jueves, 25 de agosto de 2016

Seis cosas con las que luchar en un jardín

Me sugerían en un comentario de la anterior entrada que escribiese algo sobre los aspectos más operativos del jardín. Menos inspiración y más arcilla y malas hierbas. La entrada me la ha puesto en bandeja la edición del mes de Julio de la revista Gardens Illustrated en la que aparece un estupendo reportaje sobre un jardín en Guadalajara de Fernando Martos. No puedo evitar arrancar la entrada con una de las fotos de Claire Takacs que aparece en el artículo.
Jardín de Fernando Martos en Guadalajara. Foto de Claire Takacs
El hecho de que un autor y un jardín español salga en esta revista es síntoma de que en España también se están haciendo cosas muy interesantes. Y es muestra de que la jardinería de estilo naturalista tan en boga en países con climas más amables también es posible en el nuestro. Lo cual no es algo obvio, porque como bien señala Noel Kingsbury al comienzo del artículo, el clima del centro de España no es el más acogedor para el desarrollo de la jardinería. Nos movemos entre rigores invernales nada despreciables y la larga y tórrida sequía de los meses veraniegos. Quién tenga dudas que se de un paseo estos días por Madrid a eso de las cuatro de la tarde y verá a lo que me refiero. En el artículo Fernando comenta que lo que busca en sus jardines es alcanzar ese aspecto natural que incluye movimiento y cambios estacionales tan típico en los jardines ingleses, con plantas adaptadas a nuestro hostil clima. El artículo incluye una serie de indicaciones interesantes para quienes se pregunten cómo conseguir un jardín así en nuestros clima. Estoy de acuerdo con todas ellas y me voy a permitir ampliarlas con la experiencia de un servidor que lleva unos cuantos años matándose contra el secarral. Así que ahí va mi particular lista de los jinetes del apocalipsis:

El Suelo 

Si tuviera que elegir mi mayor enemigo, ese es sin duda la arcilla que tengo por suelo. Un terreno pastoso y pegajoso en invierno y duro como una roca en verano. Gasto una media de tres pares de guantes al año pegándome con este suelo. Un día en el que enseñaba a Miguel Urquijo el terreno en el que quería hacer mi primera plantación de vivaces me recomendó que lo cavase con una retroexcavadora si quería conseguir algo en semejante losa. Desde que le hice caso he empezado a tener resultados. Lo de la retroexcavadora es opcional claro, allá cada uno con sus fuerzas, pero en estos suelos, y en otros como los yesosos, calcáreos y pedregosos de nuestras mesetas, es fundamental hacer una labor en profundidad del terreno. Este cavado en profundidad es esencial para que las plantas puedan enraizar y mejorará la capacidad de expulsar el exceso de agua en invierno y de retener la humedad en verano. Y cuando digo una labor en profundidad es en profundidad de verdad. Una pasada de una motoazada no vale. Hablamos de remover en suelo hasta los 40 o 50 cm de profundidad. Añadir materia orgánica, una buena capa de mantillo, también ayuda mucho. El Gardens Illustrated nos dice que no abonemos nuestras plantas, pero no hagan mucho caso, a los anglosajones les preocupa mucho el exceso de fertilidad de sus suelos. Algunos hasta eliminan la capa más fértil para hacer un prado donde no crezcan demasiado las hierbas. Bueno, me temo que ese no es nuestro problema. En este tipo de suelos mucho cuidado también con el tamaño de lo que se planta. La experiencia me ha enseñado que las plantas que hayan crecido durante mucho tiempo en macetas, especialmente aquellas que ya tengan la raíz espirilizada, están condenadas a morir. Así que hay que elegir muy bien lo que se compra en los viveros. Por otro lado y para mi desgracia muchas plantas especialmente adaptadas a la sequía son amigas de suelos que drenen como un colador, por lo que un invierno húmedo en terreno arcilloso puede dar al traste con muchas de ellas, como la experiencia del invierno pasado me ha demostrado.  
Preparando el terreno en Octubre del 2015 para una nueva plantación


El Frío 

Esta es fácil: no queda otra que elegir plantas capaces de resistir el límite inferior de temperatura de tu zona. En mi caso dada la altitud llegamos a tener temperaturas de hasta -18º, así que elijo especies capaces de aguantar semejante frío. Hay muchas referencias en internet dónde encontrar la resistencia al frío de una determinada especie. A mi me resulta especialmente interesante la información que Olvier Filippi publica en su web y en sus libros donde aporta datos sobre resistencia a la sequía y al frío de muchas especies. Por otro lado nunca está de más experimentar. Si me fiase de los libros los olivos no deberían soportar el frío de mi terreno, pero tengo alguno plantado desde hace unos años y han soportado heladas durísimas sin problemas. ¿Esto quiere decir que los libros no tienen razón? Puede que sí y puede que no, no descarto que cualquier día se me mueran todos, pero qué leches, si nos ajustamos siempre al manual de instrucciones esto sería aburridísimo. 


La Sequía

La más famosa, sin duda. En el centro de España tenemos entre tres y cuatro meses de sequía, así que tenemos dos opciones: o regar mucho o plantar especies adaptadas a un bajo consumo de agua. Lo de regar mucho no parece una buena opción, porque aparte de que el agua es un bien escaso siempre habrá una avería en tus sistemas de riego esperando malévola a tirar por tierra tus esfuerzos de años. Uno puede darse tus caprichos y plantar alguna zona del jardín (o todo él si no es muy grande) con plantas más exigentes con la humedad, pero en general es recomendable que un porcentaje importante de plantas estén adaptadas a nuestros largos períodos de sequía. Por lo que pueda pasar.  Y aún así, si queremos que las plantas se desarrollen y luzcan bien, porque una cosa es conseguir que las plantas sobrevivan y otra conseguir que su aspecto sea atractivo, será necesario regar, al menos los primeros años hasta que las plantas hayan enraizado. Los riegos conviene que sean espaciados y profundos. El riego por goteo es una buena alternativa, su instalación puede ser trabajosa pero compensa con creces la comodidad que te aporta en el futuro. Es importante tratar de disimular las tuberías del riego por goteo que son horrorosas (uno de los temas pendientes en mi jardín) y tener mucho cuidado de evitar el error frecuente asociado al riego por goteo: por algún motivo mucha gente asocia el riego por goteo a regar un poquito todos los días. No tiene porque ser así, claro. De hecho no debe ser así. Hay que permitir que el agua penetre hasta donde queremos que lo hagan las raíces. El laboreo en profundidad del suelo, la incorporación de mantillo y la cubierta de la superficie con un acolchado ayudan mucho también. Yo no me he atrevido a usar grava como acolchado porque tengo la sensación (puede que equivocada) de que la grava mezclada con mi arcilla va a dar lugar a una especie de poderoso hormigón. Pero sí he probado con la corteza de pino y restos de poda y la diferencia es sustancial. También es muy útil el laboreo en superficie, romper la costra superficial del terreno. Mucha gente cree que al cavar el suelo se airea y se seca más. Pero la realidad es que con este laboreo en superficie se rompe gran parte de la pérdida de humedad por capilaridad, evitamos que la humedad de las profundidades se vaya al cielo trepando por un suelo compactado. En mi zona hay un hombre que cultiva tomates sin riego, y sus claves son estas dos: laboreo inicial en profundidad y laboreo frecuente en superficie cada vez que la lluvia ha compactado la superficie del terreno. Las plantaciones de las siguientes fotos realizadas hace dos años han sido regadas este verano una media de una vez cada diez días en ausencia prácticamente total de lluvias desde mediados de Junio, por lo que por mi parte doy por probado que una buena selección de especies puede aportar muy buenos resultados.






