sábado, 19 de enero de 2019

Elogio del Jardinero

Patio de Granados en el Cigarral de Menores, Toledo

La jardinería es una peculiar disciplina artística. No se me ocurre otra en la que el resultado final sea fruto de la labor conjunta de dos autores: el diseñador y la naturaleza. De hecho, siendo estrictos, no tiene sentido hablar de resultado final, porque un jardín nunca será algo estático y finalizado. Así que para hablar del trabajo de un paisajista quizás sea más apropiado hablar de punto de partida que de resultado final. Ese punto de partida, que un paisajista ha diseñado y un constructor implementa, luego será moldeado por el jardinero y la naturaleza en una relación de amor-odio que como en un matrimonio enloquecido alternará los momentos de amor más intenso con las amenazas de divorcio inminente. Igual de iluso es pensar que podemos dejar el jardín en manos de la naturaleza, que suponer que el jardinero podrá imponer su voluntad a su antojo. Están condenados a pelear. ¿Pueden ser paisajista y jardinero la misma persona? Pues a veces sí (especialmente en jardines privados) y otras veces no (casi siempre que el jardín sea obra de un paisajista profesional). Y esta es la segunda peculiaridad de este arte tan efímero: la visión inicial del artista, ese paisajista que diseña, se puede ver profundamente modificada con el paso de los años por el trabajo de la persona que mantiene, el jardinero. Habrá veces que el paisajista y el jardinero colaborarán en el mantenimiento del jardín, pero otras el paisajista desaparecerá de escena después de un tiempo. De forma que llegado un punto, será lícito preguntarte quién es realmente el artista. La realidad es que en libros y blogs se habla mucho de paisajistas y poco de jardineros. En Inglaterra, la figura de Jardinero Jefe está consistentemente establecida y es un puesto de gran reputación. En España, me temo que no tanto. Creo que vemos al jardinero como el señor que riega y poda y poco más. A veces hasta se ve al paisajista como el señor que riega y poda y poco más. Veamos un ejemplo de lo que les digo. Hace unos años en una entrevista Fernando Caruncho decía lo siguiente:

"Soy jardinero, no paisajista. Desde muy joven digo que soy jardinero, porque es una palabra que arrastra una memoria de 5.000 años, llena de matices, que no quiero que se pierda. No solo es jardinero el de las tijeras, es el hombre que quiere vivir en el jardín para acceder a otra manera de conocimiento".

A esto me refería, a la visión del jardinero como "el de las tijeras".  Igual le busco tres pies al gato, pero me suena algo despectivo ese "el de las tijeras".  Como decía Forrest Gump, tonto es el que hace tonterías. Pues jardinero es el que practica la jardinería. Así que sí, jardinero será el de las tijeras que además será el del pico, la pala, la azada, la carretilla, el rastrillo, la manguera, los temporizadores de riego y tantas y tantas cosas. Y su influencia en el jardín será determinante, porque la realidad es que el que quiera vivir en el jardín para acceder a otra manera de conocimiento, necesita al señor de las tijeras. Que dicho sea de paso, más vale que atesore buenas dosis de conocimiento.  
Esa imagen bucólica del jardinero flotando sobre su nube contemplativa que nos daba Caruncho en aquella entrevista, se repite mucho aunque me temo que no se corresponde con la realidad. Hay propietarios de jardines, hay diseñadores de jardines (que solemos llamar paisajistas, arquitectos o arquitectos paisajistas), y hay jardineros que practican la jardinería. Y casi nunca se practica la jardinería con un Lacoste puesto. Siempre me ha llamado la atención lo poco que se habla sobre lo esforzado de la labor del jardinero. Para ser jardinero hay que trabajar duro y mancharse mucho de tierra. Recuerdo haber leído a Beth Chatto contando sus problemas de artrosis derivados de horas y horas de trabajo, del levantamiento de pesos demasiado grandes para ella. Pero esta sinceridad es la excepción, sobre esta parte física de la jardinería no suele decirse mucho. Ahora se lleva hablar de lo amigos que somos de los bichitos del jardín, del huerto sin cavar, del imposible de tener un jardín sin hacer nada. En el último número del Gardens Illustrated aparece reseñado un libro que se titula: "El Jardinero con diez minutos: una guía mes a mes para cultivar por ti mismo". Por lo que parece el libro está bien, pero el título es una vergüenza. No parece incluir nada que se pueda hacer en diez minutos. No lo lo digo yo, lo dice Caroline Beck que reseña el libro. Me basta con sus palabras: "Hay una sección sobre el cavado doble. ¿De verdad?. No en mi suelo norteño, y ciertamente no en menos de dos días: uno para cavar, y otro para la cita con el osteópata".  La entiendo, yo hoy necesito un osteópata. Mi huerto son diez cubos de acero que hacen de bancales elevados. Perfectos para esto del huerto sin cavar. Si no fuera porque las encinas cercanas han dicho que eso es suyo y no de los tomates. Y ahora tengo diez bancales elevados invadidos por raíces. No queda otro remedio que vaciar cada cubo (algo más de un metro cúbico), cortar las raíces, proteger el fondo con malla antihierbas, y volver a rellenar el cubo. Y así por diez.  Y cruzando los dedos para que la malla antihierbas funcione y el año que viene no estemos en las mismas. Esa fue mi manera de acceder a otra forma de conocimiento el pasado fin de semana. 
Para que vean que no les miento. Aquí mi primer cubo limpio de raíces
Hace poco una amiga me decía: seguro que ya tienes una lista de todo lo que quieres hacer este invierno en el jardín. Se rió bastante cuando le respondí: cuatro páginas. Esto de los cubos era una miserable línea de las cuatro páginas. Por supuesto la cantidad de trabajo a realizar es proporcional a la envergadura del jardín. Pero si te estás planteando tener un jardín de cierto tamaño, no está de más que tengas a mano el teléfono de un buen osteópata. En definitiva: si no valoramos lo complicado y exigente que puede ser mantener un jardín, tampoco vamos a valorar la labor de un jardinero. 
La pasada primavera tuve la oportunidad de acudir al I Congreso de Paisajismo de la Universidad Rey Juan Carlos. Disfruté de ponencias de profesionales de gran nivel, y tuve la oportunidad de conocer algunas personas muy interesantes. La charla en el descanso con una de esas personas, y dos comentarios en las ponencias, encendieron la chispita de esta entrada. El primer comentario fue de Silvia Villegas, conservadora jefa de la unidad de horticultura, que cerró su charla agradeciendo el trabajo a los jardineros, porque sin ellos los jardines no serían posibles. Hubo encendidos aplausos en la sala. Parece que había unos cuantos jardineros. El segundo comentario fue de Miguel Urquijo, que vino a decir algo así como necesitamos a los jardineros y mira que es difícil encontrar uno bueno. Aquí no hubo ni pizca de aplausos y sí un murmullo contenido de cabreo. En fin, yo de ser jardinero no me habría sentido ofendido por el comentario de Miguel. Diría que el hecho de mostrar el interés suficiente como para estar en esas charlas ya es garantía de que los allí presentes eran buenos jardineros. Además, estoy de acuerdo con él, no andamos sobrados de buenos jardineros. No hay más que darse una vuelta por nuestras calles y jardines públicos y ver alguna de las barbaridades que se hacen. En general digamos que hay cierta tendencia hacia la explotación agrícola de los jardines, y parece que la poda es extremadamente importante para algunos. 
En uno de los descansos de las charlas, tuve la oportunidad de conocer a Ángel Domínguez, propietario del vivero el Vergel del Cerro en Toledo. Ángel me contó su aproximación profesional al mundo del paisajismo, y me pareció una idea brillante que venía a dar solución a esa pelea entre necesidad y carencia de buenos jardineros. Aprovechando la alta densidad de grandes jardines que hay en los alrededores de Toledo, Ángel ha aprovechado sus conocimientos para hacerse un hueco como lo que Miguel García ha llamado en Facebook Landscape Keeper. No sé si este término ya existía en el mundillo, y si no había que inventarlo. Durante su trabajo como responsable de un vivero, Ángel notó que mucha gente adinerada encargaba sus jardines a importantes paisajistas, que una vez implantado el jardín tendían a desaparecer. En ese momento los jardines quedaban en manos de empresas locales que muchas veces no tenían el conocimiento necesario para mantener y evolucionar el jardín. Ángel emplea un sencillo ejemplo que lo explica: ¿tú te comprarías un Ferrari y luego lo llevarías al taller del pueblo?. Pues no. El mecánico del pueblo, podrá ser un manitas y tener una gran disposición, pero es difícil que tenga los medios y conocimientos tecnológicos necesarios. Pues con estos jardines modernos en zonas rurales pasa lo mismo. Los jardineros en el mejor de los casos tendrán un conocimiento muy acotado a lo que han hecho siempre, y en el peor serán agricultores y forestales reconvertidos a jardineros con una sensibilidad reducida hacia las necesidades de un jardín. La aproximación de Ángel es muy de consultor. Hace una visita al jardín y elabora un plan de acción y mantenimiento que viene a complementar las tareas de mantenimiento de jardineros locales. El pasado otoño Gema, Miguel García, Gonzalo Morillo y yo pudimos visitar con Ángel algunos de los jardines en los que trabaja en los alrededores de Toledo. 

