jueves, 1 de septiembre de 2016

Miguel García, la conexión madrileña de Sheffield

Sheffield es una pequeña ciudad del norte de Inglaterra. El típico sitio que uno asocia a lluvia, cerveza, fútbol y decadencia después de la crisis siderúgica y minera de los años 80. Nunca he estado allí, así que supongo que me influye bastante que esta ciudad fuera el escenario de la película Full Monty. Tampoco ayuda que cuando busques algo sobre ella a las primeras de cambio te encuentres con lo que escribió George Orwell:  Sheffield, supongo que podría reclamar justamente ser llamada la ciudad más fea del viejo mundo. Con esta imagen en la cabeza (seguro que injustificada) no deja de resultar sorprendente la cantidad de noticias y estudios interesantes sobre plantaciones naturalistas y ecología que parecen nacer en esta ciudad. En realidad no debe ser tan sorprendente, parece que hoy en día Sheffield es una ciudad con una pujante vida universitaria y una facultad de paisajismo que se ha hecho con un renombre mundial. Nigel Dunnet y James Hitchmough son profesores en esta universidad. Ambos son conocidos por sus trabajos relativos al diseño de plantaciones ecológicas y estéticamente atractivas y especialmente famosos desde su participación junto con Sarah Price en el desarrollo de las plantaciones naturalistas del Parque Olímpico de Londres. Su aproximación se diferencia de otras en que frente a la plantación de pequeñas plantas ellos apuestan por la siembra de mezclas de semillas. La siembra de semillas permite disponer de mayor diversidad de especies y mayor densidad de plantación, lo que conlleva ventajas como mayor competitividad con las malas hierbas y una sucesión estacional más rica.  En ocasiones la siembra se complementará con la plantación de especies cuya obtención desde semilla sea especialmente complicada. Ese precisamente ha sido el planteamiento de la plantación que Nigel Dunnet y Tom Stuart-Smith han realizado en Valladolid, mi patria chica. Allí se plantó una matriz de arbustos que fue completada con la siembra de una mezcla de semillas diseñada por Nigel Dunnet. He visto esta plantación dos veces, en octubre del año pasado y en junio de éste, y mi interés sobre la misma ha crecido de manera exponencial (si alguien conoce al responsable de su mantenimiento estoy deseando tener la oportunidad de hacerle unas cuantas preguntas). En octubre la plantación se encontraba totalmente agostada y me resultó llamativa la radicalidad del planteamiento. Ni complejos sistemas de riego a la vista ni mejora de un suelo paupérrimo, yesoso y pedregoso. Naturalismo extremo. Debo reconocer que no aposté mucho por el éxito de la plantación en semejante ambiente. Pero este año a finales del mes de junio me encontré con una comunidad vegetal exuberante que sin desentonar con la vegetación natural de la zona incorporaba eso que algunos llaman el factor wow. En mi caso el wow vino a estar bien representado por el ¡¡¡haalaaaaaa, pedazo de jardín!!!, que soltó una de mis hijas.





Hay que aplicar mucha ciencia y conocimiento de la ecología del lugar para lograr un resultado así en un par de años con una siembra desde semilla. Aquí el diseño se centra en la selección de las especies más adecuadas para el entorno en el que deban desarrollarse y los efectos estéticos que se deseen lograr. No es algo sencillo ni barato, aunque una vez hecho la misma mezcla puede ser utilizada en distintos emplazamientos que compartan características ambientales. Así, a partir de los trabajos de Nigel Dunnet surgió la empresa Pictorial Meadows que comercializa distintas mezclas de semillas de anuales y vivaces. La aproximación de esta empresa es en concepto similar a la desarrollada por investigadores como Wolfram Kircher. Estos investigadores alemanes han desarrollado una serie de recetas para combinaciones de plantas adecuadas para distintos entornos y efectos estéticos. Cada mezcla contiene una lista de las plantas recomendadas, el número necesario de cada una de ellas para una superficie determinada y la separación con la que deben plantarse. Sobre el terreno será necesario colocar las plantas de una manera más o menos aleatoria aunque siguiendo algunas sencillas instrucciones de agrupación de especies. La más conocida de esta mezclas es la bautizada como Silver Summer, una mezcla de 26 especies apropiadas para terrenos secos en la que abundan las plantas de follaje grisáceo, de ahí lo de silver. En el fondo es la misma idea que las combinaciones que podemos encontrar en los libros de Michael King o Roy Diblick. El verdadero mérito está en determinar que plantas funcionaran visualmente bien en conjunto y asegurarán una floración durante muchos meses. Eso lo hace el diseñador y el aficionado sólo tiene que conseguir los ingredientes y seguir las instrucciones de la receta. En el fondo esto me recuerda un poco a Ikea: nosotros te damos un diseño de calidad y móntatelo tú mismo.
En fin, que el tema resulta apasionante y por eso es una alegría que en Madrid tengamos a Miguel García experimentando con mezclas de anuales y vivaces en colaboración con el ayuntamiento. Miguel es un ingeniero forestal que ha realizado un máster en paisajismo en la universidad de Sheffield, donde debió dejar muy buen recuerdo habida cuenta de que me consta que Piet Oudolf contó con él durante los contactos que tuvo con el botánico de Madrid. Ahora trabaja con la empresa Pictorial Meadows y ha conseguido que el ayuntamiento de Madrid le deje una parcelas de terreno en el parque Felipe VI de Valdebebas para experimentar con sus mezclas de semillas de anuales y vivaces. El tema es sumamente interesante porque pocas veces se habrán llevado a cabo pruebas de este tipo en un clima como el madrileño, por lo que estará obteniendo conclusiones muy valiosas para la definición y posterior gestión de mezclas que puedan ser comercializadas y usadas en un clima como el nuestro. Pero aparte del aspecto formativo, las plantaciones de Miguel en Valdebebas ya han permitido ver cosas interesantes. Yo he podido ver en tres ocasiones distintas las plantaciones y me han encantado. Los picos de floración de las distintas especies se suceden haciendo que las praderas tengan un aspecto totalmente diferente a medida que pasan las semanas. El parque de Valdebebas se asienta sobre la recuperación de terrenos agrícolas, baldíos y escombreras y en términos generales no puede presumir de tener un suelo que destaque por su riqueza. Las parcelas sobre las que experimenta son bastante pobres y se ven castigadas por una población exagerada de conejos.  Aún así los resultados han sido muy buenos en el caso de las anuales y han permitido comprobar el interés que pueden despertar en los visitantes del parque. Porque ha sido un observador por partida doble, observador de la evolución de sus plantaciones y de la reacción del público a ellas, ya que parte del interés del experimento se encuentra en conocer el interés que pueden despertar en los habitantes de Madrid plantaciones de tipo naturalista. Y en fin, en algunos casos el interés llegaba a ser tan alto que tuvo que convencer al ayuntamiento de colocar un cartel indicando de que se trataba de plantaciones experimentales para evitar que la gente se hiciera ramos excesivamente generosos. Digamos que Miguel sigue la filosofía "hombre, no me importa que cojas un par de flores pero no me arrases la plantación". La definición de las plantas adecuadas a nuestro clima y suelo y el ajuste y optimización de aspectos como preparación del terreno, época de siega, gestión de malas hierbas, tipo y frecuencia de riego, estructura necesaria, etc, etc, requieren tiempo y años de práctica. Así que esperemos que su colaboración con el ayuntamiento continúe durante mucho tiempo, podamos seguir disfrutando de sus plantaciones y otros se animen a seguir su ejemplo.

