jueves, 14 de septiembre de 2017

Muros en la Cereza y la Almendra



Dicen sus críticos (y a veces también sus defensores) que la jardinería naturalista es messy. Los diccionarios traducen messy como desordenado, caótico, poco limpio. Aunque si yo tuviese que elegir la palabra que me viene a la cabeza cuando alguien define una plantación como messy, ésta sería desgreñado. En fin, mi jardín es muy messy, así que aunque el argumento no se soporte por las reglas de las lógica (si p entonces q no significa que si tenemos q vayamos a tener p), quiero suponer que esto significa que mi jardín es muy naturalista. En cualquier caso a mi me gusta como luce y cómo va evolucionando, pero admito que no estaría de más que lo peináramos un poco. Estamos en ello. En los dos últimos años hemos avanzando poco a poco en la creación de cierta estructura que hace que el jardín sea más habitable y resulte menos caótico.
Nuestro jardín se encuentra en una parcela con fuerte pendiente, y cuando los arquitectos nos entregaron los planos del diseño original, la casa venía acompañada de bastantes metros de muros de contención para la creación de terrazas. Esas terrazas permitirían que pudiéramos disfrutar del entorno de la casa sin miedo a rodar ladera abajo. Pero el vil dinero manda y con todo el dolor de nuestro corazón el 90% de esos muros se cayeron del proyecto inicial. Dejamos los indispensables para no caer al vacío al salir de casa. El día que la estrenamos, al ver la vista desde la ventana de la cocina pensé que así debía ser la última visión del capitán de un barco a punto de ser engullido por una ola. Una empinada ladera se nos venía encima cada vez que me ponía a fregar los platos. Así que aún se estaba secando la pintura de la casa cuando ya estábamos abordando la fase 2 de los muros de contención. Estos nuevos muros nos permitieron aislar la casa de esa pendiente y tener una zona exterior anexa plantada de césped en la que hemos hecho casi tanta vida como dentro de la casa. 

Los espacios exteriores habitables de un jardín deben ser tan cuidadosamente diseñados como cualquier otra habitación de la casa. O incluso con más cuidado, porque muchas veces se les va a dar un mayor uso. No diré que no tenga buenos recuerdos de nuestro dormitorio, pero vamos a dejarlo en que allí principalmente dormimos. En el fondo no hace falta mucho diseño ni espacio para dormir. Objetivamente se necesita un sitio dónde quepa una buena cama y poco más. En cambio, un espacio en el que vas a jugar, comer, leer, descansar, tomarte tus gintonic y en general practicar casi cualquier forma de esparcimiento que se te ocurra, conviene que esté diseñado con esmero. La zona exterior conseguida con estos primeros muros de contención es lo que vemos desde las zonas más habitadas de la casa y en realidad es dónde estamos casi siempre que el tiempo lo permite. Aquí es dónde hemos disfrutado numerosas cenas y comidas con familiares y amigos. Las barbacoas que hemos celebrado aquí deben dar para llevarse por delante una buena piara de cerdos.