De izquierda a derecha: Gonzalo Morillo, Miguel García, Ángel Domínguez, Gema Pérez y un servidor.

En joyas como el Palacio de Galiana y el Cigarral de Menores pude comprobar en vivo lo que Ángel me había explicado. Y eso que estos jardines puede que no sean el mejor ejemplo, porque por lo que vi cuentan con excelentes jardineros, personas que los mantienen con un orden, una limpieza y un cuidado exquisitos. Pero aún así adolecen de dos cosas que Ángel viene a complementar. La primera es la capacidad. Lino, el jardinero del Palacio de Galiana, me pareció un profesional con gran dedicación su trabajo. Pero si tuviera que podar él solo las decenas de enormes cipreses del jardín, posiblemente no pudiera hacer ninguna de las otras cientos de cosas que habrá que hacer en el jardín. Ángel cuenta con un equipo de jardineros capaces de afrontar trabajos especialmente exigentes.  
Gonzalo, Miguel, Lino, Ángel y otro Miguel

La segunda aportación de Ángel es más sutil y quizás es donde aparece su valor diferencial. La experiencia de alguno de estos jardineros que conocimos se circunscribe a un único jardín. Es decir, a unas circunstancias de suelo, clima y luz muy particulares. Y a unas plantas muy concretas. Eso les da un conocimiento muy grande de ese contexto determinado, pero les puede faltar perspectiva cuando un factor externo lo modifica. Un rediseño del jardín, una nueva plantación, una nueva plaga, pueden ponerles en una situación comprometida. En el otro extremo, al paisajista que diseña un jardín puede faltarle conocimiento específico de la zona. Piet Oudolf, en sus diseños suele contar con algún joven profesional de la zona. Pues si quisiera hacer un jardín en Toledo podría contar con Ángel. Porque en definitiva lo que Ángel viene a aportar es un conocimiento transversal que suma conocimiento específico de la zona y conocimiento técnico más general.  Por referencias que me llegan de él, creo que esta suma de conocimientos, le lleva a tener lo que los anglosajones llaman un Pulgar Verde, ese toque mágico, esa capacidad de adivinar lo que le pasa a una planta, lo que hay que hacer para que esa pradera de césped deje de amarillear o el huerto estéril empiece a producir. Hay personas que tienen un pulgar verde, y por supuesto no tiene nada que ver con la magia o con un regalo divino.  Como señala Michael Pollan en su libro Second Nature, ese pulgar verde puede ser una particular forma de memoria, un compendio de pequeñas historias, de fracasos y victorias, que han sido destiladas hasta el punto en el que el jardinero puede sacar provecho de sus lecciones sin siquiera pensar en ello. En ese mismo libro, Pollan clasifica los fallos de un jardín en tres categorías. La primera es lo que podríamos llamar los actos de Dios, o las cosas de la naturaleza. Si plantas tomates en Mayo y cae una helada, mala suerte. Las otras dos categorías tienen más que ver con el buen hacer del jardinero. La segunda sería los problemas de infracultivo, cuando el jardinero no ha sido capaz de alterar su espacio hasta el nivel que sus plantas requieren. No ha sido capaz de domar lo suficiente a la naturaleza. Esto es propio de jardineros novatos o perezosos. La tercera categoría son los problemas de sobrecultivo, cuando el jardinero se excede en sus intervenciones. No es difícil encontrar ejemplos en nuestras calles y parques. Demasiada poda, demasiado abono, demasiados pesticidas. Pues bien, un pulgar verde es el jardinero capaz de caminar por la línea que separa los peligros del infracultivo y los del sobrecultivo. Ángel trabaja en un buen número de jardines, así que le aventuro que seguirá atesorando historias que le permitirán caminar con agilidad por esa fina y emocionante línea. 

viernes, 4 de enero de 2019

Entrevista a Dan Pearson

Durante todo el 2018 escribí en este blog la ridícula cifra de tres entradas. No se debió a falta de ilusión o ideas. Simplemente a la escasez del bien más preciado, el tiempo. No sé si este año tendré más tiempo, pero el propósito de año nuevo es claro. Para empezar con buen pie, recupero el texto más interesante en el que tuve la oportunidad de participar durante el pasado año. Se trata de una entrevista a Dan Pearson que realicé para la revista Verde es Vida. Gracias a los responsables de la revista y a su directora editorial Elita Acosta por darme la oportunidad de elaborar la entrevista, y a Huw Morgan y por supuesto Dan Pearson, por su amabilidad y generosidad.


(If you prefer to read this interview in English, you can find it in the following link: Interview with Dan Pearson)

En su país existe una fuerte tradición en jardinería. Y en la actualidad los jardines de estilo naturalista de la Nueva Ola de Vivaces nacidos en Alemania y Holanda tienen éxito en todo el mundo. En mi opinión, sus jardines son un ejemplo de que ambas tradiciones pueden enriquecerse mutuamente, pero ¿cuál es su opinión al respecto?

Creo que en Inglaterra tenemos una larga tradición en plantaciones naturalistas. Podríamos tomar, por ejemplo, a William Robinson, que ya hacía algo muy naturalista en el siglo XIX. La tradición de yuxtaponer la formalidad a la informalidad ha llegado a ser algo muy británico. Por lo tanto, el estilo naturalista encaja muy bien en nuestro país.
Si pensamos en lo que ha sucedido en Europa, la estética ha cambiado con la Nueva Ola de Vivaces. Sin embargo, creo que este estilo ya existía aquí como demuestra la importancia que ha tenido para nosotros el trabajo de Beth Chatto. De hecho, hemos estado haciendo esto de una manera bastante natural durante los últimos 100 años.

Recientemente ha creado jardines en lugares con una fuerte influencia histórica (Lower Castle, Folly Farm). ¿Cuáles son las claves para modernizar estos jardines sin alterar su espíritu histórico?

Nuestro trabajo siempre está dirigido por el carácter del lugar, trabajamos con la historia y el espíritu del lugar, intentamos entender su significado. Son el espíritu y el ethos del lugar los que nos aportan información para poder actualizarlo.
Siempre reconocemos el espíritu del lugar en nuestro trabajo. En lugar de imponernos, trabajamos con él para revelarlo, fortalecerlo y clarificarlo.

Ha publicado cinco libros, innumerables artículos y ahora escribe un blog (digdelve.com) que es una referencia mundial entre los amantes de los jardines. ¿Por qué es importante para usted escribir?