Aspecto de las plantaciones de Valdebebas a finales de Mayo




Aspecto de las plantaciones de Valdebebas a finales de Junio







Aspecto de las plantaciones de Valdebebas a finales de Julio






jueves, 25 de agosto de 2016

Seis cosas con las que luchar en un jardín

Me sugerían en un comentario de la anterior entrada que escribiese algo sobre los aspectos más operativos del jardín. Menos inspiración y más arcilla y malas hierbas. La entrada me la ha puesto en bandeja la edición del mes de Julio de la revista Gardens Illustrated en la que aparece un estupendo reportaje sobre un jardín en Guadalajara de Fernando Martos. No puedo evitar arrancar la entrada con una de las fotos de Claire Takacs que aparece en el artículo.
Jardín de Fernando Martos en Guadalajara. Foto de Claire Takacs
El hecho de que un autor y un jardín español salga en esta revista es síntoma de que en España también se están haciendo cosas muy interesantes. Y es muestra de que la jardinería de estilo naturalista tan en boga en países con climas más amables también es posible en el nuestro. Lo cual no es algo obvio, porque como bien señala Noel Kingsbury al comienzo del artículo, el clima del centro de España no es el más acogedor para el desarrollo de la jardinería. Nos movemos entre rigores invernales nada despreciables y la larga y tórrida sequía de los meses veraniegos. Quién tenga dudas que se de un paseo estos días por Madrid a eso de las cuatro de la tarde y verá a lo que me refiero. En el artículo Fernando comenta que lo que busca en sus jardines es alcanzar ese aspecto natural que incluye movimiento y cambios estacionales tan típico en los jardines ingleses, con plantas adaptadas a nuestro hostil clima. El artículo incluye una serie de indicaciones interesantes para quienes se pregunten cómo conseguir un jardín así en nuestros clima. Estoy de acuerdo con todas ellas y me voy a permitir ampliarlas con la experiencia de un servidor que lleva unos cuantos años matándose contra el secarral. Así que ahí va mi particular lista de los jinetes del apocalipsis:

El Suelo 

Si tuviera que elegir mi mayor enemigo, ese es sin duda la arcilla que tengo por suelo. Un terreno pastoso y pegajoso en invierno y duro como una roca en verano. Gasto una media de tres pares de guantes al año pegándome con este suelo. Un día en el que enseñaba a Miguel Urquijo el terreno en el que quería hacer mi primera plantación de vivaces me recomendó que lo cavase con una retroexcavadora si quería conseguir algo en semejante losa. Desde que le hice caso he empezado a tener resultados. Lo de la retroexcavadora es opcional claro, allá cada uno con sus fuerzas, pero en estos suelos, y en otros como los yesosos, calcáreos y pedregosos de nuestras mesetas, es fundamental hacer una labor en profundidad del terreno. Este cavado en profundidad es esencial para que las plantas puedan enraizar y mejorará la capacidad de expulsar el exceso de agua en invierno y de retener la humedad en verano. Y cuando digo una labor en profundidad es en profundidad de verdad. Una pasada de una motoazada no vale. Hablamos de remover en suelo hasta los 40 o 50 cm de profundidad. Añadir materia orgánica, una buena capa de mantillo, también ayuda mucho. El Gardens Illustrated nos dice que no abonemos nuestras plantas, pero no hagan mucho caso, a los anglosajones les preocupa mucho el exceso de fertilidad de sus suelos. Algunos hasta eliminan la capa más fértil para hacer un prado donde no crezcan demasiado las hierbas. Bueno, me temo que ese no es nuestro problema. En este tipo de suelos mucho cuidado también con el tamaño de lo que se planta. La experiencia me ha enseñado que las plantas que hayan crecido durante mucho tiempo en macetas, especialmente aquellas que ya tengan la raíz espirilizada, están condenadas a morir. Así que hay que elegir muy bien lo que se compra en los viveros. Por otro lado y para mi desgracia muchas plantas especialmente adaptadas a la sequía son amigas de suelos que drenen como un colador, por lo que un invierno húmedo en terreno arcilloso puede dar al traste con muchas de ellas, como la experiencia del invierno pasado me ha demostrado.  
Preparando el terreno en Octubre del 2015 para una nueva plantación