Las Malas Hierbas

Hay distintas acepciones de lo que puede ser una mala hierba. Una es cualquier planta que crezca en un sitio inadecuado. Para muestra las plantas de pimiento que este año me han germinado solas en medio de una plantación de Stachys, Phlomis y Sedum y que arranqué recientemente porque ahí no pintaban nada. Otra forma de verlo es decir que malas hierbas son todas aquellas plantas capaces de competir con éxito contra las plantas cultivadas. Ese es más mi caso. En mi parcela el elemento más diferenciador y valioso y la peor mala hierba son la misma cosa: los robles rmelojo (Quercus pyrenaica). Los árboles con un buen porte son estupendos, pero los millones de rebrotes de raíz que intentan ahogar toda la parcela son una pesadilla. Hacer un hoyo de plantación en mi parcela supone atravesar una red impenetrables de raíces. Raíces que durante el verano absorberán toda la humedad a su alcance y se lo harán pasar muy mal a lo que crezca a su alrededor, especialmente si es alguna planta joven y flojucha plantada por mí. Esta es la segunda razón por la que las retroexcavadoras han entrado en mi parcela, para roturar y eliminar las raíces de roble en las zonas despejadas donde queríamos hacer nuestras plantaciones. Desbrozar los rebrotes de roble no es válido, año tras año vuelven a salir, así que con mucho miedo y cuidado también hemos probado a usar glifosato en zonas muy concretas. No se lo recomendaría a nadie, pero la verdad es que en nuestro caso los resultados han sido muy buenos. Hemos acabado con los rebrotes de roble sin acabar con los árboles de buen porte que los rodeaban y en los años siguentes, a los rebrotes de robles los han sucedido una mezcla de flores y hierbas silvestres mucho más rica e infinitamente menos agresiva.
Si hablamos de lo que siempre suele ser entendido por hierba mala, esto es las herbáceas que se reproducen como la peste en nuestras plantaciones, hay que decir que toda la culpa es nuestra. Si se fijan la mayoría de esas plantas no se reproducen en terrenos que no sean cultivados por el hombre, así que como dice Michael Pollan las hierbas malas somos nosotros. Para todas estas hierbas que parecen capaces de aparecer de la nada y reproducirse como si no hubiese un mañana, que removamos, abonemos y reguemos nuestro suelo será la mejor de las noticias. Por eso mucha gente recomienda actuar lo menos posible y evitar estas acciones. Yo no puedo evitarlo por las razones ya dadas, y de hecho un porcentaje muy importante del tiempo invertido en los primeros años de una plantación se me ha ido en eliminar hierbas malas. Pero sí que he notado que en las plantaciones de vivaces en las que después de la plantación no vuelvo a remover ni abonar el terreno la presencia de hierbas malas es menor cada año que pasa. La compactación del suelo, la competencia con lo plantado y el clima debe pasar factura. El huerto es harina de otro costal, aquí no hay esperanza. Para empezar porque el compost que empleo para mejorar el huerto lo obtengo a partir de la basura que generan las gallinas y sobre todo de las hierbas malas que saco del resto de la parcela. Conclusión: es un compost riquísimo en semillas de hierbas malas que extiendo sobre un terreno mullido y siempre regado. Por último, ojo con ser excesivamente severos y considerar hierbas malas a cualquier cosa que no hayamos plantado. Aunque la eliminación de hierbas malas se encuentra en la esencia de la jardinería y es imprescindible si queremos dar una sensación de orden e intencionalidad a nuestras plantaciones, a veces el azar pone a tu alcance plantas que pueden aportar algo interesante al jardín, especialmente en jardines naturalistas.

Verbascum, Reseda, Mentha y Echium realmente son "hierbas malas" en esta plantación

Verbascum, Reseda, Mentha, Hypericum y Echium realmente son "hierbas malas" en esta plantación

Eliminar malas hierbas es imprescindible si queremos que el jardín muestre intencionalidad


La Fauna

Es inevitable, desde la microscópica bacteria hasta la bestia parda de un cochino jabalí todos consideran que nuestro terreno es de su propiedad. No deja de tener su lógica, a fin de cuentas llegaron antes que nosotros. Ya conté en otra entrada bastante sobre mis desventuras con la fauna del lugar, y digamos que siento una victoria suficiente haber evitado con una buena valla que animales de más de tres kilos se paseen por el jardín. Una pareja de gatos que después de zanganear todo el invierno en casa al fin zanganean por el jardín parecen estar siendo bastante molestos para todos los bichos que se mueven en el rango que va de lo visible a lo que es capaz de colarse por debajo de la valla. Preferiría que se centrasen en los ratones y conejos y dejasen en paz a las lagartijas, pero qué le vamos hacer. Aún así, casi todo lo plantado sigue siendo un delicatessen para la fauna segoviana y cada año tengo una larga lista de bajas. Da igual, así tengo sitio para probar cosas nuevas al año siguiente. 


Heaven Knows

El famoso libro The Well-Tempered Garden de Christopher Lloyd arranca así: "Algunas veces mis amigos me piden análisis post-morten de sus esfuerzos jardineros menos exitosos, pero es muy complicado pronunciarse con cierta certeza cuando la historia de su caso ha sido enmascarada a fondo. Planté una docena de ciclamen resistentes, puede decir uno, y ni uno de ellos ha salido. ¿Dónde están?. El cielo lo sabe." Heaven knows. Pues bien, mi experiencia jardinera está repleta de heaven knows. He sembrado mis semilleros de tomates como cada año y no he conseguido que crezcan más de tres centímetros, ¿qué ha pasado?. Heaven knows. Un ciruelo que los años anteriores ha crecido extraordinariamente este año ha decidido secarse, ¿por qué?. Heaven knows. Un montón de vivaces que según todas las fuentes están adaptadas a terrenos arcillosos se pudren durante un invierno no especialmente húmedo, ¿cómo es posible?. Heaven knows.   Y así un larguísimo etcétera. No recuerdo dónde he leído hace poco que practicar la jardinería es un apto de valentía porque supone iniciar un enfrentamiento contra fenómenos naturales que no podemos controlar. Así es. Y quizás esa es la principal razón por la que yo estoy tan inclinado hacia la jardinería de estilo naturalista, porque es dónde encuentro más sencillo practicar una jardinería a favor y no en contra de la naturaleza, donde esos fenómenos incontrolables muchas veces apoyarán en lugar de aniquilar. El tiempo y la práctica te ayudarán también a decidir qué debes hacer y a descubrir dónde ha estado el error cuando ya no haya nada que hacer (eso y no otro cosa es lo que los ingleses llaman Green Thumb), pero aún así, la lista de Heaven Knows seguirá siendo lo suficientemente larga como para poner a prueba la paciencia de los más esforzados. En fin, sólo puedo decir que tenemos dos opciones: buscarnos otra afición más determinista, o hacer caso a lo que decía Rainer Maria Rilke en una de sus cartas a un joven poeta: 

Sé paciente con todo aquello que esté sin resolver en tu corazón e intenta amar las preguntas en sí mismas. No busques las respuestas, no se te pueden dar, pues no serías capaz de vivirlas. Y la clave está en vivirlo todo. Vive las preguntas ahora. Quizá, poco a poco, sin percatarte, vivas hasta llegar, un día lejano, a la respuesta.  
Yo, como no quiero buscarme otra afición y como las respuestas que me devuelve la naturaleza son cada año distintas, he decidido hacerle caso y dedicarme a vivir las preguntas. Y ya veremos qué pasa.  

viernes, 3 de junio de 2016

Verde es Vida

En España no abundan las publicaciones sobre jardinería y paisajismo. Vamos a dejarlo en que no contamos con un Gardens Ilustrated a la española. Por eso me gusta cada vez la revista Verde es Vida de la Asociación Española de Centros de Jardinería. La revista de edición trimestral, una por estación, se puede recoger de manera gratuita en unos cuantos viveros del país. También se pueden encontrar en su web y en formato PDF los números pasados. Siempre me había resultado entretenida, pero en los últimos años, su selección de artículos y entrevistas me ha parecido sin duda lo más interesante que he podido encontrar en castellano en la prensa escrita. No exagero si digo que algún viaje a un vivero me he hecho sólo con la única intención de recoger el último número de la revista. Así que entenderán que el día que me pidieron escribir un artículo sobre mi jardín para ella la ilusión me salía por los poros. Y ya para colmo hasta lo han publicado. En el número 79 de la revista, la edición de verano de este año aparece el siguiente artículo. Desde aquí muchísimas gracias a Elita Acosta por la oportunidad que me ha dado. 