Una vez construidos estos muros necesitábamos solar el suelo de un pequeño espacio que funcionaría como transición entre la cocina y el césped. El que se haya enfrentado a una obra sabrá lo complicado que es tratar con el mundo de la construcción. En los años en los que más apretaba la crisis no conseguíamos encontrar un constructor que quisiera rebajar el terreno y solar unos miserables treinta metros cuadrados sin imponernos condiciones imposibles. El acceso a muchas partes de nuestra parcela sin talar árboles es imposible, y aquí un par de constructores nos insistían en la necesidad de eliminar unas decenas de robles para que una excavadora y una hormigonera pudieran acceder. No es que me guste ver a la gente trabajar a pico y pala, pero es que me gusta menos cortar nuestros robles. No había forma de llegar a un acuerdo. Hasta que dos hermanos rumanos se cruzaron en nuestro camino. 
-Queremos solar este espacio. Con hormigón impreso. A manta.
-Bien señorrr. Fácil. 
-Ya... pero... ¿qué necesitáis?
-Nada señorrr.
-Ya... pero... ¿no necesitáis ninguna máquina?
-¿Maquinas?. No señorrrr. Las máquinas solo sirven para quitar trrrrabajo a la gente. 
Ves, así sí que nos entendemos. Nunca había visto trabajar a nadie tan rápido y con tanta calidad como aquella familia de rumanos. No nos mintieron y allí no hubo ni retroexcavadoras, ni grandes pértigas para bombear el hormigón de una hormigonera. Todo el hormigón lo bajaron en carretillas. Y aquí viene la parte curiosa de la historia. Para bajar el hormigón con la carretilla seguían una trayectoria curva que de una forma natural minimizaba la pendiente. En cada viaje algo de hormigón rebosaba de la carretilla que iba dejando a su paso un claro reguero de cemento. El resultado final fue que por el mismo precio tuvimos una zona de estar solada en hormigón impreso y un camino de bajada de hormigón rebosado. El camino era bastante precario, pero ese camino definido por un armario empotrado bajando carretillas de hormigón por dónde le resultaba más cómodo, es lo que ha articulado gran parte de la zona de jardín más cercana a la casa. Alrededor de ese camino se han sucedido las plantaciones y ahora lo estamos solando en condiciones mediante losas de hormigón que vamos construyendo con un molde artesanal. Un fin de semana bueno puedo llegar a hacer dos de estas baldosas. Pero hay fines de semanas que no vamos. O fines de semanas que la lluvia o la helada no dejan hacer hormigón. Necesito unas cuarenta baldosas. Hagan cuentas. Luego hay que colocarlas, y cada baldosa pesa unos setenta kilos. En fin, uno a veces se siente un poco Sísifo.
Camino de baldosas de hormigón
Molde para la construcción de baldosas de hormigón.


Justo en el arranque de ese camino y al lado de la zona de césped hemos abordado una nueva zona dónde queremos instalar una mesa exterior en la que seguir dando cuenta de la suculenta cabaña ganadera segoviana. Para ello, por supuesto, hemos necesitado nuevos muros de contención. Estos hasta los hemos hecho nosotros, y nos han quedado, yo diría que familiares: no son perfectos pero nosotros los queremos. Lo malo es que al terminar estos muros, nos hemos dado cuenta de que de una manera bastante llamativa nuestra zona exterior incumplía algunos de los principios básicos del diseño de jardines. En la jardinería, como en casi todo, cada problema tiene diferente soluciones que dependen de las circunstancias y del resultado al que se quiera llegar. Pero sí que hay una serie de principios fundamentales para el buen diseño que conviene tener en cuenta independientemente del estilo del jardín. Hay muchos principios relacionados con el diseño y las artes en general, pero para este caso concreto me voy a quedar con aquellos que define Thomas Church en su libro Gardens are for People (de lo mejor que se haya escrito sobre la relación necesaria del jardín con la casa y sus propietarios). Estos principios son unidad, funcionalidad, simplicidad y escala. Él los define mejor de lo que podría hacerlo yo:

El éxito del diseño dependerá en gran medida de estos cuatro principios fundamentales: unidad, que es la consideración del esquema como un todo, tanto de la casa como del jardín; funcionalidad, que es la relación de las áreas de servicio práctico con las necesidades del hogar y la relación de las áreas decorativas con los deseos y el placer de los que las utilizan; simplicidad, en la que puede descansar tanto el éxito económico como estético del diseño; y escala, que nos aporta una relación agradable de las partes entre sí.

En nuestro caso después de la construcción de los últimos muros de contención había algo que chirriaba. Poco a poco se fue haciendo evidente que teníamos un problema de unidad y de escala. Unidad porque las dos zonas lisas obtenidas a una misma cota por muros construidos en cotas distintas no estaban bien comunicadas. Hacían esquina y el espacio entre ellas lo llenaba un terreno con una doble pendiente en sentido norte-sur y este-oeste. Aquello más que una zona de estar parecía un tobogán. El segundo problema era de escala. La escala es quizás el concepto más etéreo de todos y el más importante. Es clave que las dimensiones de una zona del jardín sean acordes a las dimensiones del resto. Pero también es importante que esas dimensiones encajen con las de la casa y con las necesidades del jardín .Un jardín puede estar perfectamente diseñado sobre un plano y luego en el terreno, al observar su integración con la casa y sus habitantes, parecer pequeño y abarrotado. Me temo que no hay reglas maestras para la escala, pero como nos recomienda Thomas Church, en caso de duda, lo mejor es hacerlo más grande. Si ya lo decían en mi pueblo. Ande o no ande pero que sea grande. En resumen, nuestra zona de césped en su relación con el bosque y las pendientes que la rodeaban nos generaba dudas, así que hemos optado por hacerla más grande. ¿Adivinan cómo? Sí señor. Con un nuevo muro de contención. En realidad con la extensión del ya existente hasta su cruce con la cota marcada por la pendiente este-oeste. Esto nos ha permitido ampliar considerablemente el espacio liso a nivel con el suelo de la cocina y reducir en mucho la visibilidad que tenemos de la pendiente norte-sur. 