Me ayuda concretar pensamientos que pueden aparecer y desaparecer con facilidad. Escribir es interesante para articular pensamientos sobre paisajismo y jardinería. Cuando materializas tus pensamientos en palabras tienes que describir realmente por qué estás haciendo algo. Ayuda a fundamentar una idea, a desarrollarla adecuadamente y hacerla avanzar.
Escribir es un buen respaldo al proceso de diseño, te ayuda a articularlo de una manera diferente y más completa. Cuando escribes sobre jardinería y plantas, a menudo tienes pensamientos interesantes y válidos que pueden desaparecer rápidamente cuando dejas de hacer lo que estás haciendo, pero al inmovilizarlos con la escritura puedes capturar parte de ese proceso. Y la jardinería está particularmente relacionada con el proceso, no sólo con el resultado final.

Sus escritos tienen frecuentes referencias a la infancia, a la memoria y a los cambios de estación. ¿Cuál es para usted la relación entre el jardín y la percepción del tiempo?

Creo que tiene que ver con la idea de encontrarte en un proceso, del jardín que nunca se termina. Cuando se trabaja en un jardín, se vinculan los tres marcos temporales: el pasado, el presente y el futuro.  Te basas en tu experiencia, estás trabajando en el presente pero piensas en cómo será en el futuro. En cierto modo se convierte en una experiencia atemporal. El aquí y el ahora son impulsados por lo que ha venido antes y lo que está por venir.
Cuando se diseña un paisaje o un jardín hay que pensar en grandes períodos de tiempo. Por ejemplo, puedes plantar un árbol pequeño pero tener una imagen en tu cabeza de ese mismo árbol dentro de 100 años. Esto no te desconcierta, ya que el proceso de cultivar ese árbol y esperar a que crezca es tan bueno como el resultado final. Los jardineros realmente entienden que el proceso, la espera, el cultivo son igual de importantes y el tiempo se vuelve elástico.

Sus jardines y escritos son muy personales, románticos y literarios. ¿Qué paisajistas y escritores han influido en su obra?

Creo que Rousham de William Kent ha sido muy influyente en Inglaterra por su compromiso entre el mundo interior y exterior. El paisaje se inspira en su entorno, es muy difícil saber dónde empieza y dónde termina el jardín y el paisaje se apodera de él. Sin embargo, también ha creado una sensación muy intensa del lugar que parece de otro mundo y alimenta la imaginación. William Kent ha sido un jardinero muy influyente para mí.
Además, trabajar en Japón durante los últimos 20 años también me ha influido mucho. La composición de sus jardines es extremadamente compleja y refinada. Me enseñó toda una disciplina sobre la moderación y del cómo menos es más.

Recientemente recibimos la triste noticia del fallecimiento de Beth Chatto. ¿Cómo influyó su trabajo en su desarrollo como paisajista?

La primera vez que vi a Beth fue a finales de los años 70 en el Chelsea Flower Show y su stand era único porque en ese momento era la única que trabajaba de manera naturalista con las plantas. Sus plantas estaban casi inalteradas, en cierta manera no estaban cultivadas, sino que formaban combinaciones muy hermosas basadas en decisiones prácticas y sensatas sobre qué cosas podían crecer juntas logrando un efecto estético. Tenía un ojo de artista que apoyaba su profundo conocimiento hortícola. Sus escritos también fueron muy vívidos y hermosos. Su vivero fue el lugar en el que busqué material vegetal inusual cuando empecé a hacer jardines. Trabajó de manera naturalista en alianza con la naturaleza y no luchando contra ella. Esto para mí, desde muy temprana edad, siempre tuvo sentido. Ha sido mi mentora. Sin embargo, creo que se le ha pasado por alto, aunque tal vez no tanto ahora. Fueron personas como Beth las que llevaron adelante el movimiento naturalista en Gran Bretaña, retomando lo que William Robinson dejó.

Ha creado jardines en países con climas, idiomas y tradiciones culturales muy diferentes. ¿Cree que la jardinería habla un idioma universal?

Sí, definitivamente. La jardinería te permite descifrar el carácter de un lugar, cómo se hacen allí las cosas. Es una forma de expresión. Si te mueves por todo el mundo, las cosas se hacen de forma muy diferente y tenemos que aprender un idioma diferente para las diferentes comunidades de plantas dependiendo de dónde estemos.
Uno no impone, sino que trabaja con el entorno. Si conoces el lenguaje de las plantas puedes estar en contexto y ser parte de ese lugar. Así que creo que sí hay un lenguaje universal, pero tenemos que aprenderlo.

Su trabajo incluye jardines grandes y pequeños, urbanos y rurales, en climas mediterráneos, atlánticos y continentales. ¿Qué jardines han sido realmente especiales para usted o han supuesto un hito particular en su trayectoria? ¿Alguno de ellos ha sido un desafío particularmente difícil?

Creo que uno de los hitos fue Torrecchia Vecchia, un jardín en el sur de Italia en el que empecé a trabajar hace 25 años. Es un jardín que ha sido diseñado para que sea sentido como parte de su contexto. El cliente quería hacer un jardín muy informal que se sintiera casi como parte de la naturaleza, del bosque salvaje que lo rodea. Tuve que aprender muy rápidamente a trabajar en el Mediterráneo , en un entorno muy frágil, pero al mismo tiempo muy fuerte y potente. Es un un jardín importante para mí.

Pero el mayor desafío no fue Torrecchia Vecchia, porque allí seguíamos teniendo las 4 estaciones, aunque tuviéramos que aprender a trabajar con el calor y la sequía. Un desafío mayor ha sido trabajar en Hawaii en un ambiente tropical que me ha obligado a aprender nuevas maneras de trabajar con las plantas. He creado tres jardines en Hawaii para dos clientes diferentes. Han sido mucho más desafiantes porque he tenido que aprender cómo crecen las cosas en los trópicos y cómo aplicar la idea de que menos es más. En los trópicos es muy tentador usar todo tipo plantas porque se puede, pero sin moderación enseguida se convierte en una jungla. He tenido que aprender acerca de la moderación. Estuve trabajando allí unos ocho años. Los tres primeros tres años supusieron una curva de aprendizaje muy empinada. Después de haber aprendido algunas reglas básicas, de trabajar con las personas que estaban ayudando a hacer los jardines, pude empezar a volar. El desafío se encuentra en la inexistencia de estaciones; las cosas crecen cuatro veces más rápido que en Gran Bretaña.

En los últimos meses ha estado en los Estados Unidos y Grecia. ¿Tiene nuevos proyectos internacionales a la vista? ¿Qué les interesa a sus clientes? 

Tengo cuatro proyectos en los Estados Unidos, tres en California y uno en la costa este. Lo que mis clientes quieren es que creemos espacios que estén en contexto con su paisaje. Vienen a nosotros porque ven que nuestro trabajo es dirigido por el espíritu del lugar y contiene sutilezas y matices. Están buscando nuestro enfoque amable que permite que los jardines se asienten cómodamente en su entorno.
Cada proyecto es diferente. Vamos a hacer uno en Malibú, con un clima muy seco. En Grecia, por ejemplo, estamos trabajando en una isla muy pequeña con un bosque muy denso y estamos gestionando el proyecto con mucho cuidado para revelar la magia ese lugar porque la isla ha sido tomada por el bosque. Se trata de entender un lugar y permitirle  hablar por sí mismo.
Creo que los clientes quieren que seamos capaces de revelar el espacio de una manera suave, amable, aunque saben que a veces tenemos que hacer algunas intervenciones audaces para conseguirlo.

Muchos de sus jardines tienen un huerto, y en su propio jardín una de las primeras tareas que hizo fue plantar árboles frutales. En su opinión, ¿el jardín ideal debería tener un huerto?

Creo que hay algo muy bonito en poder ir a un jardín, elegir algo y comerlo. Cultivar para comer es algo muy primario; creo que todos respondemos a eso. Permite que la gente se sienta realmente parte del lugar - la energía que ponen en el jardín recibe una recompensa.
Los huertos para mí son lugares muy hermosos y sencillos que la gente puede entender. Aunque no siempre incluyo un huerto en mis jardines, por estos motivos casi siempre empleamos árboles frutales.
  