Texto y Fotos del Artículo incluido en el número 79 de la Revista Verde es Vida sobre nuestro jardín en Segovia. 
Las visitas siempre nos preguntan cómo llegamos aquí. No somos segovianos, no tenemos familiares en la zona y no conocíamos a nadie en la urbanización. Es lógico preguntarse cómo se nos ocurrió construir una casa en medio de este monte. Fueron las ganas de recuperar la vida en el campo, lo precios imposibles de Madrid y la voz pesimista de la responsable de una inmobiliaria los que nos empujaron a ello. Esa urbanización es distinta, nos dijo con desánimo, son parcelas muy grandes, hay muchos árboles, muchos animales... hasta el clima es más frío. Habíamos entrado a preguntar con más curiosidad que interés real, pero aquello sonó realmente interesante. 
No nos engañó, la urbanización es distinta a lo habitual. Una cuadrícula de parcelas de una hectárea distribuidas en un monte cerrado de robles y jaras. El terreno arcilloso da a las laderas cercanas aspecto de Cañón del Colorado y los 1.100 metros de altitud imponen un clima de crueles rigores invernales. Tan cercano a uno de los hayedos más meridionales de Europa como a la sequedad pedregosa de las Hoces del Duratón, el lugar se encuentra a medio camino entre la montaña y las mesetas castellanas. Tiene algo de los paisajes verdes a los que quería escapar en mi niñez y de los paisajes esteparios de los que ahora no me quiero separar. Quizás por eso me encuentro tan a gusto aquí. Esa sensación de pertenencia al lugar nos invadió desde nuestro primer paseo por la  que sería nuestra parcela, una ladera de fuerte pendiente y orientación nordeste poblada de encinas y robles. Queríamos una casa en el campo y después de aquel paseo la queríamos allí.  
La pareja de arquitectos David Archilla y Covadonga Martínez-Peñalver nos acompañaron los primeros años con una ilusión y dedicación que aún no hemos terminado de agradecer. La casa se diseñó alrededor de un plan creado por mi mayor obsesión: plantar árboles. Decidimos dividir la parcela en cuatro áreas. Cada una de ellas contendría un tipo distinto de bosque que tendría su apogeo en una estación determinada y estaría adaptado a las condiciones de luz y humedad que la topografía y vegetación existente imponían. La casa se levantaría en el centro de la parcela relacionándose con todos ellos. Aunque fieles a dicho plan pronto nos dimos cuenta de que la parcela ofrecía posibilidades que excedían nuestros conocimientos. Yo tenía experiencia en el cultivo de árboles pero ninguno de los dos nos habíamos enfrentado antes al diseño de un jardín. Sabíamos que nuestro jardín debía conservar el espíritu que tanto nos había gustado en nuestro primer paseo por la parcela, pero no sabíamos por dónde empezar. Así que empezamos por leer. Libros, blogs y revistas fueron nuestros primeros aliados. En este proceso de aprendizaje tuve mi particular momento Stendhal el día que me encontré con las fotos de Mas de Las Voltes de Fernando Caruncho. Aun sabiendo que eso no era lo que necesitaba nuestra parcela, ahí mismo comprendí la complejidad y profundidad que puede llegar a tener la jardinería. Como sucede en todas las artes, con independencia del estilo las bellezas se encuentran con facilidad y pronto llegamos a los jardines naturalistas de Piet Oudolf. Con ellos, pero también con otros como Dan Pearson, Tom Stuart-Smith, Beth Chatto, Miguel Urquijo, Renate Kastner o Fernando Martos hemos aprendido a dejar de lado mis afanes coleccionistas, y hemos empezado a buscar la unidad de las plantaciones, a estudiar las plantas que puedan sentirse cómodas en nuestro terreno y a volvernos locos en la persecución del equilibrio entre el naturalismo que conserve la esencia del lugar y una estructura que lo vertebre y le dé un significado. 
Un día me di cuenta de que recordaba la historia de la jardinería desde la antigüedad clásica pero que no recordaba la historia de nuestro jardín. Para dejar un registro de esa particular historia decidí empezar a escribir un blog. Así, Arañazos en el Cielo nació como una especie de antídoto contra el olvido. Empecé escribiendo bajo pseudónimo, pero para mi sorpresa hubo personas que empezaron a demostrar interés por lo que escribía. Poco a poco el blog se convirtió en la mejor de las herramientas de aprendizaje. Entre otras cosas, gracias a él hemos conocido personas de las hemos aprendido y obtenido motivación. Por citar sólo  algunos ejemplos, la paisajista Amalia Robredo nos ha animado a buscar inspiración entre las plantas de nuestros montes. El estudio de paisajismo Planta Paisajistas nos han enseñado que una jardinería contemporánea de altísimo nivel es asequible en nuestro clima. Y del jardinero holandés Jaap de Vries hemos aprendido que la ilusión y las ganas de aprender y experimentar permiten a un aficionado conseguir resultados espectaculares. 
Los medios a nuestro alcance son limitados y el jardín ha avanzado a medida que disponíamos de tiempo y dinero. Eso nos ha evitado cometer algunos errores garrafales y nos ha dado confianza en nuestras decisiones. Y también nos ha permitido acompasar nuestro aprendizaje a nuestro conocimiento del entorno. Empezamos regando con cubos nuestros tres primeros árboles y hemos terminado teniendo dos huertos, distintas plantaciones de vivaces y más de 150 especies de árboles y arbustos. Entre medias ha habido un largo camino en el que en ocasiones hemos llegado a la extenuación. Las ganas de hacernos desaparecer que nos demuestra la naturaleza nos ha llevado en ocasiones  al borde de la rendición. Pero nos hemos repuesto y a veces la hemos respondido con la misma moneda, aunque de momento creemos haber mantenido el equilibrio entre las zonas ajardinadas y las que permanecen como hábitat natural. Nuestra parcela ya no es impenetrable pero aún seguimos sintiendo en ella la emoción del primer día. Ahora, como Michael Pollan, tenemos dos jardines. Uno tozudo, precario, adolescente y real crece en Segovia. Otro hermoso, inalcanzable e imaginario madura en nuestras cabezas. Creo que otros diez años son necesarios para que ambos empiecen a parecerse, y lo extraordinario es que eso es lo mejor de todo. 

El Jardín Comestible 

La parcela se llama la cereza y la almendra. La cereza y la almendra son nuestras hijas, pero también son la vocación productiva que ha tenido nuestro jardín desde el primer día. Hemos creado un huerto con diez cubos de acero colocados en estricta geometría, porque diseño y productividad no tienen por qué estar reñidos. Los cubos funcionan como pequeñas terrazas de poco más de dos metros cuadrados en las que cultivamos las verduras de temporada más delicadas. Entre ellas destacan los tomates. Persiguiendo el sabor de los tomates de mi niñez este año cultivaremos 30 variedades antiguas. En la zona baja de la parcela aprovechamos el suelo excepcional que crean los depósitos de un arroyo primaveral para cultivar un segundo huerto. Nada más divertido que descubrir las patatas cultivadas en ese antiguo claro en mitad de un bosque. También hemos plantado frutales. Cerezos y almendros, claro, pero también manzanos, perales, membrilleros, higueras, vides, nogales, avellanos, acerolos, granados, endrinos, olivos, ciruelos, albaricoqueros, melocotoneros y gran variedad de arbustos de baya. Son todos muy jóvenes aún y lo que recogemos es testimonial, pero en esto la calidad es mejor que la cantidad y la paciencia hace que todo sea más sabroso.

