miércoles, 23 de mayo de 2012

El Jardín en Movimiento

Gilles Clément es el azote de los paisajistas, está decidido a condenarles al paro. Ecologista, paisajista, jardinero, botánico, entomólogo, profesor y escritor, este hombre lleva décadas dando ideas, que todos aquellos que no tenemos tiempo ni dinero para abordar complejos y agresivos proyectos de paisajismo, abrazamos con entusiasmo. Sus ideas, se podría resumir alrededor de tres líneas de pensamiento que él ha bautizado como El Jardín en Movimiento, El Tercer Paisaje y El Jardín Planetario. Alrededor de estos tres principios, Clément hace converger con la jardinería conceptos tan de actualidad como la ecología y la globalidad.
Con el Jardín Planetario, Clément intenta hacernos ver la diversidad, el mestizaje y la interrelación que existe entre todos los seres vivos a lo largo del planeta, y la importancia de la labor del ser humano (que sería el jardinero) dentro del ciclo de la naturaleza. El Tercer Paisaje serían aquellos espacios abandonados por el hombre que muchas veces se convierten en el principal refugio de la diversidad biológica: terrenos desocupados, tanto urbanos como rurales, como los bordes de las carreteras y campos de cultivo, áreas baldías en zonas industriales y zonas marginales en reservas naturales. Son en definitiva esos espacios en los que los seres vivos que los ocupan actúan libremente y en donde se garantiza la supervivencia de muchos de ellos. Si somos capaces de ver el Tercer Paisaje como una necesidad biológica, podremos empezar a dar valor a espacios que son normalmente descuidados y olvidados. Es precisamente el Tercer Paisaje el que garantiza la existencia del Jardín Planetario. Para ese Tercer Paisaje Clément apuesta por el nomadismo, la libertad de la naturaleza, los paisajes diseñados en el cielo por las nubes y el viento. Clément es un firme defensor de la capacidad de generar paisajes de la naturaleza y se opone a los radicales de la ecología defensores de la nostalgia, de la resistencia al cambio, del retorno cueste lo que cueste a modelos definidos por ellos mismos como positivos en contraposición a todos los demás. Esto no le hace ser precisamente muy querido entre algunos sectores académicos. De hecho, las ideas del Tercer Paisaje convergen con las ideas que Emma Marris presenta en su libro Rambunctious Garden, al que pronto dedicaré una entrada. 
Y el principio que más me seduce de todos, el que mejor da forma a ideas que rondaban mi cabeza, o simples sentimientos que no aún no habían llegado a ser ideas, es el del Jardín en Movimiento. El nombre de Jardín en Movimiento nace de la migración física de las especies vegetales dentro de un área determinada, que el jardinero interpreta a voluntad. El principio fundamental del Jardín en Movimiento es trabajar todo lo posible a favor y no en contra de la naturaleza. El jardinero debe ser capaz de interpretar las interacciones entre los seres vivos que forman su jardín, y trabajar en mantener e incrementar la diversidad biológica, lo que implica mantener e incrementar la calidad biológica del sustrato (el agua, la tierra y el aire) y realizar las intervenciones con los menores medios posibles (limitar riegos, maquinaria, pesticidas). Esta forma de interacción del jardinero con su jardín requiere actuar menos y observar, meditar y entender más, lo que lo convierte en algo mucho más complejo de lo que puede parecer. El Jardín en Movimiento promueve la interacción (que no la oposición) del jardinero con esa fuerza y flujo de lo natural que podemos observar en cualquier terreno baldío abandonado al libre albedrío de la naturaleza: plantas que crecen, se expanden, sustituyen o son sustituidas, especies que aparecen o desaparecen, que buscan su sitio ideal para tomar fuerza y reproducirse o que son ahogadas por otras. La labor del jardinero en el Jardín en Movimiento, es aprovecharse de esa energía y darle forma sin alterar su dinámica, interactuar con el crecimiento espontáneo de árboles, arbustos, trepadoras, bulbos y hierbas, enriqueciendo el jardín en simpatía con el proceso natural, integrando accidentes como los árboles caídos o plantas nacidas espontáneamente. Flores que crecen en mitad de un camino obligan al jardinero a elegir: ¿debe conservar las flores o el camino?. El Jardín en Movimiento recomienda respetar las especies establecidas de una manera autónoma, aquellas que han decidido donde desean crecer. Ello supone renunciar a ciertos principios de geometría y otros principios culturales, pero no tiene que significar renunciar al diseño y a la belleza. Sus principios rompen con la concepción formal del jardín, que en este caso es confiado totalmente a las manos del jardinero y no a las del diseñador. Al final, el resultado es un jardín que varía constantemente de acuerdo a los caprichos de la naturaleza y el criterio del jardinero que lo mantiene, nunca será el resultado de la ejecución de una idea desarrollada en un tablero de dibujo. 
Clément ha aplicado sus principios en distintos parques públicos, como el famoso parque André Citroën o los recientes jardines del museo Quai Branly, ambos en París, pero si hay un sitio dónde ha experimentado y desarrollado sus ideas del Jardín en Movimiento, ese es su jardín particular La Vallée, en el que lleva trabajando más de treinta años. 

2 comentarios:

  1. Muy buen resumen Miguel, lo comparto. En la pasada conferencia nos repasó las tres ideas principales, la verdad que te hace pensar de dónde venimos y hacia dónde vamos, o en mi opinión, hacia dónde deberíamos ir en jardinería y paisajismo.

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    1. Gracias Olmo. Me hubiera gustado mucho ir a la conferencia del miércoles, pero por temas de trabajo no pudo ser. Las ideas de este paisajista desde luego ayudan a ver las cosas de otra manera. Un libro que me encantó, en el que encontré ecos de lo que dice Clement y que me ayudó a cambiar radicalmente mi forma de ver ciertas cosas es The Rambunctious Garden, de Emma Marris.

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