El Frío 

Esta es fácil: no queda otra que elegir plantas capaces de resistir el límite inferior de temperatura de tu zona. En mi caso dada la altitud llegamos a tener temperaturas de hasta -18º, así que elijo especies capaces de aguantar semejante frío. Hay muchas referencias en internet dónde encontrar la resistencia al frío de una determinada especie. A mi me resulta especialmente interesante la información que Olvier Filippi publica en su web y en sus libros donde aporta datos sobre resistencia a la sequía y al frío de muchas especies. Por otro lado nunca está de más experimentar. Si me fiase de los libros los olivos no deberían soportar el frío de mi terreno, pero tengo alguno plantado desde hace unos años y han soportado heladas durísimas sin problemas. ¿Esto quiere decir que los libros no tienen razón? Puede que sí y puede que no, no descarto que cualquier día se me mueran todos, pero qué leches, si nos ajustamos siempre al manual de instrucciones esto sería aburridísimo. 


La Sequía

La más famosa, sin duda. En el centro de España tenemos entre tres y cuatro meses de sequía, así que tenemos dos opciones: o regar mucho o plantar especies adaptadas a un bajo consumo de agua. Lo de regar mucho no parece una buena opción, porque aparte de que el agua es un bien escaso siempre habrá una avería en tus sistemas de riego esperando malévola a tirar por tierra tus esfuerzos de años. Uno puede darse tus caprichos y plantar alguna zona del jardín (o todo él si no es muy grande) con plantas más exigentes con la humedad, pero en general es recomendable que un porcentaje importante de plantas estén adaptadas a nuestros largos períodos de sequía. Por lo que pueda pasar.  Y aún así, si queremos que las plantas se desarrollen y luzcan bien, porque una cosa es conseguir que las plantas sobrevivan y otra conseguir que su aspecto sea atractivo, será necesario regar, al menos los primeros años hasta que las plantas hayan enraizado. Los riegos conviene que sean espaciados y profundos. El riego por goteo es una buena alternativa, su instalación puede ser trabajosa pero compensa con creces la comodidad que te aporta en el futuro. Es importante tratar de disimular las tuberías del riego por goteo que son horrorosas (uno de los temas pendientes en mi jardín) y tener mucho cuidado de evitar el error frecuente asociado al riego por goteo: por algún motivo mucha gente asocia el riego por goteo a regar un poquito todos los días. No tiene porque ser así, claro. De hecho no debe ser así. Hay que permitir que el agua penetre hasta donde queremos que lo hagan las raíces. El laboreo en profundidad del suelo, la incorporación de mantillo y la cubierta de la superficie con un acolchado ayudan mucho también. Yo no me he atrevido a usar grava como acolchado porque tengo la sensación (puede que equivocada) de que la grava mezclada con mi arcilla va a dar lugar a una especie de poderoso hormigón. Pero sí he probado con la corteza de pino y restos de poda y la diferencia es sustancial. También es muy útil el laboreo en superficie, romper la costra superficial del terreno. Mucha gente cree que al cavar el suelo se airea y se seca más. Pero la realidad es que con este laboreo en superficie se rompe gran parte de la pérdida de humedad por capilaridad, evitamos que la humedad de las profundidades se vaya al cielo trepando por un suelo compactado. En mi zona hay un hombre que cultiva tomates sin riego, y sus claves son estas dos: laboreo inicial en profundidad y laboreo frecuente en superficie cada vez que la lluvia ha compactado la superficie del terreno. Las plantaciones de las siguientes fotos realizadas hace dos años han sido regadas este verano una media de una vez cada diez días en ausencia prácticamente total de lluvias desde mediados de Junio, por lo que por mi parte doy por probado que una buena selección de especies puede aportar muy buenos resultados.