Construcción del nuevo muro de contención

Labores de relleno del nuevo muro de contención
Y nada, ahora ya está chupado. Ya sólo tenemos que bajar a carretillas doce metros cúbicos de tierra con mantillo (sí, por el camino que en su día siguió el rumano), construir arquetas, colocar borduras, instalar un nuevo sistema de riego, ampliar y resembrar la pradera de césped, y plantar dos parterres paralelos de vivaces de casi treinta metros de largo, que si llegan a parecerse mínimamente a la idea que tenemos en la cabeza serán la joya del jardín en los años venideros. ¿Quién dijo que la jardinería es aburrida?

lunes, 4 de septiembre de 2017

Mi Periplo Inglés (y un poquito Francés)


Este verano hemos podido hacer un bonito viaje por Inglaterra y Francia. Tomamos un Ferry en Santander que nos llevó hasta Plymouth, pasamos unos días en Somerset, recorrimos Oxfordshire, nos detuvimos en Londres, cruzamos el canal de la Mancha (o el British Channel yendo desde ese lado) y regresamos a España pasando por Normandía y el Valle del Loira. Como resumen les diría que hemos aprendido que el Cantábrico se mueve infinitamente más que el Mediterráneo, que ya sabemos lo que es el Glamping, que los Costwoolds hastían de puro bonitos, que Londres da para no cansarse de visitarla nunca, que la Pérfida Albión tiene gente nada pérfida (algún pérfido habrá también), que no me extraña que la llamasen así porque desde luego llegando desde Francia se ve muy, muy blanca, que hay gente que manda a sus caballos de vacaciones a Francia y que la luz Normanda es, en efecto, muy especial. ¿Y de jardines? Bueno, ppssscheeee.... alguno hemos visto. El proceso de preparación del viaje fue o menos el siguiente:
  • Fase 1 de la preparación del viaje: preparé un listado que debía incluir doscientos jardines en los cuatro puntos cardinales de Gran Bretaña. Me pareció un poco exagerado eso de visitar los cuatro puntos cardinales de un país así de golpe y opté por hacer un pequeño filtrado.
  • Fase 2 de la preparación del viaje: me centré en el suroeste de Inglaterra y elaboré un listado de unos cincuenta jardines con la ayuda de amigos, libros y libros amigos. A mí me parecía algo muy razonable, pero por si acaso me había quedado corto decidí enseñárselo a mi mujer. Levantó una ceja y se limitó a preguntarme si recordaba que nuestras hijas viajaban con nosotros. Después de darle muchas vueltas caí en que inexplicablemente me sugería que a nuestras hijas quizás se les hiciera algo pesado un viaje con tanto jardín. Estoy abierto a críticas constructivas. Y también a lo que diga mi mujer, así que opté por filtrar algo más. 
  • Fase 3 de la preparación del viaje: reduje el listado a unos veinte jardines que incluyeran ejemplos de jardín paisajista inglés, jardines Arts&Crafts, jardines naturalistas y algo de todo el abanico de paisajistas posible. Le enseñé la lista mi mujer y dije con voz firme: y de aquí no me muevo. Mi mujer levantó la vista por encima del libro que estaba leyendo y no dijo más. Opté por subrayar lo que me parecía imprescindible dentro de esa lista. 
¿Al final qué hemos visto? Pues la mitad de lo que me hubiera gustado y el doble de lo que una persona normal considera razonable. Si consideramos que mi mujer y mis hijas son personas normales, claro. Como la cabra tira al monte la mayor parte de jardines de subrayé como imprescindibles de la muerte eran jardines naturalistas. No me quejo, claro. Después de las vacaciones no hay divorcio a la vista y he podido pasear por jardines de Piet Oudolf, Tom Stuart-Smith, Nigel Dunnett, y James Hitchmough. También podríamos decir que he olfateado un jardín de Dan Pearson. Diría que si hace un año hubiese hecho una lista de los cinco o diez jardines que más me gustaría visitar, muchos de estos jardines habrían estado en ella. Oudolf Field en Hauser & Wirth Somerset, Broughton Grange y Le Jardín Plume no me cabe la menor duda que habrían estado en semejante lista. Visitar los Merton Borders en el Botánico de Oxford ha sido una gozada porque se trata de una plantación que había salido al menos dos veces en este blog y además acababa de leerme el estupendo libro de James Hitchmoug, Sowing Beauty. Pettifers me lo habían recomendado varias veces y aparece en varios libros de recopilaciones de jardines ingleses. Y pocos jardines sigo tan de cerca como The Barbican en el centro de Londres gracias a las estupendas publicaciones que Nigel Dunnett hace periódicamente en facebook. En fin, que el viaje no ha tenido desperdicio y esperamos poder volver. Mis hijas creo que a alguna zona con menor densidad de jardines y a poder ser sin navegar el Cantábrico. Me gustaría escribir sobre todos los jardines visitados, pero no prometo nada, que después de este viaje y mis listas me conozco un poco mejor. Así que al menos les dejo con algunas fotos. En alguna se puede ver a un tipo con cara de alelado. Se incluyen dichas fotos como muestra del poder terapéutico de la jardinería. 

