with the New Perennial Movement being given a name. However I think it’s already here if we think about Beth Chatto, her work has been very important here. In fact we’ve been doing this quite naturally for the last 100 years.

Recently you created gardens in places with a strong historical influence (Lower Castle, Folly Farm). What are the keys to bringing these gardens to the present times without altering their historical spirit?

Our work is always driven by a sense of place, working with the history and mood of the place and understanding what the place is about. We then use the mood and ethos of the place to inform how we then update it.
We always acknowledge the spirit of the place with our work. Rather than imposing we work with the place to reveal, strengthen and clarify it.

You have published five books, countless articles and now you write a blog (digdelve. com) that is a world reference among garden lovers. Why is writing important for you?

For me it helps to pin down thoughts that may come and go easily. It’s good to articulate thoughts about landscaping and gardening. When you put your thoughts into words you have to really describe why you’re doing something. It helps to ground an idea, to flesh an idea out properly and move an idea on.
Writing is a good back up to the process of design, it helps you to articulate it in a different way and more thoroughly. When you’re writing about gardening and plants you often have interesting and valid thoughts that can go quickly when you stop what you’re doing, but by pinning them down with words you can capture some of that process. I think that gardening particularly is about the process, not just the end result.

Your writings have frequent references to childhood, memory and the changing seasons. What is the relationship between the garden and the perception of time for you?

I think this goes back to the idea of being in process, of a garden never being finished. When you’re working in a garden you’re linking all three timeframes: the past, the present and the future.  You draw on your experience, you’re working in the present time but you’ll be thinking of what it will be like in the future. In a way it becomes a timeless experience. The here and now is driven by what’s come before and what is still to come.
When designing a landscape or a garden you have to think about large periods of time. For example, you might be planting a small tree but have an image in your head of that same tree in a 100 years’ time. This doesn’t faze you as the process of nurturing that tree and waiting for it to grow is as good as the end result. Gardeners really understand that the process, the wait, the nurturing are all as important and time becomes elastic.


Your gardens and writings are very personal, romantic and literary. Which landscapers and writers have influenced your work?

I think Rousham by William Kent in this country has been very influential in terms of its engagement with an inner and outer world. The landscape draws from its setting, it’s very difficult to tell where the garden begins and ends and the landscape takes over. However, he has also created a very vivid sense of place which feels of another world that feeds the imagination. William Kent has been a very influential gardener for me.
Additionally working in Japan over the last 20 years has been a big influence. The composition of those gardens is so complex and refined. It taught me a whole discipline about restraint and how less is more.

We recently heard the sad news about Beth Chatto. How did her work influence your development as a landscaper?

I first saw Beth in the late-1970’s at the Chelsea Flower Show and her stand was unique because at that point she was the only person working naturalistically with plants. These plants were almost untampered with, uncultivated in a way, but composed in very beautiful combinations that were very much about practical and sensible decisions about things that would grow together aesthetically combined. She had an artist’s eye that supported her practical horticulutal ethos. Her writings were also very vivid and beautiful.
Her nursery was the place, when I started making gardens, that I went to to get plant material that was more unusual. She worked naturalistically in alliance with nature and not battling against it. This for me, from a very early age, always made complete sense. She’s been a mentor for me. However I think she’s been very overlooked, maybe not so much now. It was people like Beth who were carrying the naturalist movement forward in Britain, picking up from where William Robinson left off.

You have successfully created gardens in countries with very different climates, languages and cultural traditions. Do you think gardening speaks a universal language?

Yes, definitely. It allows you to key into a sense of place, the way that things are done in that place. It’s a form of expression. If you’re moving around the world, things are done very differently and we have to learn a different language of different plant communities depending on where we are.
One doesn’t impose, but works with the setting. If you know the language of plants it allows you to be in context and part of that place. So I think there is a universal language, but we have to learn it.

Your work includes large and small gardens, urban and rural, in Mediterranean, Atlantic and Continental climates. Which gardens have been really special for you or have been a particular milestone? Have any of them been a particularly difficult challenge?

I think one of the milestones was Torrecchia Vecchia, a garden in Southern Italy which I started working on 25 years ago. It’s a garden that’s been designed to feel very much a part of its context. The client wanted to make a very informal garden which felt like it was almost part of the wilderness, the wild woodland around it. I had to learn very quickly how to work in the Mediterranean and to do that within a setting which was very fragile but at the same time very strong and potent. That was an important garden for me.
The biggest challenge was not particularly in Torrecchia Vecchia as we were still working with 4 seasons, even though it’s a lot hotter and drier and we had to learn how to manage those things. It’s been a greater challenge working in Hawaii in a tropical environment where I’ve had to learn new ways to work with plants. I’ve created three landscapes in Hawaii for two different clients. These have been much more challenging in terms of learning how things grow in the tropics and how to apply that idea of less being more. It’s very tempting in the tropics to use all sorts of different things because you can, but if you use too much it very soon becomes a jungle - I’ve had to learn about restraint. I was working there for probably around eight years. In that time I think the first three years were a very steep learning curve. Having learned a few basic rules, from working with the people who were helping make the gardens, you can then start to fly. The challenge was there because there are not four seasons; things grow four times as fast as they would in Britain.

In the last few months you've been in the United States and Greece. Do you have new international projects in sight? What are your customers asking for?  

I have four projects in the States, three in California and one on the East Coast. What my clients want is for us to create spaces which are in context. They come to us because they see that our work is driven by a sense of place and there are subtleties to the work and nuance. They are looking for our gentle approach that allows their gardens to sit comfortably in the settings.
Each project is different. We’re doing one in Malibu where it’s very dry. In Greece, for instance, we’re working on a very small island with a very dense forest and we’re managing the project very carefully to reveal the magic of that place because the island has been taken over by the forest. It’s about understanding a place and allowing a place to speak for itself. I think the clients want us to be able reveal gently, even though they know that sometimes we have to make some bold moves to be able to do that.

Many of your gardens have a kitchen garden, and in your new own garden one of the first tasks you did was planting fruit trees. In your opinion, should the ideal garden have an orchard?

I think there’s something very beautiful about being able to go into a garden, pick something and eat it. Growing to eat is a very primal thing; I think we all respond to that. It allows people to really feel part of the place – the energy that they put in can be rewarded.
Orchards for me are very beautiful places, they’re very simple places that people can understand. I don’t always include one in my gardens but we often include fruit trees for these reasons.

What is your opinion about Spanish landscapes and gardens? Will we be able to enjoy one of your gardens in Spain?

Spain has a wonderful climate, especially in terms of its variability with moisture in the far north going right down to Andalucía where you have that amazing desert landscape. I’ve spent quite a lot of time in Andalucía, and used to visit the Cabo de Gata regularly and of course I’ve always loved the Alhambra. 
I’ve never worked in Spain, but that wouldn’t mean that I wouldn’t want to. It’s a fascinating country. So one day maybe!

Western societies are increasingly demanding greater attention to sustainability, ecology, ecosystem recovery, etc. What do you think are the keys for gardening in the coming decades?


I think that does allow you to think about those big issues. There has been a very positive movement in the last 10 or 15 years in gardens to be understood properly as ecosystems in themselves. They will collectively become a place where we can preserve and develop ecosystems, where there is a richness of biodiversity. There’s a lot of potential.
We always try and think about how a place can be as dynamic in terms of its stability as possible; this is something that our clients are very interested in as well. More and more people are realising that gardens are important places for these reasons.

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