domingo, 8 de mayo de 2016

Sembrando hierbas malas

Como ya he contado alguna vez, en mi jardín tengo que convivir con una tierra muy arcillosa y una larga sequía veraniega. Así, para hacer una plantación de vivaces los pasos indispensables son trabajar el suelo en profundidad, añadir una capa generosa de mantillo e instalar un sistema de riego por goteo que permita regar con regularidad hasta que las nuevas plantas hayan enraizado. Parece sencillo, pero si añadimos que conseguir vivaces en España no es sencillo, el resultado es que hacer una plantación de vivaces es costoso en tiempo, sudor y dinero. Este año he aumentado en unos pocos metros mis plantaciones de vivaces, pero a la entrada de la parcela tenía un espacio de unos 500 metros disponibles y no sabía muy bien qué hacer con ellos. Lo que me pedía el cuerpo era hacer una nueva plantación de vivaces de estilo naturalista, pero dejemos de lado por el momento el tema de la preparación del suelo y del riego y centrémonos en las plantas. Para una plantación de vivaces 4 o 5 plantas por metro cuadrado no es ninguna exageración. Esto nos lleva a que necesitaría entre 2.000 y 2.500 plantas. Estas plantas no son baratas y digamos que no hay viveros en Segovia que se dediquen a las vivaces, así que es necesario sumar el coste del transporte desde sitios muy lejanos. Así, en mi experiencia conseguir plantas a una media de 3 euros por planta es a lo mejor que puedo aspirar. 2.500 multiplicado por 3, más cientos de metros de tubería por goteo, un par de temporizadores de riego, el coste de unas cuantas horas de retroexcavadora y un par de camiones de mantillo me da un total de... No Way. 
Así que para estos 500 metros cuadrados he decidido ponerme naturalista de verdad y de paso poner de nuevo a prueba mi paciencia y la de mi mujer. ¿Para que plantar plantas pudiendo sembrarlas?. Una corriente del diseño naturalista de jardines busca un naturalismo extremo acudiendo a la mayor aleatoriedad posible en la colocación de las plantas. ¿Y qué puede haber más aleatorio que sembrar una mezcla de semillas? El diseño de estas plantaciones se centra en la selección de las especies adecuadas y en la concentración y proporción de las mismas. Los profesores Nigel Dunnet y James Hithcmough de la universidad de Sheffield son dos de los máximos exponentes de esta filosofía de diseño. Fue leyendo sobre el jardín de James Hitchmough para el jardín botánico de Oxford cuando pensé que podría ser una buena idea para mis 500 metros cuadrados. Los Merton Borders del Botánico de Oxford son una plantación de 955 metros cuadrados en la que se ha buscado conseguir una comunidad vegetal que proporcione un alto impacto visual con un mínimo mantenimiento. Para ello el profesor Hitchmough ha optado por la siembra de semillas y un 85% de las plantas se han obtenido mediante su siembra directa en el terreno. La siembra directa permite densidades de plantación mucho mayores y evita los costes de plantar miles de plantas cultivadas en macetas. Una correcta selección de las especies incluidas en la mezcla permite obtener una comunidad vegetal diversa, sostenible y capaz de asegurar una sucesión de la floración de las distintas especies a lo largo de muchos meses. Para lograr una plantación sostenible en los Merton Borders se han seleccionado plantas caracterizadas por su resistencia a la sequía. Así, se han empleado especies de las grandes praderas americanas, de las estepas europeas y asiáticas y del sur de África.
Comunidad vegetal norteamericana en los Merton Borders. Foto del Botánico de Oxford
Comunidad vegetal sudafricana en los Merton Borders. Foto del Botánico de Oxford
Comunidad vegetal europea en los Merton Borders. Foto del Botánico de Oxford
Las especies de las distintas zonas geográficas se suceden a lo largo de la plantación en áreas geométricas de forma más o menos triangular. Dentro de cada zona se ha sembrado una mezcla de semillas de las especies de su zona geográfica y se ha permitido cierto solape entre las distintas áreas. Con todo ello se ha buscado lograr un equilibrio entre repetición, contraste y aleatoriedad que garantice el estilo naturalista y la diversidad de la plantación al tiempo que aporte un sentido de intención que incremente el impacto emocional en el espectador. En este jardín se han perseguido unos objetivos que mis exiguas fuerzas también reclaman para mis plantaciones: tolerancia a la sequía sin riego y reducción al mínimo de operaciones de mantenimiento como fertilización, acolchado, estacado, división y replantación. En este caso alcanzan todos estos objetivos con el empleo de especies capaces de desarrollarse en un clima mucho más ingrato que el de Oxford. Pero de nuevo el modelo tiene algún inconveniente para mí. En primer lugar siento estar hoy tan materialista, pero el primero es monetario. Estas semillas valen un ojo de la cara. Si no me creen vean lo que dice Tom Stuart-Smith en el libro The Private Gardens of England a propósito de las praderas que realizó en colaboración con James Hitchmough en su jardín The Barn: "En el invierno de 2011 cubrimos la tierra desnuda con tres pulgadas de arena y sembramos un kilogramo de las semillas más caras que puedas imaginar, seleccionadas por James". Para hacernos una idea de lo que estamos hablando: en la página web de la empresa Pictorial Meadows recomiendan para sus mezclas de vivaces una densidad de siembra de 2 gramos por metro cuadrado y el kilo que por lo tanto yo necesitaría tiene un precio de 750 libras. En otras empresas en precio es incluso mayor. Pero el segundo inconveniente es más importante aún. El éxito de la siembra y de la comunidad vegetal no está garantizado en mi caso porque mi jardín se desarrolla en un clima tan extremo que no dispongo de demasiado margen para encontrar especies capaces de desarrollarse en un clima más duro que el mío. 
Así que he girado la vista hacía una referencia de un naturalismo aún más extremo y cercano. En el valle de la Ribera del Duero, a pocos kilómetros de dónde me he criado, el propio Tom Stuart-Smith junto con Nigel Dunnet han diseñado un jardín para la casa de Peter Sisseck, dueño de la famosa bodega Pingus. En la ladera de los páramos que encierran el valle, alrededor de la casa diseñada por el arquitecto Henning Larsen, sobre un suelo paupérrimo han plantado una matriz de arbustos y han sembrado una mezcla de especies nativas y mediterráneas diseñada por Nigel Dunnett. El 80% de las plantas son nativas y las exóticas se concentran alrededor de la casa. Entre exóticas y nativas se ha buscado una sutil gradación que hace que la plantación se difumine poco a poco en el paisaje circundante. La total ausencia de vallas ayuda considerablemente a conseguirlo. Para ser del todo sincero, cuando el pasado otoño tuve la oportunidad de ver el jardín sufrí la típica decepción de una mala gestión de las expectativas. Uno oye hablar de Tom Stuart-Smith y Nigel Dunnett y mil imágenes exuberantes acuden a su cabeza. Así que cuando me encontré una plantación con el aspecto de secarral que suelen tener las comunidades vegetales por mi tierra durante gran parte del año sentí cierta decepción. 