¿Cuál es su opinión sobre los paisajes y jardines españoles? ¿Podremos disfrutar de uno de sus jardines en España?

España tiene un clima maravilloso, especialmente desde el punto de vista de su variabilidad, desde el norte húmedo hasta el sureste de Andalucía donde tienen un paisaje desértico maravilloso. He pasado mucho tiempo en Andalucía, solía visitar el Cabo de Gata regularmente y por supuesto siempre me ha encantado la Alhambra.
Nunca he trabajado en España, pero eso no significa que no quiera hacerlo. Es un país fascinante. ¡Así que quizás algún día!

Las sociedades occidentales exigen cada vez mayor atención a la sostenibilidad, la ecología, la recuperación de los ecosistemas, etc. ¿Cuáles son las claves de la jardinería en las próximas décadas?

Creo que nos da la posibilidad de pensar en estos grandes temas. Ha habido un movimiento muy positivo en los últimos 10 o 15 años que permite entender los jardines como ecosistemas en sí mismos. Colectivamente se convertirán en un lugar donde podamos preservar y desarrollar ecosistemas, donde exista riqueza desde el punto de vista de la biodiversidad. Hay mucho potencial.
Siempre intentamos pensar en cómo un lugar puede ser lo más dinámico posible en términos de estabilidad; esto es algo en lo que nuestros clientes también están muy interesados. Por este motivo cada vez más gente se da cuenta de que los jardines son lugares importantes.

Interview with Dan Pearson

Last year I wrote in this blog the ridulous figure of three posts. It was not due to lack of illusion or ideas. Simply to the absence of the most precious good, time. I don't know if I'll have more time this year, but the purpose of the new year is clear. To have a good start, I'm recovering the most interesting text in which I had the opportunity to participate last year. This is an interview with Dan Pearson that I did for the magazine Verde es Vida. Thanks to the people in charge of the magazine and its editorial director Elita Acosta for giving me the opportunity to elaborate the interview, and to Huw Morgan and of course Dan Pearson, for their kindness and generosity.


(Si prefieres leer esta entrevista en español la puedes encontrar en el siguiente enlace: Entrevista a Dan Pearson)

Your country has a strong tradition in gardening. And today the naturalist style gardens of the New Perennial Movement born in Germany and Holland, are successful all over the world. In my opinion, your gardens are an example that both traditions can enrich each other, but what is your opinion on this?

I think that we have had a long tradition of naturalism in our plantings in this country. We could take, for example, William Robinson - he was already doing something that was very naturalistic in the 19th century. The tradition of juxtaposing formality with informality has become a very British thing. Therefore it sits very comfortably in this country.
If we think about what’s been happening in Europe the aesthetic has changed with the New Perennial Movement being given a name. However I think it’s already here if we think about Beth Chatto, her work has been very important here. In fact we’ve been doing this quite naturally for the last 100 years.

Recently you created gardens in places with a strong historical influence (Lower Castle, Folly Farm). What are the keys to bringing these gardens to the present times without altering their historical spirit?

Our work is always driven by a sense of place, working with the history and mood of the place and understanding what the place is about. We then use the mood and ethos of the place to inform how we then update it.
We always acknowledge the spirit of the place with our work. Rather than imposing we work with the place to reveal, strengthen and clarify it.

You have published five books, countless articles and now you write a blog (digdelve. com) that is a world reference among garden lovers. Why is writing important for you?

For me it helps to pin down thoughts that may come and go easily. It’s good to articulate thoughts about landscaping and gardening. When you put your thoughts into words you have to really describe why you’re doing something. It helps to ground an idea, to flesh an idea out properly and move an idea on.
Writing is a good back up to the process of design, it helps you to articulate it in a different way and more thoroughly. When you’re writing about gardening and plants you often have interesting and valid thoughts that can go quickly when you stop what you’re doing, but by pinning them down with words you can capture some of that process. I think that gardening particularly is about the process, not just the end result.

Your writings have frequent references to childhood, memory and the changing seasons. What is the relationship between the garden and the perception of time for you?

I think this goes back to the idea of being in process, of a garden never being finished. When you’re working in a garden you’re linking all three timeframes: the past, the present and the future.  You draw on your experience, you’re working in the present time but you’ll be thinking of what it will be like in the future. In a way it becomes a timeless experience. The here and now is driven by what’s come before and what is still to come.
When designing a landscape or a garden you have to think about large periods of time. For example, you might be planting a small tree but have an image in your head of that same tree in a 100 years’ time. This doesn’t faze you as the process of nurturing that tree and waiting for it to grow is as good as the end result. Gardeners really understand that the process, the wait, the nurturing are all as important and time becomes elastic.


Your gardens and writings are very personal, romantic and literary. Which landscapers and writers have influenced your work?

I think Rousham by William Kent in this country has been very influential in terms of its engagement with an inner and outer world. The landscape draws from its setting, it’s very difficult to tell where the garden begins and ends and the landscape takes over. However, he has also created a very vivid sense of place which feels of another world that feeds the imagination. William Kent has been a very influential gardener for me.
Additionally working in Japan over the last 20 years has been a big influence. The composition of those gardens is so complex and refined. It taught me a whole discipline about restraint and how less is more.

We recently heard the sad news about Beth Chatto. How did her work influence your development as a landscaper?

I first saw Beth in the late-1970’s at the Chelsea Flower Show and her stand was unique because at that point she was the only person working naturalistically with plants. These plants were almost untampered with, uncultivated in a way, but composed in very beautiful combinations that were very much about practical and sensible decisions about things that would grow together aesthetically combined. She had an artist’s eye that supported her practical horticulutal ethos. Her writings were also very vivid and beautiful.
Her nursery was the place, when I started making gardens, that I went to to get plant material that was more unusual. She worked naturalistically in alliance with nature and not battling against it. This for me, from a very early age, always made complete sense. She’s been a mentor for me. However I think she’s been very overlooked, maybe not so much now. It was people like Beth who were carrying the naturalist movement forward in Britain, picking up from where William Robinson left off.

You have successfully created gardens in countries with very different climates, languages and cultural traditions. Do you think gardening speaks a universal language?

Yes, definitely. It allows you to key into a sense of place, the way that things are done in that place. It’s a form of expression. If you’re moving around the world, things are done very differently and we have to learn a different language of different plant communities depending on where we are.
One doesn’t impose, but works with the setting. If you know the language of plants it allows you to be in context and part of that place. So I think there is a universal language, but we have to learn it.

Your work includes large and small gardens, urban and rural, in Mediterranean, Atlantic and Continental climates. Which gardens have been really special for you or have been a particular milestone? Have any of them been a particularly difficult challenge?

I think one of the milestones was Torrecchia Vecchia, a garden in Southern Italy which I started working on 25 years ago. It’s a garden that’s been designed to feel very much a part of its context. The client wanted to make a very informal garden which felt like it was almost part of the wilderness, the wild woodland around it. I had to learn very quickly how to work in the Mediterranean and to do that within a setting which was very fragile but at the same time very strong and potent. That was an important garden for me.
The biggest challenge was not particularly in Torrecchia Vecchia as we were still working with 4 seasons, even though it’s a lot hotter and drier and we had to learn how to manage those things. It’s been a greater challenge working in Hawaii in a tropical environment where I’ve had to learn new ways to work with plants. I’ve created three landscapes in Hawaii for two different clients. These have been much more challenging in terms of learning how things grow in the tropics and how to apply that idea of less being more. It’s very tempting in the tropics to use all sorts of different things because you can, but if you use too much it very soon becomes a jungle - I’ve had to learn about restraint. I was working there for probably around eight years. In that time I think the first three years were a very steep learning curve. Having learned a few basic rules, from working with the people who were helping make the gardens, you can then start to fly. The challenge was there because there are not four seasons; things grow four times as fast as they would in Britain.