Las Malas Hierbas

Hay distintas acepciones de lo que puede ser una mala hierba. Una es cualquier planta que crezca en un sitio inadecuado. Para muestra las plantas de pimiento que este año me han germinado solas en medio de una plantación de Stachys, Phlomis y Sedum y que arranqué recientemente porque ahí no pintaban nada. Otra forma de verlo es decir que malas hierbas son todas aquellas plantas capaces de competir con éxito contra las plantas cultivadas. Ese es más mi caso. En mi parcela el elemento más diferenciador y valioso y la peor mala hierba son la misma cosa: los robles rmelojo (Quercus pyrenaica). Los árboles con un buen porte son estupendos, pero los millones de rebrotes de raíz que intentan ahogar toda la parcela son una pesadilla. Hacer un hoyo de plantación en mi parcela supone atravesar una red impenetrables de raíces. Raíces que durante el verano absorberán toda la humedad a su alcance y se lo harán pasar muy mal a lo que crezca a su alrededor, especialmente si es alguna planta joven y flojucha plantada por mí. Esta es la segunda razón por la que las retroexcavadoras han entrado en mi parcela, para roturar y eliminar las raíces de roble en las zonas despejadas donde queríamos hacer nuestras plantaciones. Desbrozar los rebrotes de roble no es válido, año tras año vuelven a salir, así que con mucho miedo y cuidado también hemos probado a usar glifosato en zonas muy concretas. No se lo recomendaría a nadie, pero la verdad es que en nuestro caso los resultados han sido muy buenos. Hemos acabado con los rebrotes de roble sin acabar con los árboles de buen porte que los rodeaban y en los años siguentes, a los rebrotes de robles los han sucedido una mezcla de flores y hierbas silvestres mucho más rica e infinitamente menos agresiva.
Si hablamos de lo que siempre suele ser entendido por hierba mala, esto es las herbáceas que se reproducen como la peste en nuestras plantaciones, hay que decir que toda la culpa es nuestra. Si se fijan la mayoría de esas plantas no se reproducen en terrenos que no sean cultivados por el hombre, así que como dice Michael Pollan las hierbas malas somos nosotros. Para todas estas hierbas que parecen capaces de aparecer de la nada y reproducirse como si no hubiese un mañana, que removamos, abonemos y reguemos nuestro suelo será la mejor de las noticias. Por eso mucha gente recomienda actuar lo menos posible y evitar estas acciones. Yo no puedo evitarlo por las razones ya dadas, y de hecho un porcentaje muy importante del tiempo invertido en los primeros años de una plantación se me ha ido en eliminar hierbas malas. Pero sí que he notado que en las plantaciones de vivaces en las que después de la plantación no vuelvo a remover ni abonar el terreno la presencia de hierbas malas es menor cada año que pasa. La compactación del suelo, la competencia con lo plantado y el clima debe pasar factura. El huerto es harina de otro costal, aquí no hay esperanza. Para empezar porque el compost que empleo para mejorar el huerto lo obtengo a partir de la basura que generan las gallinas y sobre todo de las hierbas malas que saco del resto de la parcela. Conclusión: es un compost riquísimo en semillas de hierbas malas que extiendo sobre un terreno mullido y siempre regado. Por último, ojo con ser excesivamente severos y considerar hierbas malas a cualquier cosa que no hayamos plantado. Aunque la eliminación de hierbas malas se encuentra en la esencia de la jardinería y es imprescindible si queremos dar una sensación de orden e intencionalidad a nuestras plantaciones, a veces el azar pone a tu alcance plantas que pueden aportar algo interesante al jardín, especialmente en jardines naturalistas.

Verbascum, Reseda, Mentha y Echium realmente son "hierbas malas" en esta plantación

Verbascum, Reseda, Mentha, Hypericum y Echium realmente son "hierbas malas" en esta plantación

Eliminar malas hierbas es imprescindible si queremos que el jardín muestre intencionalidad


La Fauna

Es inevitable, desde la microscópica bacteria hasta la bestia parda de un cochino jabalí todos consideran que nuestro terreno es de su propiedad. No deja de tener su lógica, a fin de cuentas llegaron antes que nosotros. Ya conté en otra entrada bastante sobre mis desventuras con la fauna del lugar, y digamos que siento una victoria suficiente haber evitado con una buena valla que animales de más de tres kilos se paseen por el jardín. Una pareja de gatos que después de zanganear todo el invierno en casa al fin zanganean por el jardín parecen estar siendo bastante molestos para todos los bichos que se mueven en el rango que va de lo visible a lo que es capaz de colarse por debajo de la valla. Preferiría que se centrasen en los ratones y conejos y dejasen en paz a las lagartijas, pero qué le vamos hacer. Aún así, casi todo lo plantado sigue siendo un delicatessen para la fauna segoviana y cada año tengo una larga lista de bajas. Da igual, así tengo sitio para probar cosas nuevas al año siguiente. 


Heaven Knows

El famoso libro The Well-Tempered Garden de Christopher Lloyd arranca así: "Algunas veces mis amigos me piden análisis post-morten de sus esfuerzos jardineros menos exitosos, pero es muy complicado pronunciarse con cierta certeza cuando la historia de su caso ha sido enmascarada a fondo. Planté una docena de ciclamen resistentes, puede decir uno, y ni uno de ellos ha salido. ¿Dónde están?. El cielo lo sabe." Heaven knows. Pues bien, mi experiencia jardinera está repleta de heaven knows. He sembrado mis semilleros de tomates como cada año y no he conseguido que crezcan más de tres centímetros, ¿qué ha pasado?. Heaven knows. Un ciruelo que los años anteriores ha crecido extraordinariamente este año ha decidido secarse, ¿por qué?. Heaven knows. Un montón de vivaces que según todas las fuentes están adaptadas a terrenos arcillosos se pudren durante un invierno no especialmente húmedo, ¿cómo es posible?. Heaven knows.   Y así un larguísimo etcétera. No recuerdo dónde he leído hace poco que practicar la jardinería es un apto de valentía porque supone iniciar un enfrentamiento contra fenómenos naturales que no podemos controlar. Así es. Y quizás esa es la principal razón por la que yo estoy tan inclinado hacia la jardinería de estilo naturalista, porque es dónde encuentro más sencillo practicar una jardinería a favor y no en contra de la naturaleza, donde esos fenómenos incontrolables muchas veces apoyarán en lugar de aniquilar. El tiempo y la práctica te ayudarán también a decidir qué debes hacer y a descubrir dónde ha estado el error cuando ya no haya nada que hacer (eso y no otro cosa es lo que los ingleses llaman Green Thumb), pero aún así, la lista de Heaven Knows seguirá siendo lo suficientemente larga como para poner a prueba la paciencia de los más esforzados. En fin, sólo puedo decir que tenemos dos opciones: buscarnos otra afición más determinista, o hacer caso a lo que decía Rainer Maria Rilke en una de sus cartas a un joven poeta: 