Plantación de Nigel Dunnett y Tom Stuart-Smith en Valladolid. Octubre del 2015
Plantación de Nigel Dunnett y Tom Stuart-Smith en Valladolid. Octubre del 2015
Plantación de Nigel Dunnett y Tom Stuart-Smith en Valladolid. Octubre del 2015
Pero todo hay que ponerlo en su contexto. Los autores buscaban diseñar un jardín que desaparezca dentro del paisaje, que dicho sea de paso es magnífico. Monte abierto de encinas, sabinas y enebros a espaldas de la casa y al frente extensiones de viñedos con el castillo de Peñafiel en lontananza. Creo que en este caso los diseñadores han encontrado a un cliente capaz de disfrutar la belleza de ese paisaje y que muy probablemente en lugar de un jardín que le distraiga de él quiere un jardín que lo integre y lo potencie. Y en ese sentido el jardín me recordó a la Residencia Ketchum de Ron Lutsko en Idaho. En la revista UK Design, en un artículo sobre trabajos recientes de Tom Stuart-Smith, hablaban sobre este proyecto como de un jardín en un entorno hostil de xeripaisaje de roca desnuda y yeso. Pues en semejante paisaje los diseñadores ingleses han optado sabiamente por renunciar a presentar batalla a su hostilidad y se han unido a ella. De hecho viendo el jardín es obvio que no se ha mejorado el suelo y no parece existir ningún sistema de riego.
Pero para esto, ¿no sería mejor no hacer nada? Pues en algún caso es posible que sea así, pero en este caso concreto, la plantación asegura una comunidad vegetal en un terreno en el que la regeneración natural de lo destrozado en la construcción de la vivienda podría llevar décadas. Porque sí, aunque cuando lo leí por primera vez me llamó la atención el calificativo de hostil para el paisaje vallisoletano, la verdad es que lo es y mucho. A veces uno se deja llevar por los tópicos y termina por creerse que España es un país de siesta y cálidos climas mediterráneos, pero la realidad es que las mesetas, los páramos y las montañas del interior ibérico son frías y secas como ellas solas. Así que en mi caso no creo que merezca la pena gastarme un dineral en semillas que posiblemente no llegasen a prosperar. Y tampoco merece la pena no hacer nada, porque sin hacer nada mi terreno se convierte en un sotobosque de rebrotes de roble rebollo (Quercus pyrenaica) sin ningún encanto ni diversidad vegetal. Así que el otoño pasado encargué a una retroexcavadora remover esos 500 metros cuadrados respetando las encinas y una barrera de robles de buen tamaño al frente. Y durante el invierno hemos eliminado toneladas de raíces de robles y de cantos rodados y lo hemos rastrillado sin añadir ni un gramo de mantillo. En la valla que nos separa de la parcela vecina hemos plantado a modo de seto una doble hilera de árboles como endrinos (Prunus spinosa), avellanos (Corylus avellana), majuelos (Crataegus monogyna), almendros (Prunus dulcis) y manzanos (Malus sylvetris). Para dar formalidad y un toque mediterráneo a esta zona del jardín hemos bordeado el camino con cipreses y hemos plantado una cuadrícula de nueve olivos, apuesta arriesgada porque no olvidemos que nuestro clima es hostil. Y para cubrir el resto de terreno desnudo hemos sembrado una mezcla de casi 40 especies de anuales, bianuales, hierbas y vivaces. Para este mezcla, en vez de envidiar las combinaciones espectaculares que prosperan en climas más generosos he buscado entre las plantas que crecen en nuestros campos y terrenos baldíos. Y de entre ellas me he quedado con las que es posible conseguir a precios asequibles. A esto hemos añadido semillas que habían caído en mis manos y algunas recolectadas y al final ha resultado una mezcla de algo más de dos kilos con las siguientes especies: Achillea ageratum, Artemisia vulgaris, Briza media, Centaurea cyanus, Chamaemelum nobile, Cichorium intybus, Coreopsis palmata, Dactilo glomerata Amba, Digitalis ferruginea, Dipsacus fullonum, Dittrichia viscosa, Echinacea purpurea, Echium plantagineum, Festuca arundinacea Fawn, Festuca ovina Quatro, Hyparrhenia hirta, Hypericum perforatum, Kochia trichophylla, Lavandula stoechas pedunculata, Leucanthemum vulgare, Leucanthemun x superbum Alaska, Lolium perenne, Melissa officinalis, Medicado sativa, Nepeta tuberosa, Papaver roheas, Phlomis herba-venti, Plantago lanceolata, Rosmarinus officinalis, Ruta graveolens, Salvia officinalis, Salvia verbenaca, Sedum telephium, Sinapis alba, Thymus mastichina, Thymus serpyllum, Thymus vulgaris, Trifolium repens, Verbena bonairensis.
Algunas de estas especies son hierbas malas en otras zonas de nuestro jardín, pero lo que busco con esta primera siembra es crear una masa vegetal que mejore el suelo y conserve la humedad aportando algo de cobertura que evite que mi arcilla se mueva entre el lodazal y la cerámica cocida. Para ello hemos introducido hierbas y también forrageras como la alfalfa, porque en nuestro clima y terreno la experiencia nos dice que sin riego no hay que preocuparse de que las hierbas sean demasiado invasivas y acaben con las vivaces. Si lo sembrado germina y el tema funciona, en los otoños de los próximos años añadiremos bulbos y otras vivaces que por ser más exigentes o tener un precio más elevado sus semillas serán plantadas en vez de sembradas (la primera remesa ya crece en tiestos en las terrazas de casa). Y en todo ellos habrá malas hierbas que serán bienvenidas siempre que aporten algo. Porque en esta plantación el mantenimiento y el riego lo reduciremos al máximo. Eso nos llevará a no tener resultados muy llamativos en los primeros años, y a que muchas de las plantas se agosten o no lleguen a prosperar. Pero será emocionante y viviremos mucho más tranquilos sin el miedo a que un pastón invertido en plantas se vaya al traste por un temporizador de riego estropeado.
Por si alguien tiene interés, la mayoría de las semillas las he conseguido en tres suministradores españoles que venden a través de internet y disponen de interesantes catálogos de semillas. Son estos:

lunes, 15 de febrero de 2016

Una Biblioteca

Un amigo me comentaba en una ocasión que ya no compraba libros de jardinería porque es tal la cantidad de información disponible en internet que no le encontraba sentido a gastarse más dinero cuando no es capaz de abordar todo lo que tiene a su alcance. Tiene razón, sin duda. La cantidad de información disponible en internet es desmesurada. Pero aún así yo sigo comprando libros. Debe ser cosa de la edad, pero a mi con los libros me pasa como con la comida. Si como solo en casa raro será que cocine, picaré algo que casi nunca será muy sano. Si como con la familia, sentiré que soy un mal padre si no cocino algo decente y comemos sentados a la mesa. Y si tengo invitados en casa, pues en fin, me parece imperdonable que no haya un buen mantel. Digamos que todo tiene su liturgia. Para mi internet es el picoteo entre horas. No me sale concentrarme con tal cantidad de fuentes de información disponibles a mi alrededor. Supongo que me he tomado lo de navegar al pie de la letra y eso es lo que hago. De flor en flor. Así que como me gusta leer, sigo comprando libros. Que cuando se tratan de jardinería, suelen ser en formato impreso, porque si quieres disfrutar de las excelentes fotografías que suelen traer, pues el formato digital, como que puaghhh. Aunque a veces las prisas me pueden, y alguno en formato kindle también ha caído. Y así mi biblioteca va adquiriendo un tamaño que amenaza con echarme a mi de casa, porque no hagan caso a eso de que el saber no ocupa lugar. Después de 10 años comprando libros de jardinería, ocupa lugar, claro que ocupa. Sobre todo si tienen que compartir espacio con una pila de novelas que aterraría al ama de Don Quijote. Pero no me arrepiento. Algunos me han gustado más y otros menos. Los hay que han dejado huella y otros que me costaría recordar qué contaban. Pero con todos ellos he disfrutado ese primer momento de abrir el libro y descubrir lo que escondía dentro. Eso sí es navegación, de altura. Una imagen de la vertiente lectora de mi jardineritis compulsiva sería:




Como todos los he disfrutado, todos se merecería una reseña, pero las fuerzas no me dan para tanto. Pero de algunos si he llegado a escribir algo. Por ejemplo: 

domingo, 31 de enero de 2016

Planting in a Post-Wild World - Designing Plant Communites for Resilient Landscapes- English Version

(Si prefieres leer esta entrada en español, la puedes encontrar en el siguiente enlace de este mismo blog: Planting in a Post-Wild World - Designing Plant Communites for Resilient Landscapes- Versión en español)

Among the gardening books published last year there are two that caused particular excitement in social virtual worlds I am familiar with: Hummelo: A Journey Through a Plantsman's Life by Noel Kingsbury, and Planting in a Post-Wild World by Thomas Rainer and Claudia West. Both are very interesting if you like gardening and really exciting if you like naturalistic planting style. This entry is dedicated to the second one, a book I waited for quite impatiently as it is no exaggeration to ensure that a significant part of this blog exists thanks to Thomas Rainier. With his fantastic Grounded Design Thomas gave me the reference of what I would like to achieve with my blog. If I have met my goal or not, is my fault.  If I keep trying, is his fault.