In the last few months you've been in the United States and Greece. Do you have new international projects in sight? What are your customers asking for?  

I have four projects in the States, three in California and one on the East Coast. What my clients want is for us to create spaces which are in context. They come to us because they see that our work is driven by a sense of place and there are subtleties to the work and nuance. They are looking for our gentle approach that allows their gardens to sit comfortably in the settings.
Each project is different. We’re doing one in Malibu where it’s very dry. In Greece, for instance, we’re working on a very small island with a very dense forest and we’re managing the project very carefully to reveal the magic of that place because the island has been taken over by the forest. It’s about understanding a place and allowing a place to speak for itself. I think the clients want us to be able reveal gently, even though they know that sometimes we have to make some bold moves to be able to do that.

Many of your gardens have a kitchen garden, and in your new own garden one of the first tasks you did was planting fruit trees. In your opinion, should the ideal garden have an orchard?

I think there’s something very beautiful about being able to go into a garden, pick something and eat it. Growing to eat is a very primal thing; I think we all respond to that. It allows people to really feel part of the place – the energy that they put in can be rewarded.
Orchards for me are very beautiful places, they’re very simple places that people can understand. I don’t always include one in my gardens but we often include fruit trees for these reasons.

What is your opinion about Spanish landscapes and gardens? Will we be able to enjoy one of your gardens in Spain?

Spain has a wonderful climate, especially in terms of its variability with moisture in the far north going right down to Andalucía where you have that amazing desert landscape. I’ve spent quite a lot of time in Andalucía, and used to visit the Cabo de Gata regularly and of course I’ve always loved the Alhambra. 
I’ve never worked in Spain, but that wouldn’t mean that I wouldn’t want to. It’s a fascinating country. So one day maybe!

Western societies are increasingly demanding greater attention to sustainability, ecology, ecosystem recovery, etc. What do you think are the keys for gardening in the coming decades?


I think that does allow you to think about those big issues. There has been a very positive movement in the last 10 or 15 years in gardens to be understood properly as ecosystems in themselves. They will collectively become a place where we can preserve and develop ecosystems, where there is a richness of biodiversity. There’s a lot of potential.
We always try and think about how a place can be as dynamic in terms of its stability as possible; this is something that our clients are very interested in as well. More and more people are realising that gardens are important places for these reasons.

martes, 24 de julio de 2018

100 Libros de Jardinería y Paisajismo

Hace unos meses Noel Kingsbury publicó en su blog una entrada en la que se mostraba convencido de que los jardineros leen más, escriben más y acumulan más libros que los aficionados a otras actividades. No seré yo quien lo discuta. En España la afirmación se podría matizar, porque no se publica tanto como en países como Inglaterra o Estados Unidos, pero en estos países, las publicaciones sobre jardinería y paisajismo son abundantes e interesantes, lo que me parece una buena métrica de la afición lectora de los jardineros aficionados. Noel da dos razones para explicar el fenómeno. La primera es que la jardinería moderna, con un fuerte componente ecológico, tiene una fuerte dependencia de la información al ser una actividad que mantiene una pata en el arte y otra en la ciencia. Lo primero anima a estar al día respecto a lo que hacen otros y lo segundo obliga a disponer de información técnica. El ejemplo que da Noel es perfecto: los aficionados a la jardinería queremos saber lo que Dan Pearson opina sobre la Veronicastrum virginicum y necesitamos saber en qué condiciones puede crecer la Veronicastrum virginicum. Noel encuentra una segunda razón a nuestra afición desmedida por los libros en las buenas dotes comunicadores de muchos profesionales del diseño de jardines. Opina que los aficionados leemos mucho debido a que hay quien escribe mucho y bien. A esto yo quizás le pondría un pero, porque no sé si es causa o efecto. Tengo la sensación de que los profesionales escriben tanto porque han leído mucho como buenos aficionados. Está claro que la afición a la escritura de los profesionales del sector realimenta las ganas lectoras de su público, pero no creo que en esta afición esté en el origen del fenómeno sino que es un elemento más del flujo. ¿Dónde nace la corriente? Pues vaya a usted a saber. Quizás en el hecho de que la jardinería es el más cambiante de los artes. La obra del jardinero cambia con el paso de las estaciones y de los años, cambia con el clima, cambia con los caprichos de la naturaleza. Pocas artes hay tan impredecibles, tan dependientes de una materia prima que responderá de una u otra manera en función de la combinación cuasi infinita de multitud de variables. Tal vez todo este cambio provoque en los aficionados y profesionales una dosis de incertidumbre que busquemos calmar en la lectura. O tal vez todo esto no sea más que una moda que nació con los diseñadores ingleses de la corriente Arts and Crafts y cuando pase nadie escriba y los aficionados podremos relajar el peso de nuestras estanterías. El modelo de paisajista no escritor no es tan estrambótico. Creo que puedo contar con los dedos de una mano los libros de paisajistas y jardineros españoles, y no será por falta de cosas que contar.
Sea como sea, es cierto que yo al menos empiezo a acumular una cantidad de libros sobre la materia que asusta. De hecho no hace tanto me han llamado frikazo. Ni siquiera friki, que suena como más cariñoso. De acuerdo a la RAE un friki es una persona que practica desmesurada y obsesivamente una afición. Me quedo con esta acepción porque el resto son aún peores. Si esto es un friki, ya un frikazo debe ser el no va más. Y todo porque se me ha ocurrido contar que quería escribir una nueva entrada sobre libros de jardinería, paisajismo y otras hierbas, y al recopilar me he dado cuenta de que 100 no sería una mala cifra. He leído bastantes, es verdad, pero que quede claro que no los he leído ni desmesurada, ni obsesivamente. Los he leído pausada y tranquilamente. Pero entre mis amigos hay a quienes les parece que leer 100 libros de un tema es propio de un frikazo. En fin, estos disgustos se me pasan pronto. A lo que íbamos. Me ha parecido interesante llevar el ejemplo del aficionado a la jardinería que quiere saber tanto lo que opina Dan Pearson sobre una planta determinada como los aspectos ecológicos de dicha planta. Pues de igual modo, a mí me gustaría saber lo que Dan Pearson opina sobre un libro determinado, pero también cuál es el contenido de ese libro. Así que se me ha ocurrido predicar con el ejemplo y escribir una serie de entradas sobre libros relacionados con la jardinería y el paisajismo. La idea sería hacer una breve reseña del libro, y luego explicar por qué ese libro ha sido, o no, importante para mí. Esto llevará su tiempo, pero vaya por delante la lista tentativa que planteo. Por eso de dar algo de orden, intento clasificar los libros en distintas categorías, que por supuesto son subjetivas y posiblemente fruto de la mente calenturienta de un frikazo. A medida que vaya avanzando, cada una de las siguientes categorías debería ser un enlace a una entrada concreta con una breve reseña de los libros incluidos en ella. Pero no prometo nada. .