Sé paciente con todo aquello que esté sin resolver en tu corazón e intenta amar las preguntas en sí mismas. No busques las respuestas, no se te pueden dar, pues no serías capaz de vivirlas. Y la clave está en vivirlo todo. Vive las preguntas ahora. Quizá, poco a poco, sin percatarte, vivas hasta llegar, un día lejano, a la respuesta.  
Yo, como no quiero buscarme otra afición y como las respuestas que me devuelve la naturaleza son cada año distintas, he decidido hacerle caso y dedicarme a vivir las preguntas. Y ya veremos qué pasa.  

viernes, 3 de junio de 2016

Verde es Vida

En España no abundan las publicaciones sobre jardinería y paisajismo. Vamos a dejarlo en que no contamos con un Gardens Ilustrated a la española. Por eso me gusta cada vez la revista Verde es Vida de la Asociación Española de Centros de Jardinería. La revista de edición trimestral, una por estación, se puede recoger de manera gratuita en unos cuantos viveros del país. También se pueden encontrar en su web y en formato PDF los números pasados. Siempre me había resultado entretenida, pero en los últimos años, su selección de artículos y entrevistas me ha parecido sin duda lo más interesante que he podido encontrar en castellano en la prensa escrita. No exagero si digo que algún viaje a un vivero me he hecho sólo con la única intención de recoger el último número de la revista. Así que entenderán que el día que me pidieron escribir un artículo sobre mi jardín para ella la ilusión me salía por los poros. Y ya para colmo hasta lo han publicado. En el número 79 de la revista, la edición de verano de este año aparece el siguiente artículo. Desde aquí muchísimas gracias a Elita Acosta por la oportunidad que me ha dado. 



Texto y Fotos del Artículo incluido en el número 79 de la Revista Verde es Vida sobre nuestro jardín en Segovia. 
Las visitas siempre nos preguntan cómo llegamos aquí. No somos segovianos, no tenemos familiares en la zona y no conocíamos a nadie en la urbanización. Es lógico preguntarse cómo se nos ocurrió construir una casa en medio de este monte. Fueron las ganas de recuperar la vida en el campo, lo precios imposibles de Madrid y la voz pesimista de la responsable de una inmobiliaria los que nos empujaron a ello. Esa urbanización es distinta, nos dijo con desánimo, son parcelas muy grandes, hay muchos árboles, muchos animales... hasta el clima es más frío. Habíamos entrado a preguntar con más curiosidad que interés real, pero aquello sonó realmente interesante. 
No nos engañó, la urbanización es distinta a lo habitual. Una cuadrícula de parcelas de una hectárea distribuidas en un monte cerrado de robles y jaras. El terreno arcilloso da a las laderas cercanas aspecto de Cañón del Colorado y los 1.100 metros de altitud imponen un clima de crueles rigores invernales. Tan cercano a uno de los hayedos más meridionales de Europa como a la sequedad pedregosa de las Hoces del Duratón, el lugar se encuentra a medio camino entre la montaña y las mesetas castellanas. Tiene algo de los paisajes verdes a los que quería escapar en mi niñez y de los paisajes esteparios de los que ahora no me quiero separar. Quizás por eso me encuentro tan a gusto aquí. Esa sensación de pertenencia al lugar nos invadió desde nuestro primer paseo por la  que sería nuestra parcela, una ladera de fuerte pendiente y orientación nordeste poblada de encinas y robles. Queríamos una casa en el campo y después de aquel paseo la queríamos allí.  
La pareja de arquitectos David Archilla y Covadonga Martínez-Peñalver nos acompañaron los primeros años con una ilusión y dedicación que aún no hemos terminado de agradecer. La casa se diseñó alrededor de un plan creado por mi mayor obsesión: plantar árboles. Decidimos dividir la parcela en cuatro áreas. Cada una de ellas contendría un tipo distinto de bosque que tendría su apogeo en una estación determinada y estaría adaptado a las condiciones de luz y humedad que la topografía y vegetación existente imponían. La casa se levantaría en el centro de la parcela relacionándose con todos ellos. Aunque fieles a dicho plan pronto nos dimos cuenta de que la parcela ofrecía posibilidades que excedían nuestros conocimientos. Yo tenía experiencia en el cultivo de árboles pero ninguno de los dos nos habíamos enfrentado antes al diseño de un jardín. Sabíamos que nuestro jardín debía conservar el espíritu que tanto nos había gustado en nuestro primer paseo por la parcela, pero no sabíamos por dónde empezar. Así que empezamos por leer. Libros, blogs y revistas fueron nuestros primeros aliados. En este proceso de aprendizaje tuve mi particular momento Stendhal el día que me encontré con las fotos de Mas de Las Voltes de Fernando Caruncho. Aun sabiendo que eso no era lo que necesitaba nuestra parcela, ahí mismo comprendí la complejidad y profundidad que puede llegar a tener la jardinería. Como sucede en todas las artes, con independencia del estilo las bellezas se encuentran con facilidad y pronto llegamos a los jardines naturalistas de Piet Oudolf. Con ellos, pero también con otros como Dan Pearson, Tom Stuart-Smith, Beth Chatto, Miguel Urquijo, Renate Kastner o Fernando Martos hemos aprendido a dejar de lado mis afanes coleccionistas, y hemos empezado a buscar la unidad de las plantaciones, a estudiar las plantas que puedan sentirse cómodas en nuestro terreno y a volvernos locos en la persecución del equilibrio entre el naturalismo que conserve la esencia del lugar y una estructura que lo vertebre y le dé un significado. 
Un día me di cuenta de que recordaba la historia de la jardinería desde la antigüedad clásica pero que no recordaba la historia de nuestro jardín. Para dejar un registro de esa particular historia decidí empezar a escribir un blog. Así, Arañazos en el Cielo nació como una especie de antídoto contra el olvido. Empecé escribiendo bajo pseudónimo, pero para mi sorpresa hubo personas que empezaron a demostrar interés por lo que escribía. Poco a poco el blog se convirtió en la mejor de las herramientas de aprendizaje. Entre otras cosas, gracias a él hemos conocido personas de las hemos aprendido y obtenido motivación. Por citar sólo  algunos ejemplos, la paisajista Amalia Robredo nos ha animado a buscar inspiración entre las plantas de nuestros montes. El estudio de paisajismo Planta Paisajistas nos han enseñado que una jardinería contemporánea de altísimo nivel es asequible en nuestro clima. Y del jardinero holandés Jaap de Vries hemos aprendido que la ilusión y las ganas de aprender y experimentar permiten a un aficionado conseguir resultados espectaculares. 
Los medios a nuestro alcance son limitados y el jardín ha avanzado a medida que disponíamos de tiempo y dinero. Eso nos ha evitado cometer algunos errores garrafales y nos ha dado confianza en nuestras decisiones. Y también nos ha permitido acompasar nuestro aprendizaje a nuestro conocimiento del entorno. Empezamos regando con cubos nuestros tres primeros árboles y hemos terminado teniendo dos huertos, distintas plantaciones de vivaces y más de 150 especies de árboles y arbustos. Entre medias ha habido un largo camino en el que en ocasiones hemos llegado a la extenuación. Las ganas de hacernos desaparecer que nos demuestra la naturaleza nos ha llevado en ocasiones  al borde de la rendición. Pero nos hemos repuesto y a veces la hemos respondido con la misma moneda, aunque de momento creemos haber mantenido el equilibrio entre las zonas ajardinadas y las que permanecen como hábitat natural. Nuestra parcela ya no es impenetrable pero aún seguimos sintiendo en ella la emoción del primer día. Ahora, como Michael Pollan, tenemos dos jardines. Uno tozudo, precario, adolescente y real crece en Segovia. Otro hermoso, inalcanzable e imaginario madura en nuestras cabezas. Creo que otros diez años son necesarios para que ambos empiecen a parecerse, y lo extraordinario es que eso es lo mejor de todo. 