Planting in a Post-Wild World has been written collaboratively by Claudia West and Thomas Rainier, two professional landscapers that develop their activity in the United States and consider that now is the time for resilience and sustainability to take the lead in gardening. Both prove that different and distant memories may converge in common concerns and aesthetic tastes. Thomas grew up in Alabama watching how builders devoured forests that had been the scene of his childhood. The scenario of Claudia's childhood was on the other hand the polluted and impoverished landscape of East Germany. But Claudia had the opportunity to experience the fall of the Berlin Wall, a unique historical moment that brought about a very different economic, political and cultural model that opened a door to the rebirth of nature in places where even the most optimistic wouldn't have expected to see it again. Thus the story of Thomas is a story of lost nature and the story of Claudia a history of recovered nature. Both stories are actually chapters in the same story, a story of omnipresent nature that has been profoundly altered by humans.
Some time ago, I wrote a review about Rambunctious Garden by Emma Marris. The author encourages us to stop seeing nature as something hidden in the few landscapes protected from human influence. Nature surrounds us, from the weeds that dare grow in our back garden to the immense Amazon rainforest. With an important difference:  it’s unlikely that the average person will have an important and direct influence the Amazon, but it’s sure he can do something beneficial for nature in his back garden. With this change of perception, we can all become guerrillas fighting to protect the planet, and back yards or urban wasteland will become battlefields as important as the most protected national park.  Rambunctious Garden concludes as Planting in a Post-Wild World begins.  Human influence on the environment is so powerful that we must accept that the care of nature requires our design and management. Naturalism and humanism should go hand in hand to work on the most attainable and curable elements. Gardeners must work together with scientists and engineers in the fight for ecology. It’s time we took Gilles Clement’s Third Landscape seriously. The time has come for us to listen to Fernando Caruncho and become the Earth’s gardeners. Thus, the book is dedicated to anyone who would like to transform a plot of land in an ecological way.
Among the many fronts in this vast battlefield, the book is dedicated to one of the most important: planting design. Simplifying a lot, gardening has traditionally consisted in placing a series of decorative elements seeking a final aesthetic goal. Plants have been (incredibly not always) an essential part of such decorative elements, and any additional value such as sustainability of the garden, has often been relegated to a much lower level compared to the aesthetic goal. Thomas and Claudia propose, instead, to create spaces that add natural beauty to its surroundings and provide an aesthetic value, and these two objectives will have equal importance. In order to balance aesthetics and sustainability we must stop thinking about plants as isolated species serving a decorative function. Instead, we have to use plants as groups of compatible species which interact with each other and with their environment forming a community that will be able to operate in the most autonomous way.
If our plant community must be maintained over time with a minimum requirement of inputs and an enrichment of the environment, our plantations should be designed and managed according to very clear principles. Among those mentioned by the authors, my favourite is the acceptance of stress as an asset. Instead of trying to convert the garden into a paradise of fertility in which anything can grow; an unrealistic ideal because there is no place in which anything can grow, let us focus on selecting species for which our limitations are beneficial. We can follow Beth Chatto's example that shows us how an exuberant garden can grow even in the poorest gravel field. Another basic principle is the maintenance shift towards management. Both may seem the same, but while maintenance involves a static order of things and the preservation of the garden in a given state, management moves us towards evolution and adaptation to change, in a cycle fed steadily by design and motivated by reducing the inputs required by our plantation.
Talking about the aesthetic value of the garden, the authors champion the creation of plantations that are able to activate the memory of nature in the viewer’s eye. This memory can be both personal and collective.  It is quite possible that both have long been asleep in the shade of the concrete blocks that surround us and awakening them won´t be easy. But those successful gardens may awaken in the viewer such personal and atavistic feelings that they could prove to be as unforgettable as modest Proust's Madeleine. But personal memory is a very well hidden treasure, so the authors propose to focus on that other collective memory that obeys recognizable patterns and stimuli. To make a plantation awaken in us the memory of nature, it is necessary for the patterns of nature to be translated into a horticultural language. Identifying these patterns based on the study of different natural ecosystems would be an unapproachable task, given the enormous variety of existing systems. Big doses of abstraction are necessary. Thus, to obtain the basic patterns that form the main plant communities in temperate climates, the authors offer a series of archetypes or main patterns from which it will be easy to derive specific cases. A forest can be a pine forest, a beech forest or a forest with a big diversity of broadleaved trees, but all of them will share common characteristics, because after all, a forest is a forest. Claudia and Thomas propose four archetypes which are a gradient of plant communities depending on the wood density: grassland, shrubland or woodland, forest and the border between forest and any of the former. 
Transition between grassland and woodland or forest is very common
All of these have a series of characteristic patterns which help us to design our plantation. Unfortunately for all of those who wish to design gardens, these patterns are not enough, they are only a starting point, because good garden design requires a much more complex approach. Claudia and Thomas point out that great planting design is the result of three harmonious interactions: the relationships of plants and place, plants and people, and plants and other plants.
Achieving a good relationship between plants and place requires knowing and understanding the location of our garden very well. We are not only talking about scientific knowledge based on aspects such as the structure of the soil, climate zone or number of hours of sunshine, but also about an artistic vision that is fed by constant watching and listening, which can lead us to discern what archetype our landscape requires. Remember: Consult the genius of the place in all.
A successful relationship of plants and people faces the paradox that enormous doses of design are needed to make a garden that efficiently evokes the wild. We do not seek to copy nature, but to create an attractive interpretation of it, because a garden that just copies nature will almost always be mistaken with an abandoned lot and it will hardly evoke anything. To achieve an evocative effect, the plantation must adapt to two frames, a conceptual one and a physical one. The conceptual frame will show us the archetypal landscape which must be addressed and which special features our garden impose. Should we hide a wall or cut back those shrubs? Do we want to evoke an open space or a protected environment? All of them are decisions that will determine our conceptual framework and we must answer them by designing a series of patterns that will be legible and attractive to the public. This requires selecting, distilling and amplifying character-giving elements and having structural elements that bring order and coherence to the planting. Aspects such as the shape of the planting beds, the height of the plants or certain elements such as a walls, hedges or fences which can frame the plantation, are key if we want our plantation to become intentional and evocative.
Its curved shape and the contrast with the mowed meadow are key if we want this plantation looks like a plantation. 
Finally, the relationship of plants with other plants will define our plant community. Claudia and Thomas have drawn from studies of authors such as Richard Hansen, Friedrich Stahl, John Philip Grime or Norbert Kühn to define a simplified model of selection and combination of plants. Condensing selection systems based both on the idea of ​​using plants that grow naturally in an environment similar to our garden's environment, and survival and adaptation strategies of different species, they conclude that we must sequentially add interlocked layers that will cover the ground. The authors detail four layers: structural plants, seasonal theme plants, ground cover plants and filling plants. Together, the four layers will be able to provide the aesthetic and visual component throughout the year, and the diversity and coverage that a plant community requires to be beautiful and resilient.
IMiscanthus are structural plants, Hemerocallis are definitely seasonal theme plants, and Daisies can be both.
I like this book because I think it summarizes ideas that have never been presented with the clarity and conciseness Thomas and Claudia convey. I find it informative and inspiring and as a Hispanic amateur gardener, it has given me some food for thought:
  • The challenge of artistic creation: Claudia and Thomas don't give us lists of species, nor an instruction book, but they give us a conceptual framework that each designer can adapt to their creativity and circumstances. And that means facing the inescapable fact that garden design is artistic work which does not allow for shortcuts if you want to get somewhere interesting.
  • Only naturalism? The book claims that the design of plant communities isn´t necessarily limited to naturalistic gardens. And indeed among the three gardens discussed at the end of the book they include one by Heiner Luz where naturalistic plantations develop within a framework of formal hedges of boxwood. Another good example could be any of Christopher Bradley-Hole's gardens where exuberant plantings of perennials grow within blocks of Corten steel cubes which have been placed following strict geometric rules. We could say that Heiner Luz's garden is formal and the Christopher Bradley-Hole's gardens are modern, but I think the essence of both is purely naturalistic. By the way, the two other gardens that they use as examples are in their own style two wonderful naturalistic gardens: Federal Twist Garden by James Golden (who is indeed another great inspiration for this blog) and the iconic Derek Jarman's Prospect Cottage which once inspired the masterful Beth Chatto.
  • Mediterranean archetype: although the authors quote four different archetypes as sources of inspiration, I think they consciously or unconsciously opt for the prairie as a reference model. It is not surprising since both of them drink from Dutch, German and American sources that have contributed so much to the perennial planting style. But in Spain and the majority of Mediterranean landscapes, the main archetype is what they call shrubland. For us it is so important that we can’t even agree on the name: matorral, garriga, chaparral, maquia or just "monte bajo". Our landscape tends to evolve after forest degradation or abandonment of crops and grassland, and move towards vegetation communities where shrubs dominate. Maybe that's why Mediterranean landscapers of a naturalistic style such as Olivier Filippi or Heidi Gildemeister, find their main expression in that archetype in which shrubs are much more predominant than perennials. 
  • The fifth archetype: the agricultural landscape. We can think the agricultural landscape is the opposite of a wild landscape and therefore it must be outside the scope of the book. But at the beginning of this post we said that we must change the paradigm and consider that nature is all around us. Thus we must accept that an olive grove in Jaen is as natural as a beech forest in Asturias. I suppose it's due to my Mediterranean spirit, but in grasslands, shrubland and forest I can't identify our olive groves, great dehesas, vineyards, cereal crops or orchards around our towns. All of them are ecosystems that can be sustainable and that, like those showed in the book, provide a pattern that can be used in order to trigger an emotional impact on the viewer. What is 'Mas de las Voltes' then? On leaving aside agricultural landscapes, we miss the opportunity to achieve two things: first, if we work with this archetype we can improve the treatment of agricultural ecosystems balancing sustainability and aesthetic factors with the pure productivity goal that now prevails. On the other hand, many gardeners who do not feel motivated by naturalism, but instead find inspiration in geometric and formal patterns, can find an attractive model in the agricultural archetype. Last year we took a trip to Tuscany, Provence and Catalonia. These are areas where there are plenty of inspiring landscapes, but if there was a place where I found a special feeling, it was a small olive grove in a village in Girona. The land had not been plowed for a long time and olive trees grew among grasses. The contrast of geometric planting with wild meadow, and sculpted forms by pruning olive trees with the spikes of grasses, was spectacular. So spectacular that I think I have found my particular archetype.
    Il Colombaio of Ferenc Maté. Can we find a more archetypal and seductive landscape that this transition from vineyard to olive grove and from olive grove to the forest?