Jardín de Piet Oudolf en Hauser & Wirth, Somerset

Jardín de Piet Oudolf en Hauser & Wirth, Somerset

Prior Park, en Bath. Los ingleses del XVIII no tenían sentido de la medida

Broughton Grange, Oxfordshire

Broughton Grange, Oxfordshire

Broughton Grange, Oxfordshire

Pettifers, Oxfordshire

Pettifers, Oxfordshire

Pettifers, Oxfordshire

Detrás de esa valla se esconde The Old Rectory, de Dan Pearson, en Naunton

Merton Borders, Botánico de Oxford

Merton Borders, Botánico de Oxford

Merton Borders, Botánico de Oxford. Ni la lluvia apagaba el colorido de esas plantaciones

The Barbican, Londres

The Barbican, Londres

The Barbican, Londres

Potter Fields Park, Londres

Potter Fields Park, Londres

Potter Fields Park, Londres


Le Jardin Plume, Normandía

Le Jardin Plume, Normandía

Le Jardin Plume, Normandía


viernes, 28 de julio de 2017

La buena salud de los jardines naturalistas en España


Andre Malraux dijo: el siglo XXI será espiritual o no será. Vaya usted a saber qué quiso decir con eso. Si es que lo dijo, que tampoco está tan claro. Pero es una frase que suena bien, muy contundente, muy profunda. Así que mucha gente la repite, la rebate o la adapta. Ahí va mi adaptación: en el siglo XXI la jardinería será naturalista o no será. No aplicaré derechos de autor sobre la frase, porque en el fondo me parece una perogrullada. Opino que hay que diferenciar el marco del contenido, y que el naturalismo de la jardinería está en el contenido y no en el marco. Como además para mí, naturaleza es prácticamente todo, no me resulta complicado encontrar contenidos naturalistas, por lo que mi visión de lo que es un jardín naturalista es tan amplia que obviamente la jardinería será y es naturalista. Pero esto es hacer trampas porque es cierto que la gente suele tener una idea algo más concreta sobre lo que son jardines naturalistas. ¿Será cierta la frase con una definición algo más acotada de lo que es o deja de ser naturalista? Pues obviamente no lo sé, pero sí creo que debería ser cierta, y más aún en un país como España.  De entre las muchas cosas que pueden definir lo que se entiende en estos días por jardín naturalista, yo me voy a quedar con dos como esenciales: 
  • Perseguir la generación de un impacto emocional en el espectador a través de la evocación de un modelo natural. 
  • Mejorar la huella ecológica del jardín: hacer un uso eficiente del agua, reducir el empleo de productos químicos y maquinaria, y muy especialmente generar ecosistemas que aporten valor a la vida salvaje. 
Estos aspectos que son importantes en general, deben serlo más aún en España en particular. El primero me parece importante porque en España no destacamos especialmente por valorar la naturaleza. Por poner un ejemplo, el interés por la jardinería en nuestro país está muy lejos del existente en otros países. Esto más que opinable es medible, sólo hay que comparar el número de publicaciones, eventos y negocios relacionados con el ramo. Así, buscar a través de un jardín una interpretación de la naturaleza que sea capaz de despertar algo en el espectador, puede ser la mejor de las maneras para que ese espectador se interese por la naturaleza y paisajes que hay más allá del jardín. Respecto a la importancia del segundo punto, creo que la dureza y aridez de nuestro clima dejan más que claro que trabajar en soluciones que ayuden a la resilencia y sostenibilidad de los jardines es casi un deber. Por estas razones y por mis gustos particulares me alegra ver que desde el momento en el que empecé a escribir este blog hasta el día de hoy, la situación en lo que respecta a los jardines naturalistas en España ha mejorado. Ahí van tres ejemplos en los que me apoyo para asegurar esto.