El Jardín Comestible 

La parcela se llama la cereza y la almendra. La cereza y la almendra son nuestras hijas, pero también son la vocación productiva que ha tenido nuestro jardín desde el primer día. Hemos creado un huerto con diez cubos de acero colocados en estricta geometría, porque diseño y productividad no tienen por qué estar reñidos. Los cubos funcionan como pequeñas terrazas de poco más de dos metros cuadrados en las que cultivamos las verduras de temporada más delicadas. Entre ellas destacan los tomates. Persiguiendo el sabor de los tomates de mi niñez este año cultivaremos 30 variedades antiguas. En la zona baja de la parcela aprovechamos el suelo excepcional que crean los depósitos de un arroyo primaveral para cultivar un segundo huerto. Nada más divertido que descubrir las patatas cultivadas en ese antiguo claro en mitad de un bosque. También hemos plantado frutales. Cerezos y almendros, claro, pero también manzanos, perales, membrilleros, higueras, vides, nogales, avellanos, acerolos, granados, endrinos, olivos, ciruelos, albaricoqueros, melocotoneros y gran variedad de arbustos de baya. Son todos muy jóvenes aún y lo que recogemos es testimonial, pero en esto la calidad es mejor que la cantidad y la paciencia hace que todo sea más sabroso.

domingo, 8 de mayo de 2016

Sembrando hierbas malas

Como ya he contado alguna vez, en mi jardín tengo que convivir con una tierra muy arcillosa y una larga sequía veraniega. Así, para hacer una plantación de vivaces los pasos indispensables son trabajar el suelo en profundidad, añadir una capa generosa de mantillo e instalar un sistema de riego por goteo que permita regar con regularidad hasta que las nuevas plantas hayan enraizado. Parece sencillo, pero si añadimos que conseguir vivaces en España no es sencillo, el resultado es que hacer una plantación de vivaces es costoso en tiempo, sudor y dinero. Este año he aumentado en unos pocos metros mis plantaciones de vivaces, pero a la entrada de la parcela tenía un espacio de unos 500 metros disponibles y no sabía muy bien qué hacer con ellos. Lo que me pedía el cuerpo era hacer una nueva plantación de vivaces de estilo naturalista, pero dejemos de lado por el momento el tema de la preparación del suelo y del riego y centrémonos en las plantas. Para una plantación de vivaces 4 o 5 plantas por metro cuadrado no es ninguna exageración. Esto nos lleva a que necesitaría entre 2.000 y 2.500 plantas. Estas plantas no son baratas y digamos que no hay viveros en Segovia que se dediquen a las vivaces, así que es necesario sumar el coste del transporte desde sitios muy lejanos. Así, en mi experiencia conseguir plantas a una media de 3 euros por planta es a lo mejor que puedo aspirar. 2.500 multiplicado por 3, más cientos de metros de tubería por goteo, un par de temporizadores de riego, el coste de unas cuantas horas de retroexcavadora y un par de camiones de mantillo me da un total de... No Way. 
Así que para estos 500 metros cuadrados he decidido ponerme naturalista de verdad y de paso poner de nuevo a prueba mi paciencia y la de mi mujer. ¿Para que plantar plantas pudiendo sembrarlas?. Una corriente del diseño naturalista de jardines busca un naturalismo extremo acudiendo a la mayor aleatoriedad posible en la colocación de las plantas. ¿Y qué puede haber más aleatorio que sembrar una mezcla de semillas? El diseño de estas plantaciones se centra en la selección de las especies adecuadas y en la concentración y proporción de las mismas. Los profesores Nigel Dunnet y James Hithcmough de la universidad de Sheffield son dos de los máximos exponentes de esta filosofía de diseño. Fue leyendo sobre el jardín de James Hitchmough para el jardín botánico de Oxford cuando pensé que podría ser una buena idea para mis 500 metros cuadrados. Los Merton Borders del Botánico de Oxford son una plantación de 955 metros cuadrados en la que se ha buscado conseguir una comunidad vegetal que proporcione un alto impacto visual con un mínimo mantenimiento. Para ello el profesor Hitchmough ha optado por la siembra de semillas y un 85% de las plantas se han obtenido mediante su siembra directa en el terreno. La siembra directa permite densidades de plantación mucho mayores y evita los costes de plantar miles de plantas cultivadas en macetas. Una correcta selección de las especies incluidas en la mezcla permite obtener una comunidad vegetal diversa, sostenible y capaz de asegurar una sucesión de la floración de las distintas especies a lo largo de muchos meses. Para lograr una plantación sostenible en los Merton Borders se han seleccionado plantas caracterizadas por su resistencia a la sequía. Así, se han empleado especies de las grandes praderas americanas, de las estepas europeas y asiáticas y del sur de África.