Planting in a Post-Wild World - Designing Plant Communites for Resilient Landscapes- Versión en Español

(If you'd rather read this post in English you can find it in this other link: Planting in a Post-Wild World - Designing Plant Communites for Resilient Landscapes- English Version)


Entre los libros de jardinería publicados el pasado año hay dos que causaron un especial revuelo en los mundos socio-virtuales por los que me muevo: Hummelo: A Journey Trough a Plantsman's Life, de Noel Kingsbury, y Planting in a Post-Wild World de Thomas Rainer y Claudia West. Los dos son muy interesantes si eres aficionado a la jardinería y apasionantes si lo eres del estilo de plantación naturalista. Esta entrada va dedicada al segundo, un libro que esperé con bastante impaciencia ya que no es exagerado asegurar que una parte importante de este blog se debe a Thomas Rainier. Thomas me dio con su fantástico Grounded Design la referencia de lo que me gustaría conseguir con mi blog. Que lo haya logrado o no es culpa mía. Que lo siga intentando es culpa suya.

Planting in a Post-Wild World está escrito a dos manos y una única voz por Claudia West y Thomas Rainier, dos profesionales del paisajismo que coinciden en desarrollar su actividad en los Estados Unidos y en considerar que ha llegado la hora de que la resiliencia y la sostenibilidad tomen el mando en la jardinería. Thomas y Claudia son las prueba de que memorias distintas y distantes pueden llegar a converger en inquietudes y gustos estéticos comunes. Thomas creció en el estado de Alabama viendo como los constructores devoraban los bosques que fueron el escenario de su niñez. El escenario de la niñez de Claudia fue en cambio el paisaje contaminado y empobrecido de la Alemania del Este. Pero ella tuvo la oportunidad de vivir la caída del Muro de Berlín, un momento histórico único que trajo consigo un modelo económico, político y cultural muy distinto que abrió una puerta al renacer de la naturaleza en lugares donde ni los más optimistas habrían esperado volverla a ver. Así, como señalan ellos mismos, la historia de Thomas es una historia de naturaleza perdida y la de Claudia una historia de naturaleza recobrada. O quizás debamos decir que sus historias son capítulos de única historia, la de la naturaleza omnipresente y profundamente alterada por el ser humano.
Hace ya un tiempo escribí una reseña sobre el libro The Rambunctious Garden, de Emma Marris. Esta autora nos anima a dejar de ver la Naturaleza como un ente distante y encerrado en los pocos paisajes protegidos de la influencia humana.  La naturaleza nos rodea por todas partes y tan naturaleza son las hierbas que se atreven a crecer en nuestro patio trasero, como la inmensa selva del Amazonas. Pero con una diferencia importante: el común de los mortales es difícil que pueda ejercer una influencia significativa sobre el Amazonas, pero seguro que siempre tendrá a mano un pedazo de tierra en el que plantar algo que sea beneficioso para todos. Con este cambio perceptivo, cualquiera puede convertirse en un guerrillero del cuidado del planeta, y el patio trasero de casa o el descampado abandonado a la vuelta de la esquina serán campos de batalla tan estratégicos como un parque nacional cuidado entre algodones. La conclusión del libro de Emma Marris es el arranque de Planting in a Post-Wild World: la influencia humana sobre la naturaleza es tan extendida y profunda que hay que asumir que su cuidado requiere de nuestro diseño y gestión. Naturalismo y humanismo deben ir de la mano para trabajar sobre los elementos más asequibles y mejorables. Es necesario que  los jardineros se unan a los científicos e ingenieros en la batalla del ecologismo. Es hora de preocuparnos del Tercer Paisaje de Gilles Clement. Ha llegado el momento de que hagamos caso a Fernando Caruncho y nos convirtamos en jardineros de nuestro planeta. Y así, el libro está dedicado a cualquiera que pueda influir sobre un pedazo de terreno y lo quiera hacer de una manera ecológica.
De entre los muchos frentes de este enorme campo de batalla, el libro está dedicado a uno de los más importantes: el diseño de plantaciones en jardines. Simplificando mucho, la jardinería ha consistido tradicionalmente en la colocación de una serie de elementos decorativos buscando un objetivo estético final. Las plantas han sido (no siempre, por increíble que parezca) parte esencial de dichos elementos decorativos y cualquier valor adicional como la sostenibilidad del jardín suele quedar relegado a un plano muy inferior frente al objetivo estético. Thomas y Claudia proponen en cambio crear espacios que sumen riqueza natural a su entorno y ofrezcan un valor estético, y ambos objetivos tendrán la misma importancia. Para equilibrar estética y sostenibilidad es necesario dejar de pensar en las plantas como especies aisladas que cumplen una función decorativa, y emplearlas como grupos de especies compatibles que interaccionan unas con otras y con su entorno formando una comunidad vegetal capaz de funcionar de la manera más autónoma posible. 
Si queremos que nuestra comunidad vegetal se mantenga en el tiempo con una exigencia mínima de inputs y un enriquecimiento de su medio ambiente, nuestras plantaciones deben ser diseñadas y gestionadas de acuerdo a unos principios muy claros. De entre los señalados por los autores mi favorito es la aceptación del estrés como un valor. En lugar de tratar de convertir el jardín en un edén de fertilidad en el que crezca cualquier cosa, ideal inalcanzable porque no existe un lugar en el que crezca cualquier cosa, centrémonos en seleccionar las especies para las que nuestras limitaciones sean un valor. Sigamos en definitiva el ejemplo de Beth Chatto que tan bien demostró el partido que se puede sacar de un simple terreno de grava. Otro principio básico será el desplazamiento del mantenimiento hacia la gestión. Las dos cosas pueden parecernos la misma, pero mientras que mantenimiento implica un orden estático de las cosas, es decir, la conservación del jardín en un determinado estado, la gestión se traduce en cambio en movimiento, evolución y adaptación al cambio en un ciclo circular alimentado de manera constante por el diseño y motivado por la reducción de los inputs necesarios en nuestra plantación.
En relación al aspecto estético del jardín, los autores apuestan por la creación de plantaciones capaces de activar en el espectador la memoria de la naturaleza. Memoria que podrá ser tanto personal como la colectiva. Es muy posible que ambas lleven mucho tiempo adormiladas bajo la sombra de los bloques de hormigón que nos rodean y despertarlas no será tarea fácil. Pero aquellos jardines que lo consigan, podrán despertar en el espectador sensaciones tan personales y atávicas que serán tan inolvidables como la sencilla magdalena de Proust. Pero la memoria personal es un tesoro demasiado escondido, así que los autores proponen centrarse en esa otra memoria colectiva que obedece a patrones y estímulos más reconocibles. Pero para conseguir que una plantación despierte en nosotros esa memoria de la naturaleza, es necesario que los patrones de lo natural sean trasladados a un lenguaje horticultural. La identificación de esos patrones en base al estudio de los distintos ecosistemas naturales sería una tarea inabordable dada la enorme variedad de sistemas que podemos encontrar. Se hacen necesarias ciertas dosis de abstracción. Y así, para la obtención de los patrones básicos que conforman las principales comunidades vegetales de los climas templados, los autores ofrecen una serie de arquetipos o patrones ejemplares a partir de los que será sencillo derivar los casos específicos. Una comunidad arbórea puede ser un pinar, un hayedo o la mismísima fraga de Cecebre, pero todas ellas compartirán características comunes, porque en definitiva todos tenemos claro lo que es un bosque. Claudia y Thomas proponen cuatro arquetipos que no dejan de ser un gradiente de las comunidades vegetales en función de la densidad de madera que contienen: praderas, woodland o shrubland, que yo voy a traducir como monte bajo, bosque y por último espacio de transición entre bosque y cualquiera de los anteriores.
Los espacios de transición entre pradera y monte bajo o bosque son frecuentes