Difusión internacional del trabajo de paisajistas españoles

No es habitual encontrarse en ediciones extranjeras de libros y revistas sobre jardinería (y menos en las españolas, porque apenas existen) ejemplos de jardines españoles. Cuando aparecen suelen ser jardines de Fernando Caruncho, jardines en España de autores extranjeros como Arabella Lennox Boyd  o jardines que recuerden a la Alhambra de Granada cuando no son la propia Alhambra de Granada. Pero en el último año revistas como Garden Illustrated en Gran Bretaña o Garden Design en Estados Unidos, han publicado reportajes sobre algunos jardines de Miguel Urquijo, Renate Kastner y Fernando Martos. Las publicaciones de estos jardines nos alejan de los tópicos sobre la jardinería en nuestro país y demuestran que el buen hacer  de un paisajista puede lograr que el clima español sea compatible con las nuevas corrientes de jardinería sin renunciar a un sello personal y cultural. La excelente fotógrafa Claire Takacs me ha permitido emplear alguna de sus fotos como muestra de las maravillas con sello español que se están publicando en revistas extranjeras.

Jardin en Salamanca de Miguel Urquijo y Renate Kastner. Foto de Claire Takacs

Jardin en Rascafría, Madrid, de Miguel Urquijo y Renate Kastner. Foto de Claire Takacs

Jardin en Consuegra, Toledo, de Miguel Urquijo y Renate Kastner. Foto de Claire Takacs

Jardín en el Casar, Guadalajara, de Fernando Martos. Foto de Claire Takacs

Jardín en el Casar, Guadalajara, de Fernando Martos. Foto de Claire Takacs


Nuevos jardines de corte naturalista

El grupo de paisajistas españoles trabajando en la creación de jardines muy interesantes no es nada despreciable y en los próximos años vamos a poder disfrutar poco a poco del trabajo que están desarrollando. Hace poco más de un mes tuve la oportunidad de visitar un nuevo jardín de Miguel Urquijo en Ávila y de la visita salí (y ya sé que Miguel me va a llamar de nuevo exagerado) atónito. De la ilusión y pasión por el buen hacer compartidos por el diseñador y el propietario, ha nacido un jardín que en su arriesgada concepción, dimensiones, empleo de materiales locales, selección de especies vegetales y adaptación a un paisaje y arquitecturas seculares, aporta un nuevo salto de calidad a nuestro panorama paisajista. Es necesario esperar un par de años más a que el jardín alcance su madurez, pero lo veremos.
Pero como ejemplo de los jardines tan interesantes que se están haciendo he elegido uno del que sus autores ya han publicado fotografías y que se encuentra en mi lista particular de maravillas. Se trata de una cubierta vegetal en Madrid diseñada por Enriqueta León y Olmo Rengifo. Las fotos tomadas de la web del estudio (estudio Planta Paisajista) muestran el jardín en su segundo año. No hay mejor muestra que estas fotos de que los diseños naturalistas basados en vivaces entregan resultados con una rapidez y espectacularidad sorprendentes. Me resulta muy esperanzador que en España haya clientes que busquen soluciones como esta para la cubierta de su vivienda. Y más esperanzador aún que haya paisajistas capaces de ejecutarlo con semejante maestría. 
Cubierta vegetal en Madrid del estudio Planta Paisajista