Comunidad vegetal norteamericana en los Merton Borders. Foto del Botánico de Oxford
Comunidad vegetal sudafricana en los Merton Borders. Foto del Botánico de Oxford
Comunidad vegetal europea en los Merton Borders. Foto del Botánico de Oxford
Las especies de las distintas zonas geográficas se suceden a lo largo de la plantación en áreas geométricas de forma más o menos triangular. Dentro de cada zona se ha sembrado una mezcla de semillas de las especies de su zona geográfica y se ha permitido cierto solape entre las distintas áreas. Con todo ello se ha buscado lograr un equilibrio entre repetición, contraste y aleatoriedad que garantice el estilo naturalista y la diversidad de la plantación al tiempo que aporte un sentido de intención que incremente el impacto emocional en el espectador. En este jardín se han perseguido unos objetivos que mis exiguas fuerzas también reclaman para mis plantaciones: tolerancia a la sequía sin riego y reducción al mínimo de operaciones de mantenimiento como fertilización, acolchado, estacado, división y replantación. En este caso alcanzan todos estos objetivos con el empleo de especies capaces de desarrollarse en un clima mucho más ingrato que el de Oxford. Pero de nuevo el modelo tiene algún inconveniente para mí. En primer lugar siento estar hoy tan materialista, pero el primero es monetario. Estas semillas valen un ojo de la cara. Si no me creen vean lo que dice Tom Stuart-Smith en el libro The Private Gardens of England a propósito de las praderas que realizó en colaboración con James Hitchmough en su jardín The Barn: "En el invierno de 2011 cubrimos la tierra desnuda con tres pulgadas de arena y sembramos un kilogramo de las semillas más caras que puedas imaginar, seleccionadas por James". Para hacernos una idea de lo que estamos hablando: en la página web de la empresa Pictorial Meadows recomiendan para sus mezclas de vivaces una densidad de siembra de 2 gramos por metro cuadrado y el kilo que por lo tanto yo necesitaría tiene un precio de 750 libras. En otras empresas en precio es incluso mayor. Pero el segundo inconveniente es más importante aún. El éxito de la siembra y de la comunidad vegetal no está garantizado en mi caso porque mi jardín se desarrolla en un clima tan extremo que no dispongo de demasiado margen para encontrar especies capaces de desarrollarse en un clima más duro que el mío. 
Así que he girado la vista hacía una referencia de un naturalismo aún más extremo y cercano. En el valle de la Ribera del Duero, a pocos kilómetros de dónde me he criado, el propio Tom Stuart-Smith junto con Nigel Dunnet han diseñado un jardín para la casa de Peter Sisseck, dueño de la famosa bodega Pingus. En la ladera de los páramos que encierran el valle, alrededor de la casa diseñada por el arquitecto Henning Larsen, sobre un suelo paupérrimo han plantado una matriz de arbustos y han sembrado una mezcla de especies nativas y mediterráneas diseñada por Nigel Dunnett. El 80% de las plantas son nativas y las exóticas se concentran alrededor de la casa. Entre exóticas y nativas se ha buscado una sutil gradación que hace que la plantación se difumine poco a poco en el paisaje circundante. La total ausencia de vallas ayuda considerablemente a conseguirlo. Para ser del todo sincero, cuando el pasado otoño tuve la oportunidad de ver el jardín sufrí la típica decepción de una mala gestión de las expectativas. Uno oye hablar de Tom Stuart-Smith y Nigel Dunnett y mil imágenes exuberantes acuden a su cabeza. Así que cuando me encontré una plantación con el aspecto de secarral que suelen tener las comunidades vegetales por mi tierra durante gran parte del año sentí cierta decepción. 