Todos los arquetipos tienen una serie de patrones característicos que nos servirán como pilares a la hora de diseñar nuestro jardín. Por desgracia para todos los que intentamos diseñar jardines, estos patrones sólo son uno de los puntos de partida, porque el diseño del jardín requerirá tener en cuenta aspectos mucho más complejos. Claudia y Thomas lo explican muy bien al señalar que el buen diseño de plantaciones será el resultado de tres interacciones harmoniosas: las plantas con el lugar, las plantas con las personas y las plantas con las plantas. 
Conseguir una buena relación de las plantas con el lugar requiere conocer y entender muy bien la ubicación de nuestro jardín. No se trata sólo del conocimiento científico basado en aspectos como la estructura del suelo, la zona climática o las horas de insolación, sino también de una visión artística que alimentada por un constante observar y escuchar podrá llevarnos a discernir qué arquetipo exige nuestro paisaje. Ya saben: consultemos en todo al genio del lugar
Relacionar las plantas con las personas implica enfrentarse a la paradoja de que para lograr que un jardín evoque de manera eficiente lo natural se necesitan enormes dosis de diseño. No buscamos copiar a la naturaleza, sino crear una atractiva interpretación de ella, porque un jardín que simplemente copie la naturaleza casi siempre será confundido con un terreno abandonado y difícilmente evocará nada. Para conseguir ese efecto evocador es necesario que la plantación se adapte a dos marcos, uno conceptual y otro físico. El conceptual de nuevo deberá marcar qué arquetipo de paisaje debemos abordar y qué características especiales impone nuestro jardín. ¿Debemos ocultar un muro o en cambio abrir un espacio? ¿Queremos evocar un espacio abierto o un entorno protegido? Todas ellas serán decisiones que determinarán nuestro marco conceptual y que deberán ajustarse a una serie de patrones que sean legibles y atractivos para el público. Para ello es necesario seleccionar, destila y ensalzar elementos muy concretos y habrá que contar con elementos estructurales que aporten orden y coherencia a la plantación. Nuestro marco físico. Aspectos como la forma de los los macizos, la altura de las plantas o determinados contenedores capaces de enmarcar como un seto, una bordura o un césped segado, son claves para que nuestra plantación resulte intencional y evocadora. 
Su forma curva, la bordura o el contraste con la pradera segada son claves para que esta plantación parezca una plantación.
Por último, la relación de las plantas con otras plantas definirá nuestra comunidad vegetal. Claudia y Thomas parten de los estudios de autores como Richard Hansen, Friedich Stahl, John Philip Grime o Norbert Kühn para definir un modelo simplificado de selección y combinación de plantas. Condensando sistemas de selección de especies basados tanto en la idea del empleo de plantas que crezcan de manera natural en un ambiente similar al de nuestro jardín, como en las estrategias de supervivencia y adaptación al medio de las distintas especies, concluyen que las plantaciones serán diseñadas en base a una serie de capas que añadiremos secuencialmente a nuestra plantación. Los autores detallan cuatro capas: plantas estructurales, plantas de tema estacional, plantas cubre suelo y plantas de relleno. En conjunto las cuatro capas serán capaces de aportar tanto el componente estético y visual a lo largo del año como la diversidad y cobertura que una comunidad vegetal bella y resiliente exige. Esta clasificación me ha ayudado a entender alguna de las limitaciones de mi jardín. Como se puede ver en la siguiente foto, tiene un buen surtido de plantas estructurales y de tema estacional, pero en cambio adolece de plantas cubre suelo, lo que permite que haya mucho suelo desnudo y el jardín sufra con la sequía. Tampoco le habrían venido mal plantas de relleno que hubiese aportado belleza en momentos puntuales en los que el jardín no ha sido jardín. 
Si los Miscanthus son plantas estructurales, las Hemerocallis son sin duda plantas de tema estacional. Las margaritas pueden ser las dos cosas. 
El libro me ha gustado porque creo que condensa ideas que nunca habían sido presentadas con la concisión y claridad que Thomas y Claudia lo hacen. Y como jardinero aficionado hispano me ha despertado alguna reflexión: 
  • El reto de la creación artística: Claudia y Thomas no nos dan ni listados de especies, ni una clave maestra, ni un libro de instrucciones, pero sí nos dan un marco conceptual que cada diseñador podrá adaptar a su creatividad y sus circunstancias. Y eso significa enfrentarse a un hecho insoslayable: la creación de jardines es una labor artística que no admite atajos si quieres llegar a algún sitio interesante. 
  • ¿Sólo naturalismo?:  el libro afirma que el diseño de comunidades vegetales no tiene por qué limitarse a los jardines naturalistas. Y de hecho entre los tres jardines que analizan al final del libro nos muestran uno de Heiner Luz en el que plantaciones naturalistas crecen enmarcadas entre formales setos de boj. También habrían podido incluir alguno de los jardines de Christopher Bradley-Hole en el que exuberantes bloques de vivaces crecen dentro de cubos de acero corten sometidos a una estricta geometría. Podríamos decir que el jardín de Heiner Luz es formal y el de Chistopher Bradley-Hole moderno, pero yo creo que la esencia de ambos es puramente naturalista. Los otros dos jardines que presentan, son por cierto cada uno en su estilo dos maravillas del estilo naturalista: el jardín Federal Twist de James Golden y el ya icónico Prospect Cottage de Derek Jarman que en su tiempo inspiró a la mismísima Beth Chatto. 
  • Arquetipo de referencia mediterráneo: aunque los autores nos hablan de tres arquetipos como fuentes de inspiración, creo que consciente o inconscientemente ellos se decantan por la pradera como modelo de referencia. No es de extrañar ya que ambos beben de las fuentes holandesas, alemanas y estadounidenses que tanto han aportado a las plantaciones de vivaces. Pero en España y los paisajes mediterráneos quizás el más importante es aquel que ellos llaman shrubland. Para los mediterráneos es tan importante que ni siquiera nos ponemos de acuerdo en el nombre: matorral, garriga, chaparral, maquia o simplemente monte bajo. Nuestro paisaje tiende a evolucionar por degradación de bosques o abandono de cultivos y praderas a comunidades vegetales donde los arbustos dominan. Quizás por eso paisajistas mediterráneos de estilo naturalista como Olivier Filippi o Heidi Gildemeister encuentran su expresión principal en ese arquetipo en el que las vivaces no son predominantes.  
  • El quinto arquetipo: el paisaje agrícola. Alguien me podrá decir que hombre, vamos a ver, el paisaje agrícola no es un paisaje natural y por lo tanto se sale del alcance del libro. Y mi respuesta será que volvamos al comienzo: si debemos cambiar el paradigma y considerar que naturaleza es todo lo que nos rodea, tan naturaleza es un olivar de Jaén como un bosque de Asturias. Será mi espíritu mediterráneo, pero en estos tres arquetipos no identifico nuestros olivares, ni las dehesas, ni las extensiones de viñedos, ni las plantaciones de cereal, ni las huertas alrededor de nuestros pueblos. Son ecosistemas que pueden ser sostenibles y que al igual que los mostrados en el libro ofrecen un patrón que se puede reproducir con el fin de despertar un impacto emocional en el espectador. ¿Qué es si no Mas de las Voltes? Dejándolas de lado creo que dejamos pasar la oportunidad de lograr dos cosas: una, conseguir equilibrar en la balanza del tratamiento de todos estos ecosistemas el factor estético y de sostenibilidad con el aspecto de pura productividad que ahora mismo se impone. Y por otro lado, atraer hacia esta nueva forma de practicar la jardinería a muchas personas que no se sientan motivadas por el naturalismo y en cambio si encuentren inspiración en patrones geométricos o formales. El año pasado hicimos un viaje por Toscana, Provenza y Cataluña. Son zonas donde no faltan paisajes inspiradores. Pues bien, si hubo un lugar dónde encontré una magia especial ese fue un pequeño olivar en un pueblo de Gerona. El terreno llevaba tiempo sin ser arado y entre los olivos crecía una pradera de gramíneas. El contraste de la plantación geométrica con la pradera salvaje, de las formas esculpidas a base de podas de los olivos con las espigas de las gramíneas, era espectacular. Tan espectacular que creo haber encontrado mi arquetipo particular. 
Il Colombaio de Ferenc Maté. ¿Puede haber un paisaje más arquetípico y seductor que esta transición de viñedo a olivar y de olivar a bosque?

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...