100 Libros de Jardinería, Paisajismo - I - Jardines Naturalistas

  • The Wild Garden, de William Robinson con introducción de Rick Darke
  • Planting: A New Perpective, de Piet Oudolf y Noel Kingsbury
  • Gardening with Perennials: Lessons from Chicago's Lurie Garden, de Noel Kingsbury
  • The Know Maintenance Perennial Garden, de Roy Diblik
  • Essay on Gardening, de Henk Gerritsen
  • Planting in a Post-Wild World: Designing Plant Communities for Resilient Landscapes, de Thomas Rainer y Claudia West
  • Sowing Beauty: Designing Flowering Meadows from Seed, de James Hitchmough
  • Cultivating Chaos: How to Enrich Landscapes with Self-Seeding Plants, de Jonas Reig, Christian Kress y Jürgen Becker
  • Garden Revolution: How Our Landscapes Can Be a Source of Environmental Change, de Larry Weaner
  • Plant-Driven Design: Creating Gardens that Honor Plants, Place and Spirit, de Scott Ogden y Lauren Springer Ogden
  • Meadows: At Great Dixter and Beyond, de Christopher Lloyd
  • Beth Chatto's Gravel Garden, de Beth Chatto
  • El Jardín Sin Riego, de Olivier Filipi
  • Designing with Grasses, de Neil Lucas
  • Grasses: Versatile Partners for Uncommon Garden Design, de nancy J. Ondra y Saxon Holt
  • Perennial Meadows, de Michael King
  • Manifiesto del Tercer Paisaje y El Jardín en Movimiento, de Gilles Clement
  • Dream Plants for the Natural Garden, de Piet Oudolf y Henk Gerritsen

100 Libros de Jardinería y Paisajismo - II - Visiones Personales

  • Second Nature: A Gardener's Education, de Michael Pollan
  • The Education of a Gardener, de Russell Page
  • The Well Tempered Garden, de Christopher Lloyd
  • The Garden: A Year at Home Farm, de Dan Pearson
  • Home Ground: Sanctuary in the City, de Dan Pearson
  • Natural Selection: A Year in the Garden, de Dan Pearson
  • The Thoghful Gardener: An Intelligent Approach to Garden Design, de Jinny Blom
  • Disobedient Gardens: landscapes of Contrast and Contradiction, de Michael Cooke y Brigid Arnott
  • Jardines, los Verdaderos y los Otros, de Umberto Pasti
  • Derek Jarman's Garden, de Derek Jarman
  • The Essential Eartman, de Henry Mitchell
  • Un Jardín en Venecia, de Frederic Eden
  • Bajo el Sol de la Toscana, de Frances Mayes
  • Un Viñedo en la Toscana, de Ferenc Máté
  • Jardines en Tiempos de Guerra, de Teodor Ceric

100 Libros de Jardinería y Paisajismo - III - Historia, Filosofía y Técnica del Jardín

  • Jardinosofía: Una Historia Filosófica de los Jardines, de Santiago Beruete
  • Historia de los Estilos en Jardinería, de Francisco Paez de la Cadena
  • Paisajistas Que Han Creado Escuela, de Andrew Wilson
  • Lives of the Great Gardeners, de Stephen Anderton
  • A World of Gardens, de John Dixon Hunt
  • El Jardín Moderno, de Jane Brown
  • Grandes Jardines de Europa, de Ehrenfried Kluckert
  • Crear y Diseñar Jardines Contemporáneos, de Christopher Bradley Hole
  • Gardening with Shape, Line and Texrture, de Linden Hawthorne
  • The Art of Gardening: Desing, Inspiration and Innovative Planting Techniques from Chanticleer, de R. William Thomas
  • Jardín y Paisaje, de Paul Cooper
  • La Meditación y el Arte de la Jardinería, de Ark Redwood
  • Guía de Plantación, de Terence Conran y Diarmuid Gavin
  • Outdoors: The Garden Design Book for the Twenty-First Century, de Diarmuid Gavin y Terence Conran

100 Libros de Jardinería y Paisajismo - IV -  Listados de Jardines y Cooffe Table Books

  • Landscapes in Landscapes, de Piet Oudolf y Noel Kingsbury
  • Mirrors of Paradise: The Gardens of Fernando Caruncho
  • Jardines Secretos de España, de Eduardo Mencos
  • Jardines de Ensueño: 100 Inspiraciones, de Tania Compton y Andrew Lawson
  • The Private Gardens of England, de Tania Compton
  • Winter Gardens: Reinventing the Season, de Cedric Pollet
  • Jardines del Mundo: de Pompeya al Eden Project, de Jacques Bosser
  • The New Garden Paradise: Great Private Gardens of the World, de Dominique Browning
  • The Garden Book, de Phaydon Press
  • The Gardener's Garden, de Madison Cox
  • The New English Garden, de Tim Richardson
  • Dreamscapes, de Claire Takacs

100 Libros de Jardinería y Paisajismo - V - Ecología

  • The Rambunctious Garden: Saving Nature in a Post Wild World, de Emma Marris
  • No Nettles Requiered: The Truth About Wildlife Gardening, de Ken Thompson
  • ¿De Dónde son los Camellos?, de Ken Thompson
  • La Vida Secreta de los Árboles, de Peter Wohlleben
  • En un Metro Cuadrado de Bosque, David George Haskell
  • El Dilema del Omnívoro, de Michael Pollan
  • El Mundo Sin Nosotros, de Alan Weisman
  • Salvaje, de George Mombiot
  • El Árbol, de John Fowles
  • La Magia de los Árboles, de Ignacio Abella
  • El Mesías de las Plantas, de Carlos Magdalena
  • El País de los Pájaros que Duermen en el Aire, de Mónica Fernández Aceytuno

100 Libros de Jardinería y Paisajismo - VI - Guías de Plantas y Reproducción Vegetal

  • Árboles, de Bruno P. Kremer
  • Árboles de España y de Europa, David More y John White
  • Los Árboles y Arbustos de la Península Ibérica e Islas Baleares, de Gines López González
  • Árboles en España. Manual de Identificación, de José Manuel Sánchez de Lorenzo Cáceres
  • Waterwise Plants for Sustainable Gardens: 200 Drought-Tolerant Choices for All Climates, de Lauren Springer Odgen y Scott Odgen
  • Plantas Silvestres de la Provincia de Valladolid, de J.M. García López
  • Hardy Succulents: Tough Plants for Every Climate, de Gwen Moore Kelaidis
  • The Plant Lover's Guide to Salvias, de John Whittlesey
  • Bulb, de Anna Pavord
  • Garden Flowers from Seed. de Christopher Lloyd y Graham Rice
  • Enciclopedia de la Propagación de Plantas, de la Royal Horticultural Society
  • Field Guide to the Wild Flowers of the Western Mediterranean, de Chris Thorogood

100 Libros de Jardinería y Paisajismo - VII - El Jardín Comestible

  • El Horticultor Autosuficiente: Guía Práctica Ilustrada Para la Vida en el Campo, de John Seymour
  • El Huerto Familiar Ecológico, de Mariano Bueno
  • The Year-Round Vegetable Garden, de Niki Jabbour
  • Epic Tomatoes: How to Select & Grow the Best Varieties of All Time, de Craig LeHoullier
  • Tratado Práctico de Horticultura, de G. Sasias y C. Chesne
  • El Huerto Más Natural, de Jean Marie Lespinasse
  • Enciclopedia de las Frutas del Mundo, de Susana Lyle
  • Landscaping with Fruit, de Lee Reich
  • Creating a Forest Garden: Working with Nature to Grow Edible Crops, de Martin Crawford
  • Edible Forest Gardens: Ecological Design and Practice for Temperate Climate Permaculture, de Dave Jacke y Eric Toensmeier
  • The Resilient Farm and Homestead, de Ben Falk
  • The Wildlife-Friendly Vegetable Gardener: How to Grow Food in Harmony with Nature, de Tammi Hartung
  • Build a Better Vegetable Garden, de Joyce Russell y Ben Russell
  • Horticultura Práctica, de Dick Raymond
  • Growing Fruit Trees, de Jean Marie Lespinasse
  • Árboles Frutales, de editorial Tikal
  • Cómo Hacer un Buen Compost, de Mariano Bueno




lunes, 16 de julio de 2018

Oudolf II - La Carpintería de Piet Oudolf - Hauser and Wirth


(If you prefer to read this post in English, you can find it here: Oudolf II)