Plantación de Nigel Dunnett y Tom Stuart-Smith en Valladolid. Octubre del 2015
Plantación de Nigel Dunnett y Tom Stuart-Smith en Valladolid. Octubre del 2015
Plantación de Nigel Dunnett y Tom Stuart-Smith en Valladolid. Octubre del 2015
Pero todo hay que ponerlo en su contexto. Los autores buscaban diseñar un jardín que desaparezca dentro del paisaje, que dicho sea de paso es magnífico. Monte abierto de encinas, sabinas y enebros a espaldas de la casa y al frente extensiones de viñedos con el castillo de Peñafiel en lontananza. Creo que en este caso los diseñadores han encontrado a un cliente capaz de disfrutar la belleza de ese paisaje y que muy probablemente en lugar de un jardín que le distraiga de él quiere un jardín que lo integre y lo potencie. Y en ese sentido el jardín me recordó a la Residencia Ketchum de Ron Lutsko en Idaho. En la revista UK Design, en un artículo sobre trabajos recientes de Tom Stuart-Smith, hablaban sobre este proyecto como de un jardín en un entorno hostil de xeripaisaje de roca desnuda y yeso. Pues en semejante paisaje los diseñadores ingleses han optado sabiamente por renunciar a presentar batalla a su hostilidad y se han unido a ella. De hecho viendo el jardín es obvio que no se ha mejorado el suelo y no parece existir ningún sistema de riego.
Pero para esto, ¿no sería mejor no hacer nada? Pues en algún caso es posible que sea así, pero en este caso concreto, la plantación asegura una comunidad vegetal en un terreno en el que la regeneración natural de lo destrozado en la construcción de la vivienda podría llevar décadas. Porque sí, aunque cuando lo leí por primera vez me llamó la atención el calificativo de hostil para el paisaje vallisoletano, la verdad es que lo es y mucho. A veces uno se deja llevar por los tópicos y termina por creerse que España es un país de siesta y cálidos climas mediterráneos, pero la realidad es que las mesetas, los páramos y las montañas del interior ibérico son frías y secas como ellas solas. Así que en mi caso no creo que merezca la pena gastarme un dineral en semillas que posiblemente no llegasen a prosperar. Y tampoco merece la pena no hacer nada, porque sin hacer nada mi terreno se convierte en un sotobosque de rebrotes de roble rebollo (Quercus pyrenaica) sin ningún encanto ni diversidad vegetal. Así que el otoño pasado encargué a una retroexcavadora remover esos 500 metros cuadrados respetando las encinas y una barrera de robles de buen tamaño al frente. Y durante el invierno hemos eliminado toneladas de raíces de robles y de cantos rodados y lo hemos rastrillado sin añadir ni un gramo de mantillo. En la valla que nos separa de la parcela vecina hemos plantado a modo de seto una doble hilera de árboles como endrinos (Prunus spinosa), avellanos (Corylus avellana), majuelos (Crataegus monogyna), almendros (Prunus dulcis) y manzanos (Malus sylvetris). Para dar formalidad y un toque mediterráneo a esta zona del jardín hemos bordeado el camino con cipreses y hemos plantado una cuadrícula de nueve olivos, apuesta arriesgada porque no olvidemos que nuestro clima es hostil. Y para cubrir el resto de terreno desnudo hemos sembrado una mezcla de casi 40 especies de anuales, bianuales, hierbas y vivaces. Para este mezcla, en vez de envidiar las combinaciones espectaculares que prosperan en climas más generosos he buscado entre las plantas que crecen en nuestros campos y terrenos baldíos. Y de entre ellas me he quedado con las que es posible conseguir a precios asequibles. A esto hemos añadido semillas que habían caído en mis manos y algunas recolectadas y al final ha resultado una mezcla de algo más de dos kilos con las siguientes especies: Achillea ageratum, Artemisia vulgaris, Briza media, Centaurea cyanus, Chamaemelum nobile, Cichorium intybus, Coreopsis palmata, Dactilo glomerata Amba, Digitalis ferruginea, Dipsacus fullonum, Dittrichia viscosa, Echinacea purpurea, Echium plantagineum, Festuca arundinacea Fawn, Festuca ovina Quatro, Hyparrhenia hirta, Hypericum perforatum, Kochia trichophylla, Lavandula stoechas pedunculata, Leucanthemum vulgare, Leucanthemun x superbum Alaska, Lolium perenne, Melissa officinalis, Medicado sativa, Nepeta tuberosa, Papaver roheas, Phlomis herba-venti, Plantago lanceolata, Rosmarinus officinalis, Ruta graveolens, Salvia officinalis, Salvia verbenaca, Sedum telephium, Sinapis alba, Thymus mastichina, Thymus serpyllum, Thymus vulgaris, Trifolium repens, Verbena bonairensis.
Algunas de estas especies son hierbas malas en otras zonas de nuestro jardín, pero lo que busco con esta primera siembra es crear una masa vegetal que mejore el suelo y conserve la humedad aportando algo de cobertura que evite que mi arcilla se mueva entre el lodazal y la cerámica cocida. Para ello hemos introducido hierbas y también forrageras como la alfalfa, porque en nuestro clima y terreno la experiencia nos dice que sin riego no hay que preocuparse de que las hierbas sean demasiado invasivas y acaben con las vivaces. Si lo sembrado germina y el tema funciona, en los otoños de los próximos años añadiremos bulbos y otras vivaces que por ser más exigentes o tener un precio más elevado sus semillas serán plantadas en vez de sembradas (la primera remesa ya crece en tiestos en las terrazas de casa). Y en todo ellos habrá malas hierbas que serán bienvenidas siempre que aporten algo. Porque en esta plantación el mantenimiento y el riego lo reduciremos al máximo. Eso nos llevará a no tener resultados muy llamativos en los primeros años, y a que muchas de las plantas se agosten o no lleguen a prosperar. Pero será emocionante y viviremos mucho más tranquilos sin el miedo a que un pastón invertido en plantas se vaya al traste por un temporizador de riego estropeado.
Por si alguien tiene interés, la mayoría de las semillas las he conseguido en tres suministradores españoles que venden a través de internet y disponen de interesantes catálogos de semillas. Son estos:

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