jueves, 9 de enero de 2014

El Huerto Más Natural. Una revisión de un libro que ya son muchos

Hace unos cuantos fines de semana me leí este libro: El huerto Más Natural, de Jean-Marie Lespinasse. 

El libro está bien, es entretenido, es motivador y está escrito con la modestia del que entre líneas repite una y otra vez algo así como "esta es mi experiencia, pero prueba a ver qué pasa". Está escrito con tanta modestia y concisión, que he decidido que no voy a leer más libros de huerto. A partir de ahora mis lecturas se van a limitar a catálogos de semillas y a las notas que vaya tomando sobre fechas, éxitos y fracasos en mi propio huerto. Y es que leyendo este libro me he dado cuenta, de que desde el Horticultor Autosuficiente de John Seymour llevamos dando vueltas a lo mismo una y otra vez. Da igual que lo llamemos Another Kind of Garden, como Jean Pain, El Huerto Familiar Ecológico, como Mariano Bueno, o los Parades en Crestall de Gaspar Caballero. Todos vienen dando vueltas a lo mismo y se diferencian en matices impuestos por las circunstancias de donde cultivan o por lo más o menos espirituales (o flipados) que sean. Unos, como Gaspar Caballero defienden que sin animales que generen abono no hay huerto que valga y otros pasan de largo del tema. Algunos se meten de cabeza en temas como la influencia del magnetismo de la tierra, la luna y las corrientes de agua y otros escriben manuales ingenieriles. Los hay que opinan que el abono verde es la panacea y otros que ni lo mencionan. Pero al fin, todos están de acuerdo en una serie de principios básicos irrenunciables. Son los siguientes:
  • Cultivo sobre un bancal elevado: esto es sencillo. En lugar de cultivar sobre los tradicionales surcos a ras de tierra se construyen montículos de tierra más o menos elevados, sobre los que se cultivan las plantas sin que nunca se pise sobre su superficie. Esta es la clave. Si no pisas no compactas la tierra. Si no compactas la tierra las raíces tienen mayor facilidad para desarrollarse. Si las raíces tienen mayor facilidad para desarrollarse puedes aumentar la densidad de las plantaciones. Si aumentas la densidad de las plantaciones aumentas la productividad de la tierra. Pero para mi su principal ventaja es que reduces en mucho el laboreo de la tierra. Preparar un buen bancal requiere un importante esfuerzo, pero una vez construido la preparación anual del terreno de plantación se reduce en mucho al no ser nunca compactado. Además presentan otras ventajas: eliminan la humedad excesiva, especialmente en invierno, mejoran la circulación de aire y favorecen el calentamiento del suelo. En nuestro clima hispánico, el cultivo en bancales exige instalar un sistema de riego por goteo o exudación, lo que también es una ventaja por la reducción de consumo de agua frente al clásico riego por inundación de surcos. 
  • Muerte a los insecticidas, fungicidas, herbicidas y abonos inorgánicos. Un buen huerto es ante todo una buena tierra donde se preserva la vida, y todos estos productos químicos que acaban en -cida, matan a base de bien. Estamos de acuerdo. Este año he tenido plaga de orugas y pulgones en mis repollos y coliflores. Estuve tentado de usar algún insecticida, aunque fuera de esos que nos venden como ecológicos, pero al fin me pregunté: ¿de verdad quiero que mis hijas coman una coliflor cargada de química?... ¿y qué diferencia habría con la de la tienda?... Pero si a mis hijas ni siquiera les gusta la coliflor. Conclusión: las orugas tienen un amigo en mí. 
  • Rotaciones adecuadas y combinaciones de plantas beneficiosas. Si una planta favorece la repulsión de un parásito, por qué no plantarla cerca de otra que le tema. Si las leguminosas son capaces de retener nitrógeno en el suelo, usémoslas cerca o antes de plantas que requieran dosis especiales de nitrógeno. Si dos especies van a competir por los mismos nutrientes ,hay que separarlas en el espacio y el tiempo. Y por supuesto, si en un bancal realizamos una plantación determinada un año, no debemos repetir al año siguiente las mismas hortalizas en ese bancal. Así permitiremos que la tierra descanse del consumo específico de nutrientes de dichas plantas y evitaremos que plagas específicas a las mismas se acomoden. Y así, con todo esto en mente, al final tendremos una calendario de rotación de cultivos que definirá qué podemos o no podemos plantar cada año en los distintos bancales. Sobre esto hay muchísima literatura. 
  • Cobertura orgánica en superficie y sin mezclar. Aquí se trata de imitar a la naturaleza, donde las plantas se alimentan gracias a un ciclo en el que la tierra se nutre de arriba a abajo: lo muerto se deposita sobre la superficie y la flora, la fauna y los agentes meteorológicos se encargan de integrarlo como alimento al suelo. El compost (en definitiva, el producto resultante de la descomposición de restos vegetales y deposiciones de animales en un montón) se ha usado desde siempre, aunque no siempre se haya llamado así. Lo que es nuevo, es la idea de estos autores de no mezclarlo con la tierra, que una vez establecida como bancal elevado no se debe labrar ni voltear, sino simplemente depositarlo sobre ella. Esto ayuda a que la tierra restaure las funciones biológicas estimulando la acción de lombrices, insectos, bacterias y hongos. Además del uso del compost, proponen el uso de coberturas con paja, hojas u cualquier otro tipo de restos vegetales que ayuden con su sombra a mantener la humedad del suelo, reducir el crecimiento de malas hierbas y que además alimenten el terreno con su descomposición.  Lespinasse usa lo que él llama BRF (Bois Rameaux Fragmentés), es decir, restos de árboles y arbustos triturados. Es el mismo material que usaba Jean Pain, pero sin molestarse en transformarlo primero en compost. Lespinasse incluso apuesta por no arrancar las plantaciones anteriores para que las raíces en descomposición alimenten la tierra. En este punto concreto no le voy a hacer mucho caso y voy a seguir usando mi montón de compost. Porque esto de que la tierra no se voltea ni se labra para que el suelo se construya como en los bosques, pues qué quieren que les diga. Yo si no labro un poco la tierra, aunque tenga bancales elevados, me voy a tener que comprar un taladro para poder meter mis tomateras. Quizás en el siglo que viene mi arcilla sea otra cosa y les dé la razón. Y esto ahora lo aplican hasta en la plantación de árboles, que siempre nos habían contado lo de la tierra negra a un montón, y la clarita a otro, y cuando plantes el árbol, abajo la negra para que las raíces se alimenten bien. Ahora no, ahora nos dicen que eso es malo porque estás modificando el horizonte del suelo y eso perjudica al árbol, que se acostumbra a la tierra negra y cuando se le acaba y llega a la clarita como que le da pereza o se deprime o algo así. Qué sé yo. No les digo que no voy a leer más libros de esto, que bastante perdido estoy ya. 

1 comentario:

  1. Muy bueno lo de "comprarse un taladro" ja ja ja ja, me hiciste reir. Espectacular tu blog.

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