Cubierta vegetal en Madrid del estudio Planta Paisajista

Cubierta vegetal en Madrid del estudio Planta Paisajista

Cubierta vegetal en Madrid del estudio Planta Paisajista

Cubierta vegetal en Madrid del estudio Planta Paisajista


Experimentación con nuevas aproximaciones a la jardinería en nuestro clima

Desde hace años, los autores Nigel Dunnet y James Hitchmough están trabajando en una aproximación al diseño de jardines basada en la siembra de mezclas de semillas. Sus trabajos particulares y sus colaboraciones con diseñadores como Tom Stuart-Smith y Sarah Price han dado resultados que muestran ya sin ninguna duda la validez de su propuesta. En España también hay paisajistas que están trabajando en esta línea en la que es clave la creación de mezclas de especies adecuadas a la aridez y raquitismo de nuestros suelos. De entre estos estudios me quedo con los de Miguel García Ovejero y sus ensayos en el parque Felipe VI y en el Real Jardín Botánico, los dos en Madrid. Sus praderas ya han demostrado que las mezclas de anuales en nuestro clima ofrecen resultados que despiertan el interés de los madrileños. Durante este año sus estudios avanzan en la línea de mezclas de vivaces y sus campos de prueba en el Jardín Botánico, en un entorno mucho más controlado y menos agresivo que las antiguas escombreras plagadas de conejos del Felipe VI, pueden entregar resultados muy interesantes.  
Plantación de Anuales en el Botánico de Madrid

Plantación de Anuales en el Botánico de Madrid

Plantación de Anuales en el Botánico de Madrid

Plantación de Anuales en el Botánico de Madrid


Al rebufo de todos ellos esperemos seguir practicando la jardinería y escribiendo.

martes, 18 de julio de 2017

15/07/2017


Me he dado cuenta de que mis ramos son como mis jardines: caóticos, desorganizados y carentes de toda estructura. Pero tienen una enorme virtud: a mí me encantan. Y como el diseñador, jardinero jefe, aprendiz de jardinero, jardinero a secas y principal cliente de mis jardines se llevan todos bastante bien (alguna ventaja tenía que tener ser Juan Palomo), pues todos tan contentos. Por ponerles alguna pega he de reconocer que el otro cliente principal, mi mujer, no sé si lo tiene tan claro. Empiezo a pensar que, cuando me repite insistentemente que nuestros jardines necesitan más orden y estructura, es que igual está pensando que necesitan más orden y estructura. Habrá que darle una vuelta al asunto. Yo por si acaso este ramo lo he ido colocando por aquí y por allá dentro del orden y estructura que ella le ha dado a la casa, y creo que no queda nada mal. Ya saben, las plantas que suavizan el hardscape. 


Si hay algo que me llena de satisfacción es leer a algún experimentando e inteligente escritor diciendo algo que yo he pensando antes. A ver, entiéndanme, no estoy diciendo que yo lo haya pensando antes que el experto e inteligente escritor, sino que lo he pensando antes de haberlo leído. Pues con este ramo me vienen dos ejemplos a la cabeza. Cuando empecé a observar los jardines naturalistas una de las primeras ideas que se me ocurrieron fue que no había nada más naturalista que dejar que las plantas se sembrasen y expandieran solas por el jardín. Ni más cómodo para mis pocas ganas de trabajar. En fin, podrían decirme como en la Cantata del Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, cuando el emocionado Don Rodrigo clama que acertó a fundar Caracas y el narrador le responde con bastante sarcasmo que tanto acertó a fundarla que la fundó en pleno centro de Caracas, que ya estaba fundada pero él no la vio. Pues eso me pasó a mí. Será por referencias sobre la capacidad de las plantas para resembrarse y expandirse por sus propios medios en los jardines. Hasta un libro entero, Cultivating Chaos, hay sobre el tema. Pero entonces yo no lo había leído, qué quieren. Pues bien, todas las plantas que aparecen en este ramo se da la casualidad de que bien podrían ser incluidas como ejemplos en Cultivating Chaos (quizás lo estén, no lo recuerdo ahora, antes no lo había leído y ahora lo he olvidado, qué cosas), porque todas ellas se resiembran a base de bien aunque con sus peculiaridades. 

Dipsacus fullonum, A. millefolium, A. filipendulina, Verbena bonariensis, Allium sphaerocephalon, Pennisetum villosum
Les decía que eran dos la ideas de estas tan disruptivas que suelo tener las que me habían venido a la cabeza con este ramo. La segunda la recuerdo perfectamente como un momento de iluminación que tuve paseando a orillas del Riaza. De esto hará la friolera de diez años, cuando aún no habíamos arrancado el jardín y fijándome en las altísimas flores de una especie de cardo del que desconocía hasta el nombre, pensé lo interesante que sería emplear plantas tan bonitas y silvestres como esa en nuestro jardín. Al cardo en cuestión en algunos sitios lo llaman Cardencha y no tardé demasiado en descubrir que es la Dipsacus fullonum, una bianual que por supuesto ya había sido usada hace décadas con entusiasmo por jardineros como Beth Chatto o Christopher Lloyd. Su estructura floral me sigue pareciendo espectacular y aunque es muy abundante en cunetas y prados con cierta humedad en los pueblos de la zona, a mí me ha costado lo suyo conseguirla. Y cuando la he conseguido no ha nacido dónde yo la había sembrado, sino donde le ha dado la gana. Me parece bien, quién soy yo para imponerme. 