En la anterior entrada decíamos que Piet Oudolf, empleando las vivaces como herramientas al servicio de su excepcional capacidad artística, ha sabido crear jardines que no imitan, sino que evocan la atmósfera de un entorno natural. La historia del arte nos enseña que las diferentes disciplinas artísticas han evolucionado gracias a aquellos maestros que han sido capaces de redefinir el concepto de belleza y, más importante aún, han conseguido que el espectador percibiera esa belleza. Oudolf ha sido uno de esos maestros. La belleza es clave en su trabajo. En mi opinión el modernismo no llegó a cuajar en el mundo la jardinería, igual que no llegará a cuajar la jardinería que únicamente basa su diseño en las combinaciones de plantas basadas en hábitats. Los dos sufren la aridez de la falta de belleza. El componente estético aportado por Oudolf ha sido el soplo de aire fresco que ha renovado estas y otras corrientes y ha sentado las bases de las que beben toda una generación de paisajistas. Fin del resumen de la anterior entrada. 
Oudolf se basa en un conocimiento enorme de las plantas, muy especialmente las vivaces, y sus asociaciones en la naturaleza. Pero ese conocimiento, que con esfuerzo y experiencia puede ser adquirido por cualquiera con ciertas luces, no basta. Para llegar a tocar la fibra sensible de millones de personas es necesario aportar algo mucho más instintivo y personal: la capacidad artística.  La capacidad artística, esa especie de esencia o alma de la obra de un artista, bebe de tantas fuentes íntimas que se antoja imposible capturarla. Pero todos esos gustos, recuerdos, inspiraciones, ideas y mil cosas más que salen a la luz a través de la creación artística, siempre se apoyarán en una técnica concreta que dará forma a la obra. En palabras de Gabriel García Márquez: 

«La escritura de ficción es un acto hipnótico. Uno trata de hipnotizar al lector para que no piense sino en el cuento que tú le estas contando y eso requiere una enorme cantidad de clavos, tornillos y bisagras para que no despierte. Eso es lo que llamo la carpintería, es decir es la técnica de contar, la técnica de escribir o la técnica de hacer una película. Una cosa es la inspiración, otra cosa es el argumento, pero cómo contar ese argumento y convertirlo en una verdad literaria que realmente atrape al lector, eso sin la carpintería no se puede.» 

¿No les parece que Oudolf hace lo mismo? Los jardines de Oudolf son un acto hipnótico, un arte del engaño que convence al espectador de que está viviendo naturaleza en estado puro. Y detrás de esa captura del espectador hay mucha técnica de diseño de jardines, mucha carpintería. Hauser & Wirth Somerset es una galería de arte ubicada en una vieja granja rehabilitada por el arquitecto Luis Laplace. La granja se levanta en mitad de los bucólicos paisajes de Somerset, y aunque merece la pena disfrutar del complejo no sé si yo iría hasta allí sólo para visitar el restaurante, las tiendas o las exposiciones. Pero si tienes la suerte de llegar a la parte trasera de los edificios justo en el momento en el que el sol es capaz de atravesar por un instante el mezquino cielo inglés, como me sucedió a mí, el viaje habrá merecido la pena y entenderás que no soy tan exagerado como dicen algunos. Porque allí te encontrarás con Oudolf Field, un prado formado por 17 macizos que contienen 26.000 vivaces de 115 especies distintas. En la tienda de la galería me compré un pequeño folleto que incluye el plano realizado por Oudolf para la plantación y el listado de especies incluidas. El folleto empieza a dar un poco de asco de lo sobado que lo tengo. Vamos a ver si tanto mirar ha merecido la pena y somos capaces de descifrar alguno de los clavos, tornillos y bisagras empleadas por Piet Oudolf en este jardín. 

En jardinería existen multitud de opciones a la hora de agrupar y combinar las plantas: desde las plantaciones de grandes macizos de una única especie (ausencia total de mezcla) tan frecuentes en parques públicos, hasta las mezclas de semillas (total aleatoriedad y casi infinitas combinaciones) de Nigel Dunnet y James Hitchmough.  Si queremos jardines naturalistas, podríamos plantearnos por qué no hacemos lo mismo que la naturaleza, dejar que las plantas se mezclen cómo quieran. Y aquí llegamos a la hipocresía del asunto: los jardines naturalistas hermosos, son muy poco naturales. Aunque mucha gente diga que quiere ver a la Naturaleza en sus jardines, no les crean. Ellos no lo saben, pero lo que en realidad quieren ver una visión algo ordenada y humanizada de la naturaleza. Digamos que nos gusta lo salvaje pero sin pasarnos. Necesitamos ese orden, esa intencionalidad, que paradójicamente hará sentir al espectador una sensación de naturaleza mucho más intensa que la naturaleza dejada a su aire. Un baldío (el Tercer Paisaje de Gilles Clement) es naturaleza, ausencia total de intervención humana. Pero no es un jardín naturalista porque difícilmente va a despertar nada en un espectador. Salvo raras excepciones, nadie percibirá belleza en él. En cambio un jardín de Oudolf, raro será que deje indiferente al espectador. Y además puede llegar a tener más diversidad que aquel baldío. Para conseguirlo Piet ha experimentado diversas aproximaciones, pero podemos resumir que sus plantaciones suelen responder a dos modelos básicos: plantaciones en bloques y plantaciones en matriz.

Plantaciones en Bloques


Un bloque es un grupo de plantas de la misma especie que plantaremos juntas. Estos bloques se distribuyen a lo largo de la plantación de forma que la mezcla de plantas es en realidad la mezcla de estos bloques. Algunas características principales de esta mezcla de bloques serían: 
  • Ritmo: un bloque de una determinada especie debe ser repetido a lo largo de la plantación para generar una sensación de ritmo y un sentido de unidad. Sin este ritmo el espacio carecerá de visión y diseño. 

  • Combinación: la combinación de bloques debe garantizar que las especies  de distintos bloques que resulten adyacentes generen ese difícil equilibrio entre complejidad y coherencia. Aquí la cosa se pone complicada y en donde entra la maestría del diseñador. Es necesario que los juegos de formas, texturas y colores sean los adecuados. Sólo puedo dar una indicación: mira muchas fotos , experimenta y buena suerte. 

  • Tamaño y forma: los bloques suelen responder a formas orgánicas muy variables. Y el tamaño suele corresponder a grupos de entre 5 y 11 plantas. Un caso particular es el de bloques con formas alargadas y serpenteantes (drifts en inglés) que permiten aproximar diferentes especies e incrementar la sensación de mezcla creando un fuerte sentido de movimiento. 
  • Estructura: las especies empleadas en los bloques deben aportar una buena estructura durante un largo período de tiempo. No tiene sentido plantar un bloque de plantas que desaparezcan durante buena parte del año o que no sean visualmente atractivos cuando finalice su plantación. La repetición de un bloque fracasado genera un ritmo de fracaso. 


  • Complejidad: un bloque puede estar compuesto de más de una especie de plantas. En este caso las especies deben combinar bien o presentar épocas de floración secuenciales. Oudolf usa bloques de dos plantas presentes en distintos porcentajes. Por ejemplo, en este jardín de Hauser & Wirth, Oudolf emplea grupos de un 60% de Echinacea purpurea Fatal Attraction y un 40% de Pycnanthemum muticum. O bien, 80% Monarda bradburiana y 20% de Nepeta govaniana, Origanum hopleys + Knautia macedonica, Thalictrum delavayi + Gentiana asclepiadea, etc  


  • Especies singulares (plantas dispersas): no sólo de bloques vive el hombre: entre los bloques principales se pueden intercalar bloques más pequeños o plantas individuales de fuerte impacto visual
  • Impar: que el número de plantas de cada bloque, y el número de bloques de una determinada especie sea impar. ¿Por qué? Ni idea, pregúntele a un psicólogo, pero la sensación de equilibrio y ritmo de un grupo impar es mayor que la de un grupo par. Oudolf suele usar grupos de 5 a 11 plantas, por algo será.

Pero Piet no deja de evolucionar. Cada nuevo jardín es un nuevo capítulo en la historia de sus diseños. Con el paso de los años sus diseños se han ido desplazando desde las plantaciones en bloques hacia un mezcla de plantas más compleja que se aproxima más a la espontaneidad que encontramos en la naturaleza.  Aún así Oudolf no deja atrás formas compositivas anteriores sino que las combina con otras nuevas dando lugar a diseños multicapa cada vez más complejos. Es acumulativo. Por eso no es extraño que en su jardín en Hauser & Wirth encontremos plantaciones en bloques combinadas con plantaciones en matriz. 