Dipsacus fullonum
Otra flor que busqué para mi jardín después de verla florecer en lugares paupérrimos, es la Achillea filipendulina. Es una planta muy interesante porque su flor de cima aplanada, como la de las umbelíferas, hace un contrapeso estupendo con las gramíneas y otras flores de porte más esférico. Además la flor dura muchas semanas y deja un esqueleto que aporta estructura hasta bien entrado el invierno. Su abundancia en cunetas y eriales me hace pensar que es una de esas plantas que deben ser capaces de expandirse por su cuenta en el jardín aunque en el mío se han comportado de una manera bien recatada. Igual están esperando a que me confíe. 

Flores amarillas de Achillea filipendulina

Flor de Achillea filipendulina
La tercera especie que aparece en el ramo es estrictamente hablando una mala hierba, porque nadie la ha plantado. Diría que es Achillea millefolium, una especie de achillea a la que no había hecho mucho caso hasta ahora porque en las zonas de mi parcela dónde crece de manera espontánea no sube más de quince centímetros del suelo. Pero cuando ha logrado llegar a las plantaciones del jardín, con la ayuda de los riegos y el suelo mejorado, su porte es mucho mayor y es una excelente planta de relleno. Estoy tratando de favorecer su expansión al tiempo que introduzco alguna de las variedades de color.

Flores de Achillea millefolium
 Los Pennisetum están entre mis gramíneas favoritas. Hay pocas plantas tan capaces de capturar la luz como las inflorescencias de estas hierbas que llegan a parecer metales incandescentes cuando reciben la luz en un ángulo adecuado. Hay muchas especies de Pennisetum interesantes, pero exceptuando unas pocas como Pennisetum alopecuroides, la mayoría tienen el inconveniente de no soportar el frío que deben cascarse a los 1.100 metros de altitud de nuestra parcela. Una de las que se encuentra en su zona límite es Pennisetum villosum y la planté sólo porque me las encontré en un vivero y tuve uno de esos momentos y por qué no. Para mi sorpresa han resistido el frío, aunque este año empiezo a pensar que se están comportando como anuales que se resiembran generosamente aunque sin salirse de su zona de plantación inicial. Sea como sea florecen mucho antes que Pennisetum alopecuroides y si un año desaparecen las echaremos de menos. 

Pennisetum villosum

Pennisetum villosum
La quinta planta presente en el ramo es la archiempleada Verbena bonariensis. Es espectacular  por la altura que alcanza y la duración de su floración que se extiende durante todo el verano, pero algunos paisajistas han dejado de usarla por lo mal que envejece. En mi jardín cada año las plantas han tenido una altura menor y el cuarto año han terminado por desaparecer. Pero a partir de sus semillas han aparecido otras muchas nuevas plantas que en su primer año vuelven a mostrar un porte espectacular. Eso sí, sólo germinar en sitios especialmente favorables con buen aporte de agua. En mi jardín lo hacen sobre todo en el huerto, supongo que llegadas allí en el compost que consigo principalmente de los desechos de las podas de los jardines de vivaces. 



La última planta es mi ajo favorito, el Allium sphaerocephalon. Es otra planta que es nativa en nuestra zona y aparece por aquí y por allá dentro de la parcela. De nuevo si le das buena tierra y algún riego su altura es mucho mayor. A veces tan mayor que puede llegar a tumbarse como me ha sucedido este año en una nueva plantación. En mi jardín comparte aunque reducida la problemática de otros allium. En lugar de naturalizarse tiende a desaparecer, supongo que como efecto de crecer en un terreno muy arcilloso. No me importa, un paquete de estos bulbos es regalado y se plantan en un momento. 

Allium sphaerocephalon

Allium sphaerocephalum, Achillea millefolium, Verbena bonariensis




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