Plantaciones en Matriz


Para entender qué es una plantación en matriz, primero hay que entender qué es una matriz. Para los que hemos sufrido las matemáticas de una ingeniería, una matriz es una tabla de números que tiene multitud de usos en computación. Pero quizás sea mejor irnos a una definición menos algebraica. Una matriz sería la sustancia que contiene y une otros elementos singulares. Un ejemplo que se entiende bien es el que da Noel Kingsbury: un bizcocho con nueces o frutas. La matriz sería la masa del bizcocho.  Yéndonos al tema que nos ocupa, una matriz sería un fondo homogéneo de plantas poco vistosas (plantas matriz) que contiene otras plantas que por su estructura, tamaño o color aportan el mayor impacto visual a la plantación (plantas primarias). Cuando se trata de vivaces, esta combinación de plantas primarias distribuidas a lo largo de otras de menos impacto visual, evoca claramente a prados, pradera y estepas, ecosistemas en los que un relativamente pequeño número de especies forman la mayor parte de la biomasa (la matriz) pero están tachonados de otras muchas especies que siendo menores en número son mucho más importantes en variedad y aspecto. El efecto final que se consigue con una plantación en matriz es mucho más naturalista y menos obvio que con plantaciones en bloques.  Y ahora plantaciones en matriz para dummies. Para crear una plantación en matriz necesitamos tres tipos de plantas:

  • Plantas Matriz: plantas adecuadas para el fondo de la matriz (la masa del bizcocho) son especies capaces de formar una cobertura densa y homogénea, con un aspecto algo neutro y con colores y formas suaves. No deben ser excesivamente competitivas para que puedan crecer entre ellas las plantas primarias.  Pero su aspecto más destacable debe ser su durabilidad. Es fundamental que su estructura ofrezca un buen aspecto durante muchos meses del año, que no se degraden después de florecer. La respuesta más natural para estas matrices son las gramíneas. Piet Oudolf tiene buenos ejemplos con Deschampsia y Molinia, pero últimamente está apostando por Sporobulus heterolepis, que tiene un aspecto difuminado perfecto para estas plantaciones y tiene la ventaja de vivir durante décadas. 

  • Plantas Primarias: son las divas del espectáculo. Las plantas matriz únicamente son el fondo que permite enfatizar los atributos especiales de estas especies primarias que se elevan sobre un fondo homogéneo. Su estructura, textura, tamaño o floración las convierten en los elementos visualmente dominantes de la plantación. Oudolf emplea una larga lista de vivaces como plantas primarias: Echinacea, Eryngium, Rudbeckia, etc, etc.  De nuevo, es fundamental que las especies empleadas aporten una estructura clara y potente durante muchos meses, y por supuesto una vez más el ritmo es importante. Estas plantas primarias deben repetirse a lo largo de plantación para que su efecto sea más efectivo. 


  • Plantas Dispersas: como ya veíamos en las plantaciones en bloques, una tercera capa de plantas puede ser añadida a la plantación para incrementar el efecto de naturalidad y espontaneidad. Si en un bizcocho de frutas las plantas matriz serían la masa del bizcocho y las plantas primarias las frutas, esta nueva categoría podrían ser las virutas de chocolate. Aparecerán aleatoriamente a lo largo de la plantación, rompiendo la regularidad del patrón de plantas matriz y plantas primarias, e incrementando la sensación de ritmo y unidad visual, pero a diferencia de las especies anteriores en este caso nos podemos permitir que sean efímeras. Estas plantas pueden ser añadidas para aportar un estallido estacional de color (es el caso de muchos bulbos y Papaver orientale). Pero también pueden ser incorporadas por tener una estructura muy particular y duradera (por ejemplo Veronicastrum virginicum). En cualquier caso la clave es que deben ser claramente distintas al resto. Con ellas podemos buscar enlazar una zona de la plantación con otra zona distinta. O al contrario, podemos perseguir diferenciar claramente un área determinada. También nos pueden servir para conseguir un punto focal inesperado que dirija nuestra mirada dentro de la homegeneidad de la matriz. Las posibilidades son infinitas, así que les recomiendo que hagan como Oudolf: imaginación al poder. 

Ciertas características de las plantaciones de Oudolf aplican tanto a sus plantaciones en bloque como en matriz. Veamos algunas para ir terminando:  
  • Mezcla de estilos: como se puede ver en Hauser & Wirth no tenemos que decantarnos necesariamente por plantaciones en bloques o en matriz. De hecho, combinar ambos estilo aporta un contrate que enriquece significativamente una plantación de vivaces. Combina lo viejo y convencional con lo nuevo y naturalista. La combinación de los dos estilos también puede tener fines prácticos. Una matriz puede tener demasiadas pocas especies como para captar la atención demasiado tiempo. Como además son una apuesta arriesgada porque si falla la planta matriz elegida fracasa toda la plantación, los diseñadores suelen optar por las mismas plantas siempre. Insertar bloques permiten introducir especies menos conocidas o plantas que requieran un cuidado específico, como una poda estacional después de la floración. 


  • Color: se repite mucho que Piet no presta demasiada atención al color, pero yo diría que esto es una verdad relativa. No llegará a los niveles de Gertrude Jekyll y no será troncal en su diseño, pero está claro que el color es un factor tenido en cuenta en sus plantaciones. Quizás la diferencia es que para él el color es una parte del todo, una capa en el top de la estructura, un elemento de emoción, pero no algo separado y director. Además Piet ha destacado por destacar las posibilidades de los marrones, grises y negros en otoño e invierno. Desaprovechar las capacidades de una plantación de vivaces en estas estaciones, es perder lo mejor de su potencial. 
  • Riqueza: en los jardines de Piet el número de potenciales yuxtaposiciones y combinaciones es altísimo. Entre otras cosas porque usa un número muy alto de especies, muchas más de las 15 o 20 habituales en muchas aproximaciones. En este jardín de Somerset por ejemplo hablamos de la friolera de 115 especies.
  • Estructura y textura visual: si hay algo por lo que Oudolf pasará a la historia será por su capacidad para hacernos ver belleza donde antes no la veíamos. En sus propias palabras: "Descubro belleza en cosas que a primera vista no son bellas. Ha sido un viaje de toda una vida para descubrir qué es realmente la belleza, y al final descubrir que la belleza está en todas partes." Su capacidad para entregarnos esta belleza se apoya en la importancia que tiene en sus jardines la estructura y la textura de las plantas. La importancia de esta estructura y textura frente al color permite que la belleza de sus plantaciones se alargue al otoño e invierno. En este aspecto es importante dejarse guiar por la flora de la zona donde nos encontremos. Esta flora tendrá unas características en términos de textura y estructura que nos puede servir como guía para lo que va a funcionar en nuestro jardín. Por eso las gramíneas son tan importantes en el estilo naturalista, porque dominan la mayor parte de espacios abiertos de los climas templados.  
  • Orden vs desorden: los jardines de Oudolf serán naturalistas pero nunca parecerán caóticos. Para ello siempre estarán contenidos en una clara estructura formada por setos y caminos. Las mismas plantaciones en bloques son una lucha por lograr ese balance entre orden y desorden que genere una intencionalidad y sentido a la plantación. Quizás la plantación más desordenada de Oudolf fue su plantación temporal en la Serpentine Gallery, y creo que precisamente era debido a que la fuerte estructura del edificio que la contenía lo permitía. 

  • Intimidad: la disposición de las plantaciones de Oudolf, plagadas de formas orgánicas y caminos serpenteantes invitan al paseo y envuelven al invitado. Sus jardines son lugares autocontenidos, íntimos, que llaman a sentarse y leer una buena novela. O alguna entrada de un blog tostón como este. 




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